Jorge Luis Morales

Plan de Escuchas en Bicicletas de Paseo

UNO. [VOLTEO]
TRES. [TEATRO DE TÍTERES]
CUATRO. [ÓVALO]
SEIS. [FOCOS]
DIEZ. [TARDES]
DIECISIETE. [ESCARABAJO]
VEINTE. [BLOG]
CUARENTA Y DOS. [BERLÍN]

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UNO. [VOLTEO]


Todas las cosas, al ser, las acaricias levemente,
impulsándolas
con un mínimo volteo de escrupulosa llave.

Qué celebración de lo interior, del silo,
como agacharse ante una sombra,
y embozar su pespunte de no límites.

Igual que una filatelia que fija el pequeño
excremento, linterna que fue
y luego su viaje,
materia postal que cambió su torso
suplantado ahora por el sello nuevo,
aquél donde su inmovilidad
se curte en su ser en otros.

Y todo lo que se clasifica es reunión:
pabellones de estío en que convergen
el invisible rotor de la muda
y la augurada estraza de lo entonces quieto.

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TRES. [TEATRO DE TÍTERES]


Rebeliones/no sobre hombros
títeres, donde la muñeca del artífice
se tensa por bajo el ropaje y la espalda se abulta;
somos nosotros con nuestra voz como alfanje
disciplinando a niños con su miedo postrero.

Peleamos por volver y esa fatiga de espacios,
el asombro ante el porche enlosado,
el temblor turista al que no queda una tarde,
es obsequio ante estirpes de un tácito labio,
y la mano cogida en cadena de hombres.

Qué rescate nos sigue si no sigue en nosotros.

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CUATRO. [ÓVALO]


Perfectamente has dicho un labio, una réplica
de tu torso, simetría;
has ido a los bastiones a apartar los labios,
prisioneros que huyen por un parral,
torpemente zarandeados por uvas rendidas.

Óvalo/Olivos,
si has visto esa licencia de árboles
dibujada igual que los nervios
de una catedral de brazos,
cuando salta el aire faenando
y se tensan las sogas que sujetan las tiendas,
partidas como herrumbre de otra medalla.

Perfectamente te has salvado revisando
—en el interior de la casa—,
carteles, vidrieras, rótulos menguados,
con su colonialismo de voces irrumpiendo
sobre el atlas lacrado cual si fuera un espolio.

Necesidad de un no hacer:
apartar los labios, destinarlos a un tránsito
hacia lo no dicho, incrementándose ahora;
apoderar al silencio, que ronda en diámetros tercos,
para que acumule semblanzas,
ablandar la nuca que espera con su posibilidad de besarla,
resumir liturgias
cargando con baquetones a favor de la tarde,
mientras aplazas los zócalos del tacto que derribas
con una potencia nueva de inmóvil asechanza.

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SEIS. [FOCOS]

Disciplina de focos; pareciese que enhebraban,
para cobijarse en un desfiladero rotundo—
abajo, un curtido de sombrastarascadas
de luz y enroques solares.

Ser menos/ser quiebra de las maderas
que componen tu aplauso,
y su estirpe, consumida en una cera
que embadurna sucesiva los portones.

Miserables, con elemental fábrica te seguimos
por un aguacero de canicas,
como caballos líquidos de vitola umbría,
y un oído de escándalo
llena en la noche su odre agazapado,
arrojado en las pausas su fermento;
y la crin repartida es memoria de todos,
gusano de seda que como espada se duerme.

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DIEZ. [TARDES]

Salen por las tardes, luego de los rezos,
de quemar nuevamente una bandera sin hilos,
de maltratar los umbrales con una gota de sangre,
de pedirle a los ojos la crueldad del sonido.

Rezan y salen, sin saber que las tardes
acometen despacio las reservas del aire
como prisioneros súbitamente líberos
encaramados a los postes del miedo.

Saben los rezos declinantes, las palabras remotas,
su unción hermosa y distinta
como una horquilla revisada en el pelo.

Salen de la fosa del beso, y saben sin embargo
que las tardes tienen un tren prófugo
que horada su carne con estilos de sombra.

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DIECISIETE. [ESCARABAJO]

Lento el cobijo del escarabajo reunido en sí,
largo su miedo,
como también su apetencia de abrirse despacio
hacia el descuido del dolor.

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VEINTE. [BLOG]

He quemado hoy una de mis venas como un cuaderno,
y su anilla tirante, y su carbunclo espiral,
recomponía órbitas como collar lentísimo.
Cuando apenas es un bulto, un papel recostado,
mira ahí su CUADRÍcula vencida:
esa letra que queda, es aún la escama de un rasgo,
trofeo, atrofia; tropel de desapariciones,
con un censo de vaho y de timbres sin hueso.

[hay una larva de sí, un palacio que obliga
a ocultar capiteles y a trenzar en los bustos
un corazón esculpido con serreta de estambres]

No hagas muestra sino de una burbuja
que levemente impulsa un labio certero.
Ensartada con un grillete la tarde,
la memoria, esta terma, accede.

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CUARENTA Y DOS. [BERLÍN]

Tumbados en hamacas frente a los barcos del canal; con el
estruendo momentáneo del tren que divide el silencio igual
que una frontera. Con la música rotando con insistente fulgor.
El sol, la espuela del ritmo, su piel siempre. Y los vagones
pasando con su latitud densa, cruzándose el rumor con
el barco deslizado. Besaré luego lentamente los labios de la
estatua púber. Y mi mano cae y queda de nuevo a ras de la
hierba; reconoce los brotes entre el mestizaje de hierros, su
fronda de metales: su impulso ineludible.

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