ANDI NACHON


Andi Nachon nació en 1970. Ha publicado: Siam (Nusud, 1990), Warzsawa (Bajo La Luna Nueva, 1996), Taiga (Suscripción, 2000), Goa (Tsé tsé, 2003) y Plaza Real (La Bohemia, 2004). Dos compilaciones: Taiga no rio de janeiro (Ediçoes da passagem, Rio de Janeiro, 2001) y Villa Ballesta - Ñuñork (Surada, Sgo de Chile, 2003). Con ilustraciones de Sebastián Bruno, De vos a mí, digo (Suscripción, 2002). Integra las antologías El turno y la transición — compilador Julián Ortega— (Editorial Siglo XXI), Monstruos —compilador Arturo Carrera— (Editorial Fondo de Cultura- ICI), Poesía Erótica argentina 1600-2000 —compilador Daniel Muxica— (Editorial Manantial) y Agua de beber —compiladora Mónica D´Uva— (Editorial Nusud). Desde 1999 es parte del colectivo artístico interdisciplinario Suscripción.



de Warzsawa(Ed. Bajo la luna nueva, 1996)

Tapame los ojos:
hace frío detrás de las ventanas y este sábado
el invierno se disuelve entre nosotros. Da vértigo

tapame los ojos. No sé
qué hacer con este frío sobre mi cuerpo
algunas noches, reconozco
esa marca detenida en mis muñecas:
signo
que mostrar orgullosa levantando los brazos: "Esto
han hecho con mi cuerpo". Así
como un refugiado muestra
sus dedos sin uñas y eso
se vuelve su último orgullo. El tuyo.
Da vértigo, el frío recortando cada objeto. Entre nosotros

llega otro invierno. Una papa
humeando desde un cacharro de metal -para ver
desde allí- los ojos del amo:
tapame la cara

mirando hacia adentro,
hacés té y leés
tranquilo al calor de la lámpara
afuera
el invierno golpea, no sé
qué puedo decirte desde este puerto: "hizo frío
y el día se extinguió lentamente - casi- sin dolor". Ahora
se dan vuelta los ojos y sube el vértigo, cubrime la cara
tapá
este frío de refugiada que mataría
por el calor de una papa. Cuerpo

helado al costado del camino
- el mío- frente a una linterna
encandilada, para gritar: esto
han hecho conmigo. Mientras la noche
profunda se instala y corren
suaves gotas sobre las ventanas. - "No,
no deberíamos ser apacibles"-. Ahora:

ojos volcados hacia adentro
como quien dice - levantando los brazos-
"hagan
lo que quieran con este cuerpo", en medio del invierno
vos
leés al calor de una lámpara y esta noche
se instaló suave, prácticamente calma.



de Taiga (Suscripción, 2000)

Surf

Un acuario estalla y queda sólo agua. No marejadas, agua
chorreando los pisos, cuerpos se sacuden sin ser peces
sin ser nada. Buscaste el caos y deseaste
los límites arrasados. Este acuario pierde contención y eso que fue algo es restos
reminiscencia: el juego
de las cajas chinas se termina y el mundo dentro de otro y de sí, se apaga. Caos:
ausencia
de un mundo que te sostenga. No hay proceso, no habrá
rebeldía que enfrente nada. Plantas antes erectas pierden boscosidad, cuerpos
son despojados
de cualquier potestad, un mundo dentro de otro y así. Has amado
la ausencia de fronteras
sin contar que sólo se ve nada. Tolera este sistema apenas un metrónomo, la mínima
alteración y tiemblan: grava, criaturas aterradas. Qué sistema. Ínfimas
irrupciones del movimiento inesperado. Este pez
marca su territorio y en él todo lo posible: soñás un mundo dentro de otro y así
se levantan cuevas, mareas, una sombra almizclada. El juego de las cajas chinas una en la otra
y sí, la historia:
un límite que te contenga. Igual se obsequia la última sonrisa
al desconocido que nos admiró, se cuida la temperatura o el control
preciso de los filtros. Algún mundo nos comprende, una en la otra y así, el sueño,
tu historia. ¿Buscaste la irrupción
del desorden del sistema para quemar tus ojos viendo nada? No hay tempestad.
Un mundo tras otro: destruir tu acuario y destruir
la presencia de vos en el agua.



de Goa (Tsé tsé, 2003)

LADY

Tal vez porque apostamos a esas
cuestiones elegidas pero también
las dos o tres fatalidades y todo
el staff que nos soporta. Hablo de esa bolsita
flameante de polietileno, cómo protege
a la chica ucraniana
cuando cruza en la lluvia
la avenida y arrastra
el changuito de café. Ciertos asuntos: cómo esta mujer
llama belleza
a un perro tuerto.



LA HORMIGUITA VIAJERA

"Que tus deseos
se hagan realidad." Se trata entonces
de precisar ciertas cuestiones. Total
pronostican frío
al llegar a la ciudad y vientos
capaces de arrastrar árboles,
personas. Así las cosas: a fuerza de no llamarte
llamé dos veces. Urgentes
cruzamos los suburbios y con ese plan
atravesamos en la ansiedad, el escalofrío: cuando sólo
podés ver rutas
y más rutas cortadas, zonas parquizadas
o áreas de recreación. ¿Partimos
hechos dos o tres pedacitos? ¿Dejamos un hito
más del recorrido? Tus deseos
hechos realidad: la superficie
tersa de la oscuridad y que las luces
de la autopista hagan una, para en el ritmo
no olvidar tu nombre y el sitio
adonde vas a despertar.



de Plaza Real (La Bohemia, 2004)

Corrientes

De amor quedará ademán
no amor: un profesional
alza los pinos sabiendo cuál
será la hora pico, cruces
embebidos de turistas o pirueta
rendidora a la hora
de contabilidad: hucha y monedas. De amor

resta el gesto

cuando capaces parecemos casi
de todo
hasta de hacer belleza: ese niño

recortado en la avenida, las botellas
arrasadas por vientos
matutinos chocan aires y ahí

qué te sucede para que veas
más
en esa acción ya
abandonado malabar, estremecimiento o pobreza
deja incluso de operar. Mendiga un niño al alba

revoleando botellas plásticas? Taxis y regresos
en ruina clásica —domingo
madrugada—. Digo: del malabar
tan sólo ademán
como de amor

aquí no más
sólo gesto. Comienzo del día o fin
en la tormenta. Más, cómo se construye

algo parecido a la belleza cuando
qué

hizo de éstas
nuestras historias de pasión posibles. Alza los brazos
detenido al alba en esa
avenida ancha y a la vez se estrechan
horizontes rosados ante él. Si en el mismo
carril vamos y dolor

resulta igual para ese
cuerpito o el tuyo abstraído
ante el ademán vacío
empresa
que iguala a la belleza. Alza una

botella de agua y pide como vio
pedir a aquel
profesional del malabar que no
no es igual a él. Niño
estancado en nuevos días
sin lugar para ese cuerpo suyo
—el tuyo— cuando de amor
restan gestos
incapaces de unir eso
que no es postal, presencia

digna a ser narrada si en pasión
el chico intenta aquello
bien imposible. Antes
otra tormenta hizo de estos
nuestros gestos probables. Brillaban albas,
jacarandáes y niño
donde el día comienza alza
confiado esas botellas Hay un segundo

mientras el aire traza malabares
vertiginosos por ellas Así, en amor sea.



de 36 movimientos hasta (inédito)

11

Tomá mi sueño: llevanos - suavemente-
hasta traernos al borde
en la mañana, de regreso. Pido: "llevame con suavidad".
Hacia los quehaceres, un acto que suceda al otro
dentro de la luz, del aire: cierta continuidad. Agarrame —a mí,
mi sueño— esa cosita para llevarte puesta
luego del desayuno, en el ritmo, el estruendo
de la cuchara girando un cuenco. Cereales
yoghurt o el tándem
que parecieras vos
más yo en la noche. Pero no. Tomame
—¿tanto el miedo?—. Y más. Cuando ya sabés no
habrá regreso: digo, eso
que se lleva puesto, luego de la noche
hacia la mañana, con cierta belleza. Soltura
de tu espalda al darse vuelta —y está la luz
sí, detrás de la ventana, y más— el gesto
con que alguien trae hacia la cama
una bandeja. Alcanzanos, con gentileza, hasta algún mañana
cuchara, cuenco - otra vez para despertar en la novedad-, en ésta
jornada —sus trabajos— relieve
que cobra espacio bajo otra luz, otro aire
cruzado por vos, mi sueño. Así: más el miedo
empujanos entonces —en calma— hasta la mañana
su borde
donde termina la noche o el tándem, para los otros
trabajos o todos
los despertares que resten. Pero traeme
—un acto de fe, casi, te estoy pidiendo— como si el borde no estuviera, no hubiera más
allá de cierta continuidad. Sus quehaceres —una
y otra vez— taza, cuchara, cuenco. Tantos movimientos
de un punto a otro, da igual. Sí, llevame hasta allí
hacia la mañana —calmamente—.



18

Dicen hay una guerra por estallar. Antes
caminaste downtown, bajo moreras
ahora doradas y su canto
detuvo en escalofrío esa
llegada de otoño
hacia fines del verano. Dicen afuera
cosas hay por explotar, asuntos
más allá de moreras o caídas
súbitas del verano, su estallido
sumerge arboledas y a vos
en un mismo final. ¿Bailaron ustedes
el segundo piso
de esa ciudad de montañas? Aquí en las otras
montañas más al norte
danzamos hip hop entre quinceañeros
jóvenes de pueblito
sostenido por perros de caza y motorhomes
donde alguien deja a la mesa
un vaso con rosas. Allá afuera
hay nuevas explosiones, a medida
del canto y su historia - no las moreras-
dicen de guerras, tan cruentas y vos
pensás sólo el gesto
con que alguien preparó la mesa
el vaso y sus tres rosas
- dos amarillas, una roja- tanta gentileza
entre residencias transitorias.



12

Una segunda oportunidad: si hiciéramos corte
se filma de nuevo igual
que anoche cuando el tiro
en la mesa de pool fallaba una
y otra vez y Conni
reacomodó las bolas y dijo: va de nuevo. Otra opción,
pasar de la secuencia errada
al plano previo, cuando a la mesa del bar
estabas a menos
de tres movimientos: entonces sí
podía llegar. (Contalo de nuevo: "Es el estómago
el golpecito fuerte
si va rápido el auto y agarra una
bajada" contesta la nena
a su madre que pregunta cómo
es que está enamorada.) Hablamos de ese
subibaja con vos a tres
movimientos de mi mano
—y no llegué— igual que antes
la estrategia de rozar