Autogiro

Manifiesto Autogiro

por Autogiro

En enero de 1923 tuvo lugar el primer vuelo autónomo de un prototipo del Autogiro de Juan de La Cierva. Cinco años después, otro prototipo perfeccionado del mismo ingeniero efectuó la travesía del Canal de la Mancha. A los setenta y cinco y setenta años, respectivamente, de ambas efemérides brindamos con el título de esta Revista y antes de mostrar nuestros verdaderos propósitos, un merecido tributo a la ciencia y el desarrollo tecnológico.

Pudiera parecer que esta presentación no es más que la cortés justificación del uso de un nombre que, extraño en sus connotaciones para lo poético, no dejamos de intentar en vano congratularnos con él. Nada más lejos de nuestra intención ni de las posibilidades del término.

En el primer tercio del siglo veinte español las ciencias y las artes despegaron de su letargo, aunque las bases estaban ya marcadas en las últimas décadas del siglo anterior. Reivindicar la Edad de Plata, el apogeo científico y la fusión de ambos procesos como un fenómeno intelectual irrepetible, no dejaría de ser más que una de las muchas actitudes nostálgicas que reiteradamente se repiten con ocasión de la celebración de centenarios, efemérides, presentaciones de fundaciones e instituciones culturales, museos, o cualquier propuesta cultural sin autonomía de pensamiento propio.

La nostalgia la reservamos para tiempos peores. Actualmente estamos viviendo y creando un episodio tan rico y plural como disperso. El fin de siglo está saturado de información y, a veces, el exceso de propaganda parcial sobre determinados autores y productos culturales nos hace pensar que el espacio intelectual es limitado y mediocre. Surge entonces la nostalgia como arma de la crítica débil. Nuestra propuesta es un autogiro sobre nosotros mismos. Qué mejor momento, ahora, que el acceso a la información es general a toda la población; que el analfabetismo en nuestra órbita está extinguido; que la comunicación rompe fronteras y ridiculiza los argumentos de los nacionalismos; qué mejor momento para convertir a los clásicos en contemporáneos y a los contemporáneos en letra viva inmune a las modas. Por lo que respecta a Autogiro, en la poesía lo quiere todo y niega cualquier otra publicación parcial que se limite a autojustificarse con la propuesta de autores que son ovejas de un rebaño con mensajes suaves tan perfectamente legibles como vacíos. Rechazamos las quejas sin propuestas. El único pecado del final de este siglo es no aprovechar todo nuestro patrimonio vivo. Autogiro no será complaciente porque la literatura no tiene límites.

La propuesta concreta la establecemos sobre un hilo conductor que parte de Juan Larrea, continúa en Juan Eduardo Cirlot, y tiene en la actualidad a su más significado representante en Antonio Gamoneda. Recogemos el testigo, porque la lectura requiere un autogiro que busque la riqueza verbal y no los arquetipos vacuos.

 

ACEPCIONES: Autogiro. Des plaza-miento, aplazamiento de lo excéntrico, trazo y dislocación; vértebra causada del pulso discontinuo. Ansia locativa, orificio a sí. Construcción de espacios. Aguijón de luz.

Pero, a su vez, moción; lisura y rozamiento, dolor de eje. Inicio de lugar y, a un tiempo, residuo de ausencia. Adherencia de lo propio y no expresado, adquisición de lo fallido, acopio fugacísimo de ala caída en búsqueda.

ADSCRIPCIONES: Poesía que indaga pues rescata en la palabra, desde y hacia la palabra. Realidad propia en el poema, experiencia de poema, poesía de palma abierta por el escándalo de lo que sugiere. Recogida de un fruto diseminado, disentido. Lenguaje como caparazón de la búsqueda, poema de escuchas, poema de tránsito y de contemplación del tránsito. Avance. No miedo a la imagen ni a su luminaria solemne. La irrazón como la parte más cierta de lo real que asola. Digresión, elipsis; selva o roca desnuda: importa el hallazgo y la huella de su veladura. Travesía de preguntas como mecanismos del hombre. Poema motor: aspa de sentido. Reconocimiento, vanguardia como actitud de búsqueda.

RECHAZOS: escribanías dóciles, escarcha. Asomos de experiencia como estadísticas de noches. Poemas confort, poemas jardín; recorridos que enseguida vuelven, febriles ante una palabra distinta. Poemas maniquí: cambian sus ropas como libros. Poesía de constatación y no de búsqueda. Figuración experiencial o figurantes de sesgo exprimido. Poemas álbum, bazar de recortes cual anécdotas de vidas no vividas. Homenajes a la convención, a un lenguaje complaciente de aceptados signos. Paladeo de la palabra real con sabor del que consiente. Poemas vanos, mudos.

O, igualmente, poemas jara, con lengua de sentina como una convención más. Poemas camorra, que luego corren con su músculo afligido a un cierre lírico. Versos pródigos, inútiles como un telegrama. Poemas sociales y con guantes, por si salta la ácida mirada del cobaya.




Babab
Última actualización: jueves, 30 de noviembre de 2000

Copyright © 1998 Archione Editorial S.L.
Copyright © 2000 Mañana Es Arte A.C.
Prohibida la reproducción de cualquier parte de este sitio web sin permiso del editor. Todos los derechos reservados.