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Autogiro

Poemas de Jorge Luis Morales

por Abraham Martín-Maestro

Si como algunos quieren el poema es también una ficción, entonces hay que recordar que en el híbrido resultante, además del interés por la anécdota, deberán existir otros parámetros como la intriga, el punto de vista, el tono y las conjunciones/disyunciones de las coordenadas espacio-temporales. Leal a esta mezcla actual de géneros, en la poesía de Jorge Luis Morales (Madrid, 1968) -cuyo linaje se remonta sin tapujos al naturalismo impresionista, al hermetismo, al surrealismo y al lujo sensual del barroco- nos encontramos con la metáfora alógica y el desorden sintáctico como suspensión del sentido literal, con el juego-extrañamiento de los diferentes puntos de vista entre el observador y lo observado y, sobre todo, como en los maestros del cine japonés o en las películas de Víctor Erice, con la imagen-iluminación en un instante único -inmovilizado mediante los recursos anteriores y la elipsis verbal, el tono algo solemne, la repetición de semas y el ritmo bailable de vanguardia- de la materia hecha carne, objeto o sensación, y de un espacio informe: un puro fondo, o más bien un sinfondo de materias no formadas, esbozos o pedazos. Iluminación naturalista del detalle/pedazo -se entiende el título de su primera obra, Camisas blancas para la noche- que nos remite prolongando, acentuando, desenfocando sus rasgos a un surrealismo o abstracción particular.

La imagen-pulsión, dice Deleuze, es la energía que se apodera de pedazos en el mundo imaginario. Los pedazos en la poesía jorgiana dan lugar a un mundo imaginario que los reúne a todos, no en una organización, sino en una convergencia, en una inmensa ciénaga que es comienzo radical y fin absoluto, haciendo surgir una imagen originaria del tiempo con el comienzo, el fin y el declive, con toda la crueldad de Cronos. Su poesía huele a Otredad. En ella se palpa el sordo rumor de Eros y Tanatos. Pero esto último, al fin y al cabo, se encuentra en todo poema universal. Más importante me parece su ausencia de concesiones, su obstinación en lo obtuso, el rigor épico en el lenguaje poético utilizado. Poesía, pues, la suya, no tan impermeable como puede parecer y sí lo suficientemente resistente como para proteger-se/nos de tanta infección sentimental y de tanta banalidad de lo obvio.




Babab
Última actualización: jueves, 30 de noviembre de 2000

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