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Autogiro

Acerca de la poesía de César Cortijo

por Alison Hughes

Cualquiera diría que la poesía es demasiado difícil con un "no lo entiendo", como si entender fuera el primer requisito de una experiencia de este tipo; como si sólo existiera una manera de entender o de tener sentido. Hoy sólo recibe aprecio lo "objetivo", difícilmente se soportan las conjeturas que requieran un salto de fe, cierta entrega y todo el riesgo del alma cuando está perdida. En la literatura contemporánea hay muchas "memorias", curiosamente carentes de esta subjetividad, ya que siguen la línea más o menos recta de la objetividad narrativa, donde el "yo" nunca se supera a sí mismo, nunca se pierde en otro, nunca se cuestiona lo abstracto de su naturaleza. Los lectores saben leer estas novelas y memorias como saben ver el cine, la televisión, los anuncios. Son experiencias semejantes. Habrá quienes del mismo modo leerán la abstrusa teoría - política, filosófica, literaria.

La poesía, como hecho, como actividad, resulta muy difícil en nuestros días; parece que la subjetividad radical del empeño nos cuesta más que en otras épocas. Por distintos motivos, tanto el poema como el poeta, al asumir una consciencia aguda del momento, se reconocen en su propio embarazo, así se identifican uno a otro. Y tal situación de entrega viene a ser una actividad dislocada e innombrable. El poema es la única evidencia que tenemos de esta experiencia.

En sus dos libros anteriores (La Vida en el Pozo y El Vengador) César Cortijo ofrece una voz que en sus mejores momentos desconfía del engaño de su propio lirismo, de su propio canto amoroso, sin por ello dejar de amar, ni de querer amar.

Pero desconfía y es inteligente: se avergüenza de haber cantado. Vergüenza de la entrega, del abandono, diría, igual que vergüenza de lo sentimental. Se nota en la voz cierta consciencia acechando una primera consciencia del presente que la esquiva. La belleza deslumbrante del lenguaje es capaz de hacernos "vendedores de mantequilla" o de llevarnos a las "cúpulas de la felicidad deforme". Al no renunciar nunca a la duda, el poeta también conserva como prueba de su fidelidad cierto embarazo: las palabras lo excederán y lo superarán en este encuentro amoroso. Es lujuria y es the endless originality of loss. Difícil como practicar submarinismo en un baño.

Toros al Mar, su tercer libro, se presenta ahora más maduro y más osado que los anteriores. Aquí, ante el mundo exterior al poeta, su consciencia sólo existe si se alza contra una realidad irreductible, realidad exterior que no refleja estado de ánimo alguno, incapaz para la reflexión pausada, para la lírica, tampoco para mitología. Es otro y como tal sólo se presta a relaciones dinámicas. "Más poderosa es mi seca raíz -nunca balsa / que esta belleza rechazada". Así aislados en su soledad el poeta y la poesía no tienen más remedio que batirse antes que perder su ser.

Los poemas se unen como un desafío -cierto es que se trata de otro tipo de ofrenda- lanzado por el poeta y su poema al mar. La crisis que supone oponerse a la naturaleza, a la maternidad, a toda una cultura y a unos cuantos milenios de poesía (con su tratamiento simbólico del mar) se define desde el principio como la falta más grave que puede sufrir la imaginación, no amar:

"Los mares, de los que ya no soy puerto,
se alejan de mi mente, de mi mano,
de mi boca. Yo no amo".

La visión poética, así puesta a prueba, se arma de todos los recursos que tiene, nutriéndose tanto de su tema (negado) como de su propio desahogo. Insulta: "no sólo no tienes heroísmo, agua del fin del mundo/... /No tienes lenguaje de heroísmo, mar, tierra hundida". Postura extrema del poeta que da lugar a la invectiva poéticamente gratificante: "Viscosidad. Gloria negada". Ataca para recuperar el amor desde una amplia gama de posturas, tonos y tácticas. Y se da breves treguas: "Ahora te inunda, su hijo obediente, como con flores/alegres y te calma, entretanto se domestique. Y aunque con proporciones universales, devastadoras, la poesía, por lo menos, puede asumir el mar:

"Si yo con mis olas pudiera ser mar,
mar submarino, fondo, solo fondo
y mecer los mares como las cunas"

o el poeta, asumir su música:

"En busca del amor que perdieron
no pueden dormir ya las olas.
No lo encontrarán en la memoria
que hurgan a tientas, más ciegas
que nunca. Los románticos pianos
se aroman y destilan en la seda mecánica
del mar".

El encuentro íntimo de este mano a mano no sólo sirve para salvar al poeta que reivindica su "paternidad" sino también a recrear el mar de nuevo real y percibido como realidad, en todos sus cambios y su música. Es sólo la palabra que es "sentimentalmente infinita".

"Mar, yo no rechazo tu frente
yo sólo injurio tu obstinada lejanía
y tu no dejarte abrazar ninguna vez".

Y dada la fuerza de la presencia de esta voz no hay aquí ningún peligro, todos los riesgos se han asumido como recursos. Pero el recurso que más le ha gustado, desplazado también al título, es en su literalidad: "Toros echaba al agua / palabras al vientre del mar", pues el mejor recurso contra un símbolo universal inaceptable es otro símbolo, esta vez o por primera vez personal.

Desafío que supera un sentimiento residual de vergüenza y una situación verdaderamente embarazosa, la de escribir poesía, que no desaparecen, sino que se incorporan como armas de esta poesía, de ahí, con magia y dureza, el toro y el castellano. Y más allá de ellos, más allá de la seca raíz, de sus olas que cantan su pérdida infinita, la promesa de una entrega renegada; más allá de los reconocimientos "y has de devolverlo amando / un castigo y así has odiado tanto / por creer tuyo el sueño de un pescador, / ese hombre era distinto de ti", hay de parte a parte una consciencia del ser, consciencia distinta del ser.




Babab
Última actualización: jueves, 30 de noviembre de 2000

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