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LA SEÑORA MARÍA DE LA AMAZONÍA PERUANA

por ANE VELASCO BERNAOLA

La Amazonía peruana, concretamente la ciudad de Iquitos con su ribera, es un lugar de contrastes. Una ciudad caótica, atravesada por el ruido de los motocarros, los mercados, los puertos y la música que no deja de sonar, con gente bailando del día a la noche. Y, al mismo tiempo, un espacio que transmite tanta paz. La naturaleza, los colores y, sobre todo, su gente: personas alegres, hogareñas y conversadoras, siempre dispuestas a compartir lo que tienen con quienes llegan. A pocos minutos en bote aparecen las comunidades ribereñas, llenas de historias y belleza. Una de ellas es Santa Clara, donde sus habitantes te reciben desde el primer instante con los brazos abiertos. Entre todas esas historias hay una que se repite cada mañana: la de la señora María.

Una mañana cualquiera, a orillas del Amazonas peruano, la señora María ocupa su lugar de siempre: la ventana abierta a la comunidad. Sonriendo y saludando a todo el que pasa por ahí con el sonido de la televisión o de la radio sonando de fondo. Como ella, muchos en la comunidad pasean, trabajan, se relacionan con sus vecinos o descansan bajo la brisa de la selva.

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