Desasosiegos


El negocio de la auto-edición
de Pedro Díaz Cepero

En mi anterior colaboración en BABAB, “Las miserias de la edición” -en Desasosiegos-, prometí dedicar un artículo en exclusiva al tema de la auto-edición, en auge en los últimos años y, todo hay que decirlo, como propio exorcismo por los infortunios pasados.

Sí, porque me considero alumno repetidor que sigue sin aprender, tras haber cursado/publicado en tres chiringuitos desmontables, playeros, no sabría decir a cuál peor. Casetas de cuatro maderas sin estructuras fiables que se hacen pasar por “editoriales”, que han defraudado a muchos, aparte de a mi pecunio e ilusiones de escritor maduro.

La cantidad de especuladores dedicados a esta función ha descendido últimamente, pues muchas de las víctimas han hecho oír sus reclamaciones – algunas ante los tribunales-, y, dado que se requiere un mínimo de incautos para que el negociete funcione, sólo perviven hoy las editoras que cuentan con publicidad y un marketing más elaborado, y/o las que alegan tener el respaldo de grupos editoriales de pedigrí en la trastienda.

Como muchos otros plumíferos, sea por vocación, oficio o sentimiento, he sido atrapado en las redes de cerco tendidas por estas editoriales de la auto-edición. Lamentablemente, no tenemos la convocatoria del señor Arturo Pérez Reverte, mediocre escritor de best sellers que adereza vocablos de raíz histórica en tramas de novela de bolsillo del oeste, años 50-60, como mayor aportación a la narrativa universal. Pero lo más reprobable para quien va de “anti-sistema”, es que para promocionarlas utilice sus propias antenas mediáticas para sumar likes y audiencias en espacios cuyo accionista mayoritario es su editorial, con epítetos incendiarios hacia el Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, absolutamente fuera de contexto y razón, ajena su persona al batiburrillo de términos y argumentos banales de sus novelas.

Hace como una década que estas editoriales empezaron a reproducirse como setas en otoño. De repente, en el campo de las letras parecía haber más escritores que lectores. Nos ofrecieron a muchos la ilusión de publicar, la gloria literaria al alcance de la mano por poco dinero. Sabían que las grandes editoriales recibían mensualmente cientos de manuscritos con la esperanza de salir a la luz. Lo mismo les ocurría a los agentes literarios, por algunos considerados gurús de la literatura universal, por más que, salvo contadas excepciones, sólo han sido triviales intermediarios, comisionistas del talento ajeno. También estos se han visto desbordados de solicitudes, sobrepasados por los requerimientos de humildes aspirantes al cénit literario. Hace tiempo que han puesto el cartel de “todas las entradas vendidas” y no admiten llamadas ni reservas.

Gracias a nosotros y a la tecnología informática, algunas imprentas con participación de las editoriales top han solventado sus baches de rentabilidad. La bautizada como “impresión bajo demanda” (P.O.D. -”Print on Demand” por si te quieren engañar en inglés, que también es posible-) ha creado una nueva fuente de negocio, al acecho de la cual se nutren depredadores de toda pluma. No es posible evaluar la gran cantidad de originales que se reciben a diario y que van directamente a la papelera y, en el mejor de los casos sería inviable su comercialización por ser sus autores desconocidos y carecer de móvil publicitario que los ampare, aun siendo España el país del mundo que más premios literarios dispensa.

Así que… ¿por qué no aprovechar esta explosión de creatividad, de necesidad de expresión, este auge de nuevos “talentos” que desean publicar? Las comillas son a propósito, porque es la propia industria editorial la que nos menosprecia. Doy fe de ello, pues en un desliz de sinceridad lo he escuchado de boca de uno de sus comerciales. Los libros de esa procedencia nacen con un estigma, nacen con la etiqueta de “impresión bajo demanda”. Son proscritos para el conjunto del gremio y la edición postinera. No te dejes engañar por los cantos de sirena que, en forma de excepciones, te pongan por delante. Las apuestas de las editoriales están milimetradas, en un mercado muy normativizado por los resultados y la competencia de miles de nuevos libros a la búsqueda de un espacio vital en escaparates o estanterías.

Evidentemente, siempre lo van a refutar, y por eso se han apresurado a crear supuestos galardones nacionales e internacionales, entrevistas a los autores, menciones en revistas propias y en las webs, etc. Incluso para rebatir este argumento son capaces de otorgar algún premio de campanillas a un autor, entre miles. Por cierto, ahora ensayan una nueva línea de negocio, consistente en adaptar tu novela a un guión cinematográfico, que ofrecerían a las principales plataformas -productoras, directores y agentes- del sector. De nuevo espejismos e ilusiones como alimento de los bisoños escritores. Pura estrategia comercial.

¿Qué implica la “impresión bajo demanda”? Aunque se ofrecen distintas fórmulas, debes saber que los únicos libros que se editan físicamente en papel son los que te venden a ti, que son los que aparecen en contrato abonados por ti. Como mucho, y según las diferentes formas de actuación de cada editorial y el precio que te cobran, pueden editar algunos libros más que pondrán en manos de unas pocas librerías, lo que no les supone mayor coste. Y aquí se acaba la historia, pues en los demás casos, casi todos, el posible lector, amigo o familiar, u otro que casualmente acuda a una librería, jamás se va a encontrar físicamente con tu libro. Éste tiene que ser solicitado expresamente, y en el mejor de los casos – pues no todas las librerías ofrecen esta posibilidad – se lo encargarían en POD para recogerlo en los próximos días o semanas. Pero el argumento de la compra impulsiva, presente a menudo en la compra de un libro, se pierde. Las leyes del mercado y la lógica del beneficio dirigen las preferencias de editores y libreros hacia los autores en candelero en los medios de comunicación y hacia la nómina reducida de éstos por los que las editoriales apuestan. Los grandes grupos empresariales son los que mejor lo conocen, controlan y explotan. Y tu libro, recuerda, tiene un estigma de salida conocido por unos y otros.

¿Y la objetividad, los verdaderos valores literarios, la difusión de la cultura; la igualdad de oportunidades, el acceso a los nuevos creadores, el apoyo al talento y la contracultura, a la contestación, a lo diferente… dirán algunos? Amigo, la difusión de la cultura y la honestidad editorial funcionan de otra manera. Si eres conocido, si tienes la posibilidad de acaparar espacios en televisión, portadas en revistas u otros medios -más aún si son gratuitos por pertenecer al mismo grupo accionarial-,o con derecho de pernada por ser; conocido presentador o periodista, tertuliano rompedor o famoso por exclusivas y amoríos, … ¡eso está hecho! ¡Ah!, que no asististe en el colegio a ninguna clase de “lengua y literatura española”, no te preocupes, la editorial te pone un “negro” para que salgas del apuro, e incluso te adelantará derechos de autor.

El “modus operandi” de la mayoría de las firmas de POD mantiene patrones de funcionamiento calcados, en suma: la estandarización de los “procesos”, la máxima rentabilidad y el mínimo compromiso de promoción. Como un producto industrial más, el proceso de edición de tu amado libro está mecanizado. Las portadas adoptan soluciones estereotipadas, de maquetación simplona, al amparo de fotos de archivo sin mucho empeño de búsqueda, de donde no puedes salirte -salvo que propongas una de tu autoría, o la pagues aparte-. Los plazos de pago y el Contrato que firmas tampoco admiten contestación, son lo que son y están redactados con todas las garantías legales salvaguardas de cobro para la empresa editora.

Y más vale que vigiles bien las erratas y correcciones al texto porque para ellos es un paso burocrático más. La comunicación para el ritual de edición del libro es muy imprecisa, a través de departamentos sin nombre y apellidos, o sea, sin posibilidad de cruzar impresiones, de tener una interacción positiva y directa con un profesional que, se supone, contratas y pagas. El título, el subtítulo, el texto de la solapa, la tipografía o el argumentario de venta acaban siendo responsabilidad creativa tuya… Por tanto, mejor que tengas un buen criterio sobre ello. Para una cosa de su competencia, el vídeo- trailer de presentación en la red – considerado en la opción más cara, ¡qué error el mio!- tuve que rectificarlo 5-6 veces, y por aburrimiento acabé dando consentimiento a algo que no me gustaba.

Esta es la realidad y no debéis tener en cuenta los comentarios de cinco estrellas que aparecen en webs propias o manipuladas de estas editoriales. Tienen “secuestradas” esas opiniones mientras dura el contrato, persisten los derechos de autor, quedan pendientes acciones de promoción dentro del acuerdo o, simplemente, necesitas algo de ellos, como reimprimir algún ejemplar de tu libro, hacer una presentación, etc. Y si escribes una opinión negativa en redes, probablemente te llamarán para que la rectifiques a cambio de alguna golosina. Si persistes, porque llevas más razón que un santo y se te hace difícil perdonar el engaño, puede que termine llamándote el director general o el de marketing para intimidarte y/o faltar al respeto. No es una ocurrencia, ha sido mi caso. Tengo pruebas tanto de llamadas como de e.mails de dos de estas editoriales. Siento agriar la nata que los cuentistas nos montamos mientras, ilusionados, llenamos páginas y páginas. Aún así animo a explorar caminos, a perseverar en ese impulso, a veces inexplicable, de expresarnos. Porque el talento, como la suerte, existe.

Alicante, enero 2024


Texto © Pedro Díaz Cepero
Foto de Beau Carpenter en Unsplash


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