Desasosiegos

Condenación del mosquismo, de Antonio Costa

Nos quieren imponer el mosquismo. Que seamos todos como moscas, uniformes y zumbones. Zumbando sin fin todos igual y sin escuchar nada. Ni decir realmente nada. Soltando todos mecánicamente los mismos tópicos masivos. Repetir hasta la saciedad las frases de moda, sin reflexionar sobre lo que significa ninguna.

Le llaman Cultura de Masas a la Incultura de Masas. Glorifican a Bruce Lee y celebran a regañadientes a Proust o Picasso. Le llaman democracia a la trivialización y la vaciedad. Tienes que ser mosca y nada más que mosca. Y no se te ocurra ser otra cosa. Te acosarán hasta la muerte, desde que estás en la escuela, te llamarán de todo. Y no digamos en las putas redes sociales. Hay que acribillar al diferente. Hay que perseguir a los autónomos, eliminar toda autonomía. Todo tiene que ser masivo e impersonal.

Le protesté a una empleada de un hotel de Roma por los métodos impersonales, mecánicos y masivos para reservar una habitación. Había que hacerlo a través de la web, era imposible de persona a persona. Me dijo: “El mundo aborrece a las personas como tú”. El mundo aborrece a los que no son moscas. Todo tiene que ser impersonal y masivo. Alienado y vulgar.

La cultura del mosquismo es la cultura de la vulgaridad. Todos con el mismo gris sucio, todos con el mismo zumbido. Todos dando vueltas sin cesar, sin propósito. Con la misma velocidad estúpida. Con el mismo zumbido. Sin pararse a ver nada, a escuchar nada. Todos uniformes y moscas. Y que no destaque nadie, que no sobresalga nadie. Que no se diferencia nadie. Que nadie se salga de las reglas y las normas. De la corrección y los programas.

Estamos bajo la fatalidad del mosquismo. Y algunos le llaman progresismo a esa vulgaridad obligada y fatal. A esa repetición machacona de gestos y tópicos. A ese dar vueltas sin fin, molestando y acosando. A ese acribillar a las personas en medio del calor sofocante con el zumbar fastidioso. O el poner sus patitas asquerosas sobre ti. Estamos bajo la cultura de las moscas, bajo el dominio de las moscas. Y solo podemos soñar con la frescura, con la personalidad. Con abrir alguna ventana y que se vayan un rato.

No sé cómo Augusto Monterroso pudo escribir sobre ellas en el libro “Movimiento perpetuo”. Fastidio perpetuo, acoso perpetuo. Como ese dinosaurio medio tonto que cuando tú despertabas aún continuaba allí. Ese dinosaurio que no tenía la personalidad de irse, que continuaba allí de manera inerte, sin iniciativa ninguna. Y las moscas también continúan en un movimiento que es una fastidiosa inercia, que tampoco tiene personalidad ninguna. Al menos Sartre las vio como lo que eran, como el fastidio continuo y la angustia del ser perseguido. Si no recuerdo mal su obra, no me apetece ahora confirmar eso en plan académico.

Los pájaros casi no cantan, aunque a veces en la calle de al lado todavía cantan gloriosamente entre los árboles, cuando voy por las mañanas a buscar el periódico en papel. Pero las moscas zumban cada vez más y sin cesar. Los pájaros apenas cantan en algunos sitios todavía. Como aquel pájaro del “Romance del prisionero” que le cantaba al amanecer a un encerrado. Y luego un ballestero gilipollas mató al pájaro. El prisionero dice “Dele Dios mal galardón”. Qué forma más suave de condenarlo. Ojalá le cayera un castigo más contundente a ese puto ballestero que le mató el pájaro al preso. Y ahora todos estamos prisioneros (en programas mecánicos, en fórmulas, en tópicos, en correcciones, en reglas) y nos matan a los gloriosos pájaros secretos que nos dan vida al amanecer. Nos encierran con las moscas y no tenemos más que moscas. Y solo tenemos el ruido vulgar y asqueroso de las moscas. Y a eso lo llaman progresismo.

Nos masifican a todos, nos despersonalizan a todos, nos convierten en moscas. Nos hacen movernos siempre igual sin ton ni son. En un movimiento incesante que es en realidad una inmovilidad y una inercia. Un hacer siempre lo mismo de la forma más fastidiosa. Nos movemos sin fin pero estamos muertos, porque no hacemos nada de forma viva y personal. De forma original o conectada con el origen.

Son el animal más estúpido del universo. Nunca aprenden nada, nunca comprenden nada. A una cucaracha te acercas y se aparta rápidamente, comprende que la amenazas. Y si la agredes no vuelves a verla, se esconde en sus profundidades. Pero a una mosca da igual que la ataques, que la golpees con el periódico. Vuelve a hacer lo mismo sin cesar, no se entera de nada. No aprende que no la quieres, que te está fastidiando.

Un perro sí sabe cuando no lo quieres. Y un gato y cualquier animal. Los caracoles se esconden dentro de su concha, las lagartijas escapan a toda velocidad. Pero las moscas no se enteran de nada, no saben nada. No recuerdan ni el segundo anterior. No tienen memoria ninguna, son animales con alzheimer. Y así quieren que seamos nosotros. Que la Humanidad no recuerde nada y repita siempre los mismos errores. Que no aprenda nada. Nos quitan la Historia de las escuelas para que seamos seres sin memoria, sin identidad, con alzhemimer. Y repitamos sin fin como las moscas los mismos problemas que ya tuvimos.

Y quitan todas las Humanidades, que nos ayudan a comprendernos, a expresarnos, a afilar nuestra sensibilidad, a ser personas y no tuercas, a reflexionar, a sentir, a desarrollar lo que llevamos dentro. Solo quieren técnicas para todo, fórmulas mecánicas, métodos de producción masiva. Cosas útiles que solo son útiles para lo cuantitativo y vulgar. Producir siempre más y más rápido, sea lo que sea. Incluso leyes, a cientos. Y los Técnicos Arrogantes lo gobiernan todo. Y todo en nuestra vida es cuestión de Técnica. Y hay una Fórmula para todo, en este encierro sin horizontes, en esta inercia de moscas sin fin.

Y los tiranos se apoyan en las moscas. Utilizan a las moscas y nos convierten en moscas. Como ocurría ya en la antigua Grecia, pero nadie lo sabe porque no interesa la Historia. Los Tiranos se apoyaban en las masas y se imponían a ellas. El tirano y la masa se sostenían mutuamente. Mucho antes de que Elías Canetti reflexionara sobre la masa y el poder. El populismo no se inventó ayer, los tiranos se apoyaban en las masas manejables y les daban pan y circo a cambio de apuntalarlos. Despreciaban a las masas y las utilizaban para sostenerse en el poder. Pero no sabemos eso porque eliminan la Historia de las escuelas y tenemos alzehimer. Y somos como moscas estúpidas que no recuerdan nada. Sin personalidad, sin estilo. Sin autonomía. Hay que cazar a los autónomos por todas partes. Y el pensamiento autónomo y la sensibilidad autónoma. Hay que poner la Idiotez Artificial a mandar y que fabrique moscas sin fin. La Gran Mosca Artificial parirá millones y millones de moscas todas iguales.

Me rebelo contra el mosquismo y me llamarán de todo. Porque quiero un pensamiento humano y flexible. No mecánico, no programado. Porque quiero una mirada abierta a todo lo que venga y no sujeta a programas. Porque no quiero ser como el Word que subraya todo lo que no conoce y lo considera incorrecto. Y también todos estamos programados y consideramos incorrecto todo lo que no conocemos. Y funcionamos por simplismos y similitudes simplonas. Pero yo no quiero.

Un tío mío hace tiempo me hablaba de la Caza de Brujas en Estados Unidos. Y yo le decía: “Sí, la caza de brujas, Mac Carthy”. Y él contestaba lleno de razón y desdén: “No, Mac Arthur no, ja, ja”. No sabía quien era el senador Mac Carthy. Solo conocía al general Mac Arthur. Y convertía su ignorancia en suficiencia y desprecio. Así funciona.

Por cierto, ahora todos seremos brujas. Nos van a cazar sin licencia por todas las esquinas. Hay que cazar al autónomo, hay que cazar a quien no sea mosca masiva. A quien no zumbe igual que todas las demás, a quien se pare a escuchar. A quien cambie un poco ese color gris sucio. A quien se le ocurra poner un poco de matiz, algo de música de Chopin, el rumor de una brisa que no sea ese zumbido imbécil. Ese repetir tópicos y tópicos, y expresiones masivas. Y ese comprar sin ton ni son máquinas y máquinas nuevas para enriquecer a las Empresas Tecnológicas. Aunque empujar una puerta sea la mejor forma de abrirla, sin complicaciones.

Estamos condenados al mosquismo, pero yo condeno el mosquismo que nos aplasta. Igual que Albert Camus se rebelaba en nombre de la dignidad humana contra la Peste y los Sistemas. Y contra el asesinato como modo colectivo de diseñar sociedades humanas. Cada persona concreta era para él mucho más valiosa que cualquier Sistema abstracto y Salvador. La Abstracción es el mal, llegó a escribir en sus Carnets. Porque la abstracción es simplismo y es en sí misma un asesinato. Es eliminar casi todo de la vida y solo dejar mosquismo.

El mosquismo me tortura y me confina, pero yo condeno el mosquismo. Y seguiré prefiriendo un buen filete de carne Morucha de Salamanca a las carnes artificiales y mosquiles de diseño. Y seguiré prefiriendo la Naturaleza donde hay infinidad de formas de vida y no solo las Moscas. Antes que el Artificio donde todo se vuelve lo mismo. O el Diseño moderno donde todos los locales se convierten en rombos como ataúdes con luz de comisaría.

Y seguiremos unos pocos escondidos, leyendo libros, escuchando a Chopin. Mirando como se mueve la hierba y no artilugios programados. Escuchando como latimos y como hace música nuestro corazón. Escuchando la naturaleza musical pero nunca comprensible del todo. Nunca simplificable del todo. Con sus infinitos matices y sus burlas a las reglas que le imponemos nosotros. Y seremos originales sin fin y no programados ni sujetos a fórmulas. Y no seremos Moscas Alienadas y Fastidiosas.

Invito a los creadores, a todas las personas vivas. A no encerrarse en fórmulas ni en programas. A no obedecer a una Idiotez Artificial mosquil y alienante que nos roba toda la vida. A considerar que este planeta todavía es para nosotros. A no suicidarnos colectivamente como en una secta universal estúpida y seguir vivos sobre este planeta. A seguir con los sueños y la imaginación y los infinitos matices que no caben en programas ni en putos algoritmos abstractos. A no ir a unos grandes almacenes a reclamar algo y que te digan que lo tuyo es la incidencia XZ-33-HV. Invito a las personas a mirar a la persona que tienen al lado y no solo el puto móvil. A mirar el glorioso atardecer que ocurre delante de ellos y no solo el puto móvil con diseño de mosca. Y le digo al Banco que quiere enseñarme a hacer clic : no es que no sepa, coño, es que no quiero, no estoy de acuerdo ¿no lo entiendes? No es que no sepa comer mierda, es que no quiero comer mierda ¿no está claro?

O solo mirar como se mueve el agua en un sueño o en la realidad. Acercarse al río y mirar como se mueve el agua. Eso nos muestra el fluir, la verdadera vida, el asombro. Pero las moscas zumban sobre el agua sin fin y nunca ven nada. Ni se enteran de nada. No te conviertas en mosca y lee a Proust con sus matices infinitos, diga lo que diga el moscardón de Gide.


Texto © Antonio Costa Gómez
Foto © Kenneth Williams unsplash.com


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1 Comentario

  • Excelente artículo-relato de Antonio Costa, la cruda realidad de nuestro días en muchos aspectos y territorios. Por ponerle alguna pega tonta, quizá “demasiado” extenso, repetitivo, aunque sea bueno al final para insistir y profundizar en los hechos. Estoy menos de acuerdo en identificar, de alguna forma, el progresismo con el “mosquismo.” No veo porqué. El progresismo, en estricto sentido, debería ser capaz de eludir/escapar a tales comportamientos gregarios.