Literatura Poesía

Poemas de Olga R.T.

monte capitolino

EN PIE DE PAZ

Júpiter me devora

y la prudente Metis

me habita poderosa.

Una parte simpleza,

otra, bella intuición,

al fondo protectora.

Abro la boca y sangro.

No seré un ser de tinta

indeleble en la historia:

una diosa mentira,

mentira endiosada,

endiosada esta hija,

de los dioses la dicha.

Me cierro en la estrategia

Por estos ojos, sangro. 

Monte Capitolino:

mi búho blanco vuela,

por el cielo se aleja

buscando el infinito;

por siempre libre

nuestra Sabiduría.

Aquí mis manos, sangro. 

Y despido mi escudo,

mi espada, esta pica.

Silbo a la vida luna

y la luna me silba.

Observo mis pies, sangro. 

Soy Minerva,

hija de Dioses,

y me rebelo.

Mi padre me decreta

y no deseo,

nunca jamás,

cumplirle. 

MANTRA PARA SERES FELICES

“Quien conserva la capacidad de ver la belleza, no envejece”.
Franz Kafka

Me aferro a la vida y a su belleza secreta.

Me sujeto a lo estético, al gusto por lo esencial y su crecer filosófico, al placer de desaprender-me en un cuento, una risa o un buen sueño.

Me agarro a la vida: me hundo en la tierra, me lleno de savia, me enraízo fértil enero, rebroto primaveras y me podo y me venzo en los otoños espejo. (He hecho cosas que no creeríais…)

Me sumo al enigma de los órficos y perseos, a la aventura de vivir sin miedo, sin prisa, con una mitad mirada persona y otra mitad paisaje mirado.

Me anudo como loca, como enferma, también, así me nombréis, (tampoco importan mucho las etiquetas), a la sabia, increíble, intelectual metamorfosis, al misterio trasformador de lo mutante y de lo cotidiano, a la esencia de lo que es y de lo que existe.

Me uno al amor expansivo que se abre a cada instante. ¡Calla! Atiende, escucha. Nos habla despacio, bajito: acaba de nacer una hormiga. ¡Fascinante!

Me abrazo a las caricias, al llanto del neonato, a la madre exhausta, al parecer laborioso, a la construcción de susurros verdad, besos azules, fondos antiguos y a la felicidad de un instante. Sin olvidarme, ya veis, de la crueldad e insistencia del tiempo que hace tan bien su trabajo devastando lenta e imperceptiblemente lo que un día fue belleza.

Aun así, con todas mis ganas, con todas mis fuerzas, con todo mi yo arrogante, me aferro a la vida y a su belleza secreta.

SE BUSCA

Quince años juntos

Siendo libre estaba en todas partes:

me daba los buenos días en la cama,

me esperaba para el café siempre

me presentaba pasillos y amigos

me miraba atónito en el baño,

riéndose de mi cabeza mal peinada.

A mediodía, cuando volvía del trabajo,

expulsaba mis demonios con una sonrisa.

A veces se sentaba en el sofá,

miraba por la ventana,

saludaba feliz a los turistas

y se rascaba la oreja

en un enfermizo gesto.

Totalmente hipnotizado

dormía al sol sin gafas.

Jamás le escuché llorar:

me bastaba su contacto.

Nunca hizo nada extraordinario:

no estudió ninguna carrera,

no construyó hoteles,

no crio hijos, ni escribió libros

ni siquiera sabía limpiar.

Solo comía, dormía y era paciente.

Pero hace un mes se fue.

Y yo me puse el vestido negro

de los desastres septentrionales

y me lie a poner carteles por todas partes.

Le he pedido a la luna que haga algo

y no contesta.

Nadie contesta en realidad.

Hace un mes,  salió a la calle

por primera y última vez.

Nunca volvió.

Por favor, si lo encuentran

díganle que cuesta la noche,

duele sin la presencia de sus ojos gatunos.

Es negro y huele a limón.

 


Texto © Olga RT
Fotografía Kasturi Roy


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