Literatura Mundimagina Narrativa

MUNDIMAGINA VI

El facilitador llegó con la alcoholeza de Tres sacando a Cero de una Fornimaginación en curso en un lugar no habilitado. Había entrado en una leve ensoñación momentánea y, tras exhalar un leve suspiro de añoranza, empezó a contarle a su compicio, ansioso aunque ligeramente dubitativo, la verdadera razón de su presencia allí:

―Hoy me ha pasado algo ―captó la atención de Tres propinando un leve puntapié a su sofamagina―, imaginativamente anómalo en su desenlace. Si estás dispuesto a escucharme, te lo cuento.

Tres giró el sofamagina situándose frente a él, bebió un trago de la alcoholeza y recostó toda su escucha en los ojos de Cero, como queriéndole decir: no me mientas que te veo.

―Pues, cuando estaba en plena sesión con mi Psicoyudante…

Al instante no tuvo otro remedio que callarse: un Controlador de pasillo pasaba justo por su lado. Esperó a que se fuera a otro pasillo para continuar hablando.

―Contándole mis imaginaciones ―prosiguió― y malimaginaciones semanales, la misma cháchara de siempre, bla, bla, bla, bla, imaginar por imaginar, de repente, ¡sin querer!, he usado en la conversación la palabra prohibida.

No hacía falta decir más. El rictus de Tres se volvió pálido, como si le hubiera dado una sobredosis de imaginicio.

―¡Jodimagi, jodimagi y cien veces jodimagi! ―acertó a decir.

Un Controlador de silencio se acercó a su sofamagina.

― ¿¿Pens?? ―preguntó por lo bajini.

―Sí.

―¡Buf!

Empezó a reírse de una manera entrecortada, guardándose Cero de estallar en una callada carcajada de puro miedo. Tal vez no había sido una buena idea contarle lo sucedido.

―La verdad es que solo ha sido una vez ―intentó justificarse Cero―. Pero lo más raro de todo es que la pantalla del Psicoyudante se ha apagado antes de tiempo.

Tres resopló con disimulado estruendo y, sorprendentemente, Cero se sintió mejor al haber compartido el imaginamiento.

―¿Se lo has contado al Granimaginador?

―No, todavía no.

Incómodo por la respuesta Tres trató de cruzar los brazos, pero no pudo, a lo más que llegó fue a rozarse las yemas de los dedos.

―Deberías hacerlo pronto ―le avisó sin necesidad―. Ya sabes que guardar secretos que pongan en riesgo el funcionamiento de Mundimagina conlleva el apaciguamiento inmediato.

Lo había imaginado ya una y mil veces. ¿¿¿Quién no conocía la Gran Mundimaginorma???: “El Granimaginador es la máxima autoridad de Mundimagina, y si se imagina es gracias a él; por ello, se le debe obediencia y respeto”…

Un escalofrío le recorrió a Cero la espalda, aunque era la mano de Cuatro que se movía fuera del ámbito de control de su dueño, lo que le tranquilizó por un instante.

―Yo si fuera tú ―carraspeó Tres―, ya se lo habría dicho.

En los imaginamientos de Cero las acciones tenían un resultado violento porque entraban en juego todos los recursos punitivos de Mundimagina.

―Sí ―dudó―, tal vez deba notificarlo, imagino, como sin duda imaginaría hacer un buen mundimaginario. Y yo lo soy, ¿verdad?

En aquel momento necesitaba que alguien le reafirmara en su inocencia. ¿Quién no podía ser un buen mundimaginario en Mundimagina?

―Sí ―Tres miró hacia otro lado―, supongo que lo eres.

La respuesta le dejó algo más tranquilo, al menos cara a las apariencias, porque él sabía que ya no lo era. Sus imaginaciones iban a peor y cada vez malapensaba más. Pero no era algo nuevo. Ya en sus años de premaginario imaginaba de una manera diferente a la de los demás, y la verdad era que sus imaginaciones nunca fueron del estilo de las que contaban el resto que habían imaginado. Las suyas solían versar sobre temas que no interesaban a nadie, por absurdas y complejas, y por sus propios planteamientos imaginativos sin base en ningún fundamento previamente aprendido.

―Soy un buen mundimaginario ―se mintió, por si al expresarlo convertía la incertidumbre en verdad.

Pero la única certeza era que empezaba a pensar en vez de imaginar, aunque eso de momento solo parecía saberlo él, lo que tampoco le tranquilizaba demasiado teniendo en cuenta la cantidad de sensores, escáneres y aparatos de detección de malapensamientos que podía encontrarse uno en cualquier lugar.

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