Literatura Mundimagina Narrativa

MUNDIMAGINA V

―¿Un subidón de imaginación? ―Cero cambió el rumbo de sus malimaginamientos, unos en los cuales las agarraderas laterales rodeaban a su compicio por el cuello, la cintura y los tobillos, destrozándole con la presión todos los huesos y órganos internos.

Tres aspiró de la nariz hacia arriba y asintió, bostezando a la vez sin taparse la boca con la mano.

―Sí ―bostezó una segunda vez.

No podía ser más desagradable la estampa, pero sí que lo podía ser porque al frotarse los ojos con las dos manos usó los dedos para retirarse las legañas que los cubrían. Y después de bostezar por tercera vez sin taparse la boca con la mano, sonrió a Cero levantando las cejas.

―Ha sido: ¡¡Jodimagi!! ―dijo exultante.

Cero odiaba esa palabra y le hubiera arrancado la lengua con sumo gusto, aunque solo para él. Era una palabra que, de tanto escuchársela a los demás, acabó por aborrecerla. En cualquier caso, al no tener una definición estipulada se podía emplear cuando uno quisiera.

―JodiTres ―farfulló.

Tres tenía la capacidad de desquiciarle por ser de esas personas que solo imaginaban su propio placer, de las que creían además que los dos soles giraban alrededor de ellas. En realidad, solo eran dos compicios que se soportaban por los mismos motivos egoístas por los que se soportaban los mundimaginarios los unos a los otros: por una simple necesidad social, un escape entre tanta imaginación.

―No te vi el otro día en clasepaz ―Tres levantó pesadamente los brazos, dejándolos caer inmediatamente después y arrastrando los hombros en la caída. El comentario bordeaba la barrera del reproche.

―Sí ―Cero se encogió de hombros, acoplándose en el sofamagina al lado de Cuatro, que dormitaba dominado por el efecto del fumadeseo―. Imaginar en posturas complicadas no forma parte de ninguno de mis planes favoritos.

En ese momento, por uno de los pasillos laterales pasó deslizándose ligero con sus cuatro ruedas un facilitador, y con un gesto de cabeza seguido de un ¡eh! Cero captó su atención. El facilitador se acercó a ellos y tecleó en el identificador su número de identificación personal, pidiéndose a continuación una sincoholeza; Tres pidió una alcoholeza. Seguidamente, el facilitador se fue rodando por el pasillo hasta la dispensadora más cercana para cargar el pedido.

―Si fallasen los facilitadores ―apreció Tres, pasándose una mano por su frondosa cabellera castaña―, no sé qué sería de nosotros. Me sorprende Cero que sigas en tus intenciones de no alcoholezarte.

―La alcoholeza engorda.

―La sincoholeza también ―Tres enturbió los ojos―. Y que yo recuerde, siempre has estado gordo.

―Me dan arcadas y vomito.

―Tampoco fumadeseas.

―Por el dolor de cabeza.

―Que se te pasa al día siguiente.

―En el que apenas si recuerdas algo de lo sucedido el día anterior.

Iba a añadir que se podía meter sus opiniones debajo del trasero, pero no tuvo necesidad de hacerlo al aparecer nuevamente el facilitador. Abrió el frontal de la máquina y retiró su imaginicio, alargándole a Tres el suyo.

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