Literatura Mundimagina Narrativa

MUNDIMAGINA V

Cero siguió caminando, imaginándose cómo sería llegar a viejo, pero paró su atención en seco al cruzar su caminar con una mundimaginaria de pelo corto, negro y liso, que bien podría ser una de primer año a juzgar por la aparente indecisión que mostraba. La chica pasó por su lado, casi rozándole el hombro, y se quedó aturdido al sentir dentro de él una sensación nueva hasta entonces. Se dio entonces la vuelta para mirarle las piernas y el culo. No contaba con que la mundimaginaria pararía en seco y que lentamente giraría la cabeza hasta encontrarse con sus dos ojos plantados en ella.

¡No sabía dónde esconderse! Le había pillado en una clara fornimaginación.

Fue un solo segundo, pero se observaron sin complejos. Después, retiró la mirada por un repentino impulso de vergüenza íntima y una repugnante falta de confianza en sus posibilidades. Se la imaginó entonces decrépita y vieja, para evitar fornimaginar y no sentir vergüenza por su cobardía.

Imaginando malamente por su timidez estaba cuando vio a Tres y a Cuatro acoplados sobre un sofamagina de tres plazas, cada uno con sus pies junto a la cara del otro y los dos viéndose por dentro. Al lado de ellos, el fumadeseo en modo on todavía expulsaba humodeseo.

Se acercó a ellos, impávido.

―¿Qué hay de nuevo chicos? ―temía que su visita hubiera sido en balde―. ¿Llego en un buen momento?

No obtuvo respuesta y malimaginó despertarles de su letargo a bofetadas. En cualquier caso, un malimaginamiento imposible de llevar a la malacción, así que les agarró con suavidad por los tobillos y simplemente hizo presión con el pulgar en el hueco que le dejaba la unión de los tendones unos con otros.

Ambos giraron lentamente la cabeza, pero de haber sentido dolor sin duda que hubieran mostrado su disconformidad.

―¿Va todo bien? ―se retiró hacia atrás.

Tres y Cuatro levantaron el pulgar a la vez. El humodeseo los había transportado al mundo libre de la imaginación.

―Me pregunto si merece la pena seguir viniendo aquí ―Cero se lo dijo a sí mismo―. Cualquiera diría que os pasáis el día entero fumadeseados.

Cuatro balbuceó algo ininteligible y emitió un siseo casi inapreciable. Seguido, sin llegar a abrir los ojos, giró de nuevo la cabeza para regresar a su estado de somnolencia y catatonia, quedándole en el proceso la boca entreabierta y unas espesas babas blancas colgándole de la comisura de los labios. Cero malimaginó que tal vez ya no despertaría. Tres, por su parte, se desacopló del sofamagina de cintura para arriba quedándose en posición vertical. De las agarraderas laterales le colgaba la carne sobrante de los brazos y, al mirarlo, a Cero se le puso la carne de gallina y sintió un imaginamiento de desagrado que calmó de inmediato imaginando hacia un infinito que se inventó, lejos de la realidad. Tres era sin duda el mundimaginario más pellejudo de Mundimagina, le colgaban los pellejos por todo el cuerpo. Y aunque sus movimientos eran torpes y siempre parecía cansado, aseveraba que el simple hecho de tener tanta piel sobrante le daba la posibilidad de presumir de ello.

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