Literatura Mundimagina Narrativa

MUNDIMAGINA IV

Ya era tarde para dejar pasar de largo a la equivocación. Imaginaba cómo podría tener una salida honrosa y recular hacia atrás en su cabeza. ¡Vaya despiste, y qué inutilidad la suya! No es que hubiera imaginado un malimaginamiento, ¡es que había tenido un pensamiento en toda regla contradiciendo a la primera y más importante de todas las Mundimaginormas!

De no haber estado sillamaginado se hubiera golpeado la cabeza contra la pared hasta perder el conocimiento.

―¿¿En serio que he dicho eso?? ―se preguntó a sí mismo―. No puede ser, ¿verdad?, habrá oído usted mal.

Su propia risa era hilarante e iba en aumento, poniéndole cada vez más nervioso.

―Claro que no he estado pens… ―le cayó una lágrima furtiva por la mejilla que aventuraba un futuro imaginado en negro―. ¡Que el Granimaginador me libre de ello!

Dentro de su cabeza se representaba una escena violenta que derivó en ansiedad. Cada vez le costaba más respirar normalmente y sus pulsaciones se habían descontrolado. La camiseta le chorreaba del miedo que sentía; sudaba y malimaginaba.

―¿Puede repetirme por favor lo que me ha relatado, mundimaginario? ―le preguntó nuevamente el Psicoyudante, que con la cabeza ladeada miraba fijamente a algún punto fuera de la pantalla―. Me ha parecido oírle decir que ha estado pensando.

―¡Créame ―balbuceó Cero, casi suplicando―, que hablaba por hablar, ya sabe, estaría imaginando! Que vi un volanimal, ¡sí!, ¡o me lo imaginé! Pero de ahí a pensar…

En ese momento se le ocurrió, en un acto de verdadera malapiensa e imaginación espontánea, que podría levantarse de la sillamagina, irse caminando de su mundilugar y hacer como si nada hubiera pensado.

―Pensar ha dicho ―repitió el Psicoyudante.

Los dos ojos le miraban ahora hacia la dirección contraria. Luego, lo hicieron arriba y después abajo, quedándose con la cabeza gacha para levantarla seguido.

―Pensar ha dicho.

Cero notaba como su temperatura corporal aumentaba a cada respiración.

―Pensar ha dicho.

Su voz ya no sonaba a una voz humana.

―¿Puede repetirme por favor lo que ha dicho, mundimaginario? ―volvió a preguntar.

Y antes de que Cero respondiera que pensar, pensar, pensar, pensar y pensar, en la pantalla el Psicoyudante se quedó enganchado en un extraño repetir de palabras.

―Pensar ha dicho, pensar qué, pensar ha dicho, pensar qué, que ha estado pensando, pensar qué, que ha estado pensando, pensar qué, que ha estado pensando, pensar ha dicho, pensar qué, pensar ha dicho, pensar qué, que ha estado pensando, pensar qué, pensar ha dicho, que ha estado pensando…

Se oía mientras un siseo prolongado y la imagen empezó a temblar, llenándose la pantalla de líneas horizontales que cruzaban de arriba a abajo y en lateral, deformándose la cara del Psicoyudante de un modo grotesco: los ojos le empezaron a dar vueltas en círculo, sin control y compulsivamente; y primero se agarró las orejas para después agarrarse la nariz, y luego de nuevo las orejas, y de nuevo la nariz.

Y sin más, la pantalla se apagó.

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