Literatura Mundimagina Narrativa

MUNDIMAGINA III

En su bullicioso interior latía últimamente un sentimiento de inconformista irredento que desquiciaba sus frecuentes noches de insomnio, obligándole no solo a permanecer despierto hasta ver la primera luz del alba, sino además a cavilar y sopesar mientras tanto los pros y los contras de una vida ociosa en exceso: la que llevaba viviendo al menos desde que sus recuerdos alcanzaban a imaginar. Porque todo era demasiado perfecto en Mundimagina, casi irreal por su sencillez, y vivía en la tranquilidad dispuesta envuelto en una rutina perfectamente organizada. Tanto control y perfección le chirriaba en el interior de la cabeza, incomodando sin remedio a sus imaginamientos, habitualmente sosegados.

Así, imaginaba, apenas si se daban altercados entre los mundimaginarios, todos cortados por el mismo patrón, y que seguían las Mundimaginormas cívicas sin rechistar ni incumplir ninguna. La compostura y el recato eran condiciones bien aprendidas y, en la práctica, la educación y el respeto se reflejaban en los modales, aunque luego cada uno malimaginara en perjuicio del de al lado. Al fin y al cabo, la hipocresía la llevaba por dentro quien más y quien menos. En cualquier caso, cuando dos mundimaginarios coincidían en algún encuentro casual, o mismamente cruzaban miradas por la calle, se saludaban cortésmente, haciéndolo además con desparpajo y naturalidad, aunque no se conocieran de nada, como algo mundimaginormalizado y que le sacaba de quicio.

Que el mero hecho de comportarse de una manera u otra fuera una libre decisión de uno mismo era en realidad algo ajeno a uno mismo. Y aunque había días en que su ánimo le empujaba a no ceder el paso, o a no dar las gracias cuando le abrían a él una puerta, su intención quedaba en nada. Mostrar amabilidad y mesura en la expresión y el gusto eran conductas integradas en el simple entramado de relaciones sociales en el que se movía, y si infringía alguna de las convicciones prefijadas lo pagaría caro.

…Nada más despertar deben ir al gaseador y gasearse bien el cuerpo, los dientes y las orejas; y aromarse. Después de comer un mundimento, hay que gasearse los dientes. Gasearse las manos al menos cincuenta veces al día es lo que haría un buen mundimaginario…