Escena Teatro

Entrevista a Malena Alterio

Malena Alterio

Me proponen realizar una entrevista a Malena Alterio y lo primero que se me viene a la cabeza es si cabe la posibilidad que sea la única persona en la tierra que no conoce exactamente por donde van los chistes de ¨la hierbas¨, que no sabe exactamente qué es Mariscos Recio (espera, esto no es aquí, ¿o si?) y que posiblemente quede como una imbécil. Esto último realmente no es tan grave.

Comienzo a revisar toda su filmografía y sin darme cuenta pego un resoplido, no sé muy bien si de liberación o de agonía. Me doy cuenta de que he visto casi todo en lo que ha estado Malena, y ya es decir mucho, porque ha sido un no parar.

Malena Alterio Bacaicoa, actriz argentino-española, a los 6 meses emigra a España con su familia. Debo dar las gracias al país del mate por obsequiarnos con una saga familiar con tanto talento y también por el dulce de leche. Gracias.

¿En qué momento dices “oye, lo mismo tiro por la actuación”?

No lo tengo asociado en un momento en concreto de mi vida. Obviamente, vengo de donde vengo, y esto ha influido mucho en la elección de mi carrera, en que yo sea actriz. Mi papá es actor, mi tía era actriz también y directora de teatro. Siempre ha habido un vínculo especial con todo este mundo y yo no lo verbalicé hasta muy grande, pero sí es verdad que siempre de chica estuve relacionándome con el disfraz, con la transformación, con hacer el payaso. Con tal de no crecer demasiado y seguir jugando, me apunté a clases de interpretación paralelamente a mis estudios, como quien hace una extraescolar, en la escuela de Cristina Rota. Un poco porque Ernesto iba haciendo cosas y yo iba un poquito detrás, siempre los hermanos mayores van abriendo un poco el camino. Pero yo en mi infancia no es que dijera voy a ser actriz.

En un momento dado mis padres dijeron que se acabó el teatro, porque yo era tan desastrosa en el colegio que decidieron cortarlo, cosa que les agradezco, aunque luego no realizara ninguna otra carrera independientemente de la interpretación. Pero creo que es importante tener una base.

Después de terminar la selectividad retomé las clases de interpretación, pero no te creas que yo decía “quiero ser actriz”. Seguía en las clases de Cristina, hice los cuatro años y al final en una muestra que hicimos de puertas abiertas, me dije, “lo mismo sí que voy a ser actriz o algo”.

¿Eras una niña extrovertida?

Siempre he pensado que era una niña extrovertida, habría que preguntar a mis amigos del colegio, o a mis padres, que eran los que lo vieron de verdad. Yo lo que recuerdo es que era muy extrovertida, bueno… también con mis cosas, muy vinculada con la música, con el arte… pero sí que me gustaba estar con la gente aunque en algún momento del día me apetecía estar con mi pensamiento, con mi fantasía. Luego en la adolescencia me volví más introvertida, tímida, con muchos complejos, inseguridades, muchas dudas y entre mi niñez y mi adolescencia, ahora, a mis 47 años, no te sabría decir, tengo muchas capas. Bueno…como todos.

Tu primera película fue El palo de Eva Lesmes. Un poquito como llegar y besar el santo.

En realidad mi primera película fue Cásate conmigo Maribel, una adaptación de la obra de Miura Maribel y la extraña familia. Yo estaba muerta de miedo. Trabajé con Natali Seseña, y somos amigas desde esa época. Hacía de prostituta, era todo muy naif, como era Miura, pero con mucha crítica y mucho humor. También estaban Carlos Hipólito, Mireia Ros, Natalia Dicenta, imagínate…Esa fue la primera pero tardó en estrenarse. Como estreno la primera fue El palo, mi debut. Me nominaron al Goya con un papel superchulo. Hacía de una macarrita de barrio. Estaba con Carmen Maura, con Adriana Ozores y con Maribel Verdú.

Aunque los trabajos se te han enlazado uno con otro, ¿alguna vez has sentido esto del ¨síndrome del impostor¨?

Mira, día sí y día también. Ahora estoy haciendo teatro y ayer me sentí una estafa. Me refiero a lo que yo esperaba de mí. Yo quería dar, pero a veces son sensaciones muy personales e incontrolables que el público ni percibe, ni se da cuenta. A veces piensas, yo no sé cómo se hace esto, qué hago aquí, no me lo merezco… pero otros días me digo, ¨oye si, hoy he estado bien, hoy si me lo merezco¨. Sobre todo en el teatro es una percepción más abstracta. En el audiovisual, que es algo que se queda grabado, lo veo para ver como ha quedado, y luego ya no lo veo más. Después de ese primer visionado piensas ¨ay Dios mío, está fatal, es horrible, por favor que me quiten el carnet de actriz¨. Luego lo veo con los años y me encanto, bueno, no me encanto pero pienso ¨¡seré tonta! ¨.

Ya quisiera ver yo a los americanos hacer ciertas cosas como aquí se realizan.

Con esto ya me has contestado a si eres muy crítica contigo misma…

Si, los soy, mucho. Con los demás soy una santa, les entiendo a todos, pero conmigo soy la peor. Con el tiempo empiezas a aflojar, ser un poco más generoso y comprensivo en la medida que se hacen las cosas y los límites que uno tiene. Es que depende de muchas cosas, a veces los tiempos te limitan, hay que ser justo con uno mismo. Si uno sabe que ha dado todo lo que tenía que dar ya puede venir el mayor crítico del mundo a decir algo de mi trabajo que yo estaré contenta. Otra cosa es si yo siento que no he dado todo. A no ser que estés dentro del engranaje, no sabes los tiempos de los que disponemos para trabajar en una serie o en una película o en una obra. Las condiciones climatológicas y las prisas. Uno lo ve de otra forma, ya quisiera ver yo a los americanos hacer ciertas cosas como aquí se realizan.

Compañeros actores se han aventurado a dirigir o crear obras de teatro, películas, cortometrajes ¿tienes algo en mente?

Si, lo he tenido en la cabeza, pero esta personalidad mía no ayuda demasiado a ello. Yo me siento más cómoda o libre cuando me dan un personaje y siento que es lo que tengo que hacer. En cuanto a la dirección, yo siempre he fantaseado con esa idea de contar algo mío y pasan los años y a veces aparecen destellos y pienso “esto podría ser un corto”, “esto podría ser una largo”, “esto es una serie”… pero todo forma parte de una fantasía que tengo en la cabeza. Cuando pienso en materializar todo eso lo veo de una complejidad absoluta y como que hay que ser muy seguro y hay que tomar muchas decisiones a la hora de dirigir. Y contestar a mucha gente, seducir a mucha gente para que se alíen en tu proyecto. No tengo ahora mismo algo tan poderoso o tan potente como para hacerlo, pero no descarto esa posibilidad.

¿Y volver a tu Argentina natal?

Sí, es un deseo que está por cumplir. Siempre he estado a caballo entre aquí y allá. Tengo muchos afectos y familia en Argentina, y me gusta mantenerlos vivos. Pero mis viajes han sido familiares, iba a comer, me daba una vuelta por el Obelisco, caminar por Palermo, de turista. En los últimos años pensaba que me gustaría vivir en esa ciudad trabajando. En el último viaje traté de cosechar cosas. Conseguí un representante e intenté moverme un poquito pero por ahora no se ha dado. Y no se ha dado también porque aquí he estado enganchando un trabajo tras otro, entre cine, serie, teatro y proyectos que me interesaban. Pero la idea de trabajar en la tierra que me vió nacer siempre ha estado ahí. En el futuro quién sabe.

La idea de trabajar en la tierra que me vió nacer siempre ha estado ahí

¿Cómo ves el avance de plataformas y el cierre de cines?

Por un lado es algo muy positivo, todas las series que están apareciendo. Hay como un destello de luz en cuanto a la creatividad. Se están buscando cosas más arriesgadas e innovadoras, no estamos tan a merced de las audiencias. Los canales y las vías son tantos que hay mucha producción.

Espero que eso no tenga como consecuencia que todo se abarate y se considere sólo un “producto”, que es una palabra que odio. Al margen de eso, se genera mucho trabajo y a los actores, que siempre estamos en la cuerda floja, nos puede dar un poco más de opción.

Por otro lado el cierre de los cines, me da pena, porque no sé qué futuro le espera. No sé hasta cuándo se van a poder sostener las salas, el compartir una película con un montón de desconocidos, la dimensión de la pantalla. Espero y deseo que esto no sea el fin, seguramente se transformará.

He de decir que me gusta mucho la serie Vergüenza. Todos hemos sentido en algún momento vergüenza ajena y en muchos, vergüenza propia. ¿Eres una persona de vergüenza ajena?

Total, hay muchas cosas que me dan vergüenza ajena. Y yo soy muy vergonzosa, por eso yo entendía tan bien al personaje. Aunque luego se fusiona bien con su marido, no te creas; comportamientos muy avergonzantes, tal para cual.

Cuando te llegó el guión de Señoras de Hampa ¿tuviste la sensación de que iba más enfocado a un público femenino? ¿O que estuviera enfocado a una reivindicación muy latente en estos momentos?

No, para nada. Eso sí, el conflicto que se generaba es que son todo mujeres y que son madres y que el punto de unión es el Hampa. Es verdad que son mujeres reales, mujeres imperfectas y humanas, como somos todas. Mujeres sobrepasadas, mujeres que hacen 20000 cosas. En realidad me interesó este proyecto porque no era una idealización de la mujer, ni panfletario. Es cierto que hay que ser reivindicativo, sí que es cierto que fue justo en el momento del “me too”, pero de entrada no fue con ese objetivo.

Ahora estás en el Teatro Abadía con la obra Los que Hablan que trata sobre la imposibilidad que a veces tenemos para expresar lo realmente importante ¿Cómo surgió?

Esto nace porque el director, que también es actor, según dice él -que yo no me lo creo-, tiene mucha dificultad para establecer una conversación. ¿Cómo se consigue ese contacto con lo que me dices tú y responder? ¿Cómo se hace, de qué habla la gente, cuáles son los motores, por qué conecto con alguien sí y con otra persona no? Todas estas preguntas hicieron que Pablo Rosal, que es el autor y el director, construyera Los que hablan, que es eso, una disertación acerca de lo que hablamos, cómo hablamos. En el fondo cuando nos preguntamos ¿cómo estás?, como estos dos personajes que somos Luis Bermejo y yo, se produce un gran silencio, pero cuando hablamos de otras cosas, de anécdotas, lo llenamos todo. Esta obra habla de eso, de ese vacío, y lo plasma con una poética que tiene Pablo que es muy bonita y también muy absurda. Esto es una reflexión que hago como intérprete, ahí ya el espectador tiene varias sensaciones. Así como la obra es extraña, el público tiene diferentes reacciones. Hay gente que se asombra, hay gente que se sorprende, a otros les será indiferente… eso es lo bueno que tiene el teatro, que es en ese momento, en ese día, a esa hora.

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Cuando nos preguntamos “cómo estás” se produce un gran silencio, pero cuando hablamos de otras cosas, de anécdotas, lo llenamos todo. Esta obra habla de ese vacío.

¿Cómo te llegó esta propuesta?

Fue por medio de Luis Bermejo. Me propuso esta historia y al principio tuve muchas dudas. Había algo que me atrapaba mucho de la historia, pero había algo que no entendía. Luego sí claro. Le di bastantes vueltas, pero una vez que doy el sí, es inamovible, con el teatro le suelo dar muchas vueltas, una vez tomada la decisión estoy encantada.

¿Habéis tenido algún parón por la pandemia?

En la película que rodé en Pamplona en verano que es Espejo, espejo de Marc Crehuet sí que tuvimos que parar 10 días por un par de positivos. Yo si en estos momentos fuera productor estaría debajo de la cama.

Bueno pues hasta aquí la entrevista con Malena Alterio. Dicen que el teletrabajo se impondrá y las videollamadas serán un plus que aceptaremos de buen grado, yo espero que no.

A propósito, Malena, se me quedó una pregunta importante en el tintero que me hago cada domingo. ¿Qué película me recomiendas?


Texto e ilustraciones © Silvia Fuente