Literatura Narrativa

Rememorando los clásicos (I): “Leo” como reflejo de la prosa ejemplificadora

Sendebar

 

El filólogo Óscar Merino Marchante comienza con este artículo una serie que rescata antiguos textos de la literatura española. Su análisis nos permite un mayor conocimiento y entendimiento de estos relatos que para la mayoría de nosotros han quedado olvidados en el aula de literatura. En cada entrega incluiremos un enlace para poder leer antes, o después, según se prefiera, el texto elegido.

Texto completo de Leo
(del Libro de los engaños de las mujeres o Sendebar)

La idea de “saber” en la Edad Media se identificaba con rasgos como la mesura, la prudencia o la justicia, rasgos que los reyes debían poseer y poner en práctica. Así, el género que mejor canaliza esa puesta en práctica en la tradición hispánica medieval es la prosa ejemplificadora, de la que recogemos un cuento, “Leo”, que pertenece a la colección cuentística de una de las obras que mejor representan la prosa ejemplificadora: el Sendebar o Libro de los engaños de las mujeres.

Antes de iniciarse el ejemplo propiamente dicho, se puede observar un fragmento que pertenece a la historia marco o marco estructural, una unidad narrativa superior que sirve para insertar cada uno de los cuentos o ejemplos que completan la colección. De este modo, el narrador de la historia marco, que es omnisciente y en tercera persona, lleva las riendas del relato y nos introduce como lectores en un primer nivel ficcional. Por otra parte, el cuento titulado “Leo” se sitúa en un segundo nivel ficcional.

El narrador, precisamente al ser el que lleva las riendas de la historia marco, exegético. Este da voz al primer privado, el cual, mediante un verbo de dicción (“dixo”), se convierte en el narrador del cuento, cuyo destinatario inmediato es el rey Alcos. Es característico ver cómo un personaje que ha salido de la historia marco se convierte ahora en el narrador del relato, es decir, en un narrador intradiegético.

En este caso, el narrador intradiegético va a cumplir la misma función que el narrador extradiegético: en primer lugar, la presentación de los personajes (“un rey que amava mucho las mugeres”, una mujer a la que en una primera caracterización se dice que es “muy fermosa” y posteriormente se nos señala que es “muy casta e muy buena e muy entendida” y el marido de esta, que, pese a que tenga únicamente una función narrativa, su presencia es vital para plantear el conflicto. Es reseñable la economía de medios que podemos observar a la hora de presentar los personajes, puesto que la caracterización que se da de ellos es mínima, y aún más en el caso del marido, ya que lo único que se sabe en un principio es que el rey le envía a la guerra para poder estar con su mujer. A continuación, sí que se nos caracteriza un poco más a la mujer, de la que se dice que es “muy casta e muy buena e muy entendida”. Seguidamente nuestras expectativas se abren hacia un sentido y en principio sus primeras palabras en estilo directo no parecen apuntar a que esto sea así, puesto que la intervención de la mujer denota una aceptación a los deseos ilícitos del rey. Justo después, la mujer le da al rey un libro de su marido “en que avía leyes e juizios de los reyes, de cómmo escarmentavan a las mugeres que fazían adulterio” mientras ella se va a maquillar.

Desde el punto de vista estructural se podría marcar aquí una primera parte dentro del ejemplo. Desde el punto de vista temporal, el tiempo se ha suspendido: la mujer se va a los baños y se arregla mientras que el rey lee el libro. Esta elipsis temporal es necesaria para que se solucione el conflicto. A continuación, en la segunda parte del ejemplo, el conflicto narrativo se soluciona gracias al libro que le ha entregado la mujer (“E el rey abrió el libro e falló en el primer capítulo”). El rasgo de la mujer, que recordemos, el narrador la ha caracterizado como “muy entendida” se cumple en esta secuencia, ya que sabe que ese tiempo transcurrido es necesario para que el rey llegue a la verdad. Por otra parte, el rey se da cuenta de que lo que desea es reprobable (“e ovo gran vergüença e pesól’ mucho de lo qu’él quisiera fazer”). Es destacable que el comportamiento que ha tenido el rey hasta este momento no es nada adecuado, por lo que no representaría de ninguna manera la tradición prosística del “espejo de príncipes y gobernantes”.

Sin embargo, cuando el marido regresa a la casa, el conflicto es otro debido a que el primer problema ya se ha solucionado. El rey antes de irse de la casa de la mujer se olvida de sus zapatos, unos zapatos característicos de la realeza llamados “arcorcoles”, en el lecho en el que estaba sentado. En este momento, el conflicto se hace público y el marido toma una mala decisión: al ser siervo del rey tiene miedo a hablar y por esta razón decide repudiar a su mujer. Toma la decisión equivocada ya que se ha dejado llevar por una falsa apariencia. Así pues, se desarrolla un segundo conflicto con unos nuevos personajes. Este conflicto se plantea cuando su marido llega de la guerra y se encuentra con los zapatos del rey. Los nuevos protagonistas, los parientes, tienen un carácter colectivo y se sitúan en una dimensión pública. Asimismo, se introduce un breve fragmento en estilo directo que refuerza la dimensión pública que ha adquirido el conflicto y también se apunta a una posible resolución de este gracias a los parientes. En ese fragmento en el que el estilo directo viene introducido por un verbo de dicción (“E ellos dixieron”), los parientes mencionan además el género del ejemplo (“Vayamos al Rey e agora démosle enxenplo de aqueste fecho de la muger”).

A partir de ahí, se puede señalar una nueva y última parte dentro de la estructura interna del relato. Ese ejemplo que anuncian los parientes se da con un carácter narrativo bajo la forma del enigma. Es decir, dentro del cuento entramos en una microcategoría ficcional, es decir, en un tercer plano dependiente del segundo nivel ficcional, que es el ejemplo propiamente dicho. Esta microcategoría está dada en clave de enigma ya que ninguno de los personajes va a declarar los hechos de forma directa. El enigma se le plantea al rey y a partir de ese momento se aprecia la resolución del conflicto. El enigma es sencillo de resolver: la tierra representa a la mujer y el rastro del león son los arcorcoles que a su vez representan al rey. Finalmente, el rey responde también en clave de enigma, puesto que bajo la metáfora de que “entró el león en ella” declara que ha entrado en la casa de la mujer pero que el adulterio no se ha consumado (“non te oviese de fazer nin te tornó mal dello”). De este modo, el hombre bueno vuelve con su mujer. En definitiva, una vez que se ha planteado el enigma, el conflicto público se ha solucionado.

Esa función esclarecedora del enigma permite acceder a la verdad a pesar de haber tomado una decisión equivocada al principio. El conflicto que vive el rey Alcos en la historia marco es un conflicto semejante al del segundo plano ficcional porque ninguno de ellos, ni el rey Alcos ni el marido de la mujer que finalmente no comete el adulterio, han indagado en la verdad de los acontecimientos. Aunque sean conflictos de índole distinta se unen de manera analógica. De esta manera, se cumple la función didáctica de la obra.

Cuanto más tupida sea la red de semejanzas entre la historia marco y el ejemplo mayor será el didactismo de este. Por tanto, vamos a tratar de establecer las semejanzas entre la historia marco y el segundo nivel ficcional. El rey Alcos se relaciona con el marido del relato ya que ambos se guían por las falsas apariencias. Los arcorcoles se identifican con la figura del rey de modo que ese elemento representa las falsas apariencias que mueven al marido a tomar una decisión equivocada, que no es otra que la de repudiar a su mujer. Otra posible relación sería la del Infante y la mujer del relato puesto que ambos son las víctimas de la historia antes de acceder a la verdad.

Por otra parte, los privados del rey Alcos y los parientes del ejemplo tienen la función de aconsejar con el fin de tomar una buena decisión. Mediante la palabra, la mujer, a través de un libro le ha demostrado al rey que sus deseos son ilícitos. De esta manera, los privados del rey cumplen una relación de semejanza con la mujer del cuento. El motivo central de todas estas relaciones es un conflicto que se plantea entre las falsas apariencias y el acceso a la verdad. En último lugar, hay que destacar que la intencionalidad es eminentemente didáctica y a mayor número de semejanzas, mayor efectividad.

En cuanto al tratamiento del tiempo, el “agora” de la historia marco representa la inmediatez del texto a través del estilo directo. Aparte de esta marca no hay otra seña temporal. En el cuento transcurre cierto tiempo que se elide entre que la mujer se afeita y el rey lee el libro. Hay una serie de obstáculos para que el rey llegue a la verdad y entre y entre transcurre tiempo ya que para resolverse el conflicto es necesario. El camino que va desde las falsas apariencias hasta la verdad no está dotado de coordenadas temporales precisas pero el tiempo es absolutamente necesario.

Respecto a las características de los personajes, lo importante es la función que cumplen más que la caracterización física, es decir, prima su funcionalidad. De la mujer se sabe que es “muy casta, muy buena y muy entendida”. Del marido se destaca que es una persona buena aunque al principio tome una mala decisión. Los parientes únicamente cumplen una función narrativa y finalmente al rey se le caracteriza por ser un mujeriego “que amava mucho las mujeres”. De esta manera, se muestra una tacha necesaria para la funcionalidad narrativa pero inmediatamente se resuelve ya que el rey debe aproximarse a las virtudes del rey arquetípico: sabio, prudente y justo. Finalmente, los privados consiguen que el rey tome una decisión adecuada. Por tanto, la palabra es una forma de acceso a la verdad. Así pues, este ejemplo entronca con una de las características propias de la literatura hispánica medieval: que son más importantes los personajes por la función que cumplen que no por su caracterización psicológica.

En último lugar, las referencias espaciales son mínimas pero se deja muy clara la pirámide estamental del momento en la primera intervención en estilo directo de la mujer: “tú eres mi señor e yo só tu sierva”. Asimismo, la casa representa la intimidad del primer conflicto junto con los arcorcoles situados debajo de la cama. Otra referencia espacial es la tierra que aparece en el enigma, la tierra fértil que es labrada por el hombre. En cambio, en la historia marco no se ofrece ninguna referencia espacial ya que el lector debe saber que se sitúa en el ámbito cortesano.

En conclusión, es importante señalar que en el Sendebar nos vamos a encontrar con personajes relacionados con el linaje (Infante-rey Alcos) y otros determinados por el saber (privados – sabio Cendubete). La función de los personajes que representan el saber es enseñar y aconsejar y lo van a hacer a través de ejemplos. Así pues, estamos ante un fragmento característico de la prosa ficcional ejemplificadora, siendo la intencionalidad de estos cuentos eminentemente didáctica. Ahora bien, este didactismo se proyecta sobre contenidos éticos y morales que los hombres deben llevar a cabo en el desarrollo de su vida práctica. De esta manera, el argumento de este ejemplo es muy similar al ejemplo L del Conde Lucanor ya que en ambos se cumple una triple intencionalidad didáctica: docere-delectare-movere.


Texto © Óscar Merino Marchante
Fotografía: imagen del Sendebar


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