Homenaje a Luis Miguel Madrid

EL PANDORA ERA UN GRAN TEATRO

Luismi en la barra del Pandora

Mi primera nochevieja en Madrid me vi arrastrado hasta Las Vistillas, a un lugar en donde jamás había estado, invitado por un actor al que había visto en una película de entretiempo. 

Al entrar por las puertas (las cuales siempre han ido cambiando de lugar como si de algún sueño antiguo se tratase) descubrí un mundo que habría de acompañarme para siempre. 

Al llegar a la barra comprobé perplejo que la actriz de la que estaba enamorado y a la que no conocía me estaba sirviendo un gintonic. Por si fuera poco, un director de cine al que admiro, con nombre de novela de Joan Martorell, que estaba a mi izquierda, pidió lo mismo que yo en el mismo instante. Le pregunté, a él, si ella era ella y me respondió que sí. La noche continuó y me fui encontrando a personajes de la bohemia madrileña con los que luego entablaría hermosas amistades. 

En el momento en que me presentaron a Luismi yo ya estaba absolutamente sobrepasado de fascinación y charlamos tranquilamente un rato. Me sorprendió la facilidad con que nos entendimos. Aquella noche acabó de algún modo que no recuerdo y continué yendo al María Pandora constantemente. Aprendí que no era un lugar sino un mundo. El mundo de Luis Miguel Madrid. Un mundo repleto de trastos inservibles pero fascinantes como los del viejo Melquíades. Poco a poco aquel lugar que se situaba como mi favorito en la ciudad, fue absorbiéndome. No sé cuantas noches pude pasar allí pero sí sé que algunas fueron de las mejores de mi vida. Un verano, no sé bien cómo, comencé a trabajar allí. ¿Dije ya que me había absorbido? Luismi daba la oportunidad de trabajar a actores muertos de hambre. Al fin y al cabo había escrito y estrenado Coño; El día que me hice caca… El Pandora era un gran teatro. Como dijo Francesco Carril, «allí aprendí a leer poesía”. Luismi era una de las personas más fascinantes que jamás haya conocido. Llegaba con Isidra o con Dexter y entraba por alguna de las puertas y decía: Tengo algo muy importante que decirte. Te agarraba del hombro y te soltaba un trabalenguas de la época de Garcilaso o un chascarrillo como le gustaba decir a él.

Debo a Luismi los mejores años de mi vida. Juntos vivimos momentos extraordinarios: La época del Cosaco, los fantasmas del Pandora, las magníficas cenas que preparaban Eva y él, los viños galegos… Una noche estuvimos a punto de coger un vuelo a Ibiza y en el último momento decidimos que no podíamos estar mejor que en el Pandora. Así que nos quedamos hablando de la vida hasta bien entrado el día siguiente. Me confesó que sentía que se iría pronto pero que lo haría encantado, pues el mundo se quedaba lleno de jóvenes artistas a los que había tenido el placer de conocer. Esa noche le hablé de un guión que había escrito, se titulaba María Pandora. Él eligió la música, eligió a la actriz… Pocos días antes de dejarnos le envié una escena del guión, en la que un personaje, poeta mítico llamado Luis Miguel Madrid se había retirado a beber viño branco galego y a comer bien a una isla del norte. Su poesía nos acompañará siempre, su risa nos acompañará siempre, su mirada dulce y amistosa nos acompañará siempre. Al fin y al cabo absorbemos a los que se van como el Pandora nos absorbió a nosotros.


Texto © Mateo Franco,  2020
Fotografía © Eva Contreras
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