Homenaje a Luis Miguel Madrid

DE LOS MEJORES VIAJES NUNCA QUEDAN FOTOGRAFÍAS

Luismi feliz en Venecia

A Luis Miguel Madrid 

Así continúa diciendo en uno de sus poemas el querido Luismi, a quien conocí en Bogotá en 2014, cuando coincidimos en el Festival de Poesía que organiza el incansable poeta Rafael del Castillo. He buscado, sin encontrar, alguna foto de la ocasión y en su lugar, encontré libros con sus poemas, cariñosas dedicatorias e innumerables recuerdos.

Tengo, por mi profesión, el gusto y también el disgusto de frecuentar una amplia galería de poetas españoles y latinoamericanos; entre ellos hay algunos que el tiempo no alcanza a malograr y aunque los años los hayan vencido, siempre son jóvenes y sentimentales. Luismi era de esos. Había en él algo de juego y de despiste, una música de tango y vals criollo, que lo colocaba cerquita del corazón. La cuerda romántica vibraba con fuerza en su manera de ver el mundo, por eso lograba que aquellos que lo acompañaban brindaran por ese instante tan espléndido como ilusorio. Oírlo leer su poesía tenía el soplo de las tardes del María Pandora, en los jardines de Las Vistillas. No importaba si su alma viajera lo hubiera transportado a cualquier otro lugar, su voz traía la hospitalidad amigable de la champañería literaria y “chascarrillera” a la que -despistado y algo torpe como era- dedicó su amoroso cuidado durante años.

Abro uno de sus libros y, milagrosamente, lo oigo ahora mismo: Sonríe con gorra de capitán y brinda con el decimoctavo whisky de Dylan Thomas. Con su lectura, otra vez, me hace comprender que siempre es más placentero rodear la existencia que chocarse con ella.   

Reconforta y hasta agregaría que nos da consuelo religioso, la idea de que algo de nuestras vidas se continúa en la memoria de los otros. La existencia de algo aún inolvidable más allá del olvido humano, se parece a lo intraducible de un poema: Es lo que no dice y calla, la música que resuena pero que no se oye o como dice un poema de Luismi:

Me duermo sólo cuando consigo marcar el gol que no metí
en aquel partido que no jugué porque sabía
que iba a fallar el tanto más importante de mi vida.

Lo inolvidable no lo es por no poder olvidarse sino porque aún olvidándolo, su existencia continúa sin que lo sospechemos. No importará cuánto tiempo pase o si los libros que hemos escrito puedan cerrarse y desaparecer, no importa si lo hemos hecho mal y sin éxito. Nunca concluye el poema perfecto. Lo importante, querido Luismi, en el abismo de la memoria que habitamos desde que nacemos, es haber bebido juntos uno de tus dieciocho whiskies y saber que has encarnado esa impronta por la que la vida de algunos pocos hombres, sin saber cómo, nos recuerdan insistentemente que formamos parte de algo inolvidable que merece haber sido vivido.

¿Cómo despedirte? ¿Sólo has sacado el billete de ida? Siempre te molestaron los regresos y las aduanas. ¡Que tengas buen viaje y hasta nuestro próximo recital!


Texto © Osvaldo Picardo,  2020
Fotografía © Eva Contreras
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