Escena Teatro

Dos en la ciudad. Una obra de teatro de Antonio de Cos

Celebramos el día del teatro recordando este libro, el primero que publicamos, allá por 2018, en nuestra editorial El Blanco de tus Ojos.

Reproducimos el prólogo, de José Ramón Fernández, y el comienzo de la obra.

Este, lo van a ver, es el caso de un escritor con un extraordinario talento. Bastaría con leer la primera escena de esta obra. ¿Ya lo han hecho? Muchos de los que la hayan leído, pensarán lo que yo, cuando lo hice, hace ya algunos años. Y se lo dije a su autor: un homenaje tal vez demasiado literal a Ionesco. Mi sorpresa fue que Antonio de Cos me respondió que no conocía La cantante calva. Esto nos coloca ante un escritor capaz de escribir páginas de la altura de las mejores de uno de los grandes del siglo XX.

Y es así. Porque la escena de marras es la primera de nueve que no bajan el nivel de brillantez, de calidad de los diálogos, de imaginación. Nos encontramos ante una escritura que podría haber sido firmada por nuestros grandes autores de humor de los años treinta, esos mismos Neville, Tono y Jardiel que se codearon en Hollywood con los hermanos Marx y Charlie Chaplin. Si alguien me hubiera dicho que era un texto de uno de esos autores, creo que me lo habría colado.

¿Se trata, entonces, de un ejercicio de estilo? No. Antonio de Cos escribe así porque ese mundo disparatado, esa esgrima verbal brillante, son señas de identidad de la calle. De su Cádiz de todos los días.

Cuando conocí a Antonio de Cos él era alumno de interpretación del Laboratorio William Layton; más tarde pasó por el curso de escritura dramática. Él ya era un escritor cuando lo conocí. Capaz de mostrar un universo. En 2006 había escrito y dirigido un excelente documental: 20 años no es poco. Cambalache jazz.

Cádiz tiene mucho que ver. Hay una tradición, una cultura, que entra por la piel. En aquel curso de Layton escribió Juanillo on fire, que estrenó en 2008. Juanillo on fire tenía toda su brillante imaginación y todo un hondo caldo de tradición, sabido como se sabe la cultura popular, como sin darse cuenta. Hicimos una curiosa prueba que corrobora esa raíz de su escritura. Le propuse que completase la duración convencional del espectáculo montando su pieza junto a Ganas de reñir, de los hermanos Álvarez Quintero. Antonio añadió otra pieza de los de Utrera, Sangre gorda. Con todo ello, David Boceta pergeñó un espectáculo titulado ¡Qué arte más grande!. Y funcionó de maravilla, en unas divertidísimas funciones en una pequeña sala de la calle de la Palma, en Madrid.

Empujado por sus amigos, formó parte del equipo de escritura de Safronia, junto con otros dos jóvenes de enorme talento: Juan Vinuesa y José Padilla. Fue estrenada en 2011. Al año siguiente llegó el estreno de esta Dos en la ciudad. Más reciente ha sido la escritura de Flores, estrenada en 2015. Es decir, la que aquí se publica es su primera obra mayor – es curioso, hablamos de piezas breves pero no de piezas largas –, su primer paso como autor en solitario.

Esta escritura en la que las escenas tienen como hilo de unión tan solo el lugar en que suceden – y, tal vez, un tono común, un cierto aire de familia – ha tenido un gran éxito en España en los últimos años con la aparición de un brillante dramaturgo y director: Alfredo Sanzol. Sanzol jugó esa baza en varias de sus obras de más éxito, como Sí, pero no lo soy o Días estupendos. Y ha sido un referente para escritores de su generación, los nacidos en los setenta, y para promociones más jóvenes. Creo no equivocarme si digo que también Antonio se ha mirado en él para estos comienzos de su carrera como escritor.

Esa forma tiene Dos en la ciudad: una sucesión de escenas que tienen como marco una ciudad de Nueva York de cartón pluma, esa de las películas, de los personajes que se encuentran en la azotea del Empire State Building, de los policías que dicen aquello de “too old for this shit”, de los encuentros casuales que causan amor y chicas que se parecen a Audrey Hepburn. Y un hilo para atar el principio y el final, los estupendos Preciosa y Perfecto.

Alguna vez le he dicho a Antonio que habría que hacer con él lo que se cuenta que Verdi hizo con Solera cuando preparaban Nabucco: encerrarlo en una habitación y no darle de comer hasta que no pasó las hojas del libreto por debajo de la puerta.

Antonio ha tenido sus Verdis, para fortuna nuestra. Personas que le han dicho tantas veces que creen en él que, por no oírlos, les ha hecho caso. Por una parte, seguramente, su amigo David Boceta, estupendo director cuando su trabajo como actor le deja un rato. Y sus antiguos compañeros de Layton: los tres actores que estrenaron Dos en la ciudad, las cuatro actrices que estrenaron Safronia, las dos actrices que lo acompañaron en Juanillo on fire, las cuatro actrices que estrenaron Flores. Creo que el común denominador se llama Carlota Romero, y es justo dejar aquí señalada esa voluntad de creer en Antonio. Más otros que hicieron alguna sustitución, más amigos que confían en su mucho talento. Han hecho un esfuerzo, entre todos, para forzar a este escritor con no demasiada fe en su extraordinaria capacidad a ponerse las pilas. Este objeto tan aparentemente inofensivo, este libro, ya no le va a permitir que se le pase por la cabeza no escribir. Y no saben ustedes cuánto me alegra.

José Ramón Fernández

DOS EN LA CIUDAD

1 – PRECIOSA Y PERFECTO
(fragmento)

Esquina de la Avenida Madison y la calle 42 de la ciudad de Nueva York. Un hombre y una mujer esperan. Junto a ellos un teléfono público.

ÉL: Disculpe, señorita, ¿es esta la esquina de Madison con la 42?

Ella sonríe. Señala el cartel que lo indica.

ELLA: Parece que sí.

ÉL: Sí, no cabe duda. Gracias

ELLA: No hay de qué.

Pausa.

ÉL: Es mi primer día en la ciudad y todavía no me aclaro con las calles.

Pausa.

ELLA: Yo también.

ÉL: Tampoco, querrá decir.

ELLA: También. Yo también llegué hoy a la ciudad.

ÉL: Pues qué casualidad. Yo llegué en el vuelo de la mañana.

ELLA: Yo también. El vuelo de la mañana.

ÉL: Pero qué casualidad. ¿De alguna ciudad del sur?

ELLA: Sí, de una ciudad del sur.

ÉL: De una ciudad del sur, pero qué casualidad, por dios.

ELLA: De una muy pequeña.

ÉL: De una muy pequeña, sí. Dios de mi vida, sí que es casualidad.

ELLA: ¿Ha llegado usted por primera vez a la ciudad en el vuelo de la mañana desde una ciudad del sur muy pequeña?

ÉL: Exacto.

ELLA: Sí que es casualidad.

Pausa.

ÉL: Hace calor, no parece que hoy vaya a nevar.

ELLA: No se crea, en esta ciudad pasa cada cosa que no le quiero ni contar.

ÉL: No me diga.

ELLA: Le digo.

ÉL: ¿Qué me dice?

ELLA: Que en esta ciudad pasa cada cosa que no le quiero ni contar.

ÉL: Pues es una suerte.

ELLA: Lo es. Siempre suele haber sombra en esta parte de la calle.

ÉL: Tenerle a usted cerca, digo.

ELLA: Sí, eso también.

Pausa.

ÉL: Espero a una mujer de la ciudad. Parece ser que se retrasa.

ELLA: Yo a un hombre.

ÉL: ¿De la ciudad?

ELLA: Se retrasa.

Pausa.

ÉL: Le diría mi nombre, pero con el cambio horario no sé si…

ELLA: Le entiendo perfectamente, no tiene por qué avergonzarse. A mí, a veces, también me pasa.

Pausa.

Bonita ciudad.

ÉL: Preciosa.

ELLA: Sí que lo es.

ÉL: No, digo, que si no le molesta que le llame Preciosa. Usted lo es, preciosa digo, y bueno, me preguntaba si le molestaría que me dirigiera a usted de esa manera: Preciosa.

ELLA: Perfecto.

ÉL: Entonces perfecto, Preciosa.

ELLA: No, me refiero, que a lo mejor a usted no le importa que le llame así: Perfecto.

ÉL: Perfecto entonces, Preciosa.

Suena el teléfono.

ELLA: Perdone. Es para mí.

ÉL: No se preocupe, yo también tengo cosas que hacer.

ELLA: (descuelga y habla) ¿Sí? Soy yo. Cuanto tiempo. Qué alegría. No me lo puedo creer… con un pan debajo del brazo… Sí, sí, cuanto antes… Esas cosas es mejor cogerlas a tiempo… Sí, Sí, claro. No le molesto más. Dígale que le he llamado. Perfecto.

Cuelga.

ÉL: ¿Sí?

ELLA: ¿Eh?

ÉL: ¿Cómo?

ELLA: ¿Qué?

ÉL: ¿Su amigo?

ELLA: No, se habían confundido. Ya le dije, estas cosas pasan mucho en esta ciudad.

ÉL: Malditas líneas telefónicas.

Pausa.

ELLA: Mi marido…

ÉL: ¿Está usted casada?

ELLA: No.

ÉL: Entonces no le haga caso a su marido.

ELLA: Y mis hijos…

ÉL: ¿Tiene usted hijos?

ELLA: No.

ÉL: Pues con los hijos es distinto.

ELLA: ¿A qué se refiere?

ÉL: Pues que con los hijos no es igual.

ELLA: Entiendo.

ÉL: ¿Me entiende?

ELLA: Le entiendo.

Antonio de Cos (Cádiz, 1978) es actor, dramaturgo y director. Formado en el Laboratorio de teatro de William Layton desarrolla su carrera en cine, televisión y teatro. Es autor del guión del cortometraje Por la venas de la noche (Premio RTVA a la creación andaluza) y del documental 20 años no es poco. Cambalache Jazz Club, junto a Alejandro Luque. En teatro es autor de Juanillo on fire, Safronia (junto a José Padilla y Juan Vinuesa), Dos en la ciudad, Flores y Chelsea Hotel.

Dos en la ciudad fue estrenada el 13 de septiembre
de 2012 en la Sala Garaje Lumiere de Madrid con el siguiente elenco:

Joaquín Navamuel, Mario Retamar, Carlota Romero.
(Irene Ruiz sustituyó a Carlota Romero en diversas funciones.)

Diseño de vestuario: Guadalupe Valero
Diseño de escenografía: Irene Herrarte
Diseño de iluminación: Pablo R. Seoane
Diseño gráfico: Pablo Caravaca
Ayudante de dirección: Raúl Prados
Dirección: Antonio de Cos


Prólogo a Dos en la ciudad © José Ramón Fernández
Fragmento de Dos en la ciudad © Antonio de Cos
Imagen portada de Dos en la Ciudad © Pablo Caravaca
Fotografía de Antonio de Cos © Sergio Lardiez
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