Narrativa Porvenires Serie - Hablemos de ellas

Hablemos de ellas: Amor, guerra y charleston

Segunda entrega de la serie «Hablemos de ellas», dedicada a grandes mujeres de la historia. Esta vez la protagonista es Josephine Baker.

Josephine Baker

Lo observo embelesada entre bambalinas. Empiezo a recordar la noche anterior con él, cuando nos besamos por primera vez. En estos tiempos de guerra cualquier acto de amor reconforta. No aparto la mirada y lo noto algo meditabundo, puede que él también esté rememorando nuestro beso.

Las órdenes habían sido claras: pasar unas semanas en París para conocer bien a aquel general alemán, convertirme en su confidente; pero no enamorarme de él como una quinceañera. 

Despierto de mi ensimismamiento de golpe cuando aparece sobre el escenario la gran artista del color de la noche, Josephine Baker. El público queda en silencio y parece como si el mundo se hubiera parado, expectante a lo que la gran Baker nos pueda ofrecer a continuación. De repente, la luz recae sobre ella y empieza su ya famoso baile exótico y desinhibido, moviendo sus caderas al ritmo del charleston acompañándolo con elementos de la danza africana. Con su exagerado bailoteo comienzo a olvidarme de las razones por las que estoy ahí, en Paris, en ese fantástico cabaret, que mi querido general está muy cerca de mí, entre el público; pero sobre todo me olvido de lo que desgraciadamente va a ocurrirle esa misma noche. 

Mientras Josephine Baker se mueve con esa vestimenta mínima y sugerente, se oyen gritos de júbilo del público y yo también me dejo llevar por el show. Obvio que mi general está también embobado, como el resto, aunque me es muy difícil no sentir algo de celos. Justo cuando creo que el espectáculo ya no puede ser mejor, la ostentosa bailarina empieza a torcer sus preciosos ojos al son de la música y los asistentes estallan en aplausos. La gran Josephine sabe contentar y hacerse cómplice de su público con éxito.

Cuando finaliza su baile recibe los pertinentes vítores ensordecedores y yo entonces me adentro muy sutilmente detrás del escenario. He de esperar a la gran estrella. 

Al rato, cuando aparece, no percibe que yo estoy allí y muestra con clara ingenuidad una cara de plena felicidad, sin embargo su semblante cambia de inmediato al verme. Ella ya me ha identificado y mira a todos lados con temor a que me identifiquen y la relacionen conmigo. Denota por su expresión que no quiere perder su empleo de bailarina por sus misiones como espía. Gracias a la combinación de estos dos trabajos ha podido adentrarse a círculos altísimos de influencia nazi, diplomáticos que son grandes fans suyos, lo que ha hecho más fácil conseguir información para transmitirla a la resistencia francesa. 

Sin decir nada, pero sin cambiar su estado de displicencia hacia mí, desaparece por unos segundos y cuando vuelve lo hace con un fajo de papeles en sus manos. Ahí está el mensaje que debe entregarme, con su código cifrado, esas notas de música que solo ella y su intendente, Jacques Abtey, pueden entender.

—Ya me han informado de que has hecho un buen trabajo con el general —me dice mostrando de repente una extraña conmiseración hacia mí.

La miro a los ojos y me da razones para pensar que sabe de mis sentimientos hacia él. Cojo con vehemencia las hojas y antes de marchar Josephine me coge del brazo.

—Nunca debes enamorarte del enemigo.

—¡Lo sé! —le contesto algo incómoda.

Marcan las once y debo retirarme. Paso cerca del general para llegar hasta la puerta pero él sigue sin verme. Lo miro por última vez con benevolencia, no es  culpa nuestra tener que ser enemigos en esta maldita guerra.

Salgo del local y allí ya está esperándome el agente Montagner. Le doy la señal que espera y se coloca en su posición con un arma en la mano.

Yo comienzo a caminar hacia mi nueva misión, con lágrimas en los ojos y escuchando de nuevo cómo Josephine Baker hace levantar al público en aquel cabaret.


Texto © Mayte Salmerón
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Fotografía: Allison Marchant (flikr)