Literatura Poesía

Luis Miguel Madrid publica “Un gol en la frente”

Un gol en la frente - Ras de Rashid

spacer30x60El poemario, que camina aparentemente por un escenario futbolero y mezcla el humor con la metafísica y el absurdo con la sencillez de los hechos más sentidos, acaba de ser editado en la colección Canalla de la Editorial Bohodón, con prólogo de Armando G. Tejeda y dibujos de Ras de Rashid y será presentado en el minuto noventa de una hora sin descuento de un jueves sin confirmar. Para calentar, Babab les ofrece a continuación la “Arenga previa”, ciertas ilustraciones y algunos de los poemas.

Portada de Un gol en la frente

ARENGA PREVIA

Prólogo de Un Gol en la Frente

por Armando G. Tejeda

 

La poesía está en cualquier sitio. En un paraguas roto. En una habitación solitaria. En un lienzo abandonado de una antigua escuela de pintura. En una caja de zapatos vacía. En un cráter de lava a punto de tragarse su propia erupción. En una pirueta verbal que se presenta de improviso en una conversación de mercado. En una gota de lluvia que no quería caer. En un rectángulo de césped verde impoluto que es testigo del hallazgo del fútbol. Del poema que nace en medio del estruendo y del grito frenético del gol.

La poesía está también en Un gol en la frente, una reunión casi clandestina de poemas de Luis Miguel Madrid en la que se exponen con ironía, algo de cinismo y mucha sabiduría contenida los orígenes del verbo. O de la palabra. O de la poesía. O, posiblemente, de nada y de todo al mismo tiempo. Pues, como diría José Emilio Pacheco, “la poesía jamás se queda inmóvil”. Siempre está en transición. En búsqueda incesante de nuevas formas, sonidos, hallazgos estéticos, rimas afortunadas, pensamientos certeros, emociones hambrientas, luces efímeras…

Pero como decía la poesía está en cualquier sitio y casi diría que en cualquier tiempo. ¿Acaso está muerto el primer poema que leímos? ¿O acaso ya no existe más ese poema que nos mostró la crueldad y la hermosura de la muerte? ¿O el poema que nos advirtió que la pasión descarnada es la única posible? Estoy seguro de que todos esos poemas están ahí, en algún tiempo y en algún espacio, de eso que llaman “el silencio de la noche”.

Por eso creo que Luis Miguel Madrid, con su ansia infatigable de palabra, de verbo, dice con sarcasmo que “la historia del fútbol no es importante,/La de la humanidad, tampoco./Importa la historia de este encuentro, quizás el último”.

Un gol en la frente está estructurado como un partido de fútbol, un libreto de ópera o como si fuéramos al campo a recoger setas: primero nos encontramos los Preámbulos, con sus pasajes históricos, los nervios, el miedo o la afi rmación de lo que se supone que pretendemos ser. “Me gusta la ética, la estética y los dibujos animados”, dice en uno de sus poemas en el que se desnuda sin rubor, su divertido y febril hedonismo: ahí están los penaltis tirados a lo Panenka o los boquerones en vinagre que con toda certeza disfrutó un domingo de aperitivo antes de asomarse por la rendija de la puerta para ver, una vez más, a la vida y su bostezo, al “universo entero y sus cinco sentidos”. Y así concluir que el fútbol, como la poesía, “importa lo mismo que la sed/Que un bledo, una vida, un suicidio, que todo o casi nada”.

Después de los Preámbulos, llega el turno de La alineación. Ahí descifra las doce patas de la inmensa mesa que habitamos. Y se ríe de la tragedia y de la victoria, de la gloria y la desgracia. Como la del
“mejor delantero centro que había parido el mundo” que se dedicó a vender melones de verano ante el vértigo que le dio la responsabilidad de ser el mejor delantero centro que había parido el mundo. Y que posiblemente dejó de soñar en eso que Luis Miguel Madrid define como “la insignificancia de ganar”.

El libro concluye con Primera parte, El descanso, Segunda parte, y Final. En él hay desde un plagio hasta una declaración rotunda de que le gusta más “el bocadillo que el partido”. Y se desnudan momentos como aquel en el que “cerró los ojos ciegos de su cara opaca/Y escuchó/El silencio del amor susurrando nada”.

Como en toda la poesía -la literatura- de Luis Miguel Madrid nada es veloz ni nada es verdad ni nada es llanto melodioso. Porque la escritura está plagada de trampas, de pensamiento arrasado, de inexistencia hueca, de pureza sin significado… Y es aquí donde el poeta, que anda con un andar atribulado y un sombrero jipijapa, se muestra ante el folio en blanco como el comienzo y el cimiento esperando -como diría Octavio Paz- “la hora de la luz invencible”. O, quizá, menos grandilocuente, simplemente esperando lo que dice el poema que da título al libro, Un gol en la frente: “Estoy permanentemente a la expectativa,/Al borde del área, esperando un pase largo, una mirada,/El más mínimo gesto por tu parte”. O como nos dejó escrito Eduardo Chillida -amante de la poesía y del fútbol- “Alerta y libre hasta el final,/guiado sólo por el aroma”.

Quizá sea una relación extravagante, pero los poemas de Luis Miguel Madrid me recuerdan a las estructuras de hierro forjado de Eduardo Chillida. Son artistas que crean sus propios espacios, que delimitan horizontes y océanos. Que tienen una sobria manera de situarse y de cuestionarse para enfrentarse a la inmensidad abierta sin prejuicio. Son artistas que edifi can ideas para convertirlas en trozos cortados y heridos de nuestra alma. Son paisaje y eternidad. Y son nada.

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Algunos poemas de Un Gol en la Frente

de LUIS MIGUEL MADRID

la prorroga - Rashid El Jaouhari
La prórroga – Rashid El Jaouhari

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IM POSIBILIDADES

Acumulando lejanías
llegamos a parecer de especies diferentes.
Si te crecía el pelo, a mí se me caían las escamas,
si te cortabas las uñas, me salían antenas.
Cuando te hacías la muda yo me volvía dicharachero.
Tú del Madrid, yo del Barça.
Carne roja yo, tú coliflores.
Yo de tinto, tú de té.
Te aburrías conmigo, yo pensaba en olvidarte,
para ti la casa, el coche, la pasta.
Para mí el coche, la casa, el parné.
Me clavaste un cuchillo, te disparé en la frente.
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LA BATALLA

Aquel partido lo ganamos los dos.
ella porque se marchó con todo,
y yo porque me quedé sin ella.

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ÉTICA y TAL

Me gusta la ética, la estética y los dibujos animados.
También me gusta el vino tinto, los penaltis de Panenka
y los boquerones en vinagre en el intermedio del partido.
Me gusta la estrategia del guiño, el ataque con mordisco,
el regate de flor menuda y la metafísica
del pase al hueco que dan tus ojos
evitando la servidumbre de mirarme.

El penalti - Rashid El Jaouhari
El penalti – Rashid El Jaouhari

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SUEÑOS

Me duermo sólo cuando consigo marcar el gol que no metí
en aquel partido que no jugué porque sabía
que iba a fallar el tanto más importante de mi vida.

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EL CEREBRO

El cerebro del equipo era más bien corto
pero diseñaba las jugadas como un intelectual.
Mezclaba matemática con arquitectura,
ingeniería con metafísica. Jugaba
con el álgebra hasta convertirlo en filosofía.
Luego, con el pitido final
volvía a la razón pura de su ser,
su mente se reconvertía en piedra, su lengua en cartón,
y sus caderas, y su cuerpo y todo
volvía a ser corriente, o más bien vulgar.

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NUNCA SE SABE

Nos apreciamos mucho, nos queremos,
daríamos la sangre el uno por el otro,
pero después de éste gol tan retorcido no me fío.
En lo que tarde el partido en terminar
me traicionarás dos veces más, te burlarás de mi inocencia,
la vida entera dará la vuelta,
y destrozará al destino con empate a dios.

Un gol en la frente - Rashid El Jaouhari
Un gol en la frente – Rashid El Jaouhari

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EL PENALTI

Llegas a una edad en la que te das cuenta
de que no hay que matar a nadie

Eduardo Mendoza

Desde mucho antes de que lo señalaran
estuvo el delantero elucubrando la fórmula para lanzar aquel penalti.
La potencia antes que el engaño ya que el arquero era veterano,
y como era alto, tirarle mejor por raso.
Al poste derecho porque era zurdo,
sin efectos, con media puntera, directo, al grano.
Y así lo hizo, convencido de triunfar
a pesar de que justo antes de golpear la bola
se le reventó una ampolla, le picó un mosquito, se acordó de la hipoteca
y notó los ojos de su suegro en el cogote
deseándole la peor de las desgracias.

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8. LA ESTRELLA

La estrella del equipo parecía autista,
manejaba el regate corto, el pase largo, todas las distancias,
los vértices y los huecos.
Pero era un jugador más bien de letras,
tan retraído, pensativo, tan profundo
que los balones iban y venían por sus alrededores
como asteroides despistados en una galaxia indiferente.

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TENGO MIEDO

Porque te temo me he puesto espinilleras,
y vendajes dobles en los muslos,
y botas con refuerzo y coderas y antifaz.
No te acerques, no me toques,
tus patadas son tan misceláneas,
y tus codazos tan huesudos y tramposos
que quedan firmados en la piel
con los trazos de un mazazo triste,
colorado, déspota y mentiroso.

Tengo miedo - Rashid El Jaouhari
Tengo miedo – Rashid El Jaouhari

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Texto ©  Armando G. Tejeda 2014
Poemas © Luis Miguel Madrid 2014
Ilustraciones © Rashid El Jaouhari (Ras de Rashid) 2014
Todos los derechos reservados.


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