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Oskar Alegría: Emak bakia!

ESKUAK

spacerpor Armando G. Tejeda

 

A partir del surrealismo de Man Ray de los designios del azar, Oskar Alegría, un artista iconoclasta que construye sus obras con imágenes, realizó el documental Emak Bakia!, que por su originalidad factura y su estética embriagadora está cosechando éxito tras éxito en los festivales o simples exhibiciones en salas de varios países del mundo.

Emak bakia! significa, en el euskera hablado del llamado País Vasco francés, “déjame en paz!”. Es una afirmación categórica, exigente, sin contemplaciones y con un énfasis con cierta tensión. Alegria, un buscador infatigable de nuevos registros en el complejo y dinámico mundo audiovisual, inició sin saberlo una andadura largo, en ocasiones muy dura y sufridora, un día que veía en Londres una exposición de Man Ray. Ahí se encontró de pronto con una pequeña pieza cinematográfica titulada Emak bakia. Esos vocablos, que de inmediato relacionó con su idioma natal -Alegría es originario de Pamplona- le intigraron hasta el punto de iniciar la búsqueda del origen de esa enigmática pieza audiovisual de un artista singular, Man Ray, que trascendió más por su fotografía que por su pintura y por su cine.

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En entrevista con Babab.com, Alegría explicó los detalles de este largo viaje de tres años, en los que los designios del azar tenía guardado para su historia varios episodios surrealistas y momentos de una intensa belleza poética. El artista pamplonés siguió la estela de los vocablos enigmáticos y los susurros de su misterio, erigiéndose en el “maestro de fuga” o en el “oficial de derrota” de una historia evocadora de la libertad creativa y que realizó casi en solitario.

“Yo recuerdo que cuando entré en la sala del museo lo que más me impactó fue ver los vocablos Emak Bakia. Me entró curiosidad por descubrir qué era aquello, una frase encontrada en Londres por un vanguardista y un idioma que podría ser griego, kosovar o euskera. Pero en la película hay sobre todo un plano en el que se ve el paisaje y se ven algunos caserías típicos del País Vasco, blancos y grandes. Pero lo que me llamó la atención fue la expresión.  A partir de ahí comienzo a investigar, a preguntar, y descubrí que había mucho misterio. No había uniformidad. Había gente que decía que era un epitafio, otros decías que era la leyenda que daba la entrada al cementerio de Biarritz y luego había otra gente que decía que era una casa”, explicó Alegría.

El artista navarro inició su búsqueda por el origen de las misteriosas palabras en Biarritz, en lo que era entonces la pista más segura, que se encontró en el libro de memorias de Man Ray. No sabía que ahí había caído en su primer “error”, pues había leído las memorias traducidas al español, donde había un error crucial para él, pues en la única mención que había a la zona del País Vasco se hablaba de una “villa cerca de Biarritz” y no en Biarritz, como se aseguraba en la traducción.

El caso es que Alegría empezó a buscar por la zona de Iparralde y a partir de ahí nació la magia y el hallazgo poética. ““Man Ray se consideraba sobre todo pintor. Pero como pintor no trascendió, de hecho tiene un cuadro de los años sesenta que se llama La noche en San Juan de Luz. Pero también descubrí que además de pintor y fotógrafo era cineasta. Lo que más gusta de él es su manera de trabajar con el azar y con el accidente. Es alguien que de eso hace una virtud. Las radiografías, que es lo que más fama le ha dado, no deja de ser un papel que alguien por error le ha dado a la luz y se produce ese accidente que luego, por error, sale un milagro. Entonces mi película también es de alguna forma una celebración al accidente”.

Alegría reconoció que hubo momentos en los que sufrió mucho y dudó sobre la utilidad de un proyecto que parecía en muchos momentos no ir a ningún lado. Estar extraviado como el viejo casería que buscaba en la costa vasca. “Había una gran incertidumbre. Cuando lo estaba haciendo no sabía ni para qué iba a servir o me entraban crisis de normalidad. Te late que estás armando algo, pero no deja de tener el marchamo de ser como unas oposiciones a notario en la que piensas que me te vas a pegar una paliza de tres años y luego esto no servirá para nada. Pero hay que tener mucha fe en lo que se está haciendo y ser un poco cabezón hasta conseguirlo”.

En la búsqueda del Emak bakia de Man Ray, Alegría encontró otras cosas que llevaban el nombre de “Emak bakia”, como un grupo de música en Madrid, un movimiento de artistas vascos, músicos y poetas, que tienen una pequeña editorial que así se llama, y hasta un un ciudadano de Florencia que tenía un negocio de ropa que se llamaba así. “Bernardo Atxaga lo deja claro en la película, cuando dice que Emak Bakia no es para nada una expresión suave o educada. Es fuerte, incluso con cierta violencia y contundente. Es algo así como “¡Déjame en paz!” Por eso yo le pongo un signo de admiración, como una manera de reformar esas palabras que no son un susurro sino un grito”, explicó.

Y añadió que en el documental se da una “feliz paradoja”: “Hay una batalla entre el control y el descontrol. En términos de navegación se ve muy fácil: primero está el rumbo, que es cuando llevansel timón y controlas hacia donde va el barco; en el extremo contrario está la deriva, es decir el barco se abandona al mar y tú no puedes controlarlo. Pero entre una y otra hay un punto intermedio, que se llama la derrota. Está entre el mundo del rumbo y el de la deriva, pues a mi no interesa la deriva por la deriva ni el rumbo total y matemático. Me gusta mucho lo de la derrota, es decir que la película va caminando por azar pero también con cierto control. Atxaga utiliza la imagen de la cometa (papalote), que depende de un hilo y del viento”.

Alegría también está trabajando en un dilatado y poético proyecto que se llama Las ciudades visibles, que se inspira de alguna forma en Las ciudades invisibles de Italo Calvino. “La mirada es parecida. Se llama Las ciudades visibles, precisamente porque en la era en la que vivimos ya todo está muy visto pero yo lo que hago es verlo con ojos de mercader veneciado, emulando a Marco Polo y su manera de sorprenderse al ver como descargaban comino en Asia. Y eso lo puedes encontrar en la misma Londres. A pesar de que todo esté tan visualizado creo que hay que rescatar las emociones y ver las ciudades desde otro punto de vista. El libro de Calvino es un gran libro de viajes e interminable. Como en cada ciudad, en cada pequeño relato lo hay todo”.

Oskar Alegría

ABRIL EMAK BAKIA en SALA BERLANGA Madrid
Andrés Mellado 53, Metro Arguelles, Islas Filipinas
Dirigido y programado por Caimán Cuadernos de Cine.

Mie 9 de abril 18h y 20h (sesión presentada por Javier Ocaña, crítico de El País).
Vie 11 abril 19h
Dom 13 abril 21h


Texto © Armando G. Tejeda 2014
Todos los derechos reservados.


 

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