Narrativa

Entrevista con el escritor argentino Guillermo Roz

Guillermo Roz

spacerPor Karla Casillas Bermúdez

Les ruego que me odien es una novela de título sugerente, por eso quizá uno se enfrenta a ella con cierto temor a la decepción. Pero su autor Guillermo Roz (Buenos Aires, 1973) logra sorprendernos con un texto inquietante, turbador y sombrío que tiene alma cinematográfica.

Ganadora del I Premio de Narrativa Francisco Ayala, esta novela nos lleva a Quilmes un poblado de un millón de habitantes a media hora de Buenos Aires en el que el caprichoso cauce del Río de la Plata se encarga de recalcar el abismo que separa a las clases sociales.

Allí, un par de familias adineradas que hacen de la solidaridad su economía, montando una sociedad filantrópica, arreglarán el matrimonio de sus respectivos vástagos, con lo que el imperativo familiar marcará el destino de Juan y Elsa. A esta pareja se unirá Leticia, formando así un triángulo amoroso que nos llevará a los límites de la zozobra.

En entrevista con Babab,  Guillermo Roz nos habla de su obra ganadora y del gran tema de su escritura, que es el “mandato familiar”.

“Dicen que hay escritores que escriben solo un libro y yo creo que escribo ese libro, el libro de cuánto te determina la vida, tu educación familiar. A mí me parece que la determina en grandísima medida. Quizá mucho más de lo que creemos. Me da la impresión de que todo aquello de lo que se habla en la sobremesa, todos los gestos familiares que vives desde pequeño, por ejemplo, la manera en que te visten, o lo que pesa en la familia el status quo y la economía, te determina absolutamente”, dice Roz, también autor de Tendríamos que haber venido solos (Alianza).

La charla transcurre en un café del centro de Madrid, en donde el autor nos comenta que Les ruego que me odien debe su título a una frase que leyó de una obra de Moliére: “Si esa es su forma de amar, les ruego que me odien”; frase que adquiere sentido pleno al volverla a leer, cuando uno llega a punto final de la novela.

La recreación que haces de la burguesía es verdaderamente mordaz, y pareciera que es el envoltorio de la novela, lo que la empapa…

Sí, creo que esta novela tiene la voluntad de representar lo ridículo y grotesco que puede llegar a ser un nuevo rico, en varios símbolos; por ejemplo, el hecho de que los personajes vayan a un colegio inglés; el hecho de que arreglen el matrimonio de sus hijos, o el hecho de que las zonas residenciales de Quilmes estén a salvo de las crecidas de Río de la Plata.
La sociedad argentina es horriblemente extranjerizante, y el que aspira a cierta clase social, tendría que ir a un Colegio de nombre o inglés o francés; y si no, pues forma parte del lado oscuro de la luna.
Me interesa también cómo es la solidaridad del rico falso. Me interesa la familia Felliniana, la exageración.

Da la impresión de que narras desde dentro. ¿El texto tiene algo de autobiográfico?

Yo soy muy crítico con todos los tics de la peor burguesía y claro también de mi familia. No me gusta todo lo que tiene que ver con el gusto por el consumismo desmedido y las ceremonias exageradamente capitalistas.
Además yo vengo de una familia muy clásica, sobre todo en la figura de mi padre, un hombre que ha repetido hasta el hartazgo que ‘la familia es lo primero’; y creo que sí, que la familia es lo primero para lo bueno, pero también para lo malo.
La familia es el primer escenario en donde te toca actuar, es el primer vaso de agua, es la primera sugerencia, el primer prejuicio, el primer crimen.
Yo siempre digo que los episodios genocidas del mundo tienen que haber nacido de una terrible anécdota familiar. Si tú buscas en la historia de los genocidas y las primeras grandes guerras, todas tienen un transfondo psicofamiliar espeluznante, y entonces me parece que a mi literatura le basta con una familia para empezar a contarlo todo.
Además me encuentro muy cómodo retratando los prototipos familiares. Me parece un deleite. Me gusta mucho describir los ámbitos familiares, las escenas de sobremesa. Y en este caso, me gusta la parte más grotesca y más ridícula del nuevo rico.

A partir de la primera vuelta de tuerca de la novela, comenzamos a entrar al lado oscuro de la narración, ¿qué papel juega en tu literatura este toque de terror que también observamos en tu anterior novela Tendríamos que haber venido solos?

Sinceramente esa es la parte menos planeada, la más inconsciente. Por eso cuando a mí cuando me dicen que escribo novela negra, no me lo llego a creer del todo. A mí me hace gracia todo lo que escribo; y todo es parte de una tragicomedia. Ahora, es verdad que en las últimas novelas todo tiende a la sangre, a la oscuridad y a la tragedia, pero me parece que es un periodo de mi creación; es decir, no tengo un particular interés en ello. No tengo una voluntad estrictamente criminal. Creo que lo que pasa en la novela son cosas que pueden pasar, y claro, todo sucede dentro de un marco asombroso.

Pero son esos giros inquietantes -en lo que llevas a los personajes al límite- los que parecen tener un gran efecto en las emociones del lector ¿cierto?

Sí, mucha gente me lo ha dicho y yo estoy gratamente sorprendido y soy el primer asombrado; pues así como tengo muy interiorizado que el tema del mandato familiar es lo que me interesa; lo otro, lo de manejar ese toque de novela negra, es más azaroso.
Y es curioso que cuando tengo la mano caliente, es cuando comienza a surgir la oscuridad.
Ahora, sí me interesa mucho la oscuridad psicológica. Me interesa saber qué pasa dentro del alma humana. Y estoy muy comprometido con la psicología de los personajes, y con tratar de entenderlos. Me interesa saber qué va a pasar cuando ponemos a un personaje a presión, o a una familia con un secreto.
Pero el acto de la escritura para mi no difiere mucho de cuando escribo una escena trágica a una historia de amor. Es decir, si mis historias se resolvieran con escenas cándidas, no dejaría de ser yo. A mi me conmueve escribir, pero no lo que escribo.

Pero buscas un efecto en el lector

Quiero poner incómodo al lector; que la sensación que tenga es que no existe el sentimiento correcto que se corresponda con lo que está pasando. Que la gente diga ‘¿qué hago?, ¿me río?, ¿me espanto?’. Como que no hubiera un sentimiento correcto, sino una incertidumbre, porque lo que les está pasando a los personajes es un ‘no saber’ constante: ¿qué hago ante una situación en la que yo quiero ir para un lado, pero me dijeron que mi deber era ir para el otro? Por eso creo que la tragicomedia es la palabra que a mi me define mejor.

Tengo la percepción de que piensas en cine cuando escribes tus novelas ¿es así?

Sí. Sin ser un conocedor absoluto del cine, te puedo decir que sí pienso en imágenes.
Fíjate que cuando te hablo de la familia, te hablo de una sobremesa; cuando te hablo de unos amigos, te hablo de un parque de atracciones, y así; porque para mí la geografía y el grafismo de cada escena es fundamental. A mi me parece que el modo de intentar seducir al lector es a través del ‘encuadre’ que hago de cada escena, y eso bien puede determinar, por ejemplo, una lágrima.
No es lo mismo que esta novela tenga un parque de atracciones a que no lo tenga. Un parque de atracciones tiene un sentido unívoco, que tiene que ver con la alegría; pero si retuerces esa alegría, ya tenemos territorio ganado. Es decir, si vas a usar un lugar explótalo: un colegio, un aula, el Río de la Plata.
Pero creo que el hecho de que piense en imágenes, no desmonta la palabra. Yo creo que una cosa complementa a la otra.
Yo amo el cine y no te puedo negar que uno de mis sueños dorados es que la novela se pueda llevar al cine.

¿Piensas en algún director cuándo dices esto?

Sí, por ejemplo en Alex de la Iglesia.

Acabamos la charla con Guillermo Roz hablando del séptimo arte, de grandes directores como Fellini, Win Wenders, Tarkovsky o Haneke. Comentamos que el escritor Fernando Marías mencionó, al presentar esta novela, que le remitía a Haneke. Pues sí, efectivamente, Les Ruego que me odien nos acerca al inquietante y maravilloso cine de este director austriaco.

Les ruego que me odien de editorial Musa a las 9, es el primer premio que se distribuye íntegramente en formato digital, y lo puedes descargar por 6 euros en www.musaalas9.com, la página de 24symbolss y kobobooks.es.

 


Copyright © 2013 Karla Casillas Bermúdez
Todos los derechos reservados.


 

Danos tu opinión

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.