Escena Ópera

THE PERFECT AMERICAN de PHILIP GLASS en el Teatro Real de Madrid

The Perfect American

spacerPor Rubén Romero Sánchez

Dicen que cuando deseas con mucha fuerza que ocurra algo, ya sea el primer beso, un viaje nocturno en coche, la mañana de la noche de Reyes, cuando al fin sucede casi siempre te sientes defraudado en tus esperanzas, pues estas estaban tan por encima de la realidad como una serie de médicos respecto de la sanidad madrileña.

A mí me ocurre lo contrario: cuantas más esperanzas me creo menos me desilusiono después. Algunos me llaman iluso; otros, inmaduro; otros, directamente subdesarrollado. Pero esta capacidad hace que disfrute noches como la del estreno de The Perfect American, de Philip Glass.

Porque hay algo en esta nueva ópera del músico norteamericano que, como las alas gigantescas al albatros, le impide alzar el vuelo por completo. Y yo me aventuro a decir que es el libreto. El texto de Rudy Wurlitzer, que se basa en la novela de Peter Stephan Jungk, donde se recrean los últimos días de Walt Disney, está lleno de lugares comunes, citas sobre la criobiología, delirios de grandeza en el megalómano creador de la industria por antonomasia de los dibujos animados con mensaje ultraconservador y, lo que es peor, recursos fáciles como la escena en la que Disney confiesa que ayudó a Reagan a ser Gobernador y predice su llegada a la Casa Blanca.

Más allá de esto, todo es serio, pulcro y profesional en el espectáculo, lo que a veces le hace perder emotividad. La obra se inicia con una música hipnótica que servirá de hilo conductor a la narración que se representa en escena. Glass sabe lo que hace, como también Phelim McDermott en la dirección escénica. Hay que reconocer que la obra tiene poca acción, carece incluso de conflicto dramático pleno. Con algo así, o lo envuelves bien o a nadie le va a gustar el regalo. McDermott no solo lo envuelve bien sino que marca con esta función una manera de ser The Perfect American que habrá de tenerse en cuenta en sucesivos acercamientos. Llena el escenario de velos, lo que dota a la historia de una cualidad mágica, casi onírica, que enlaza con la primera escena de la ópera en la que Disney está soñando y se despierta agitado. Pero lo mejor sin duda son las proyecciones, que no sirven para distraer o para crear un propio discurso al margen de la música, sino que contextualizan e incluso desentrañan cada pasaje, estableciendo un diálogo con el público más estrecho.

La ópera, en la segunda parte, adquiere mayor consistencia, mayor peso dramático y mayor dificultad interpretativa. Disney se humaniza y deja de ser el fantoche que ahora es Andy Warhol, al que se critica y ridiculiza millones de veces más que al propio Disney (por cierto, ¿sería mucho pedir que los cantantes dejaran de actuar cuando saludan al público al final de la función? La gente aplaude al artista, no al personaje), el cual deja de ser ese execrable visionario que afirma que él crea los sueños de la gente para convertirse en un viejo débil que admite ante un niño que a veces tiene miedo y que a veces le gustan más los animales que las personas.

Y es entonces cuando comprendes que, a pesar de la falta de matices en la construcción de los personajes y a pesar de que el texto se toma demasiado en serio a sí mismo como estudio de las pasiones humanas, has asistido a un acontecimiento que recordarás durante mucho tiempo, porque la música de Glass resuena en tu cerebro y entre la caja torácica en la que guardas lo que te queda de corazón y te acompaña durante días y días como el recuerdo de ese primer beso, de ese viaje nocturno en coche, de esa mañana de Reyes de tu infancia más remota.

La orquesta del Real está soberbia. La batuta de Dennis Russell Davies domina los tempos como si llevara años dirigiendo esta música improbable. El ex-músico de rock Christopher Purves clava un Walt Disney torturado y soberbio. Pero el público esperaba más. Aun así, todos nosotros contaremos que asistimos al estreno de una ópera magnífica y que escuchamos una música que, al contrario que Walt Disney, nunca morirá: “Soy un cuentacuentos. Y haré lo posible para contar mi cuento”.

The Perfect American

Teatro Real de Madrid

Del 22 de enero – 6 de febrero de 2013
Música: Philip Grass
Libreto: Rudy Wurlitzer
Dirección musical: Dennis Russell Davies
Dirección de escena: Phelim McDermott
Coro y orquesta titulares del Teatro Real
Estreno Mundial, encargo del Teatro Real y la English National Opera de Londres


Texto, Copyright © 2013 Rubén Romero Sánchez
Fotografías,  Copyright © 2013 Javier del Real
Todos los derechos reservados.


 

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