Poesía

La palabra en libertad de Paola Cadena Pardo. Cinema

Paola Cadena

 

Por Mercedes Roffé
Nueva York, octubre de 2011

Asistimos al nacimiento de una voz, la de Paola Cadena Pardo, quien después de un primer libro, Hotel, publicado en 2008 por la editorial Ulrika, de Colombia, nos sorprende ahora con Cinema, un conjunto de poemas escritos a partir de películas cinematográficas.

En el devenir de la poesía en lengua española del último siglo probablemente no sería del todo errado afirmar que los primeros poetas que introdujeron en su obra su fascinación por el cine fueron los de la Generación del 27. Mientras los surrealistas franceses celebraban las películas de Charles Chaplin, Rafael Alberti reelaboraba en poemas suyos el finísimo humor de Buster Keaton, en tanto Federico García Lorca concedía al actor un lugar central en El paseo de Buster Keaton, una de sus piezas breves.

La afición al cine y la adopción de algunas técnicas cinematográficas en la composición de sus poemas fue asimismo uno de los rasgos claves de la poesía de los nueve novísimos reunidos por José María Castellet en su insoslayable antología de los años 70.

Imposible asimismo concebir la fase más experimental de la poesía de Juan Eduardo Cirlot, su Brownyn (1967), fuera de la confluencia de sus conocimientos de la literatura medieval y la película El señor de la guerra (1965), de Franklin J. Schaffner.

En el ámbito de la poesía latinoamericanase recordarán poemas como “Oda a un cine de pueblo”, de Pablo Neruda o la “Oración por Marilyn Monroe”, de Ernesto Cardenal. Pero más próximos a nosotros y, más específicamente, al poemario de Paola Cadena Pardo, quiero mencionar aquí a un grupo de poetas jóvenes que, en el curso de la última década le han dedicado al cine un poemario entero. La argentina Claudia Masin (Resistencia, 1972) obtuvo en 2002 el Premio Casa de América por su libro La vista, publicado ese mismo año por la editorial Visor. En ese año también aparece en España Los ojos del halcón maltés, de David Jou (ediciones El Ciervo, 2002), cincuenta y dos poemas sobre cincuenta y dos películas, entre ellas Psicosis, Drácula, Los pájaros y Love Story. En 2005 la Universidad de Murcia publica Babilonia, mon amour, un poemario en colaboración de Luis Bagué y Juan Penalva, ganador de un accésit al V Premio de Poesía Dionisia García, otorgado por dicha universidad.

Ya en el 2007, el poeta Óscar Curieses, desde su revista digital Cuerma, convoca a un homenaje poético al realizador ruso Andrei Tarkovsky, en el que participan Chus Arellano, Sandra Santana y el mismo Óscar Curieses, entre otros.

En este contexto, Cinema es un poemario que dialoga tanto con las películas que sirven de base a cada uno de sus poemas, como con aquellos poemarios que, como él mismo, dieron en poetizar el arte cinematográfico, no ya desde la perspectiva de aquellos que, un siglo atrás, no salían de la sorpresa ante una tal novedad técnica, sino desde quienes han nacido con ella y pueden ir un poco más allá en la indagación de ciertas peculiaridades de forma y contenido a las que nos ha acostumbrado el cine contemporáneo.

Una salvedad se impone: Paola Cadena Pardo no dialoga con el cine comercial ni con la industria hollywoodense. Desde su arte poética, la poeta escoge como punto de partida un amplio abanico de obras de autor.

Adoptando un punto de vista similar al de Claudia Masin en La vista, en cada poema de Cadena Pardo quien habla es, por lo general, el o la protagonista de la película sobre la cual se medita.

Así nos vamos encontrando, sucesivamente, con Salvatore di Vita, el exitoso director de cine de Cinema Paradiso que regresa a su pueblo, en Sicilia, para las exequias de Alfredo, el proyectista que en su infancia le había enseñado tanto sobre cine y al que, sin saberlo, le debe también —para bien o para mal— tanto del diseño que fue adoptando su vida; a la Elisabet Voglet, la actriz de Persona, quien ha perdido el habla y sólo vive y ama a través de Alma, la enfermera, que el poema descubre como el alma de la propia actriz —quizás lo único de su persona que permanece vivo y ama y odia más allá del silencio en el que se ha sumido Elisabet, su yo externo, deshabitado y mudo.

Las trampas que los seres humanos le tienden a la memoria aparece aquí encarnada por las agonías de Joel y Clementine, los protagonistas de Eterno resplandor de una mente en blanco, el intrigante film de Michel Gondry.

La metáfora del encierro y del silencio, de la vida muerta en vida, se profundiza en el poema escrito a partir de La escafandra y la mariposa, el drama autobiográfico basado en las memorias de Jean-Dominique Bauby, dirigido por Julian Schnabel.

El motivo del azar, la casualidad, las sincronías se plantean a propósito de Los amantes del círculo polar, un film dirigido por el español Julio Médem, que le hace decir a la poeta, desde una voz no fácilmente precisable: “dos personas se cruzan en las plazas para no encontrarse”, o “No hay otros ojos para ver este mundo / que veo con los míos / y que es entonces una mentira que yo inventé / para atar mis casualidades”.

Es imposible no reconocer un clímax en cuanto el lector llega a esa película maestra entre todas las aquí nombradas: Sueños de Kurosawa. “No creo en mi propia muerte —dice en el poema el siniestro oficial de “El túnel”, ese episodio difícilmente olvidable— / podría ser también una mentira”. Y luego: “Perdura el dolor en mis venas / Perdura el latido de saber dónde está el infierno”.

Otra película antológica, Muñecas, del director japonés Takeshi Kitano, profundiza las líneas más estetizantes del film anterior. El episodio central, en el que un joven, obsesionado con una estrella pop, se ciega a sí mismo al enterarse que ésta ha quedado desfigurada por un accidente, suscitan en la poeta una meditación en la que el episodio alcanza toda su trascendencia: “Es menester arrancarse los ojos para no olvidar la belleza”.

En varios casos, como sucede en el poema inspirado en el film danés Antonia o en el que se refiere a Las flores del cerezo, cierta familiaridad con la trama de la película —si bien no indispensable para comprender el poema en sí—, ayuda a comprender algunas de las líneas del poema que, sacadas de ese contexto, podrían hacer pensar en generalizaciones o axiomas que no es —en mi opinión al menos— el alcance que la poeta intenta dar a sus palabras. Pienso por ejemplo en líneas como “Pero antes de morir / la mujer ha de salvar al hombre”, “Antes de morir / la mujer ha de salvar a la mujer” o, ya en Las flores del cerezo: “La mujer muere para que el hombre / con sus faldas puestas / baile en su ser.” Es a los protagonistas, hombres y mujeres de la película en cuestión, a los que se refieren estas palabras, no al ser humano en general.

Un rasgo formal interesante de observar en Cinema es un tipo particular de síntesis que surge en algunos lugares el poema a partir de elementos provenientes de la película que le sirve de base. Es el caso de segmentos como “La alegría es un funeral colorido”, que cierra las líneas alusivas al último Sueño de Kurosawa, en el que una procesión fúnebre celebra con bailes y cantos el final adecuado a una vida honorable. O de otros como: “Al hombre que se ahorca en sabiduría…” uniendo en una sola imagen dos elementos no simultáneos, a saber, la condición de estudioso de un personaje y su posterior decisión de ahorcarse. O, en el mismo poema: “Salvar la violación de un sexo hecho de babas” para aludir al abuso sexual de una niña que padece un retraso mental.

Alejado necesariamente de la obra cinematográfica que lo inspiró el poema se desarrolla con una libertad, una soltura, que a veces hace pensar en una posible raigambre nadaísta, siquiera como sub-fondo estético en el que muy probablemente Paola Cadena Pardo pudo haberse interesado en algún momento de su formación. Una palabra libre, diría, en función de un discurso en el que la idea rige, casi como suele regir a veces el texto original en una traducción poética.

Transposición, diríamos más bien, de un lenguaje a otro, de un sistema a otro, de un arte a otro, de la imagen a la palabra, de la luz al ritmo. Así reescribe Cadena Pardo esta selección tan suya de películas de autor —tanto la estética que se deriva de ellas, como el corpus de preguntas y de tentativas respuestas que esas obras plantean—, una mitología compartida con el lector desde la cual la poeta nos propone su propia visión del mundo.

CINEMA 

Paola Cadena

El árbol de sauce

Somos capaces en ocasiones de manosear paraísos que no vemos
pero creemos reales porque hablan
como si el hablar no fuera desde siempre una mentira
escribir papeles en puntillas que dicen la oscuridad

Un ruego puede ser también una sentencia
Un árbol puede ser un extravío

Siempre hay una mejor forma de perder en la vida
una más dolorosa
con los postigos encendidos para ver los cielos sin nubes
el tiempo deshuesado y canijo
la esperanza hecha follaje en vez de flor

La belleza tiene sus rostros más amargos en la mujer de otros
en el hombre que ya no es nuestro y que como ausencia poseemos
y los ojos son campanas que empezaron a sonar lluvia
a llover ruidos inteligibles y pérdidas sonoras
¿qué sabemos nosotros de luz y de oscuridad
si apenas hemos sido penumbra con una única vela encendida
en el vagón más apartado y terco de los hombres?

 

Los amantes del círculo polar

¿A dónde corren las niñas?
nadie nos enseñó que las cosas se pueden decir en dos direcciones
que la línea no siempre es línea y la vida es una casualidad
que se sucede a sí misma y nos sostiene con imposibles
la tristeza de lo que  no sucede
sino en la muerte
de lo que no abandona nunca su estado de presentimiento
y que es tan real como la fantasía de un silencio en medio de los gritos

Hay un sol que sale a la media noche
y el amor es un incesto sin inventarse
dos personas que se cruzan en las plazas para no encontrarse

El sexo es una forma de ser valiente
cuando se salta por la ventana para estar desnudo
para olvidar el juego y jugar sin infancia

Hay que regalar corazones rojos para que duelan
y matar una madre
para que las moscas nos hablen de partidas
de dolores ensimismados
de trayectos hacia el abismo
que no es abismo sino otra forma de dolor más hondo y más blanco
No hay otros ojos para ver este mundo
que veo con los míos
y que es entonces una mentira que yo inventé
para atar mis casualidades

¿Cómo se duerme detrás de otros párpados?
¿A dónde corren las niñas?

 

Amelie

El mundo se rompe con moscas y ocarinas
copas vacías picoteando el viento
y nacimientos rítmicos como un vals
Si asimilo que nada es cierto empezaré a creer
Cada hombre es un dibujo exagerado los he visto
la caricatura de un círculo imposible
pero también me enseñaron a estar sola
por eso sé inventar voces
y gritos
y llantos
Por eso aprendí a manchar las tardes de rojo
y las noches se me hicieron verdes
¡He destruido el mundo!
ahora sólo queda un recinto
mi venganza personal y las campanas
En ellas los hombres escriben orejas desmoronadas
me gustan esas cosas que no se dicen
que están perdidas en el silencio

Me gustan los hombres que hablan sin lengua
que inventan un llamado diferente al beso
es cierto                    me empeño en el absurdo
distraigo la muerte con una cajita de música
y apago las luces detrás de la puerta
Escuchar es advertir que el mundo existe
y callo
La escritura sobre el aire es la única que prevalece
por eso la música no se ve

Te amo porque supiste abandonar el mundo
creer en todo aquello que es manicomio
sanatorio interno y hermoso
¿Sabes que existen rostros inasibles?
yo llevo años construyendo uno
dibujando el imposible de una pantalla encendida
buscando
partiendo mis huesos para creer en delicias
¿Por qué me gustan los cofres? Preguntas
me escondí en un cofre de yeso azulado
-ábreme-

La vida se está escurriendo
es pertinente perder la cordura
escuchar un acordeón
cambiar de ojos o de pasos
abrir el pecho a dos manos rojas
un bandoneón y un piano
-todo indica que el mundo se está escurriendo y no es en mis manos-
Yo soy sólo una niña                       en mis ojos
pero tengo senos pronunciados
y un latir interno de prisas culposas
Si golpean a la puerta
es la realidad y viene fría
no quiero abrir
¿Deseas conocerme?
Siempre me escribo en la página 51

 

Mariposa de bar

Como si la pantalla fuera una casa que pretende sacarnos
y el muladar de las cervezas se desperdiciara en los sillones
he luchado con la mujer por quedarnos juntas en la mariposa
en el bar que vuela y puede ser mosca
en ese otro lugar que no es este y está aquí
para recordar que las copas son la razón válida de un latido
¿Cómo mantener el mundo abierto?

Cualquiera puede no ser alcohólico
y olvidarse de los llantos y el sinsentido
olvidar que las madrugadas son calzones rotos
y navajas desperdiciadas en pechos que ya están muertos
pero que no olvidaron el color de la sangre

Cualquiera puede no ser alcohólico.
No tener celos
No despellejar el mundo
-A cualquiera le puede faltar humedad –
-humanidad –

Pensar en lo que quiero ser
es decidir no ser nada
y encontrar razones para estar triste sin estarlo
y renegar de todo aquello que no pude soltar
por cobardía
por ambición
por idiotez

No me pesa lo que no tengo
sino todo aquello que decidí tener
porque el vacío es un honor más doloroso
más valiente
la sangre          la botella           el espejo
la mujer que vence a la mujer
y el anciano que se amarra el brazo para evitar un temblor sobrio
la prostituta vieja
la mujer huraña
el hombre que paga por estar triste
el ángel de la muerte que no mata a los ebrios
que sólo los asusta y canta ambulancias
todo
todo
todo aquello que nunca pude ni podré ser

 

Rompiendo las olas

La desnudez es un par de ojos sumamente abiertos
Una sonrisa de niña que no se sabe aún mujer pero quiere intentarlo
aunque los senos erectos le cuesten la vida
y la penetración se torne el juego de una iglesia sin campanas
Soy mujer y salgo a volar en mi caída
no aprendí a volar de otra forma diferente a los abismos
porque soy Dios y me castigo
Ser buena es una forma del dolor
como el pecado es a la vez un sacrificio
¿El amor?
el más pecaminoso de los martirios

Si te quiero podrías disgustarte
mi amor desagrada  a los hombres
les incomodan mis ojos abiertos a su cielo
y debo buscarlos entonces en otros cuerpos que me dan asco
-pero nadie le creerá a una puta-
mi amor no existe más que en mi llanto.
La bondad es una enfermedad cuya única cura está en la muerte

 

Las flores del cerezo

La vejez como un don de la memoria
regala el olvido como el silencio mayor
Olvidar para asomarse en otros ojos
y ver que la muerte es una mosca que no debe matarse
Una mosca que zumba de reojo en los días
y que se anuncia como la sentencia de un sueño

El desconocido de mi vientre se llama hijo
asistirá a mi entierro    pero no entenderá la tierra ni la muerte
no entenderá los años ni los fríos.

Sé cómo se muere cuando es necesario un baile
morir para que estés muriendo libremente
para que seas un hombre vestido de dama
un matrimonio sin cuerpo
que busca a Dios en un monte

Dios se llama Fuji
es un señor tímido que abrió sus ventanas
quiere vernos bailar el paso de su silencio blanco

La danza del Bhuto es un llamado
porque todos tenemos una sombra
un dolor y una búsqueda
Perseguir mi sombra
es una forma de bailar
Morir frente a un monte blanco
es una forma de estar vivo

La niña colgó mi nombre en su pecho
y luce mi sombrero como una lágrima
Así se van los ancianos
así los niños aseguran su muerte
su fatiga
su futuro de ya no estar

El amor es algo así como desentender el mundo
La mujer muere para que el hombre
con sus faldas puestas
baile en su ser.

 

Persona

¿Ya vio a la señora Alma? Enfermera
Sólo afirmó que quería reír
y murió

Alma es como mi Alma
que habla sola
como pretendiendo que yo escuche
cuando cada palabra me es otra forma del silencio

Mi Alma recoge las mugres de mi patio
limpia la memoria y encuentran carnes muertas
Alma acaricia las entrañas del miedo
y se escapa
pero siempre la encuentro
-está leyendo mi alma sola-
y quiere que le hable para confirmar que existo

He enloquecido a mi pobre Alma
sangran sus narices
como sangran las mujeres en su precio por estar vivas

Ella me pide perdón
pero No debió mostrárseme
y besa la tierra con su llanto
pero la luz de mi seno izquierdo dice que es mejor vivir sin alma
Mi alma se mezcla con el hombre que amo
pero él está ciego
no ve que es mi alma       que no soy yo
que me mató el silencio

A veces soy ella y a veces no soy
pero decimos lo mismo
el mismo dolor en las mismas palabras
Ella no quiere existir en mi nombre
ella sabe amar
yo sólo puedo silencio
¿Cuál es mi rostro?
¿Cuál es mi alma?
¿Dónde la mujer?

Villa del perro

Si desaparecieran las paredes las puertas y las ventanas
¿Cómo terminaría la soledad infiltrada donde no hay cobijo?
¿Dónde el lugar exacto para encubrir las miserias?
Las calles son un decir de frío             y el hogar
un muro falso que no cura al viento
.
Cuando se callan los ojos         el ruido de los colores se ha hecho súplica
el negro ofrece un placer bondadoso
y el blanco se hace máquina de fabricar angustias

El festín del dolor tiene llanto de mujer
y  es la penetración de un hombre que no desnuda más que el sexo
Cada dedo es porcelana marchita
que se quiebra por el martillo desatinado de los días
y deja la mano incapaz de asir la vida  el amor  la muerte

Cuando los ojos deciden aplomar la lengua         dejarla muda
los zapatos gritan sus pasos
y las moscas cantan con sus alas la fetidez de su existencia
el hielo al quebrarse llora su frío
y las puertas no se abren sino gimen
con el placer de una dama
Si sólo existe una villa y un perro
tal vez su ladrido sea el llanto único y más frecuente de Dios

 

Eterno resplandor de una mente en blanco

El amor es un árbol rojo
no conoce el verano
y nunca llueve sobre sus brazos
creo tener yo todos los nidos
-me llegan pájaros desde cielos que no conozco-

Si no te casas conmigo
por lo menos podrías llamarme
para que no te mire como a un extraño con nombre
para que no me duela el sexo
como un pecado sin alabanza

Ve a casa de vez en cuando a recoger las memorias
no quiero olvidarte
con tu olvido basta para derrumbar el aire
y en tu infancia de llantos           podría acaso ser tu madre
y no dejarte morir de hambre y de malos sueños

Cuando despierto del olvido
Te reencuentro
Siempre
Nunca
El mismo
El otro

 

La escafandra y la mariposa

Podría ser que las mariposas vuelen en los cadáveres que no han muerto
y que el cuerpo
sea  un cementerio
donde quedaron sepultados todos los roces
donde murió la vida             sin que muera el hombre
donde las agujas atraviesan los párpados para cerrar la puerta del lado derecho
y dejar que el alma vea sólo la siniestra del mundo

Mueres detrás de tus ojos y apenas puedes cerrarlos
el parpadeo como un temblor
para afirmar  o negar tu propia existencia

No deseo ser la escafandra
pero igual despierto en una cárcel
Yo no escribo con otras manos
pero es lo único que puedo hacer
ante la terrible quietud de los días
ante la imposibilidad de ser fuera de este pecho y sus rumores nostálgicos
ante la imposibilidad de que mis pasos se escapen de mis pies
y mis besos no sean sólo de mis labios

No soy la escafandra pero sigo siendo cárcel
mi rostro es la cortina de licores rojizos
Tengo mariposas
pero están encerradas en un silencio sin vuelo

 

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Paola CadenaPaola Cadena Pardo, nació en Bogotá en 1983. Es Licenciada en Español e Inglés de la Universidad Pedagógica Nacional y Magister en Literatura Española e Hispanoamericana de la Universidad de Cincinnati.  Publicó su primer libro  titulado Hotel en el 2008  con la editorial Ulrika, y su segundo poemario Cinema acaba de aparecer en Venezuela con Bid&co. Editor. Poemas suyos han aparecido en diversas revistas y antologías de Colombia, España y México. Además, ha participado en varios encuentros como el Festival Internacional de Poesía de Bogotá, Poesía en Abril de Chicago, entre otros. Finalista del VI Certámen Internacional de Poesía Martín García Ramos, 2007. Ha colaborado en revistas nacionales y extranjeras, así como en organizaciones para la promoción cultural y literaria. Actualmente adelanta estudios de doctorado en literatura en la Universidad de Cincinnati.

 


Texto ©  Mercedes Roffé
Poemas © Paola Cadena Pardo
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