Escena Música Ópera

PURO POEMA
Vida y muerte de Marina Abramovic´.

Abramovic

por Luis Miguel Madrid

De una reunión de poetas lo natural es sacar poesía  y eso es lo que han hecho la poeta exploradora Marina Abramovic´, el poeta inventor Robert Wilson, el poeta contador Willem Dafoe y el poeta cantador Antony, grandemente ayudados por un magnífico elenco de poetas variopintos.

Para los que creyeron que la ópera era ya mera –y hermosa- arqueología ha llegado este poema en forma de ópera tan contemporánea que seguramente descompondrá a ciertos  fanáticos de ese clasicismo que tira más a la zarzuela que a aquel teatro total del que hablaba Wagner.

Esto es otra cosa, y se puede llamar teatro, creación, espectáculo, ópera o poema.

Para nosotros es poema.

El poema  de Abramovic´.

La marcada, la cortada, la desbocada Abramovic´.

Abramovic

La historia de una vida dejada caer sobre la mesa de un director de expresión múltiple, uno de los más respetados, de los más certeros. El más propicio ahora para transformar la biografía de la autonombrada “abuela del performance” en un espacio moderno donde lo  familiar y lo universal se crucen sin tropezarse.

Se trata de una historia ya repetida –“The Biography Remix”, “Marina Abramovic´ Presents”…,   desde que a la Abramovic´ se le ocurrió la idea de dejar su vida cada siete años en las buenas manos de un creador que la recreara de la mejor manera. A cambio ella se dejaría llevar, cosa que ha cumplido también en esta ocasión, aceptando  humildemente interpretar a su propia madre.

Abramovic

El argumento se pasea intermitentemente por la vida y obra de la dama, como siempre. Un repaso vital no especialmente rimbombante al que se añade una obra lo suficientemente exagerada, intensa y aparatosa como para poder sacar partido sin añadir un fardo. La obsesión por tapar los traumas de las vivencias privadas provocó el uso de sus carnes como tapadera que neutralizara sus recuerdos.  Por ello hizo que le faltara el aire o que le brotara sangre. Por ello se paró cientos de horas para ser observada o caminó miles de metros para despedirse.

El arte no tiene medidas.

O tiene pocas.

Ella, Abramovic´, es así. Una rompedora de límites que con la indistinción entre arte y vida pretende aliviar su dolor privado o que la comprensión de los demás actúe como terapia para el entendimiento propio.

De esta fase, ella, Abramovic´, pensaba –o piensa- que la interpretación de tanto exceso iba a asustar al espectador hispánico, o concretamente al del Real, que lo mismo su trayectoria era demasiado escandalosa para un público tan sobradamente clásico. Al parecer, no ha sido para tanto. Wilson tampoco lo debió ver muy peligroso y hace un par de años se puso a dibujar la versión nueva de la vieja historia. Con las manos libres, Wilson la acepta, adopta y adapta a su poética particular de ritmo lento y visión amplia. Pictórica, literaria, escultural y musical.

Plásticamente.

Willem DafoePara contar cuenta con Willem Dafoe haciendo de todo, de todos, narrando tan envolventemente que emborracha desde el primer sorbo –o fecha- que menciona.

Es impresionante Dafoe, su presencia, su canción y su garita en propiedad desde la que “dice” los versos como si fueran versos, como si cada palabra lo fuera todo.

Con una intensidad dialéctica que hace del discurso un lindo mirador con vistas a un pasado pendiente de llegar.  Es difícil recitar las pausas de mejor manera, darle a cada coma tanta cobertura, tanta variedad a las anáforas, bordar los puntos suspensivos hasta  hacerlos desaparecer.

Porque todo es contenido.

Hasta el continente es contenido.

Tan bien contado, con tan sinuoso ritmo que los noventa minutos de la primera parte parecen tres suspiros. Tan ricamente sucede todo que en la continuación se espera que algo pase que interrumpa tanta contemplación.

Y efectivamente llega con la evocación de “Balcan Baroque”, aquella “performance” de 1997 que hablaba  de la limpieza étnica en Los Balcanes a través de la  abrupta metáfora de unas ratas convertidas en lobos que se autoliquidan.

El corte rítmico de este pasaje desorienta un poco al respetable, quizás por ser el único momento en el que se agrieta la cuarta pared con una alocución directa. Con un hiperrealismo de boca de escenario buscando remover conciencias.

Ya se sabe, el arte sirve también para incomodar. Y en este tramo lo hace perfectamente.

Para lo contrario está la música. La que ha preparado Antony para la ocasión. Tan delicada, tan poderosa.

Sensual.

Delicada.

Y poderosa.

Aunque la pieza central – “Snowy Angel”- no es nueva, las composiciones se adaptan como sábanas a la intimidad de este lecho.

La modulación del genial cantor emociona tanto que duele.

Y las letras también duelen, seguramente atenazadas por la impresión rememorada del vientre de Marina convertida en una estrella de David ensangrentada.

Antony

El contrapunto musical serbio es también espeluznante, la elección de Svetlana Spajic´ ha sido fundamental. Aunque la mezcla es tambaleante, termina por  cuadrar. El genio de Antony mezcla bien con todo.  El canto tradicional balcánico, también.

La escultura fotográfica cuenta muy acertadamente su parte de la historia. De manera no especialmente innovadora, no provocadora, alejada del impacto, más conceptual que aparatosa. En blanco y negro.

A ritmo lento.

Evidente, afortunada y desgraciadamente, el aforo está completo desde antes de comenzar a vender entradas. En la parte positiva, Don Gerard Mortier, haciendo una labor que muchos admiramos aunque otros tantos resoplan con ella, airadamente.

En la negativa, lo evidente pero no suficientemente mentado. Que este maravilloso evento no pueda ser visto más que por cuatro afortunados gatos y muchos, de mala manera. Con toda la cordialidad, insistimos en la anacrónica inversión en este obsoleto espacio, donde sin remedio todo lo bueno que programe será poco y mal visto. Como sugerencia ingenua proponemos que al menos se pueda usar ese palco real tan mínimamente usado. Es un ataque a la razón y a la acidez de estómago verlo vacío mientras tantos quedan fuera o con suerte miran la obra retorcida o alejadamente.

Ya sabemos la respuesta, y así nos va.

Para los privilegiados, enhorabuena. La “Vida y muerte de Marina Abramovic´” es un poema inolvidable, un lugar único que habla esencialmente y coloquialmente del arte y algunas de sus circunstancias,

las de esta chica de Belgrado que se mudó a la gran ciudad y se dedicó a utilizar su cuerpo como atrezzo,

en el que el magistral Dafoe dice muy seriamente que “un artista  debería ser irónico”,

y dice como nadie podría decir mejor  que “un artista debería tener cada vez más de cada vez menos”.

Y lo dice tan bien rodeado de sueños,

Y tan bien rodeado de sonidos

Que da pena que se acabe.

Abramovic


Texto, Copyright © 2012 Luis Miguel Madrid
Fotografías, Copyright © 2012 Javier del Real – Teatro Real.
Todos los derechos reservados.


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