Desasosiegos

Palos de ciego. El 15M como farsa revolucionaria

Indignados15M

“Junto a roués arruinados, con equívocos medios de vida y de equívoca procedencia, junto a vástagos degenerados y aventureros de la burguesía, vagabundos, licenciados de tropa, licenciados de presidio, huidos de galeras, timadores, saltimbanquis, lazzaroni, carteristas y rateros, jugadores, alcahuetes, dueños de burdeles, mozos de cuerda, escritorzuelos, organilleros, traperos, afiladores, caldereros, mendigos, en una palabra, toda esa masa informe”.

Karl Marx, El dieciocho brumario de Luis Bonaparte

La escenografía libertina, las asambleas, las consignas pueriles y utópicas, el furor dionisíaco y la catarsis colectiva vivida estos días en la Puerta del Sol, epicentro de una revuelta de la ciudadanía española que se ha ido extendiendo a lo largo de esta última semana a otros puntos de la geografía nacional y europea, nos exhortan a rememorar el espíritu rebelde de la juventud inconformista de los años sesenta. Muchos mensajes corroboraban, además, que los propios manifestantes tenían plena conciencia del carácter excepcional de los acontecimientos, de estar viviendo un momento histórico: «El mundo nos observa», rezaba una de las pancartas más elocuentes.

Sin obviar que las circunstancias culturales y sociopolíticas han variado radicalmente, los paralelismos con la revuelta estudiantil del mayo del 1968 parecen incontrovertibles. Como recuerda Geoff Eley[1], el movimiento del 22 de marzo, incubado en la Universidad de Nanterre, surgió, al menos en primera instancia, como una rebelión espontánea, «sin líderes oficiales, sin posiciones teóricas comunes, (…) divididos por sus creencias políticas diferentes, pero unidos por la voluntad común de actuar y por un pacto, en el sentido de que todas las decisiones las tomarían asambleas generales», en un contexto de acuciante crisis política y moral. Las inquietudes suscitadas por la guerra de Vietnam o los conflictos en Nigeria y Argelia cristalizarían en una revolución que fagocitaba todas las contradicciones latentes en el seno de la sociedad, al tiempo que mostraba la perentoriedad de una mutación sustancial de sus estructuras anquilosadas y reaccionarias.

La implosión del sistema financiero, el divorcio entre la clase política y la sociedad civil, el poder omnímodo del mercado, el desmantelamiento del welfare state o las perspectivas de futuro, cuando menos, inciertas, para esta próxima generación de jóvenes, evocan vagamente aquellas jornadas convulsas de la pasada centuria.

No obstante, desde un primer momento hemos echado en falta a un líder carismático, a un Daniel Cohn-Bendit que tuviese la suficiente clarividencia para cohesionar a todos los grupos sociales concitados por la plataforma ciudadana «¡Democracia Real Ya!». A ello habría que sumar también la carencia de un protectorado intelectual que desempeñase un papel análogo al de Jean Paul Sartre con los estudiantes del Mayo Francés, o el propio Aranguren en la universidad española del tardofranquismo, en un tiempo en el que los propios intelectuales han desaparecido prácticamente de la vida pública. Hoy, como recuerda lúcidamente Z.Bauman, «los intelectuales ya no legislan, solo interpretan»[2]; Creo que este es un factor decisivo para comprender la debilidad inherente a una pseudorrevolución fecundada en los dominios de la banalidad. Porque a Jon Aguirre y Fabio Gándara no cabe asignarles el papel de líderes revolucionarios, ni siquiera de autores intelectuales de esta movilización masiva, cuyo éxito, a tenor de los resultados electorales, ya solo puede traducirse en términos puramente cuantitativos o mediáticos.

En cualquier caso, estamos asistiendo a un fenómeno sociológico complejo, en el que convergen factores de índole cultural y social en apariencia contradictorios, que ha constatado que las redes sociales y las formas de comunicación cibernéticas se han convertido en emergentes poderes fácticos, aunque aún no sepamos qué intereses defienden ni a quiénes representan. Y he aquí lo que podríamos denominar paradoja fundacional del movimiento del 15M: una revuelta de la ciudadanía, mayoritariamente juvenil, que aboga por una crítica frontal a la dictadura del mercado y a sus valores hegemónicos, pero que se gesta en las redes sociales y reivindica, asimismo, el potencial subversivo de las mismas. La distinción artificial, maniquea, entre redes sociales y mercado, entre capitalismo salvaje y tecnología, constituye, a mi juicio, la contradicción esencial de la llamada Spanish Revolution. La sacralización de Facebook como una valiosa herramienta de contrapoder nos conduce al manido debate sobre la deshumanización tecnocrática que, en cierto modo, inauguraron los autores de la Escuela de Frankfurt, cuando advertían proféticamente sobre la luctuosa funcionalidad de la tecnología en las sociedades del capitalismo avanzado.

El ethos consumista impregna el simulacro revolucionario del 15M, lo transforma en un esperpento, en un «macrobotellón» aderezado con soflamas antisistémicas. Lo lúdico ha corrompido el valor intrínseco de este movimiento social, despojándolo de toda simbología revolucionaria —dejando a un lado su palmaria inconsistencia teórica—.

No olvidemos que los universitarios franceses del 68 se rebelaron contra los valores de una incipiente sociedad de consumo, contra la expansión del American Way of Life. En el manifiesto del 22 de Marzo de 1968 se proclamaba «un rechazo total de la universidad capitalista tecnocrática, de la división del trabajo y del llamado conocimiento neutro, complementado por un llamamiento a la solidaridad con la clase obrera».[3]

Hemos de invocar a Marx para afirmar, nuevamente, que la historia se repite como farsa. La «Spanish Revolution», lejos de resucitar la utopías del 68, se ha mostrado más bien como una recreación epidérmica y desnaturalizada, un remake cutre con iPods, teléfonos móviles y cámaras de vídeo. En definitiva, una rebelión espectacularizada.

Un proceso auténtico de emancipación social y descolonización semiótica implica forzosamente el abandono de las metanarraciones ilustradas, les grands récits a los que alude Lyotard. El contrasentido del 15M estriba en la asunción de un ideal de progreso basado en la informática y la tecnología, creando así una mitología liberadora que gravita en torno a las premisas alienantes del consumo.

Es necesario evadirse de la gran pantalla global, pensar fuera de las coordenadas de la globalización, establecer parámetros de orientación ideológica que logren superar esta cansina dialéctica entre teoría y praxis que ha lastrado, durante años, la ansiada resurrección que se reclama a la izquierda, cuando aún hoy es evidente que su espacio social no ha desaparecido.


[1] Eley,G., Un mundo que ganar. Historia de la izquierda en Europa, 1850-2000. Barcelona, Crítica, 2003, p.341.
[2] Cf. Zygmunt Bauman., Legislators and Interpreters, Cambridge, Polity Press, 1987.
[3] Ibíd., p.341.


Texto © Javier Rodríguez González, 2011
Todos los derechos reservados.


 

4 Comentarios

  • Estoy de acuerdo con este artículo a pesar de que muchos no lo puedan entender.Pienso que los indignados,en un principio,han sabido conquistar e incluso ilusionar a mucha gente.Bajo una bandera revolucionaria y con el pacifismo por delante, han avanzado en un terreno difícil.El problema era su escasa organización,sus escasas cosginanas,en fin, su escasez en todo.Esto me hace pensar que 5 o 6 han sido capaces de organizar a una multitud pero el tiempo ha desmantelado tan frágil organización, ya que los pilares de esta gran banda han empezado a patinar en barro.Y hoy con su ejemplo de vandalismo han acabado por definirse a sí mismos.Los 5 0 6 que están armando camorra en los partidos de fútbol son los que estaban al mando de esta banda y, por supuesto, los camorristas nunca pueden llegar muy lejos .Esto irá en descenso hasta que quede desvanecido y sólo las cenizas serán un recuerdo de esta banda.
    La culpa es de aquellos que consintieron esto desde un principio, ya que si hubiesen actuado los habrían tachado de “fachas”. Y como en esta sociedad se convive con un falso progresismo, el resultado habla por sí solo. Los pacifistas se han convertido en salvajes que agreden a los diputados. Extremistas, vagos,”perroflautas”. El 15m duró más de lo que yo pensaba…

    He aquí un ejemplo del progresismo mal entendido en esta sociedad.

    Feliz retorno a sus hogares (si los tienen)

  • Vaya, por lo que se ve en los comentarios que siguen a este artículo, hemos sufrido una verdadera involución a nivel de comprensión de la realidad para su transformación y de los modos de lucha para lograrlo, la caida de los paises del “socialismo real” y la consiguiente “deslegitimación” (¡?) del marxismo, nos ha traido un gran paso… hacia atras, podemos ver en buena parte de la estructura de DRY (Y quizás en los comentaristas de arriba) el espíritu de aquel Wilhelm Weitling que creía que podía cambiar el mundo simplemente con una biblia en una mano y un fusil en la otra (Hasta que Marx situó su pseudoplítica donde merecía estar: En el cubo de basura de la historia); Aquí nos encontramos con un parecido voluntarismo simplón como motor de cambio social (Solo que en DRY no hay fusiles sino flores. Lástima que la policía y demás fuerzas de seguridad sí los posean y los usarán cuando sea menester en nombre de la “ley”, el “orden” y la “normalidad”, a ver de que les sirve la no-violencia entonces. Por supuesto, no habrá matanzas como en yemen o Egipto, pero si puede haber diversas
    “muertes desgraciadas”, acompañadas de brutalidad policial y de torturas, tal y como ocurrio en Génova 2001, patético canto del cisne de ese movimiento que se nutre de las mismas raices que DRY como es la nebulosa antiglobalización, tonte bianche y demás). Que hay que hacer algo? por supuesto que sí! pero eso no es lo mismo que decir que debido a eso vale cualquier cosa con tal de que sea o pretenda ser “rebelde”, si fuera así no habrámos pasado de la epoca del cartismo, del anarquismo más barato y parecidos. Con respecto a la pregunta: Por qué seguir hablando de Mayo del 68? pues porque es la última gran revolución occidental contemporanea en la que hubo una grandísima huelga general y ocupación de fábricas, universidades y otro edificios (Habeis oido? no solo plazas) y en la que hubo una perspectiva real de toma de poder y destrucción del sistema económico-político actual. Además de ser la revolución que marca, a modo de rubicón, la linea divisoria entre lucha política revolucionaria real y la lucha posmoderna fragmentaria y limosnera que hemos sufrido como modelo general hasta ahora. Si fué posible en Mayo del 68 (Y en otras experiencias más desconocidas como el “mayo reptante” Italiano)una posibilidad de cambio real del sistema y de la sociedad, fué precisamente porque había un movimiento politizado que tomaba como referencia la ayuda teórica, práctica y económica (Que se lo digan a los maositas Franceses, que no habrían sido nada sin ese Sartre que algunos ahí arriba niombran casi con desprecio, o sin otras personas como Althusser o Lefebvre), ahora, en este periodo de abandono cobarde de la intelectualidad de una verdadera posición de lucha, queda espacio libre para oportunistas mediaticos del estilo Saramago (Ahora me manifiesto por Chiapas, ahora hago el gesto de la zeja y apoyo al PRISOE, ahora me manifiesto conmtra la colononización Israelí, ahora apoyo la anexión de Portugal por parte de España)que gozan por supuesto de todo el apoyo de los medios de comunicación sin tener que mojarse las manos y además cosechando pingües beneficios económicos, o gente digna de respeto pero políticamente vacios como el afable Stephan Hessel (El cual dice obviedades que firmaría cualquier burócrata de la ONU). Con respecto a las redes sociales y de que hay que utilizar todos los medios a nuestro alcance: Entonces, por qué no pedir un crédito en el Banco Santander para hacer la revolución (O, con ese dinero, que nos patrocine el real madrid en las camisetas)? La tecnología no es en sí misma ni alienante ni liberadora, sino que se estructura seguún el sistema en el que se desarrolla, efectivamente hay que usar la tecnología (Si no seguríamos utilizando señales de humo como forma de lucha), pero no podemos sufrir un “fetichismo de la tecnología revolucionaria”, en la que cada nuevo gadget es en sí mismo la llave para la revolución, y aquí me temo que parece que se piensa eso (O quizás sea yo que soy anticuado y debería colgar los retratos de Marx y Engels y unirme a la adoración del último gran revolucionario contemporaneo: Mark Davidovich Zuckerberg, alias Millonosky). En fin, Espero que seamos capaces de sacar lo bueno de este movimiento que, efectivamente, tiene elementos dignos de apoyo y prometedores, pero sabieno ver sus límites e insuficiencias en este mundo posmoderno y de pensamiento debil (Tambien pensamiento contestatario debil) como el de hoy día.

  • Deberíamos empezar por desterrar esos paralelismos con el, lejano ya, 68, ¿no os parece?
    Los jóvenes de hoy no tienen nada que ver con los de hace 40 años, ni las guerras de hoy tienen mucho en común (salvo el interés económico)con las de entonces. El espíritu es otro, el mundo es otro, los problemas son otros y el pensamiento y el acto debe ser otro.
    Hasta los procesos de revolución hoy están cambiando.
    ¿Qué hay de malo en utilizar la tecnología de un modo positivo y aglutinador? ¿No se utilizó hace 40 años la prensa y la radio para esa misma función? ¿Y alguien puede asegurar que los medios de entonces eran más independientes y limpios que ahora? ¿Es que no estaban sujetos entonces a la publicidad que era la que, en muchos casos, mantenía vivo un programa de radio o televisión? ¿O a los poderes políticos que moderaban los discursos de un periódico u otro? ¿Álguien cree que el control de la información no existía?
    Puede que la tecnología sea producto del mercado pero puede ser utilizada de manera inteligente y pragmática en caso necesario. Puede resultar irónico, pero, Facebook no te puede hundir un programa porque digas lo que te convenga a través de él. Puede que Facebook esté ganando una fortuna a costa de todo esto, vale, estoy de acuerdo, pero lo está ganando a cambio de darle un muro a la gente para poder expresar lo que quiera sin ningún tipo de censura. A mí, en particular, me parece un contrato equilibrado.
    Quizá gracias a tener una visión más práctica de su presente estos jóvenes sean capaces de lograr algo más útil de lo que se logró en el mayo del 68. No necesitan a ningún Sartre. No es ésta una revolución intelectual. Es un echarse a la calle para expresar un estado de ánimo. Si eso no es espontáneidad, ya me dirás…
    Después llegarán los cambios, no lo dudes. Se conseguirá una reforma electoral. Se conseguirá que políticos sospechosos de corruptos se queden en sus casas hasta que la justicia dictamine si son dignos de representar los intereses de sus votantes. Se conseguirá que un político controle su discurso antes de ladrarlo y que prime en dicho discurso el programa electoral que presente antes que el insulto al contrincante.
    Quizá alguien piense que es poca cosa. En mi opinión, creo que es un avance gigantesco. Es reivindicar el valor de la democracia. Se conseguirá que el sofismo y la obscenidad se castigue en las urnas. Esto no va a lograrse, lógicamente en un mes, ni en dos. Pero se conseguirá.
    No creo que haya que evadirse de la pantalla global. Al contrario, hay que utilizar esta globalización en la que vivimos inmersos para lograr objetivos a nivel global. Y es que si aquí, a un señor que roba dinero le erigimos en líder de nuestras ideas, no nos extrañe que luego se invada un país con la excusa del petróleo o se ajusticie a un hombre desarmado por muy terrorista asesino que sea. El respeto a la legalidad debe defenderse en todo el planeta. El cambio debe ser global. Y debemos hacerlo desde aquí, desde nuestras casas y familias para acabar haciéndolo llegar a todos los que sea posible.
    No tengo ningún pudor de decirlo a través de este medio. Es más, le agradezco a la tecnología,(que existe gracias al esfuerzo e interés de todos los ciudadanos,contribuyentes, trabajadores, estudiantes y consumidores del planeta)la posibilidad de poder hacerlo.
    Y gracias a vosotros,Babab, por mantener vivo el debate.

  • Sin revolucionarios no hay revolucion y las masas guste o no estan absolutamente alienadas.Por tanto sacarlas a la calle a hablar de politica y a protestar,aunque sea en clave meramente reformista,ya es un paso.En la calle pueden aumentar su nivel de conciencia politica y abrir alguna via ahora inexistente..Por otro lado es ofensivo eso de botellon porque creo que es una injuria ya que yo he estado alli y he visto con mis propios ojos como aquello no era ningun botellon.
    Los que quieren transformar la realidad tienen que partir de como es esta en la actualidad.Por tanto si se quiere cambiar a las masas hay que empezar desde abajo.Si este movimiento ciudadano se expresara abiertamente como puramente anticapitalista,antisistema y rupturista no se hubiese conseguido esa respuesta popular.Y esta en la expansion de esa respuesta en como se puede llevar progresivamente a la gente desde lo reformista a lo rupturista.

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