Editorial

EDITORIAL – Las once en punto de Babab

Reloj Editorial

Por Luis Miguel Madrid

Babab ha cumplido una época.
Gracias,
a los del principio, a los del medio, a los de ahora, a los de mañana.
A los que hicieron y a los que miraron, a los que enseñaron, a los que aprendieron. Babab agradece el paso a todos los que han pasado por Babab en el trasiego de estos once largos, breves, hermosos años que conformaron nuestra época primera.
Ahora, aquí andamos, con cierta nostalgia por el tiempo huido, con algo de pena, con un poco de rabia y con un puñado grande de satisfacciones veniales, personales, ocasionales y generales.
Nos hacemos cargo de los maleficios y dudas adquiridas y con ellas meditamos esperando la respuesta en el renglón siguiente.
Seguimos pensando en seguir andando. Pensando en seguir siendo.
Por eso hemos cambiado y presentamos hoy un Babab diferente que es el mismo y no es igual.
Babab ha comenzado otra época.
La segunda.
Otra.
Distinta en el formato –a la vista está-, y en la utilización de esa inmediatez fantasmagórica que nos da Internet para plantarnos en la casa de nuestros amigos que habitan detrás del más allá. Aunque no ha estado nunca el concepto de “actualidad” entre los más perseguidos por Babab, a partir de ahora no esperaremos a completar “números” sino que estaremos en continua actualización. Para mayor comodidad, ofrecemos a nuestros lectores que nos sigan a través de la redes sociales –Tweeter, Facebook-, o subscribirse a nuestro “Feed” y de forma automática recibir en su e-mail cada nuevo contenido.
Igual seguimos en talante, en los propósitos, en la defensa delirante del libre albedrío, en la conservación de aquella manta vieja a la que llamamos Tolerancia.
Somos responsables de las locuras que produce la libertad, ese concepto tan simple que se reduce a cierta capacidad para elegir, por ella no renunciamos a ninguno de los errores cometidos en estos dos quinquenios y pico de trabajo gratuito
alargando las culturas gustativas hacia los paladares sibaritas
del ancho y ajeno mundo que nos rodea.
Lo cierto es que quisiéramos ahora ensanchar nuestras locuras y saltar ciertas lindes que nos incomodan como moscardones viperinos. Aunque nuestra lengua común viene siendo el castellano -o español, dependiendo del contexto-, quisiéramos fomentar el uso y disfrute de todas sus variantes, afinidades y hermandades hispánicas, prehispánicas o de carácter vecinal.
Todo ello sin evitar nuestro interés inmenso por la diferencia. El arte, la cultura, la poesía y todo lo interesante en general se basa en la diferencia: lo cercano resulta entrañable y lo diferente es maravilloso. Seguiremos siendo seguidores de cualquier novedad o antigüedad cultural que se cueza en cualquier rincón, en cualquier idioma, de cualquier manera.
Poco más. Queremos seguir luciendo las mismas dignidades, equivocarnos con razón, elegir con gracia y usar la ironía como si fuéramos ricos o famosos.
Y nada menos. Porque seguiremos siendo pretenciosos sin temor a parecer paletos, trataremos de conservar la ingenuidad y la más enorme admiración hacia los que se dedican a desparramar el arte. Seguimos conscientes de las muchas realidades y queremos tratar con todas.
Al fin y al cabo, somos aspirantes a trileros.
Nada más.

En Madrid, a las once en punto de Babab.
Luis Miguel Madrid


Texto, Copyright © 2011 Luis Miguel Madrid.
Todos los derechos reservados.


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