Literatura Narrativa

“Tenebrario. Doce pesadillas y un escalofrío” de Nina Melero

Nina Melero

por Armando G. Tejeda

Nina Melero es Profesora del Departamento de Hispánicas de la Universidad de Kingston  (Londres), donde compagina la docencia con la traducción literaria. Asimismo, es miembro de la Asociación de Hispanistas del Reino Unido y de la Organización Mundial de Escritores por la Libertad de Expresión PEN International. Su convicción de que aprender una lengua es la forma más hermosa de viajar la ha llevado a detenerse en ciudades como Gante, Viena, Florencia, Tánger o Londres, en la que reside actualmente. Tenebrario. Doce pesadillas y un escalofrío (Alhulia, 2009) recoge trece de sus últimos relatos. En este momento se encuentra trabajando en su próxima novela. En entrevista con Babab.com la escritora

Primero algunas preguntas de carácter general. ¿Qué es literatura?

Para mí la literatura es la forma de arte que usa las palabras para describir la experiencia humana. Por otro lado, siempre me ha gustado la definición de Juan Carlos Onetti, quien decía que la literatura consistía en mentir bien para llegar a la verdad.

¿Cuándo fue la primera vez que descubriste tus inquietudes literarias? ¿Influyeron tus primeros libros?

Lo cierto es que empecé a escribir desde muy pequeña. Recuerdo que recortaba las páginas del cuaderno, escribía una historia, la ilustraba a mi manera y después grapaba las hojas como yo quería, para hacer una especie de libro. Por ahí deben de estar todavía. De todos modos, no siempre escribía: muchas veces inventaba historias para contarlas, especialmente a mis compañeras del colegio.

Respecto a los libros que me influyeron, es difícil para mí saber qué libros tuvieron mayor efecto en lo que escribo hoy en día. Tengo la suerte de contar con unos padres que fomentaron en mí el hábito de la lectura y que me enseñaron a disfrutar con ella. En mi casa los libros eran objetos muy especiales, casi sagrados, y yo sigo creyendo en eso que decía Cicerón, que un hogar sin libros es igual que un cuerpo sin alma. No sé qué libros concretos influyeron en mi trabajo, pero sí tengo la sensación de que el amor por los libros que se me inculcó fue un factor decisivo a la hora de escoger la literatura, y no otra forma de arte, como mi medio de expresión.

¿Crees que la literatura fantástica es el género que mejor se adapta a tus textos?

No. Mi último libro, Tenebrario, es una colección de relatos en los que lo fantástico tiene un papel relevante, pero no sucede lo mismo en textos anteriores, ni en la novela en la que estoy trabajando ahora, muy alejada de mis cuentos en lo que a tema se refiere. El género fantástico me atrae como lectora y ofrece muchas posibilidades para la construcción de textos narrativos, pero me gusta experimentar con distintos géneros y formatos.

¿Cuáles son, a tu juicio, las virtudes que hacen que un cuento sea un buen cuento?

Que tenga los ingredientes justos, que no sobre ni falte ningún elemento. Por eso creo que es muy importante la planificación previa, porque el cuento es un formato en el que, en mi opinión, no tienen cabida las divagaciones ni los giros fortuitos. En el cuento todo debe estar bien medido, bien pesado y bien mezclado… Y cocinado con cariño, como los buenos pasteles.

En Tenebrario, hay un mundo de misterio y fantasía, ¿de dónde surge? ¿Son tus propios miedos, fantasmas o sueños?

Supongo que todos cuando escribimos usamos a la persona que mejor conocemos como referencia, es decir, que inevitablemente recurrimos a nosotros mismos. Los elementos que uso en los cuentos son inquietantes para mí porque representan la irrupción inesperada de la anormalidad en la vida cotidiana: son el recordatorio de lo poco que sabemos y entendemos en realidad sobre las cosas. Mi intención al construir las situaciones que aparecen en los cuentos no era provocar miedo en el lector, sino más bien explorar temas que a mí personalmente me parecían interesantes y descubrir lo que realmente pienso sobre ellos.

¿Cuál es el cuento o relato que más te inquieta?

El del pez. Ese pescado tan fresco que incluso se mueve dentro de la bolsa de la compra, que pestañea en el plato de la cena. En muchos de los relatos los animales y nuestra relación de dependencia y oposición hacia ellos tienen un papel especial. En Tenebrario hay animales de perfil indefinido y ojos pequeños que acechan en la oscuridad, elefantes ciegos que muestran su perfil al borde del dintel de la puerta, gatos que podrían devorarnos los deditos de las manos antes de que nos diéramos cuenta, ratas que pueden ser carne de estofado y un ejército de perros blancos que comparten habitación con la dueña de la casa. Para mí, los relatos que juegan con la presencia de los animales son los más inquietantes: los animales que devuelven la mirada parecen recordarnos lo que somos y lo que no somos, al mismo tiempo. Y eso, para mí, puede producir miedo porque está relacionado con una cuestión a mi juicio no resuelta: la de quiénes somos realmente.

¿Qué hay detrás de la utilización de ese lenguaje tan preciso y al mismo tiempo descriptivo? ¿Muchas horas de corrección?

Creo que mi formación y el ejercicio de mi profesión como traductora tienen una gran influencia en mi manera de escribir. No puedo evitarlo. A veces dedico más tiempo del que me gustaría a reformular las frases, cambiar el orden, sustituir palabras… La mayor parte del proceso está orientada a evitar que mi pobre lector tenga que encontrarse con palabras mal usadas, puntuación incorrecta y cosas por el estilo por culpa de un imperdonable descuido mío, o que se vea obligado a volver a leer una frase o un párrafo para entender lo que quiero decir.

Un escritor decía que para llegar a crear una obra literaria es más importante la transpiración que la inspiración, ¿coincides con esta idea?

Sí, totalmente. De hecho, en mi caso, lo que más difícil encuentro al escribir es precisamente encontrar tiempo para escribir. Yo escribo todos los días, y esto a veces es una lucha conmigo misma, porque, como todo el mundo, tengo muchas otras cosas que hacer. Pero soy consciente de que las ideas no sirven para nada, por muy geniales que sean, si no se dedican muchas horas y mucho esfuerzo a darles forma.

Entiendo que ya estás trabajando en tu próxima novela, ¿qué dificultades estás encontrando al abordar un género tan complejo? ¿Cómo va el proceso creativo?

Pienso que escribir en un formato de mayor extensión es un ejercicio muy interesante, en cuanto que te obliga a adoptar estrategias diferentes. No tienes la presión ser sintético, como cuando escribes un cuento, pero por otro lado el hecho de que el proceso de la escritura dure mucho más tiempo te obliga a ser muy disciplinado y constante, o de lo contrario los personajes se van muriendo dentro de ti, pierden el interés después de meses trabajando sobre ellos. Por eso, en mi caso, cuando escribo novela tengo que escribir de forma más constante, sin permitirme pausas que me puedan distraer y alejar del texto.

Háblame de tus principales influencias literarias y de tus referentes en la escritura…

Como te comentaba antes, es difícil para mí ver con claridad que autores concretos han influido en mi trabajo, y seguramente son los lectores quienes se encuentran en una posición más adecuada para responder a esa pregunta. Lo que sí puedo decirte es qué escritores disfruto leyendo y qué textos pienso que han sido importantes para mí.

Es difícil escoger, pero lo cierto es que mis textos favoritos son todos relatos, y no novelas. Uno de los textos que más me han impresionado siempre es por supuesto la historia de Gregor Samsa, que una mañana se despierta convertido en un insecto gigantesco. Me encanta esa historia. Y me gusta mucho la manera en que Kafka construye la “monstruosidad” sin describir nada, porque en ese relato, La Metamorfosis, no se describe al monstruo, sólo se sugiere. Es más bien lo absurdo de la situación y cómo la gente reacciona ante ella lo que convierte el texto en una verdadera historia de terror.

Otros dos textos que para mí representan lo que es el estilo y la elegancia al escribir son Compañía, de Samuel Beckett, y La casa de Asterión, de Jorge Luis Borges, que está narrado desde el punto de vista del Minotauro.

Creo que ésos son algunos de los textos que más me han impresionado, pero es difícil saber hasta qué punto han influido en lo que escribo.

* Para ver información completa sobre sus publicaciones literarias y académicas, o para contactar con la autora, por favor visite www.ninamelero.com.


Texto, Copyright © 2011 Armando G. Tejeda.
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