Ensayo Literatura

Argentina. 19 y 20 de diciembre, 20011

por María Isabel Ackerley

En 18 Brumario, Marx describe a Francia del Segundo Imperio (entre 1848 y 1852), como un baile de máscaras, que expresa la pérdida de nitidez de la realidad debido a una forma de gobierno que convertía en figuras a los personajes (donde el personaje central era el emperador) imposibilitando la identificación con las identidades sociales. Conceptos como lugar, identidad, fueron símbolos del sentido diluido. ¿Qué impedía que las cosas estuvieran en su lugar? La máscara, que los absorbía para que representaran un juego cosmético2. Los muertos (las máscaras) gobernaban a los vivos.

En verdad, Marx hace una presentación mediática de los hechos. Traduce la crisis política y, por lo tanto, ética, evidenciando la farsa que integraban los representantes del pueblo francés en dicho período. Tanto los monárquicos, como los burgueses y los pequeño burgueses, eran una farsa peleando por poder y la ventaja económica que esto implicaba. En el prólogo a la segunda edición Marx expresa: “(…) demuestro cómo la lucha de clases creó en Francia las circunstancias y las condiciones que permitieron a un personaje mediocre y grotesco representar el papel de héroe”3.

Pero la farsa era no mantener la relación entre discurso y política,4 entre lo que se decía y se hacía.

En definitiva, la realidad siempre es un baile de máscaras, una fiesta de disfraces o quizá la historia universal es la historia de las tantas metáforas, como expresó Borges, y donde el poder siempre se representa a sí mismo y se retroalimenta de sí mismo. El poder siempre se disfraza de poder y traduce sus intereses privados a la esfera simbólica, o en otras palabras, es un sistema de pensamiento que disfraza y enmascara lo que se tiene que pensar, decir y hacer en un determinado período. Pero en el mundo actual, específicamente en la Argentina del 19 y 20 de diciembre, las máscaras quedaron en evidencia, desprovistas del velo que les otorgaba autoridad. Todo el montaje presentado por los MC quedó desprovisto de sentido social y cultural, momentáneamente, las identidades “formateadas” por la sociedad de control se quebraron5 y las cosas no estuvieron más en el lugar que estaban.

En la Argentina del 19 y el 20, las máscaras quedaron en evidencia porque la realidad se superpuso incapaz de seguir ocultándose. En la noche siguiente a la mañana de los saqueos a los supermercados6, los MC continuaban ahí, imperturbables, anquilosados, petrificados en la virtual navidad7. Las cosas no se correspondían: de las publicidades de regalos navideños, se pasaba a imágenes de los saqueos y a la represión policial sobre la población hambrienta que hasta ese instante era desconocida o ignorada. La diversidad aparente de la sociedad de control, construida en la multiplicidad de productos de consumo, se desvaneció en el aire al confrontarse a la velocidad, rapidez, y magnitud de las necesidades que invadían el montaje. La clase media, (y las no tan medias), que hasta ese momento vivían en la ilusión, en la fantasía y en la virtualidad de pertenecer al Primer Mundo, comenzó espontáneamente a golpear cacerolas y a manifestarse en las calles. Fueron dos días donde la realidad cambió, y la percepción de los acontecimientos fue inevitable. El sonido de las cacerolas no dejó a nadie indiferente. Todos quedaron despojados de sus identidades y referencias. El despojo económico permitió descubrir la presencia del despojo mental. De este modo, Argentina quedó situada entre la invisibilidad del horizonte político8, la angustia y la desesperación social. Perdida en ese escenario, la sociedad se confrontó con la necesidad de reformular el país, de construir una propuesta mínima que permita liberarse del oprobio de ser parte de la farsa, de la cual era, hasta entonces, la protagonista principal.

Las máscaras producidas por los MC y las corporaciones, y abaladas por los políticos, quedaron en evidencia. El problema explotó cuando se elevó demasiado el número de los que no cabían en esa fiesta de disfraces.

Sin duda Argentina fue el escenario ideal para el montaje de la obra que acabó en tragedia9.

El estado de alienación del pueblo argentino llegó a un punto de tensión paradójico: todos habían comprado el discurso de la Argentina en el Primer Mundo, donde un peso era un dólar, sin percibir que se trataba de una ilusión dentro de la realidad, similar a una burbuja financiera. La convertibilidad10 no fue sólo un plan económico, fue un proyecto de país individualista, acompañado por la mayoría de la sociedad, que renunció a tener moneda y, por lo tanto, a tener una política económica. La convertibilidad endeudó los activos públicos, destruyó los sistemas de salud y educación, dejando a los mas débiles expuestos a su propia suerte, e hizo de la fragmentación social y política una estrategia. Muchos creyeron que las iniciativas individuales11 frente a la desaparición del aparato industrial, servían para entrar en el paraíso globalizado. La corrupción del poder, la decadencia de los servicios públicos (entonces privatizados) y la indigencia de una gran parte de la población fueron negadas, del mismo modo que habían sido olvidados los 30.000 desaparecidos de la última dictadura militar. La destrucción del estado y de la sociedad tuvo como socio el miedo disciplinador, herencia de la dictadura y de la hiperinflación, llevando a la población a aceptar y a defender el orden y la estabilidad como valores imprescindibles. También quedó cuestionada la supuesta alta cultura y el desarrollo de un país que siempre deseó mirarse en el espejo de Europa y Estados Unidos12. No es necesario recurrir a estadísticas para observar el grado de desnutrición en el pensamiento que quedo como saldo de las políticas neoliberales implementadas a partir de 1976 por la dictadura militar, cuyo apogeo se alcanzó con los llamados gobiernos democráticos. Las políticas neoliberales aceptadas por la mayoría del pueblo argentino, finalmente entraron en jaque con el colapso social del 19 y 20 de diciembre del 200113. Y tal vez, también explotó la burbuja mental, cuando la población dejó de tener miedo, y desafiando el estado de sitio, decidió manifestarse. Así el pueblo se consagró a si mismo, creando un clima de poder, asumido y ejercido por las bases, y no delegado, en una suerte de democracia directa.

En esos días, un nuevo lenguaje se comenzó a entretejer en los micro-acontecimientos. Cuando Tony Negri le preguntó a Gilles Deleuze, refiriéndose al Mayo Francés: “¿Como es posible mantener el fulgor de los acontecimientos?”, Deleuze le respondió: “No hay que mantener nada; sólo hay que producir micro acontecimientos todos los días. Porque los fenómenos de producción de nuevas subjetividades son los que producen el devenir revolucionario, que hoy es tal vez mas importante que la revolución. Eso es la micro política”14.

En realidad, Argentina fue un laboratorio vivo de resistencias en busca de re-existencias. Millones de familias expulsadas del mercado de trabajo, excluidas del sistema, encontraron su salvación y subsistencia económica, en principio, en el intercambio de productos y servicios en el “club del trueque”15, en la recolección de basura de los “cartoneros”, la “toma de fábricas” abandonadas o quebradas, organizándose en cooperativas como mecanismo de recuperación del trabajo. Otros desempleados, los “piqueteros”, se organizaron para el corte de rutas como forma de contestación y de protesta. “Piqueteros”, “ahorristas”, “caceroleros”, “asambleístas”, “cartoneros”, miembros del “club del trueque”, trabajadores de las “fábricas tomadas” y muchos más manifestaciones y movimientos de reacción y re-existencias, fueron las figuras nuevas de la Argentina, frente a la crisis del sistema en todos sus aspectos.

Pero los cambios son difíciles de sobrellevar, incluso podemos preguntarnos si las re-existencias no quedaron perdidas en la dinámica del poder, absorbidas por la inexorabilidad del capitalismo, que en su dinámica de transformación capta y tritura a sus potenciales oponentes, como Saturno a sus hijos.

En la Argentina, un año después, era trágicamente divertido ver como se representó la crisis en los MC. Una cadena de hoteles se preguntaba y sugería “¿querés huir? (…) nosotros te proponemos viajes”. “¿Querés economizar?”, decía otra publicidad de venta de seguros, donde un hombre pasa las hojas de un libro, mientras enciende y apaga la luz para ahorrar electricidad. “Frente al aumento de asaltos y robos, proteja su familia y sus bienes”, decía una publicidad de cerraduras para puertas, mientras mostraba una puerta y todas las posibilidades de derribarla. La realidad era una amenaza que los argentinos no conseguían enfrentar.

La llamada clase alta, decadente, involucrada en los juegos de corrupción, mostró su descomposición y fracaso como referente. El poder que detentaba quedó desvinculado de los referentes éticos, sin valores ni creencias, quedando vacíos atrás de la protección virtual de las instituciones y del dinero que poseían, casi siempre, en el extranjero.

Estas llamadas elites, y también parte de la clase media, quedo en estado de descomposición con sus valores fundados en el consumo, y sus ideales insistentes en los modelos que ofrecían los MC. El sistema que instauro la perversión en la cotidianeidad, creo un país pervertido. Argentina era un país pervertido y prostituido, donde todo era intercambiable por dinero; quien lo poseía tenía plenos derechos y quien no era condenado a las márgenes de la exclusión.

A veces, parece que el 19 y 20 de diciembre no ocurrieron, y que las fisuras que dejaron en evidencia la crisis del sistema se cerraron, no porque los problemas fueran resueltos, sino porque la impotencia superó la imaginación.

Múltiples son las interpretaciones un año después: las que consideran que nada sucedió después del estallido; las que imaginan una situación pre-revolucionaria todavía vigente; o las que opinan que un movimiento espontáneo sin dirección ni representación política no puede producir cambios.

¿Qué ocurrió con aquel “Que se vayan todos, Que no quede ni uno solo”? Algunos podrán decir que nada, que continúan todos ahí todavía: el viejo régimen, que un año atrás apeló a la represión sin piedad, matando mas de treinta manifestantes, no dejó de operar intentando acorralar los movimientos de protestas. La crisis, la fisura, la grieta en el sistema dejó entrever lo suficiente para percibir que dicho sistema era una farsa. Similar a la novela de Cortázar Los Premios donde un grupo de personas son invitadas a un viaje por el mundo en crucero, pero que al final perciben por algunas hendijas que nunca salieron del Rió de la Plata. Pero muchos argentinos prefieren olvidar aquella pesadilla, continuar soñando y muchos no perciben nada, no por casualidad en las elecciones de abril del 2003 los candidatos eran, en su mayoría, los mismos que participaron a lo largo de décadas de la decadencia nacional.

Los movimientos sociales continúan, muchos de ellos profundizaron sus luchas, aunque sin haber alcanzado la síntesis, atomizados en la fragmentación, o contaminados por punteros políticos; en algunos de los casos afectados por la fuerza y la dinámica de la crisis Las resistencias y los micro-acontecimientos todavía no consiguieron articularse en una estructura global fuerte. Incluso, la alianza inicial entre las clases medias y los trabajadores desempleados (“piquetes y cacerolas, la lucha es una sola”) parece quebrada16. En este sentido, la lucha de los “ahorristas” por la re-dolarización17 es un paradigma de la pérdida de la brújula y la visión totalizadora, olvidando que por causa de la dolarización, el país enfrentó la crisis más devastadora de su historia. Y dado que la supuesta re-dolarización no apunta a exigir reparaciones a los responsables de la debacle, acaba transfiriendo al Estado, es decir, al conjunto de la sociedad, el precio de una medida que intenta reparar la estafa de la confiscación de los ahorros, en particular, acaba transfiriendo buena parte de los gastos al conjunto de una sociedad donde seis de cada diez habitantes son pobres o indigentes (entre los cuales se encuentran los “piqueteros”).

Tal vez las interpretaciones debieran ser más complejas.
Las resistencias vuelven a traer a la luz la cuestión del poder, de su significado y cómo se construye una nueva existencia al margen de él, si es posible, y si tiene sentido. Estas consideraciones son centrales en los movimientos de resistencia. Como dice Rubén Dri18:

“Todo cambio, toda transformación, toda revolución, tiene en su centro de discusión, el tema del poder, que significa quién y cómo será reconocido.”

Analizando el poder y sus alternativas, Rubén Dri resume en tres las posiciones típicas dentro de los movimientos sociales: 1) la concepción clásica del marxismo-leninismo que se expresa como “toma de poder” o dictadura del proletariado; 2) la de los pensadores influenciados por los posmodernistas, como Negri y Holloway, cuya concepción es la de “huir del poder”; 3) la de los militantes de los nuevos movimientos sociales y políticos que prefieren hablar de la “construcción del poder”.

“El establecimiento de las dictaduras del proletariado ha producido resultados decepcionantes. Los partidos revolucionarios que lograron la toma del poder establecieron efectivamente una dictadura que se llamó dictadura del proletariado, pero que en realidad fue una dictadura del partido, del aparato burocrático y finalmente del líder, depositario de la ciencia.”[19]

La segunda concepción la divide en dos; por un lado, los que consideran necesario huir del poder, siendo la multitud la fuerza de oposición (Negri-Hardt); la otra posición propone huir al anti-poder (Holloway). Estas dos posiciones llegan a dos coincidencias,

“El centro de la lucha de oposición, (ya sea que la llamemos poder de la multitud o anti-poder) es la fuerza que da forma al desarrollo social; y el concentrarse en la revolución no puede concebirse como tomar el poder del Estado”.

La segunda coincidencia entre las dos concepciones es la alergia al Estado: el reducto del mal. Para Dri ni la multitud, ni el anti-poder, consiguen dar respuesta a la opresión.

La tercera postura que señala Dri, trata de la construcción del poder, o del poder como relación social:

“El poder no es un objeto o una cosa que se encuentre en algún lugar que es necesario ir para conquistarlo. Es una tendencia difícil de vencer, como señalaba Hegel, es poner en movimiento las representaciones propias del entendimiento. El poder concebido como objeto no es otra cosa que una representación del entendimiento. Necesario es hacelo fluir, ponerlo en movimiento. (…) El poder es una realidad propia del ámbito de las relaciones humanas que, de una u otra manera, siempre son sociales y políticas. No existe, como los sujetos. Se hace, se construye de la misma manera que se construyen los sujetos. Estos, para crearse, se empeñan en una lucha a muerte por el reconocimiento. Esta lucha genera poder. Generarse como sujeto es generar poder.”[20]

En esta concepción el poder no se construye cuando es tomado, pues en ese caso sólo se ocupa el lugar de los otros. Más precisamente Dri propone:

“Crear nuevo poder, crear poder popular significa crear nuevas relaciones humanas, nuevas relaciones sociales, nuevas relaciones políticas. Estas no pueden comenzar cuando, por ejemplo, se toma el aparato del Estado. Se realizan en el camino, en el proceso. Si el otro es un objeto para mi, o un súbdito, un mero soldado del partido o de la organización, se está reproduciendo el poder de dominación”.[21]

Dri recupera la concepción de Foucault del poder, sin embargo intenta ir más allá cuando trata la superación de las redes que el poder genera;

“Microfísica del poder, en consecuencia, y redes de poder sobre las cuales nos informa abundantemente Foucault. Pero su análisis no logra romper, traspasar las paredes que encierran a los micro-poderes en los cuales nos enredamos. No existiría otra salida que un juego de poderes y contrapoderes, o en todo caso un pequeño espacio de liberación, ese espacio en el cual se ejerce mi poder, que es la “línea de fuga” de Deleuze”.[22]

En este sentido, cuestiona la capacidad transformadora de la micro-política. Esto significa lisa y llanamente renunciar a construir poder popular en el sentido fuerte, es decir, a construir una sociedad del mutuo reconocimiento, una sociedad plenamente democrática, en la cual, el poder se ejerza fundamentalmente en forma horizontal. En otras palabras, los micro-poderes se encuentran englobados en mega-poderes, y así como hay que construir los primeros, también hay que construir los segundos. De la micro-física es necesario pasar a la macro-física, no en forma lineal sino dialéctica. Los pequeños poderes se encuentran englobados en los mega-poderes, no hay paso lineal de unos a otros. Dri propone una dialéctica entre micro-política y macro-política:

“Esto significa que toda lucha, ya sea vecinal, campesina, carcelaria, escolar, familiar, se debe relacionar dialécticamente con una lucha mas amplia, que tenga como horizonte la totalidad. Si esto se pierde de vista, estamos condenados a movernos en un círculo sin salida.”[23]

Después de los acontecimientos de diciembre de 2001, se movieron las estructuras que definían la economía, el espacio y las relaciones sociales. Las jerarquías y órdenes del capitalismo se cuestionaron frente a las múltiples entradas y entrecruces que mostró la realidad. La combinación de órdenes y variaciones se entrelazaron en un espacio público apropiado por todos24. La multiplicidad convergió en auto-organización: en forma de asambleas, cartoneros, piqueteros, cacerolazos, clubes de trueque, fábricas recuperadas, micro-emprendimientos, huertas comunitarias, comedores, ferias, donaciones, escraches, o cualquier iniciativa que represente una forma de subsistencia y respuesta frente a la quiebra de la economía. Multiplicidad que también se manifestó en los innumerables medios alternativos de comunicación gráficos y digitales25, con la intención de modificar el orden. Lo que se observó en la Argentina del 19 y 20, es un fenómeno de auto-organización, en un período de alta complejidad de la realidad social, política y económica. En la complejidad el tiempo y el espacio están en el límite del orden y del caos, entonces el fenómeno de auto-organización tiene la fuerza de manifestarse.

Aunque la complejidad sea la condición necesaria, no es suficiente para producir una transformación. Recordemos que para Leibniz, la mónada es compleja y en ella la acción debe ser maximal para tender al “mejor de los mundos posibles”. Si el otro está dentro de la mónada, si la mónada es el universo, las políticas sociales y económicas no pueden ser el beneficio de algunos, sino de todos los que están inter-ligados en la red. En otras palabras, lo que no podemos olvidar, para que el sistema continúe vivo, es la diversidad de la complejidad. Es decir, la complejidad de todo el sistema del cual formamos parte. De este modo, si el otro constituye nuestra misma red, estamos inter-ligados al otro de la forma más estrecha posible, por lo que cualquier mínima acción implica un cambio en toda la red26. La armonía de Leibniz es un juego de consonancias y disonancias del máximo de variables posibles, donde el desafío radica en la multiplicación de las variables. ¿Cómo evitar el juego del Otro, y en cambio encontrar al otro? En otras palabras, como evitar el poder de unos pocos que se adjudican una verdad irrefutable y un orden inexorable, y en su lugar obtener la máxima variedad posible con el mínimo orden. Recordemos que el juego que nos propone Leibniz es que el “sujeto es igual al predicado”; es decir, no soy sin el resto del universo. En otras palabras el universo se actualiza en cada mónada espontáneamente, y, por lo tanto, para ser conciente del universo son imprescindibles las percepciones internas. Y sin hacer la conexión entre lo global y lo local, estas percepciones se tornan imposibles. Sin ellas el otro siempre será visto dentro de las relaciones de poder (y de producción) como aquello externo que debe ser adorado o destruido.

¿Cómo hacer converger el poder global y el local para que posibiliten la diversidad del sujeto? ¿Dónde residen la micro-política y la macro-política?

“(…) micro-poderes, redes de poder, circulación de poderes, fluidez de relaciones. Todo esto es cierto, pero toda fluidez tiene momentos de condensación. Dicho de otra manera, el movimiento necesita estructurarse. Con la estructuración aparecen nuevos desafíos, expresados sobretodo en el fenómeno de la burocratización. Una verdadera construcción del poder, o sea, de relaciones sociales, luchará siempre contra la tendencia siempre renaciente de la burocratización.”[27]

Sísifo es condenado a empujar la piedra que cae por toda la eternidad. ¿Pero qué ocurre cuando la sociedad es anestesiada e inmovilizada, o cuando la piedra no cae mas?
Que los políticos, junto a la gran y pequeña burguesía continúen en su autismo endógeno no es extraño, pero bajo estos juegos de poder de parámetros mundiales, los pueblos parecen querer construir otro mundo. Para esto es preciso olvidar los caminos trazados e inventar otros nuevos, recrear la subjetividad dada y construir otra que esté de acuerdo con la necesidad de un mundo donde lo local y lo global se correspondan con “el mejor de los mundos posibles”.

El 19 y 20 explotaron las certezas cuando se percibió que no funcionaba mas la revolución como fue pensada, ni un régimen represor (que algunos siempre quieren), ni la democracia como actualmente esta representada, ni el intelecto aislado de la experiencia, ni la experiencia aislada del intelecto; perdiéndose la referencia de quienes somos, que debemos y que podemos desear. Tal vez aquí se encuentre la riqueza de los acontecimientos, en la oportunidad de decir lo que no queremos ser y de comenzar a imaginar otras posibilidades. Es en estas incertidumbres donde las posibilidades se abren, y a través de ellas podemos intentar ir más allá de las redes ya extendidas, donde el sujeto pueda reconstruirse y quebrar el inmovilismo y la parálisis mediante la praxis y la acción. Por eso, las prácticas de los movimientos sociales impulsados por los acontecimientos del 19 y 20 no fueron en vano. La experiencia adquirida en las prácticas comunitarias, ya sean asambleas, piquetes, organización de comedores, o recuperación de fábricas, no fueron en vano; en su propio movimiento está el germen de la construcción de otro mundo o lo que seamos capaces de construir.

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Notas:

1. Este trabajo está focalizado a partir del 19 y el 20 diciembre de 2001, pero las resistencias, en Argentina, tienen una historia mas larga: pensemos en el “cordobazo” de 1969, en los desaparecidos que lucharon para intentar impedir lo que ahora se padece, en el llamado “Santiagazo”, en las protestas sociales en Santiago del Estero en diciembre de 1993 y en los cortes de rutas en Cutral Có y Plaza Huincul en 1996 y 1997, respectivamente.

2. Gramsci, en el mismo sentido, utilizó el ejemplo de Rusia, donde la sociedad civil, desintegrada y sin defensa, convertía a los soldados en trabajadores simultáneamente. Todo tomaba un nuevo estatuto donde las identidades se diluían.

3. Karl Marx. “18 Brumario”, Pág. 2. Traducción de la autora.

4. Política: “(del Latín politicus, del griego politikós) aquello respectivo a los ciudadanos, al gobierno de la ciudad y a los negocios públicos. La filosofía política es el análisis filosófico de la relación entre los ciudadanos y la sociedad, las formas de poder y las condiciones en que este se ejerce, los sistemas de gobierno, y la naturaleza, la validez y la justificación de las decisiones políticas. Según Aristóteles, el hombre es un animal político, que se define por su vida en la sociedad organizada políticamente. En su concepción, y en la tradición clásica en general, la política como ciencia pertenece al dominio del conocimiento práctico y es de naturaleza normativa, estableciendo los criterios de la justicia y del buen gobierno, y examinando las condiciones bajo las cuales el hombre puede alcanzar la felicidad (el bienestar) en la sociedad, en su existencia colectiva.” Hilton Japiassu y Danilo Marcondes, Dicionário básico de filosofia. Ed. Jorge Zahar Editor, 1991. Río de Janeiro. Traducción de la autora.

5. Semejante a esas películas en que aparece, por un momento, la cámara y percibimos el montaje. El encanto se pierde, el príncipe se transforma en sapo, y a la Cenicienta, el carro se le transforma en calabaza.

6. Aunque estos saqueos hayan sido programados por políticos, articulados junto a la policía para fomentar el caos social.

7. Pensemos en el tratamiento cómico de la realidad en los programas de Argentina. El consumo cómico de una realidad trágica dificulta el pensamiento, tan olvidado en el inconsciente colectivo de esta sociedad, y de muchas otras.

8. (Entró Puerta, y salió por otra puerta).

9. Similar a la tragedia de Edipo, cuando éste percibe que era responsable por los males de su reinado y que, por lo tanto, debía ser condenado al exilio y a la oscuridad.

10. (La política de paridad cambiaria).

11. Quioscos, taxis, remises, plazos fijos, retiro voluntario fueron algunas de las salidas a las que apeló la clase media para el “sálvese quien pueda”.

12. “Civilización o Barbarie”, el slogan acuñado por Sarmiento en el XIX, fue testigo literario de estas ansias de ser un otro, donde la barbarie fue instaurada como mecanismo de destrucción en la “Conquista del Desierto”, que consistió en la matanza de indígenas del centro-sur del país.

13. Las relaciones de producción, fundadas en la compra y venta de fuerza de trabajo como base económica de la organización social, no consiguieron satisfacer a la gran mayoría. La cadena de producción-consumo se quebró para un amplio sector de la sociedad; entre la corrupción, el juego financiero y las propias contradicciones del sistema; los propietarios de las fuerzas productivas no consiguieron sostener la estructura social y económica. Para los empresarios, los políticos y las clases con capacidad de ahorro fue más ventajoso depositar dólares en un paraíso fiscal que invertir en producción y generar empleo. Así, los trabajadores quedaron sin trabajo y, por lo tanto, sin dinero para consumir. El 57% de los trabajadores, tienen empleos precarios, improductivos, temporarios, de baja calificación o “en negro”. En total, hay 1.335.200 personas según las estadísticas oficiales como ocupados, porque esa gente trabajó por menos de una hora en la semana previa a la investigación. Los especialistas califican de ocupaciones “de refugio” porque son en realidad una suerte de ocupación disfrazada, de sobrevivencia, que se diferencia muy poco del desempleo. En todo el país, los changarines, cartoneros y vendedores ambulantes, serían unas 2.100.000 personas. Se calcula que casi un millón de trabajadoras son empleadas domésticas, la mayoría “en negro”. Con estos datos oficiales, surge que apenas un 43% de los que trabajan, tienen empleo pleno, estable, registrado, no informal, con cierta productividad y con un ingreso que les permite superar la línea de la indigencia, pero no la de pobreza. Según datos del diario Clarín, del viernes 26 de julio 2002 .

14. Este diálogo lo cita. Eduardo “tato” Pavlovsky, en la nota “Micropolítica” del diario Página 12. Diciembre de 2001.
La micropolítica es aquella acción social que no responde a ningún partido político. Microacontecimentos son aquellos acontecimientos espontáneos generalmente con un número reducido de integrantes y sin conducción, que responden a una inquietud u objetivo en común. Similar al fenómeno de auto-organización presente en un sistema complejo.

15. Debemos aclarar que en el foro social, que tuvo lugar en Buenos Aires en el mes de agosto del 2002, el tema de los clubes de trueque giró alrededor de las tentativas de reformular su funcionamiento. Pero finalmente estos clubes fracasaron.

16. Tal vez la incapacidad de los argentinos sea la imposibilidad de pensar en el sentido de totalidad. El argentino es un individuo y no un ciudadano. (Para mas datos consultar el ensayo “Nuestro Pobre Individualismo”, de Jorge Luis Borges, Otras Inquisiciones, 1952) Quizá el ansia de protagonismo en un país marcado por el esnobismo y la frivolidad impidan asumir un proyecto en conjunto.

17. Los ahorristas se oponen a la transformación en pesos de sus depósitos realizados en dólares, exigiendo la reintegración de los mismos.

18. Rubén Dri es Filósofo, Teólogo y Docente de Filosofía y Ciencias de la Educación de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Miembro activo de la asamblea de Juan. B. Justo y Corrientes y de la Coordinadora de Trabajadores Desocupados Aníbal Verón.

19. Dri, Rubén. “Debate sobre el poder en el movimiento popular”. Revista Retruco. 22 de noviembre del 2002.

20. Dri, Rubén. “Debate sobre el poder en el movimiento popular”. Revista Retruco. 22 de noviembre del 2002.

21. Dri, Rubén. “Debate sobre el poder en el movimiento popular”. Revista Retruco. 22 de noviembre del 2002.

22. Dri, Rubén. “Debate sobre el poder en el movimiento popular”. Revista Retruco. 22 de noviembre del 2002.

23. Dri, Rubén. “Debate sobre el poder en el movimiento popular”. Revista Retruco. 22 de noviembre del 2002.

24. Veamos la similitud con el sistema de Leibniz; en la monadología cada orden es multivalente. Leibniz multiplica al infinito los encadenamientos, existe una pluralidad de órdenes; que pueden ser traducidas en varios contenidos semánticos. Como afirmó Serres, la filosofía tiende a devenir en matemática, pero este devenir tiene por horizonte una matemática inconcebible en su tiempo. (Serres, Michel. “Le sistème de Leibniz et ses modèles mathematiques”. Pág. 18. Ed. Press universitaire de France, 1968. Paris.

25. Innumerables publicaciones y sitios que proliferaron, intentando quebrar la hegemonía de los MC tradicionales. Entre las revistas podemos citar “Hecho en Buenos Aires” Esta publicación se creó para brindar una oportunidad laboral a la gente de la calle, marginales y desempleados que a través de la venta obtienen ingresos, al mismo tiempo que tienen un medio para expresar sus opiniones y comentarios. “Abrecaminos”, nace como un emprendimiento de autogestión, y las ganancias son destinadas a los desempleados que la distribuyen a lo largo del país. “Proyectos 19/20”, nace para dar cuenta de los movimientos de los trabajadores desempleados, de las acciones que realizan las empresas recuperadas, de la multiplicación de las resistencias. “Boletín de información de los trabajadores desocupados de la matanza”, “Revista Marcha”, tiene 5 años de producción, pero a partir del 19/20 gana mas vigor. En Internet, la agencia de noticias de la UTPBA, Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires, circula como un medio de información alternativo.

26. En un sentido mas histórico, Marx describe esta implicancia: “Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre albedrío, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y transmiten el pasado. La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos.” Karl Marx, “18 Brumário”, Pág. 9.Traducción de la autora.

27. Dri, Rubén. “Debate sobre el poder en el movimiento popular”. Revista Retruco. 22 de noviembre del 2002.

Bibliografía:

  • Ackerley, M.Isabel. La ética de lo maximal. Argentina, Vergara Ediciones, 2005.
  • Dri, Rubén. Diaporias. Acontecimiento político, carisma y poder. Revista de Filosofía y Ciencias Sociales. Buenos Aires: Publicación de la Cátedra de Filosofía de la Carrera de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA).
  • Marx, Karl. El 18 de Brumario de Luis Bonaparte. Argentina: CS ediciones;
  • Negry, Antonio. Hardt, Michael. Empire. Harvard University Press, 2001.
  • Pavlovsky, Eduardo “tato”. Micro-política. Página 12. Diciembre 2001.

Texto, Copyright © 2008 María Isabel Ackerley.
Todos los derechos reservados.

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