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Sobre literatura de Puerto Rico I: La Guaracha del Macho Camacho

por Andreu Navarra


En 1976 aparece La guaracha del Macho Camacho y ya nada vuelve a ser o que era. Si tuviéramos que buscarle un equivalente español (¡qué difícil!) a este libro magistral, (la Guaracha es desbordante y su ritmo es trepidante), quizás sólo Valle Inclán, el mejor Cela y la La vida perra de Cristina Narboni, del enigmático escritor outsider Ángel Vázquez, reeditada por fin y puesta en su sitio por la profesora Virginia Trueba, aportarían un material lingüístico comparable. Pero el autor puertorriqueño aporta mucho más cachondeo. Curiosamente, la novela de Luis Rafael Sánchez y La Vida perra se editaron el mismo año de 1976.

Muchas son las técnicas que confluyen en este texto inaugural o iniciático: por una parte, la parodia del objetivismo de Robbe-Grillet que se observa desde el primer capítulo y cada vez que nos acercamos al personaje que más veces aparece en la novela: la Madre que está esperando al Viejo. Por otra parte, quizá estrategias parecidas al Cela de Mrs. Caldwell habla con su hijo, Tobogán de hambrientos o Gavilla de fábulas sin amor, pero con otro tipo de lenguaje, más de zona tórrida y menos violento. Pero el diseño general de esta novela sin apenas argumento (una corteja espera a su amante, un hijo de papá coloca una bomba en la Universidad izquierdosa de Río Piedras y un senador asedia sexualmente a una estudiante), puede resumirse en una sucesión de retratos de personajes estrafalarios pero también representativos: un senador anexionista y putero inmovilizado en el habitual atasco de tráfico de las cinco de la tarde en la capital, San Juan; la inolvidable Madre prostituta de un niño bobo apaleado sin piedad por los demás niños; un hijo de papá neofascista en su flamante Ferrari inmovilizado en el mismo tapón que el senador, y una pobre niña rica con delirios de grandeza alérgica al sexo y adicta al psicoanálisis.

Podría pensarse que estamos ante un libro heterogéneo, que combinara materiales muy diversos entre sí, en plan Ulises, pero la verdad es que La guaracha es un texto de estructura circular o cíclica impecable, en que cada página se adapta de igual forma al ritmo musical de la guaracha del Macho Camacho, en un idioma plagado de epítetos épicos y paronomasias, presentando el quehacer de los personajes sin desarrollo temporal, como si se tratara de una grabación de cinco minutos proyectada de forma paralela y simultánea.

Destacaría también el tratamiento de una escena sexual del libro como si se tratara de las instrucciones de un director de cine porno: cuando la Madre preadolescente desvirga a los tres macharranes que son sus primos (pp.132-133), o cabría destacar el virtuosismo verbal desplegado durante la masturbación de Benny, el neofascista (p.172-173), meneo que tiene lugar tras un Padrenuestro rezado en la cama con el niquelado Ferrari como objeto de la plegaria: "Ferrari nuestro que estás en la marquesina, santificado sea Tu Nombre, o sea que venga a nos el reino de tu motor y tu carrocería".

Esta clase de juegos verbales podría conducirnos a la idea equivocada de que el humor en Luis Rafael Sánchez es un valor en sí mismo, en un sentido escapista, recreativo o lúdico, desligado de toda crítica social. El tema central de La guaracha no puede dejar estar vinculado a la sociedad enloquecida de Puerto Rico, y uno cuando viaja allá y luego lee la novela no puede dejar de sorprenderse de hasta qué punto nada o muy poco ha cambiado en treinta años. La novela es una sátira corrosiva de las clases dirigentes de la isla, exactamente las mismas que hoy regentan el poder allí: los aristócratas obsesionados por la limpieza de sangre y el origen europeo de sus apellidos (así la ultraestúpida Graciela Alcántara y López de Montefrío cree a pies juntillas que su apellido proviene de Guzmánb el Bueno), los pijos que odian la negritud como a un cáncer del mundo, los políticos que hacen la corte a los Estados Unidos mientras, la impunidad con que los hijos de todos los que controlan el cotarro cometen sus crímenes racistas, como introducir una bengala en la vagina de una prostituta o volar por los aires un edificio de la universidad conocido por su activismo de izquierdas.

Pero esta crítica no es ácida sino normal, necesaria como lo fue el esperpento valleinclanesco. Alguien debía tener el valor de representar tal y como son las cosas allí, así como hoy hace falta también que se digan las cosas por su nombre. Por lo tanto, creo que se debe descartar la posibilidad de que nos encontremos ante una novela amable. Tras la simpatía desbordante de la realidad puertorriqueña siempre hallamos las armas invencibles del control social, de la que la guaracha del Macho Camacho es el símbolo central. Desde el lema que abre la novela asistimos a los movimientos de una sociedad enferma que canta, unida, La vida es una cosa fenomenal / Lo mismo pal de adelante que pal de atrás. Al fin y al cabo, la maravillosa Puerto Rico no es más que una isla puta, una isla vendida al invasor, siempre sobornada y apresada a la vez por quienes la colonizan. Y aquí, para cerrar, llegamos a la consideración de la novela de Luis Rafdael Sánchez como el arquetipo de algo: la novela puertorriqueña que se precie debe analizar una realidad puta desde un punto de vista bastardo. Esto es bueno para la narrativa. La narrativa debe ser un reto desenmascarador, y debe ser un instrumento puto y bastardo que logre hacer aflorar lo intolerable. Donde en otros lugares no muy lejanos de Puerto Rico, por ejemplo, en Cuba, Colombia, Venezuela o Guatemala, puede haber épica, podemos encontrar frisos fundacionales narrativos como las novelas de Fuentes, Carpentier o Asturias, novela de la épica de los elementos que conforman una identidad sólida, en San Juan sólo puede escribirse un tipo de novela como la que se escribiría en Nueva York o Los Ángeles. Una novela urbana, una crónica dinámica y no un ciclo fundacional, una narración que surge de la náusea y el hastío ante el neocapitalismo triunfante hasta la hez, una forma adaptada a una realidad diversa, conflictiva, o simplemente fea.

La novela de Luis Rafael Sánchez se articula también en torno al contraste brutal que existe entre las vidas de los privilegiados, el senador Vicente Reinosa, Benny y su cuadrilla de terroristas nazis y la neurótica Graciela, y la de los integrantes de los estadios más bajos: la Madre obligada a prostituirse para sobrevivir o comprar cualquier cosa, su hijo que solo babea y recibe palos y Doña Chon, gorda y religiosa, que tiene un hijo en la cárcel y no tiene dinero para pagarle un abogado.

La novela puertorriqueña no es que imite la estadounidense, sino que se enfrenta al mismo tipo de consumismo, la misma clase de idiotismo superfluo, generalizado entre las clases medias y bajas, desinformadas sobre lo que son sus raíces. La autocomplacencia de los disfrutadores de la guaracha que niega toda conflictividad social impide la génesis de cualquier clase de héroe.




Texto, Copyright © 2009 Andreu Navarra.
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Última actualización: 2009

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