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Las Criptas de la Crítica, de Núria Perpinyà: 20 maneras, 20 luces, 20 Odiseas

por Ramón Rubinat


Una de las máximas de la psicolingüística es que "si lo tienes claro, lo dices claro". Este enunciado, que es muy claro y está expresado, también, de manera muy clara, no goza del predicamento que debiera entre algunos críticos literarios. El disturbio mental y la poca preparación de algunos de ellos no hace sino poner en evidencia el desbarajuste de razones y términos que fundamentan su criterio (cuando lo hay). En otras ocasiones, el desfile de una nada camuflada de densidad conceptual nos abotarga la lectura con su sintaxis opiácea y sus reconcentradas elucubraciones, y nos deja el intelecto patidifuso y triste. Otra categoría de oficiantes de la crítica la componen los críticos orgánicos, escribientes al servicio de un canon establecido por una editorial o un partido político, que arrejuntan vituperios y ditirambos según las siglas de su ideología. También están los críticos obnubilados, plumas confundidas por la amistad, incapaces de discriminar afectos y textos, que se dedican a glosar las gracias de sus allegados. De hecho, el gran problema de muchos críticos es, precisamente, la inconsistencia o la falta de un criterio rector. El crítico, como el arquitecto, tiene que ser muy serio con las estructuras, no puede ser que se le caigan las casas. Después ya les pondrá los ladrillos, las puertas y las ventanas que quiera; al final le quedarán más bien o más mal pero el discurso se sostendrá y su crítica será edificante. La estructura crítica, el criterio del crítico, no se lo puede llevar el primer viento que le sople por la cabeza o por el interés. Y no sólo eso, también es necesario que estas estructuras críticas se puedan enunciar de manera clara.



Nótese que hemos empezado hablando de críticos y muy poco de crítica, la razón es que para deshacer estos entuertos primero hay que pararse a distinguir las voces (aquellos que tienen un criterio) de los rezos (aquellos que supeditan su decir a la súplica o al agradecimiento). El crítico que le interesa a Núria Perpinyà es aquel que tiene un criterio claro y que observa la literatura y las artes con una mirada instruida, formada y sustancialmente coherente. Desbrozado, pues, el bosque, de zombis, penitentes y criados de su amo, uno se encuentra ante la crítica literaria que son dos palabras grandes y estilizadas como un obelisco. Soto de Rojas decía que el carmen granadino era un "paraíso cerrado para muchos, jardín abierto para pocos"; llamarle "paraíso" a la crítica literaria sería, sin lugar a dudas, un exceso, pero sí es verdad que se nos presenta como un lugar cerrado para muchos, abierto únicamente a los iniciados, a aquellos que han recibido una instrucción y, por tanto, unas claves para descerrajar las puertas que lo custodian. Con su último libro, Las criptas de la crítica, Núria Perpinyà nos abre las puertas de este jardín y nos sienta delante de cada escuela para que la veamos de cerca. Con un lenguaje ameno y distendido (utilizando, incluso, el registro coloquial), la autora nos ayuda a revisar las escuelas críticas que en nuestro mundo (del siglo XX) han sido y gracias a ella nos podemos hacer una sucinta idea de sus nombres y razones. Las criptas y los paraísos cerrados, en manos de Núria Perpinyà, se hacen jardín y se abren para nuestro solaz.

Para hablarnos del new criticism, por ejemplo, empieza de la siguiente manera: "El new criticism se inventó el comentario de textos, que es algo que a los estudiantes les parece estupendo". Se dice lo que se tiene que decir y se acompaña de un comentario, aparentemente, peregrino. El comentario, de todos modos, continúa en la misma forma y tono: "La clase se relaja. Hoy no hará falta coger el boli. Y hasta podrán dar su opinión. ¿Saldrá un comentario en el examen? Ojalá que sí". Y acto seguido pasa a corregir esta deriva irónica al mismo tiempo que denuncia las derivas que ha seguido esta escuela crítica: "La fórmula del sencillo kit combinado y la del comentario como mera opinión personal son una desvirtuación de la filosofía original del new criticism". De aquí pasa a comentar la importancia que para esta corriente tiene la "ahistoricidad", ya que para ellos, los textos, en cuanto son leídos, viven el presente. Acto seguido conocemos algunas de las autoridades que más se han destacado, algunos de los miembros ilustres de esta corriente crítica; aparecen R.P. Warren y T.S. Eliot ("que es el guía intelectual de este movimiento"), y la autora, citando a René Wellek, aprovecha para hacer algunas importantes precisiones: "los precedentes del new criticism no son los formalistas rusos, sino el idealismo de Coleridge, Croce y el simbolismo francés". A continuación pasamos a revisar conceptos e ideas: aparece la idea del close reading (trabajar los poemas muy de cerca); se significa el protagonismo casi absoluto de la poesía y el poco interés que esta escuela presta a otros géneros; conocemos a algunos de sus representantes locales (Cernuda, Gil de Biedma o Joan Ferraté); repasamos los pasos que hay que seguir para realizar una correcta close reading (escenario, tiempo, número de actores, reparto de voces, tono que se adopta, intención del poema-concepto de distancia irónica, etc.) y acabamos reconociendo que la poesía dramática (por encima de la lírica y la social) es el terreno favorito y el más fecundo para una crítica de estas características. Desde el punto de vista del utillaje, Perpinyà destaca el importante papel que juegan los correlatos objetivos o falacias patéticas, que deben añadir matices de lectura pero "sin poner en crisis el sentido último del poema". Para esta escuela las imágenes son auténticos bastiones del poema. En estrecha relación con la imagen, la autora señala la importancia que los new critics dan a la ironía, la ambigüedad y la paradoja, siempre y cuando "no pongan en peligro la armonía del poema". Al final, llegamos a una conclusión que, muchas veces, se realiza en forma de etopeya: "estamos ante unos críticos de talante conservador, cultos, civilizados y muy anglófilos".

Cada una de las veinte escuelas se acompaña de un ejemplo que consiste en un posible análisis de la Odisea utilizando los postulados críticos de cada corriente. Así, el comentario correspondiente al new criticism se titula "La ironía dramática de la Odisea". Se estudiarán las tres voces narrativas que aparecen en el poema (Homero, Demódoco y Ulises), se verá que los interlocutores de los feacios actúan como correlato objetivo del público lector, se observará que los capítulos de mayor acción se describen (en lugar de presentarse en directo), lo cual nos lleva a comprender que "el arte no reproduce ni la realidad ni su orden, sino que crea otra realidad con sus propias leyes"; aparecerá la ironía contenida, aparecerá el alejamiento de ciertas voces... aparecerá, en definitiva, todo lo que hemos aprendido en el apartado anterior.

Crítica biográfica, psicológica, social, marxista, filológica, historiográfica, formalista, estructuralista, impresionista... hasta veinte escuelas componen las criptas de la crítica. Núria Perpinyà las enmarca y las define, y nos las presenta con sus nombres y apellidos y sus grandes frases y sus pequeñas manías y sus falsas esperanzas y sus muletas y sus virtudes y sus edades. Y, como muestra, un botón... que son veinte botones que abrimos, uno a uno, para ir desvistiendo la Odisea de vente maneras distintas (algunas escuelas dirían que no desvestimos nada, que en realidad lo que hacemos es añadirle ropa al poema... ¡Huy, lo dejo, que esto ya lo ha resuelto Núria Perpinyà!).

Toda este deambular de escuelas, ideas, razones, siglos y filosofías tiene, a modo de conclusión, un capítulo dedicado al perspectivismo. Entre la variedad diabólica que criticaban los escolásticos y la democratización de la irrelevancia, entre el negro corrosivo del miedo y la pandemia del todo vale, hay un lugar, un privilegio al alcance de todo aquel que sepa leer, como mínimo, de dos maneras distintas. Los que son capaces de leer de cinco o diez maneras distintas pueden considerarse espíritus libres y saber que para ellos están reservadas las mieles del conocimiento. Núria Perpinyà, que sabe leer de más de veinte maneras, ha desencriptado los puntos de vista de veinte escuelas de crítica literaria y, gracias a ella, sus lectores podemos adoptar esas miradas y ver... más lejos, más profundamente y con más acierto.





Texto, Copyright © 2008 Ramón Rubinat.
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Última actualización: agosto 2008

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