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Tres poemas y un cuento

por Leo Zelada


Del otro lado, allá en el espejo
Revelación
Parapoètica
La primavera ha llegado impredecible como tu voz


 

Del otro lado, allá en el espejo

He amanecido con sentimientos contrapuesto por dos sueños. El primero de ellos trata sobre mi abuela. Se llamaba Maria Genoveva Guardia Ramos. Cuando era niño no me crié con mis padres y mi infancia transcurrió en un barrio marginal del puerto. Me acuerdo que amanecía escuchando tocar a mi tío Manuel la Gnossienne 3 de Erick Satie y ante mis ojos la casa pintada de un azul decolorado por el tiempo, adquiría un brillo suave de melancolía que inundaba de gris toda la casa. Yo dormía en el cuarto de mi abuelo, quien me quiso enseñar a tocar el violín, incluso me regalaría uno pequeño, muy lindo, mas su muerte acabo con el único sueño que tuve en mi niñez. Quería tocar como Paganini, sentía que todo mi dolor se hallaba reflejado en esas melodías que mi tío Alejandro interpretaba por las tardes como un poseso en la sala. Debo decir que toda la familia por parte de mi madre en su momento fueron un conjunto musical llamado la familia Fuentes y que interpretaban música tradicional de la ciudad de Arequipa. Mas pasado el tiempo solo mis tíos Manuel y Alejandro llegaron a tocar en el conservatorio de música.

De niño pensaba mucho en la muerte. Como la mayoría de los chicos duros del barrio, sabíamos que Santa Claus no existía, que la política era una farsa y que la policía eran nuestros enemigos naturales. Jugábamos al fútbol, nos escapábamos del colegio para irnos al mar de la punta y en la noche divertirnos relajados apostábamos en las cartas. Más cuando llegaba a mi hogar, mis amigos a pesar de su desenfado y autosuficiencia se mostraban asustados y me decían:

-No tienes miedo de dormir allí

Es que todos los que Vivian en mi casa eran extravagantes. Nuestro jardín estaba lleno de insectos, pájaros nocturnos, estaba rodeado de una pequeña selva de cactus llenos de espinas. Se contaba muchas historias de apariciones fantasmales y seres oscuros que pululaban nuestro jardín, que hicieron crear la fama de ser nuestro hogar un lugar maldito. Vivía en la casa mi tío Manuel que además de músico era oficial de la fuerza aérea, el cual siempre andaba molesto y nunca vi reír. Mi tío Rubén que era actor y poeta, quien siempre leía en voz alta a los poetas clásicos y tenía el cabello largo, mi tío Willy que pasada la mitad del tiempo entre el manicomio y la casa, y que a veces tenía la ocurrencia de salir desnudo por la calle. Mi abuela que era hija de un ingeniero español que murió electrocutado en la construcción de la hidroeléctrica de la ciudad Blanca. Mi abuela era una mujer que vestiase como una gitana, andaba con sus cabellos canos revueltos y a la cual todos tenían por bruja por que tenía una docena de gatos y maldecía con un palo a todos los que se metieran con nosotros.

A pesar que mis tíos me odiaban por que mi abuela me quería mucho y a pesar que la vida en el barrio era violenta y dura, sabia que solo tenia que abrazar a mi abuela fuertemente y sentirme protegido. Luego ella acariciaba mis cabellos, me contaba sus anécdotas que me hacían reír y el mundo se me hacia entonces un lugar agradable y calido. Pero en las noches aparecían sombras que transitaban por los cuartos y despertaba yo en medio de los alaridos de mis tíos que decían ser ahorcados por seres que desaparecían entre la noche. En esos momentos solo cerraba los ojos, y me apretaba fuerte a la pequeña cruz de madera que me había regalado mi abuela, deseando que acabara la noche y mi suplicio desapareciera.

Pasaron los años y mi abuela presionado por sus hijos por que yo me hacia grande y no me podían controlar, me dijo que tenia que irme a vivir con mi madre, que era por mi bien, que ella nunca me iba olvidar. Me fui, para no hacerla sufrir, pero nunca la llegue a perdonar. Pasaron cerca de 20 años y supe que estaba en el hospital muriéndose y pese a la insistencia de mi familia, yo no iba verla. Estaba molesto. Más transcurrían los días, llevaba casi un mes y ella seguía agonizando. Entonces me di cuenta que ella no quería irse sin despedirse de mi. Contra mi resentimiento fui a la sala de emergencia. Ya no era la mujer robusta, fuerte como un tronco de madera como ella solía describirse, estaba allí enjuta, rígida y sin movimiento. Pensé como podía ser que ella, antes tan vital y alegre, estuviera frente a mis ojos con la mitad del rostro contraído envuelta en una rara mueca que me hacia erizar de miedo. Los médicos me habían dicho que esta casi en un estado vegetal .Me acerque y en medio de su dolor e inercia pude ver aparecer un tenue brillo leve en sus ojos y supe entonces que ella nunca me había dejado de querer.

II

En el primer sueño. Estaba yo en la universidad en medio de una pelea entre los estudiantes y las fuerzas policiales. Los jóvenes hacían barricada facultad por facultad hasta llegar al último reducto que era el patio de letras. Las bombas lacrimógenas hacían irrespirable el ambiente, así como las bombas molotov y los neumáticos quemados cuyo olor impregnaban de muerte el aire. Por un momento todo se me puso en blanco y negro y solo escuchaba en mis oídos la melodía de La Polonesa Brillante de Chopin, mientras los estudiantes a golpes eran apresados y subidos a camionetas que despedían chorros violentos de agua fría , haciéndonos por la presión caer de bruces al suelo. Y la sangre espesa que caía sobre el bosque de letras, y los gritos y consignas que eran apagados por el ruido ensordecedor de los helicópteros que sobrevolaban nuestra Universitaria Ciudad. Era un cuadro alucinante y siniestro.

Los pocos sobrevivientes de la redada, nos refugiamos en el estadio. De pronto comienzo a seguir seguido por unos hombres con rostro fiero y pistolas en la mano.
Se que tengo que huir. Comienzo a correr, salto del techo hasta un suelo de tierra, empiezo a cojear por el golpe, esquivo las balas que provienen de mis misteriosos perseguidores. Logro evitar las bolas de fuego, y cuando estoy girando el primer edificio del lugar escampado, aparece de la nada un antiguo dirigente estudiantil quien me ofrece una pistola extraña y me dice que me cuide, que los que me persiguen son los mismos que mataron a Eme Zelada, que a el no lo pudo ayudar, pero a que mi ofrece este arma para que me cuide. Diciendo esto se aleja y desaparece. Yo no tengo tiempo de pensar , me repliego en un muro por el cual ellos tienen que subir. Son muchos y tal vez no pueda con todos, se que tal vez me llego mi hora, lo se. Agarro resignado el arma, apunto hacia los primeros que vienen, se que de esta no me salvare, cierro los parpados…

III

Estoy en el segundo sueño y me hallo de pronto frente a mi abuela. Dicen que los que van a morir dialogan con sus muertos en sueños.

Ella no responde solo me mira quietamente.

-Abuela has algo para salvarme, ayúdame

Ella sigue sin hablarme mientras sus cabellos blancos como el invierno lo cubren todo

- Tengo miedo de abrir los ojos y verme muerto

Ella sigue impasible

Preso de la angustia, creo recuperar la razón, me acerco, le apretó los hombros y agitándola con fuerza le digo:

-Todo esto es una pesadilla y tu estas muerta, ¡Muerta!… ¿si estas podridamente muerta, que haces entonces aquí?

Entonces ella me dice:

-Rubén, siempre te gustaron las soluciones difíciles

Y volvió a su mutismo inicial.

-Que quieres decirme con eso

Ella solo me mira

- Dime, que es lo quieres decirme…

Mientras la tengo en mis brazos, comenzó los rasgos de su cara a desvanecerse hasta solo quedar un ovalo blanco en lo que antes era su rostro. Su cuerpo ahora es mas leve, parece una muñeca de trapo. La contemplo, me miro:Detrás de nosotros, solo estaba el vació.

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Revelación

Más allá de la imagen,
Si agudizas la visión
Me veras en una estela de vaho

En esta libreta de apuntes
Atrapo luciérnagas
Que sobrevuelan la noche

Debo ser diestro
En la penumbra,
Para esperar ver
Su oculto resplandor

Es extraño este placer
Que me arrebata
Haciéndome rozar
El delirio

Su misterio es puro
Como el silencio del mar

Se despliega la noche
Como un manto infinito

Solo me basta cerrar los parpados
Para tocar el poema.

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Parapoètica

La soledad no es nuestro destino.

Camino por el invierno de Europa
Arropado de silencios
Y metáforas rotas.

Ausente de palabras
Me repliego como un puercoespín
en mi pudor

En esta noche donde el frió
Hace temblar las más firmes certezas
Me pregunto
¿Si al horror a lo desconocido nos hizo
Inventar el fuego?

Llevo en mi espalda
El abismo de mi ser

No, no os equivoquéis mirarse dentro
No es danzar alrededor del dolor.

La soledad es una playa desierta
Que fabulamos para no aceptar nuestro vació

Mis pasos ahora son lentos
Y pausados como la garúa
Que cae leve en las aceras

Duele tanto no tenerte
Que niego mis lágrimas
Y respirar me cuesta ahora
tanto en estos momentos

Ausente tu cuerpo
Con mis torpes palabras
Intento abrazarte como a la noche

Cuando el sonido desaparece
Y el matiz se extingue
Aparece el poema

Solo en el amor
No nos sentimos solos.

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La primavera ha llegado impredecible como tu voz

La primavera ha llegado impredecible
Como tu voz

Aquella noche
Apareció la magia
Como un sortilegio
Dorado que envolvió nuestros lejanos
cuerpos

Tus palabras han roto mi silencio
Y han convertido en magenta el
Cielo de Madrid
No se si estoy despierto
O si solo fue un sueño,
Pero despertar no deseo
Sino solo frente a tus labios

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Texto, Copyright © 2007 Leo Zelada.
Todos los derechos reservados.


 


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Última actualización: diciembre 2007

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