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Un poema y un cuento

por por Leo Zelada


Arte Poética
He arrancado al dolor belleza
Y al crepúsculo dorado he pintado de tarde

Recorro solitario las bancas de esta ciudad
Buscando en una plaza oculta la voz del poema

Mis manos frías son el otoño
Que en diciembre sangran

"Déjame abuela
Reclinarme en tu regazo"

Donde he de hallar la palabra perdida
Aquella que me oculta mi primera infancia

Me sumerjo en el abismo de una voz:

- "¿Que hacer cuando el abismo
te espera al cerrar los ojos y
las palabras se vacían de significados?
- Escribir poesía

El humo del cigarro
No atenúa mi angustia
y Lydia esta lejos
mas su voz me acompaña

Lejos de mi patria
Escondo mis lágrimas
en un parque retirado
donde me devora la nostalgia

Escribir sin retórica es lo que deseo
En estos momentos
Desnudar mi tristeza sin inútiles máscaras

Caen de los sauces hojas
Como caen de mis cabellos
Mis primeras canas

Noche es ahora el alma mía
Impregnada de sagrado silencio

Para escuchar a mí ser
Me he alejado de las calles
Y he dejado el temor
Para recluirme en mí llanto

Si me cargan, me voy feliz, he hecho todo lo que he querido en la vida

Aun no lo has olvidado. Y menos las ultimas palabras que te dijera antes de morir: "Si me cargan, me voy feliz, he hecho todo lo que he querido en la vida".Pensaste te gustaría alguna vez decir con la misma convicción esas palabras. Lo admirabas no hay duda de ello. Siempre despertabas teniendo pesadillas, la másrecurrente, consistía en subirse hasta la cima de una montaña con un libro encima del hombro y en el momento que habías alcanzado la cumbre, desaparecer por completo todo a tu alrededor y de pronto hallarte en medio de la nada con un vértigo insoportable. En ese momento no sabes por que te acordabas de Manuel.

Manuel Saavedra era todo un personaje. El Jean desteñido con agujeros, la cadena colgándole de la cintura, las cintas rojas en la cabeza y muñecas, las botas negras militares y su larga cabellera castaña clara cayéndole rebelde sobre los hombros, no era propiamente el estereotipo de un revolucionario. Más parecía un joven punk que un militante radical de izquierda.

Despertabas en un cuarto a oscuras, y a tientas sin sentido deorientación, prendías somnoliento la tele, y viendo las noticias que se anunciaban en esa pantalla neutra, te percatabas por la naturaleza de las noticias que estabas en España. A veces despertabas sin saber si estabas en Lima o en Madrid.

Nos conocimos en la facultad de letras. Yo también en aquella época vestía un look parecido al de Manuel, aunque mi vestimenta era totalmente negra y la cinta roja la llevara en el brazo. Me lo presento una amiga y desde que nos vimos congeniamos. A el también le gustaba escribir poesía y escuchar los Sex Pistols. Nos hicimos inseparables amigos. Nos quedábamos en el patio de letras hablandode Rimbaud, Bukowski y Camus. De los grupos de punk peruanos y la movida subterránea. A el le gustaba escribir poemas dadaístas y su sueño era tener un grupo de Hard Core, él genero más visceral del rock en ese momento, para mí él era un visionario. De Carlos se contaba que una vez se había enfrentado solo a una decena de miembros de Sendero Luminoso con pistola en mano y salir airoso de la contienda, luego de esas interminables polémicas entre Los Emerretistas y los Senderistas que al final acababan en un mar de balazos.

Había un año que había llegado a esta ciudad. Supo desde que estuvo en el avión que no iba regresar nunca al Perú y que como Vallejo acabaría su vida en Europa. La larga tradición del exilio latinoamericano en el viejo continente lo había atrapado.

Más Carlos también era el responsable militar del movimiento revolucionario Tupaj Amaru en la universidad y eso todos lo sabíamos, por que el se había encargado de decirlo sin pudor alguno. Ese inocente candor era parte de su naturaleza. Por lo demás nunca trato de adoctrinarme o hablarme de política marxista. Nuestras conversaciones eran sobre todo de surrealismo y The Clash, de la critica al consumismo y la autonomía anarquista. A pesar de su vestimenta extravagante y su intensa mirada que producía temor en las personas, conmigo era una persona solidaria y abierta. Varias veces nos íbamos a almorzar en las cafeterías más humildes del claustro universitariopara comer con sus trabajadores, ellos tan serios y distantes por lo general, con Saavedra se mostraban amables. Manuel sabía transmitir alegría y confianza a las personas. Compartíamos soledades y sueños. Siempre se reía de mi faceta Dark y me decía que tenía que vivir más intensamente la vida y sobretodo aprender a reírme más.

- Eres un poeta Gabriel, no sabes lo afortunado que eres
- No lo sé, yo solo escribo por compulsión —respondía—
-Yo que daría por dedicarme a escribir como tu
- Pero si tu escribes...
- Ya, pero no puedo dedicarme a ello como tú

Paso un mes desde esa conversación y yo fundaría un grupo literario que tuviera mucha repercusión a inicios de la década de los 90s. Manuel desde ese momento me miraba entre distante y satisfecho del cambio que se había dado en mi. Yo ya había decidido entregarme de lleno a la literatura. Un día empezaron las amenazas publicas de los Senderistas a Carlos, él era el único escollo que tenían losterroristas para apoderarse de la Universidad. Toda la gente de izquierda al final hacían causa común con él para impedir la hegemonía del extremismo. Supe entonces que el no iba a durar mucho. Su novia tiempo después me contaría que él deseaba abandonarlo todo y irse a vivir con ella, dejar las armas.

Una tarde Manuel se acerco contrariado ante mí y me dijo:

- Gabriel, tengo decirte algo serio,
- Si, dime Carlos
- Que nunca te engañen Gabriel, tu trata de mantenerte lejos de esta guerra y salvarte, para que luego puedas escribir la verdad sobre nosotros
- no digas eso hombre, no te pasara nada
- Gabriel
- ¿Si?
- júramelo que lo harás

Ante tanta seriedad extraña mostrado por Manuel le dije que juraba hacer lo que me pedía. Ese día fue la última vez que lo vi, no hubo despedida. Luego me entere que moriría acribillado a mano de la policía, mientras robaba en un grifo para poder pagarse un sueño el de huir y vivir con poesía y rock and roll.

Han pasado años y nunca lo he podido olvidar. Menos aún en este país al cual habíamos soñado juntos venir. En honor suyo llevo ahora parte de su seudónimo y creo con este relato haber cumplido en algo con mi palabra. Manuel, faltan algunos días para navidad y me acuerdo de la vez que pasamos juntos con otros jóvenes duros punks en medio de una fogata que hicimos en la comuna y por un momento no sentir soledad, ni angustia, ni dolor. Solo un grupo de muchachos de la calle danzando con alegría primera alrededor del fuego. Manuel, aquí estoy en medio de este insomnio recordándote. Estoy empezando a escribir tu historia, nuestra historia. Mis palabras son ahora tus palabras. Descansa en paz hermano mío.




Texto, Copyright © 2007 Leo Zelada
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Última actualización: agosto 2007

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