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El ingrediente secreto, de Vanessa Monfort
Editorial Algaida, Sevilla, 2006, 499 páginas
XI Premio Ateneo Joven de Sevilla 2006

por Javier Blázquez


La novela es una carrera de fondo televisada donde, a veces, el pistoletazo de salida engancha al telespectador de tal manera que le obliga a permanecer inmovilizado en el sofá de su salón hasta que los corredores llegan a la meta. Preciosa y con talento —es que lo tiene todo, decía de ella un consagrado escritor, finalista del Nadal, que la presentó en el café Casa Pueblo de Madrid— Vanessa Montfort arranca su primera novela, ganadora del premio Ateneo joven de Sevilla, con una frase inocente, profunda y fresca: "Una vez alguien me dijo que había encontrado la fórmula de la felicidad. Yo no le creí, por eso me senté a escucharle". Con semejante comienzo, comprenderá el lector que resulta muy difícil detenerse en el estante de las últimas novedades editoriales, ojear la preciosa edición de color naranja preparada por Algaida y no traerse un ejemplar a casa, para sumergirse en una carrera de fondo hasta la meta final.

Esta carrera de fondo en la que a través de la novela nos introduce la Montfort no es una marcha de cincuenta o cien metros lisos en un estadio olímpico. No es eso. Es algo más. Mucho más. Es un auténtico maratón. Es el maratón de la vida de cada uno, que arranca con el nacimiento y una infancia titubeante para una vez cogido fondo echarse a patear el suelo de los caminos, unas veces rurales, otras urbanos, atravesando los variopintos paisajes que se van dejando atrás con la mirada, y así hasta alcanzar la recta final, que a todos nos aguarda. La novela es el viaje que todos recorremos y que en la obra es atravesado por la protagonista Eva Alcocer. Es la descripción de la vida de cada cual, que se va tejiendo de hilos finísimos que van formando una masa de tintes de variados colores, compuesta de esperanzas albergadas, de cumplidas tragedias, de muertes en vida y vida de muertos. Una masa que va adquiriendo distintas tonalidades (en la novela paso al negro, paso al blanco, paso al oro y finalmente el oro) y que va tomando una consistencia con el paso de los años, con los senderos caminados, con lo vivido por cada uno, que es, a fin de cuentas, lo único que tenemos: el camino andado.

Por ello, aunque parece poseer el nombre de un manual de cocina de Arguiñano o el de un libro de autoayuda al estilo de "hágase rico en quince días sin salir de su casa" el Ingrediente Secreto es, no obstante, una novela que cuenta una historia. Si, ya sé que todas las novelas cuentan una historia, pero no se trata aquí de cualquier historia, sino de la principal, la que debe ser escrita con mayúsculas, la gran historia , que es la de cada uno de nosotros. La mía y la de usted. La de su protagonista Eva Alcocer. La de sus antepasados y coetáneos. La de todos los españoles. Sea cual sea el dorsal que llevemos cada uno en la espalda. Porque en realidad andamos todos de aquí para allá corriendo el maratón de la vida y consciente o inconsciente, o con más o menos talento, nos vamos afanando en el camino en buscar aquello que haga que nuestra marcha tenga algo de sentido. Algo que dote a todo nuestro caminar de un precioso color dorado. Es justamente la búsqueda de ese color dorado en nuestras vidas lo que nos anima a seguir corriendo. A veces, en algunos momentos, el camino se ha teñido de grises y negros colores. De rojos intensos en otros casos. También de blancos luminosos. Más para conseguir esa ansiada tonalidad dorada que nos ilumine, necesitamos antes descubrir cual es exactamente el compuesto químico que la produce, y que en cada vida particular es singular, es diferente. Es el ingrediente secreto de cada cual y que cada cual se encuentra moralmente obligado a buscar.

Por ello El ingrediente no es un manual para encontrar el secreto de la felicidad de la vida. Para eso hay innumerables libros —por llamarlos de alguna manera— que se adquieren en la adolescencia y que se ocultan a los amigos en la parte trasera de la estantería el día que vienen a desvalijarte el mueble-bar. No es tampoco la novela un super-ventas donde se mantengan soberbias tesis doctorales como, pongo por caso, la de que Jesucristo no acudió la Ultima Cena. El ingrediente es una obra que remueve por dentro y que hace detenerte y preguntarte por tu maratón particular. Es literatura en estado sobrio. No mezclada con alcoholes baratos. Con estilo. De profundidad. Con técnica y sentimiento. Es la revelación de que existe una nueva generación de escritores jóvenes y serios en este pais. Y por eso la han premiado. Y han hecho bien en premiarla.

Pero es que, además, y en la España de hoy, la Montfort ha tenido el acierto de presentar su novela en un escaparate de circunstancias políticas donde resulta que cada cual se afana como puede en revisar nuestra sangrienta historia reciente. Resulta que en el actual escenario nacional donde, después de setenta años, los principales periódicos se escupen unos a otros esquelas de fallecidos en la Guerra civil, el Ingrediente Secreto es una novela donde se lleva a cabo el ejercicio de echar un vistazo a nuestro pasado con la elegancia con la que se miran las fotografías de un viejo album familiar. Es decir, con emoción y respecto. Sin odio. Sin acritud que diría algún político. Ese es el ingrediente secreto que quizá nos falta a todos los españoles en la carrera colectiva que iniciamos desde la transición. Es una mirada limpia a los campos y a los pueblos españoles de la guerra. A la hambruna y a la miseria. Al miedo presentido de los años posteriores que llegaron. Más feroces que lo imaginado. Es un paseo romántico de la pluma de la escritora por el Madrid donde silban las bombas y extraperlo. Hay romanticismo en la guerra. Por supuesto. En la nuestra, más que nunca, porque fue una guerra entre hermanos. De hecho los besos más agarrados, los amores más desgarrados, los pañuelos más lacrimógenos siempre se agitan en las estaciones de tren de las ciudades en guerra. Y eso es lo que ha confeccionado la Montfort: un álbum de fotografías de una guerra —la nuestra— políticamente impecable, apto para ser visto hoy en día por lectores de "El Pais" y del "ABC", por radioyentes de "La Cope" y de "La Ser". Un brillante ejercicio de historia en una novela que es la historia de todos nosotros. Un paseo por el dolor y el odio. Pero sin odio.

Hay pocos escritores que consigan —a una edad temprana además— hablar de algo tan terrible como nuestra guerra y con un pluma de tanta elegancia y seriedad. De tanta técnica y belleza.

A fin de cuentas ¿qué es el espacio recorrido en la carrera de la vida? ¿qué es el pasado? Ya en la primera página la Monfort nos asegura que somos el pasado, lo vivido, que no somos más que un retorno de lo que hemos sido y a lo que no podemos escapar. "Qué es el presente sino el pasado más un día" sentencia la primera página de la novela. Somos por ello, los personajes que deambulamos por las calles del Madrid de hoy, nosotros mismos, pero somos también "los otros", aquellos que deambularon por la Carrera de San Jerónimo y bebían limonada en la cafetería Zahara de la Gran Via de la capital, aquellos del Madrid de las estaciones de tren convulsionadas como nunca de pañuelos blancos.

Somos el pasado más un día, dice la escritora. Y el pasado vuelve y nos envuelve y nos juega malas pasadas porque juega a volver y a veces se confunde y reconfunde con el presente y ya no sabes si los protagonistas del presente lloran los muertos de las estaciones del Madrid de la guerra o si los protagonistas del pasado lloran los muertos de los trenes de la estación de Atocha en una especie de totum revolutum donde el tiempo no existe, solamente existimos los personajes, los de ayer y los de hoy, mezclados y remezclados por la Montfort con una técnica de contrapunto que es, a todas luces, magistral.

Allí están, en la novela, Laura y Arantxa, Cornelia y el Marqués, Nacho y Honorio, Favio, Fernando y Eva Alcocer. Y como no, un muchacho raquítico llamado Takeshi. El elenco de personajes —como si de La Colmena de Cela se tratase— ofrece material para otras tantas novelas porque cada personaje es un mundo de posibilidades, es un auténtico corredor de maratón.

Del Ingrediente Secreto podría decirse que es la novela que uno quisiera que leyesen sus amigos. El libro que uno depositaría en su maleta de vacaciones junto a sus camisas y calzoncillos. Que es una obra de obligada lectura en el panorama literario español y también en el político donde, por desgracia, unos a otros seguimos arrojándonos a la cabeza los zapatos viejos y gastados de nuestra maratoniana carrera por la vida, golpeándonos en la frente con las esquelas de nuestros muertos. Al estilo de un político al que creo que insinúo por segunda vez en esta reseña, podría decir todas estas cosas de la novela, pero no las voy a decir. Solamente, si me permiten, una última. De manera tan sencilla como honesta:

El Ingrediente secreto es una de esas novelas que a uno le hubiese gustado no haber leído. Es sencillamente, una de esas novelas, que a uno le hubiese gustado haber escrito.





Texto, Copyright © 2007 Javier Blázquez.
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Última actualización: agosto 2007

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