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Mi primer cuarto de baño
por Maria José Mora
Todos los cuartos de baño
Hay cuartos de baños azules
pintados a mano,
y con baldosines.
Construidos en hoteles self-service,
o con lengua materna.
Hay un mundo imaginario,
en cada uno de ellos,
hecho de sexo antiguo
lápiz de labios y
noches de insomnio.
Todos conducen al instante mismo del recuerdo,
al cepillo de nácar y
el primer albornoz de algodón.
Hay cuartos de baño grises
que dan miedo,
donde quedan supervivientes,
tras una guerra,
que no saben volver a su país.
Todos míos,
únicos, con sus ventanas interiores
como ciudades hospitalarias
como postales sin remitente.
La ducha
El agua de la ducha cose ángulos de mi piel,
y en cada parte indivisible, esconde un secreto:
Soy una náyade acuática con gel de baño al
[triclosán,
una piel de corcho en un lunes cualquiera.
Son las ocho de la mañana y
alguien escucha las noticias en la radio
y de mi ombligo nacen espinas pequeñas.
Hoy es un lunes cualquiera.
Dejo que todo se marchite en la cuchilla,
mientras mis manos siguen el discurso y
cuentan hasta cien.
Piedra, papel y tijeras
Mi pie en el water hace equilibrio,
como una bailarina de papel
sujeta las manos
sin doble pirueta.
Tuerzo el tobillo y
apunto con las tijeras
al pie derecho.
Ahí van una y dos,
tres, cuatro y cinco uñas cayendo.
En la sexta
pienso en aquel tío borde,
y en el cobarde, al séptimo.
A la octava en el mentiroso
y el perdonavidas
y el de los cuernos.
Y aún flotando
miran sin comprender,
antes de perderse por el desagüe,
que al mar llegan todos los ríos.
Tengo diez dedos
y diez uñas en cada pie.
Detrás de la puerta
Detrás de la puerta
se oculta un guiño
hace click!
y une dos lenguas.
Un water,
papel higiénico
y tu sexo
-No necesito más-
Dos metros por uno y medio,
saliva y tiempo diestro.
o tal vez gemir, gemir de menos.
En la confunsión reina
el caos,
dos cuerpos,
y las monedas- plash!
que caen al suelo.
Érase un hombre
que chupa de un pecho,
y muerde
y grita
y se enreda en mi cuello.
-Quiero más- dice.
Dos metros por uno y medio.
y el water se hace concha
y el papel desierto,
las monedas luciérnagas
que iluminan el suelo.
Fuera, un oud electrónico
marca compases,
y alguien llama, a lo lejos,
muy lejos...
Texto, Copyright © 2006 Maria José Mora.
Todos los derechos reservados.
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