Biblioteca Babab
[Visita nuestra Biblioteca: libros completos totalmente gratis]



Suicidio Súbito

por Andreu Navarra



[Haz click aquí para leer algunos poemas del libro Suicidio Súbito]



Agonías pulsionales
por Mónica González Caldeiro

Si hay algo que caracteriza el deseo de querer morir, sin duda alguna es la inmediatez del acto, su esencia no durativa; los fragmentos de segundo del último de los grandes placeres meta o físicos (si por el contrario fuera, la acción prolongada de la búsqueda del fin sería hipocondría, alcoholismo o pulsión sexual) se configuran como tentativa de abrazar lo ajeno divinizado (o paganizado) bien en un don de vida, bien en un presente de muerte. La dama a la que se pretende entregar la penyora acepta alegremente el rol maligno de la historia, convirtiéndose en un objeto de culto mariano pero con la seductora proposición de ofrecer una última fracción temporal consagrada al orgasmo. No es de extrañar, pues, que ejecutivos y padres de familia aparezcan ahorcados de un árbol, en teoría, sin motivo aparente... ¿puede tratarse de conseguir adrenalina en tan sólo un momento, aquel que nunca se tuvo el valor de asumir en vida y que ahora representa un paso hacia delante, hacia el umbral del placer?




Andreu Navarra durante la presentación de su libro Suicidio Súbito en María Pandora, Madrid

El suicidio no es más que un deseo onanista. Un éxtasis al margen del altruismo. El último eslabón de la corrupción física sadiana. Amar la muerte supone la no-búsqueda de una segunda vida. ¿Cabe entonces algún resquicio de neoplatonismo? Cuando la decrepitud alcanza los límites del desquicio, cuando el españolismo castizo incipiente demuestra que esa belleza mortuoria se alcanza mediante los cánones petrarquistas del amor éter(n)eo cuya única finalidad es acariciar el bajo vientre de voluptuosas lauras o beatrices, siempre quedará un espacio para las divinidades y los ídolos de barro y cartón piedra. Un lugar para la trascendencia cacofónica. Así se nos presentan los poemas de Suicidio súbito. Sonoros mantras que alcanzan un grado superior de sublimidad mediante el exorcismo de la palabra estruendosa. Futuros dejà-vus para ahorcados.




Andreu Navarra y el editor Rafael Mammos (editorial Erizo)

Decía Alan Watts que la Iglesia Católica Apostólica Romana perdió el misterio en el momento en que se tradujo la liturgia latina a lengua vulgar y el pueblo, entonces, comprendió. La palabra cíclica y reiterada de la terrenal "altiplanicie" de Andreu Navarra nos acerca a esa inteligible y absurda sublimidad neoplatónica que finalmente siempre conduce al mismo paraje, un paraíso perdido de tintes miltonianos donde un Uriel más bien trascendentalista "muere cuando imagina que no se expresa". Un paraje extraño donde también existe el suicidio para la mediación divina del hombre, que perece en el momento en el que el yo recuerda. Un paraje que es "un lento jardín" en que el hombre recupera la conciencia de su propia pérdida. Jardín de tópicos de muerte. De abriles crueles. De humillaciones. De secreciones agónicas. Un espacio que encierra en un solo párrafo el cielo visceral, el amor castizo y lo corrosivamente eterno (normalidad, convenciones y otras perversiones) sin grandilocuencias ni estúpidas reivindicaciones de la memoria de lo humano y lo divino.


La virtud del verso reside en su esencia resbaladiza, casi viscosa. Moverse por los paseos de la renovación del lenguaje (siempre constante, en revisión y necesaria) que supone el poema requiere una conciencia de entrega que conduce al arrastre. No representa un grave esfuerzo dejarse caer en este espacio libre de obstáculos que representa Suicidio súbito, a diferencia de ciertos "oscurantismos" posmodernos que se permite toda saga de poetas de segunda fila que se precie (en su mayoría, arduos defensores de Cortázar, Lacan y Joyce). Carecer de ciertos tópicos hace de cualquier librito una obra a la que vale la pena echar un vistazo, sólo por avistar que esa humildad poética remite a cierto ápice de autenticidad que sigue una línea muy clara trazada a carbón y con fuerza. No verá el lector una sola referencia ni a trompetas, ni a pianos, ni a John Coltrane, ni a damas decadentistas vestidas de negro (en general, poseedoras de una sobredosis de surrealidad ingerida como ácido lisérgico). Tampoco aparecerá un solo poema de carácter social (monumento y reivindicación a la utilidad de la inutilidad) y ni siquiera se reivindicará la escritura automática. ¿Vergonzoso? Tanto como el burdo uso de la poesía para otros fines que el del arte por el arte, o el del arte por la crítica, o el del arte por el gozo visceral.

La palabra de Andreu Navarra está lejos de toda erudición o trivialización. Se escurre por los pasadizos de cualquier gusto estético y se incrusta en el esófago como descripción inherente de algo cuyo final se anticipa: el impulso hacia la caída. El neoplatonismo de este empuje no será continuidad, sino reinvención; no habrá misticismo, sino inmediatez; no habrá estupidez, sino legibilidad. Un canto a la no-simplicidad de la sencillez, si uno sabe leer entre líneas. Una lectura plácida, hacia la subversión de lo sutil, donde las ideas se perfilan, libres de sombras, para que el autor guíe, mediante hilo, la distracción que puede llevar desde lo equivocado hacia la verdadera facultad o función pragmática de quien nuestra sociedad se ha empeñado en laurear /destronar: la figura del "escritor".


La finalidad del poeta es invitar al lector frígido-casto a que dé un último paso al vacío. El siguiente texto, pues, cumple una clara finalidad que se mece entre la praxis y la labor social. Hay genocidios que son necesarios. Recodos del ego que merecen morir. El amanecer llegará con el impulso y liquidación de ciertos cánones. El ocaso es sólo una etapa contemplativa previa al desastre.


En este punto, sólo queda una recomendación: dejarse caer hacia los falsos paraísos e infiernos de gore y lujuria insinuada; presentarse ante el escrito como una colectividad consciente, no como un nombre propio; desperdiciar los últimos ratos del día en desquiciarse con urgencia y premeditación. Mi palabra, ante todo esto, sólo procura configurarse como puente resbaladizo de conducción hacia esos parajes de espacios propios. A continuación, les invito a que los hagan suyos. Yo, por mi parte, me retiro a mis aposentos.




[Haz click aquí para leer algunos poemas del libro Suicidio Súbito]


_____________________________

Andreu Navarra, Suicidio Súbito (2006), Erizo editorial, Barcelona.

Andreu Navarra Ordoño, hombre curtido en letras puras, forma parte del departamento de Filología Hispánica de la Universidad de Barcelona, y es integrante destacado del grupo de jóvenes hispanistas Sintagma y Metáfora. Entre sus publicaciones de narrativa y crítica literaria destacamos sus poderosos Siete cuentos (Barcelona, 2005). Pronto Erizo publicará nuevas obras de este autor.




Texto, Copyright © 2006 Mónica González Caldeiro.
Poemas, Copyright © 2006 Andreu Navarra.
Fotografías, Copyright © 2006 Eva Contreras Todos los derechos reservados.


 


Babab.com
Para contactar con nosotros entra aquí
Última actualización: agosto 2007

Copyright © 2000-07 Babab
Prohibida la reproducción de cualquier parte de este sitio web sin permiso del editor. Todos los derechos reservados.