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La Sal: Espacios Ambiguos

por Noelia Montoro


LA SAL
MARIANO PEYROU
PRE-TEXTOS. POESÍA. 2005.

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La textura es una mera excusa. La sal es lo teleológico, el camino que se debe seguir; pero dicho camino es ambiguo, derrotero y permanencia, como dejarse estar, ese vivir que por mucho que se niegue transcurre a manos llenas: el tiempo es imparable. La sal delimita los contornos del lenguaje, acota los espacios; también los crea. Es el sustento que unifica el poemario de Mariano Peyrou: La sal.

Es la sal aquello que quedó para quien osó contemplar la lluvia de azufre y fuego; el castigo de los nostálgicos, ese mirar atrás, vivir en ocasiones un presente engañoso; instalarse en dos niveles espacio-tiempo donde pesa más aquello que ya transcurrió.

La inversión es un concepto válido para representar el mundo, para aprehenderlo, para apresarlo en significantes: "Llamamos inversión a esa/ mirada que desviste al desnudo". De ahí que la sal sea la esencia y no el soporte. La realidad es "un desorden instantáneo", entropía que sitúa al poeta en enclaves ambiguos, fronteras antagónicas. Peyrou parece transitar la línea limítrofe entre el pasado y el presente, como hace desde esa mirada de niño de siete años superpuesta a una realidad que se encierra en un salón que permanece pero acusa los cambios, transido de años. La cerradura que siempre se asemeja a una puerta cargada de incertidumbre y misterio en los juegos y divagaciones infantiles parece la frontera entre el ser y el parecer, entre el haber sido aun a costa de ser.

La voluntad de equilibrio parece seguir pujando en estos versos. La mariposa encarna el peligro de la bipolaridad. Pero la posición privilegiada de la voz lírica, así como del lector de La sal, ofrece una de las pocas certezas que sesga el poemario: las líneas son difusas; las orillas, apenas tangibles, parecen difuminarse. En ese espacio de tránsito perpetuo la incógnita del ser y del crear, del ser y del inventarse a uno mismo, enigma que germina y se multiplica: "Quien quiera certezas, que no/ haga preguntas." La simetría o equilibrio que atraviesa el corte sincrónico de una vivencia se combate desde la intuición de un "orden mayor" que rige las preguntas que surgen desde todo ámbito, hasta la frontera difusa, la orilla que constantemente se dibuja y se deshace.

La tensión que surge de la existencia, abocada al tiempo, a la enfermedad, a la muerte, al dejarse estar, a la sed y la sal, convierte al poeta en eje de un universo condensado en objetos que parecen expectantes de vida, portadores de memoria y reflejo de un mundo que subyace en la voz lírica. Los relojes y su significante de pluralia tantum, su latido imparable, ese salón sacudido por la inminencia de una visita años ha, un azucarero que desde el tiempo en que se inserta el yo poético del presente se sabe provisto de sal.

El poeta parece prescindir de tono trágico: o acepta o se cuestiona la complejidad de conocer el mundo en términos absolutos. La relatividad es lo que prevalece en la observación y plasmación del mundo. Pero, ¿qué es el mundo? Peyrou acota aquello que venimos denominando "realidad", conjunto de hechos, estados, pulsiones en que fugazmente se sabe uno vivo y la dimensión que esto entraña. Pero el mantenimiento sostenido de ello podría acabar paradójicamente con el latido de reloj. Así el poeta decide transitar el espacio de las líneas divisorias, todas ellas zigzagueantes.

Existir es un problema lingüístico; entender la existencia es, a su vez, un enigma de lenguaje. Peyrou parece sugerir cómo los límites del mundo son los límites de la función primordial del lenguaje, apresar esa amalgama confusa en que buceamos sin remedio, desde siempre, para siempre. El ejercicio de la comunicación, el acto de hablar, sostiene la existencia.

Sin embargo, en este espacio ambiguo olvidado de verdades absolutas, se sabe que la ausencia de lenguaje genera también lenguaje. El silencio es el poder de la potencia, frente a la palabra, materialización, acto, ese "hogar arrendado y ajeno". El significante es algo arbitrario, una convención lingüística inevitable. Pero cómo recrear las cosas lejos de las cosas, esa aventura de "palpar con manos nuevas/ la diferencia entre el objeto y su/ representación".

"Bajo la sal se extinguen secas las/ palabras", advierte Peyrou. Acaso sobren palabras, ese "actual predominio del significante", cuando esta poética táctil, a veces, apunta lo innecesario del nombre de aquello que se sostiene con la mano. El recurrir de la palabra sin significado preciso, en detrimento de la magia evocadora que entraña el acto de nombrar y por extensión, de crear, perturba el verdadero acto de comunicación entre receptor y emisor. Sin embargo, Peyrou parece querer hacernos reflexionar también acerca de la belleza más hedonista de un texto, "otra manera de hablar de amor o de distribuir la sal", cualidades sonoras, evocadoras, sugerentes que nos arrastran a signos poéticos audibles, palpables, acariciados, que desde su origen, "puro origen", nos conducen a ese "viaje que se disfruta mediante la idea de retorno".

Los significantes se llenan asimismo de vida ("tu nombre, rostro invisible de/ tu rostro") en esta teoría poética de la comunicación tratada desde la perspectiva de quien transita la función primordial del lenguaje pero se adivina acechado por el concepto de relatividad, de que la sal a veces se derrama, a veces enciende las heridas. La memoria y el recuerdo y el libro transcurren silenciosos en ese dejarse estar, que alberga ecos hacia dentro, discursos del fluir de la conciencia que pugnan con espacios y tiempos superpuestos, sucesivos, evocados, en este acto poético que Mariano Peyrou nos entrega, en significante, en significado.

La voz del yo lírico sugiere espacios cotidianos, actos de habla, su propio fluir soterrado, la divagación reflexiva de quien contempla el mundo y analiza lo ontológico de lo que nos rodea en busca de aquello que permanece, sosiego del olvido, ese lugar superpoblado...

"La sal no ha sido nunca y nunca/ será hogar", pero es poética reposada, reflexiva, acerca de lo cotidiano trascendido en busca de respuestas mayores y de más preguntas a falta de respuestas, rebeldía ante la necesidad de una elección a pesar de desear el todo, voz poética acomodada en dicha sal, antaño castigo bíblico, aún hoy, nostalgia tangible, recurrente, serpenteante, que transita los días, que los entretiene mientras a ambos lados de lo salino germinan las incertidumbres, las verdades relativas y las teorías que surgen de la reflexión de la voz poética de Mariano Peyrou.

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Texto, Copyright © 2005 Noelia Montoro y Mariano Peyrou.
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Última actualización: enero 2006

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