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Diario incorrecto y mongol (final)

por Nacho Toro


UB VIDEO.

He descubierto el local que me anunciaron. Tiene mucho surtido de películas, y unas salitas donde puedes verlas, al modo de los sex-shops. También alquilan los aparatos de vídeo, en caso de necesidad. Tienen estanterías enteras de cine chino, coreano o japonés. Me hierve la sangre pensando en el ciclo de cine surcoreano que me estoy perdiendo en Filmoteca Española, y viendo todas estas decenas de cintas, sin subtitular, tal vez dobladas sobre la voz original al modo ruso, con el galimatías de sonido, de seguro que en ningún caso en castellano. Debe de haber tesoros, entre la abundante basura de acción, artes marciales, terror y cine ese americano. La colección de manga haría revolverse a más de un colega, y la de "clásicos" sonreír a cualquier cinéfilo, aunque dé mil vueltas a la de cualquier Blockbuster.

"Indochina", "La Lista de Schindler" y "Nixon", vienen en doble cinta, y marcan, como "Azul", "Blanco" y "Rojo", la diferencia en una colección que tiende a lo grandilocuente y "superproducido". Tenemos a nuestra disposición "Sansón y Dalila", "Breveheart", junto a "Rob Roy", "Otelo", "Los Diez Mandamientos", "Ben Hur" o "Malcom X". Mirar a Julie Christie en al carátula de Dr. Zhivago es lo más cerca de Madrid que he estado hoy, y, pese al C.A.P. y la muy opusina Complutense, se agradece al memoria de mi pueblo.

Hoy no haré uso del videoclub. La a veces no salvable barrera idiomática me frena siempre. Odio lo inexpresivos y poco receptivos a la lengua foránea que son aquí. Ni te miran, ni intentan comprenderte, ni entienden lo obvio. Aburren.


Y tres.

Siempre intento robar algo en el país al que voy. Algo pequeño, a los malos, y sin importancia. Es cuestión de manía, vicio y odio a la cobardía. Ya tengo víctimas propiciatorias en UB. Los almacenes Sky, coreanos, carísimos y antipáticos serán algún día antes de que deje el país presa de mi mano rápida. La dificultad y mi tedio me han decidido por algo que simplemente cubra el expediente, un jabón. Tal vez uno más caro que el de a 5 duros que compro, Anita, como la más bella islandesa. El dibujo está equivocado. Sale una morena sonriente. En Madrid me limito a los libros, y en los viajes, a libros o postales, o comida, si no hay dinero. Aquí no hay libros y sólo venden postales en correos. No hay exhibidor, están envueltas en plástico y colocadas en un panel. Ellas, las dos muchachas del lugar, se encargan de darte la que selecciones. Ni Houdini. Se solventará con el jabón a precio ominoso.

Pienso a menudo que una de las tardes más hermosas de mi vida sería vivir una jornada de pillaje en Madrid. O en Nueva York. Es una de las pocas pequeñas batallas que podemos hacerle al sistema. Además, se suelen ganar, en el caso de los libros. No saber ni poder ir a mayores, como nuestros padres de la patria y nuestros ínclitos empresarios y banqueros, es una de mis mayores frustraciones.

Pocas veces lo hago, pero cada vez que entro en un banco, tiemblo. Saber que te van a sajar vivo, cuando deberías ser tú el que los devorara, sentirte tan ignorante e inútil te acerca a la Humanidad, más que una foto de Stephen Tunick.


Y 4º.

Dicen, como en Nueva Zelanda o Islandia, que en Mongolia hay más ovejas que personas. Con tanto ganado, no es para desanimarse, acabaré ligando.

No me acuerdo de cómo se dice esto del ganado, pero es probable que al final suene una aspiración asmática, que, como en Islandia, es una afirmación.

Desde luego, fonemas, ahogamientos, ovejas, frío, tamaño, mujeres, carreteras, Nacho, cielos, incultura, colonización, ajedrez...el mundo es chiquitito. La primera mujer que ha sido nombrada Gran Maestra Mundial de ajedrez es fea, mongola, y tiene 15 ó 16 años. Para que veas. Lo de decir mongola a las chicas aún me divierte. Sé que es estúpido, pero disfruto aclarando a mis alumnas de español: "yo soy español, tú eres mongola", y a mis alumnos les pregunto si son japoneses, para que los más aplicados acierten:"no, yo soy mongolo". No sé por qué les corrijo.

Tengo un par, o dos, dos pares, que son avispados y están muy atentos. Ayuda. Son muy niños, o así les veo yo. No recuerdo si tienen 17 ó 18 años. Una pena que haya sucedido. Nunca creí poder ver a mis bellísimas dieciochoañeras como niñas, bellísimas, pero niñas. Acabaré muerto.


Y 5, cinco.

Soros tiene bien metido el hocico en Mongolia. La hija de la editora y montadora principal, regidora y demás fue a USA con beca de Soros, o a Inglaterra. Creo que a USA. Los seleccionan bien. No tuve más remedio que escuchar un relato colonial más sin comentar nada, porque la única alternativa, mientras esperaba a Undrum, que llegó puntualmente una hora tarde, era ver al montador feo jugando con un programa de los primeros ochenta, en el que mi hermano manifestaba singular destreza, en gran medida gracias a mi consejo y apoyo llevando el botón de la magia, en el que un guerrero mata a espadazos esqueletos y patalea enanos con sacos de viandas. Recuerdo que se podía escoger un enano con hacha en vez del guerrero informe moreno, y puede que una guerrera también. La atractiva cuarentona —yo, diciendo esto— me enseñó las fotos de su criatura, dieciseisañera y poco agraciada, y me comentó el programa que en ese momento emitían, una operación de cirugía antiarrugas en directo. Hum.

Mi compañero Hideo, de la ONU, trabaja también para Soros. Tengo que conocer al griego este un día.

Ahora, recordando la tele, rememoro uno de los momentos eróticos de Mongolia, cuando mi bella camarada me dijo con la mirada, ya a medio desvestir, que quería cambiarse, evadidas las palabras por el pudor, y cerré tras de mí con cuidado la puerta de nuestra oficina.

Por el otro lado, es todo cristal, que da al estudio de grabación, junto al que tenía que pasar al salir.

La posibilidad fácil de la casual transparencia del cristal era deliciosamente tentadora.


Y 6.

Siempre me han enamorado los cuadernos gordos, sólidos, mejor azules y con anillas, y con olor.

8/9/3. Llevan como bandera
sus espíritus miserables
ondeando
al sempiterno siroco
de la mañana por nacer.

Hoy sí la hice bien. Aunque me he quedado sin los pastelitos por no perder mi ordenador usurpado, como la comida en el hotel, por la cara, a la conferencia esta que en teoría vengo a cubrir para la revista Babab, todo ha funcionado muy bien. He podido trabajar en computadoras con conexión decente y hasta potente, comer gratis, conocer una joven y poco amable mirífica argentina, admirar a una participante polaca no menos hermosa, y charlar en castellano un buen rato con un tipo de Barcelona con buena conversación y una buena propuesta para la reunión de la tarde: una especie de referéndum mundial para el cambio en las instituciones trasnacionales, que promueve cierto grupo dirigido por Federico Mayor Zaragoza.

Las conferencias versan sobre democratización y sociedad civil, poco más o menos. No he logrado soportar al asistencia a muchas, pero no soy ni mucho menos una rara avis en esto. El que más, el que menos, no sabe qué coño hace en Mongolia escuchando discursos vacíos e improductivos. Pero los demás pertenecen a este mundo, esta es su carrera, su dedicación, su día a día, ir de hotel en hotel soltando palabras huecas en inglés llenas de lugares comunes, aun en el idioma. La cantidad de dinero que se gasta en estos eventos es indignante, y este además está especialmente dedicado a los países en vías de desarrollo. Claro, que la película del miércoles, jueves y viernes, a la que acudiré como trabajador de la tele mongola, será aún más provocadora, con seguridad y limitaciones y discursos si cabe más vacíos, ni siquiera redactados por los concurrentes y sobre el tema de nuevas democracias, o sea, regímenes del tercer mundo. Las comilonas también serán mejores.

Hoy, en el Gengis Khan, fue del todo mediocre, aunque pude comer cuanto quise. Allí estaban buena parte de la panda de la ONU, comiendo de gratis. El café, me dice la bella argentina que trabaja en Chile, no es tan malo como le anuncié, y suele ser el café en Mongolia. Nos sentamos Lluis, el catalán, un monje de Bangladesh, con su túnica y todo, cuatro hispanoamericanos y dos yanquis, uno medio italiano, en la mesa. Las croquetas eran del invierno pasado y la carne estaba especialmente condimentada para las croquetas. Pero todo supo mejor sabiendo que yo, como hombre de prensa, ergo muerto de hambre, no debía estar allí. La cobardía del instruido para servir siempre es aprovechable, y colarse en lugares de este tipo es siempre una sencilla delicia. Me acuerdo del congreso de microelectrónica en Estocolmo, aquello fue grandioso. Hoy, aunque la comida fuera pésima y los pastelitos me los haya perdido, ha valido la pena descolgarme de mis clases de inglés, que empezaban a estirarme peligrosamente los nervios, y he podido aprovechar y concluir mucho trabajo en Red pendiente desde hace incluso semanas. Me he perdido, obvio, prácticamente todas las conferencias leídas y bostezadas, pero es otro aliciente. Qué fácil es sentirse libre cuando se busca como llave a la imposible puerta de tu prisión.

La argentina tiene la mirada clara y la cara de niña pecosa, nunca más de treinta años y demasiado genio. Se queda, como su compañero del cono sur, hasta el sábado, para asistir a las otras conferencias de UB. Supongo que habrá oportunidad de profundizar un tanto la relación con ambos, o con el muy recomendable muchacho de Barcelona, pero ya no me muero por estas cosas. Llevo tres semanas explotado feamente por todo quisque, y no me apetece demasiado, que además nadie me lo ha pedido, servir de cicerone a nadie, y cada vez me resulta más complicado, aunque de naturaleza lo deseo, ser amable con el prójimo, o conocer nuevas gentes. He conocido muchísima gente en mis años, y se me da bien y me excita, que diría a mis alumnas, por combinar el inglés con el español procaz, pero los años, y en este caso el aislamiento a que me vengo sometiendo en Asia, no me encaminan en un rumbo de continuidad en este aspecto. Incluso con la gente no aborrecible, que tiendo, no sé por qué sino estocáustico poco acorde con la ciencia estadística, a encontrar a menudo, el proceso es cada vez menos cómodo y por momentos angustioso. Mi naturaleza masoquista y autodestructiva me hará acabar entablando estas, y, si no, otras, relaciones, poco naturales, por otro lado, y seguramente aun menos deseadas desde el otro lado, con el consiguiente esfuerzo contra mis impulsos que habré de emprender. El cúmulo de problemas virtuales en mi cabeza me acerca a mi connatural situación de estrés, que soy capaz de construirme en plena Groenlandia, como de hecho hice un día. La petición de becas siempre fue un quebradero de cabeza para un alérgico a los formularios, pero la distancia la hace todavía más difícil ahora. El avanzar trabajo en los ordenadores sólo me ha abierto más puertas a la desazón. La culpa, concluiré, viene del lado tecnológico. Las pupilas, y el globo entero, me vibran a poco que mire la pantalla parpadeante del pc, y los dedos se rebelan contra el rítmico golpeteo de la mecanografía. Siempre fui fan del Unabomber, en parte por su demostrada inteligencia. Me llamarán necio, y acertarán con cobarde, pero mantengo mi alianza contra el progreso tecnológico, con la simpleza del cretino que sitúa todo inicio en su era y todo pasado en la de sus padres, del inadaptado que odia la versatilidad y capacidad evolutiva de las repugnantes cucarachas

(...)(Diario Incorrecto y mongol, pág. 321) Me estoy cargando demasiado pronto de recuerdos, no "souvenirs". Como me dijeron, y hace cinco días me negué a creer aun recordando que también en Islandia me negué a creerlo, acabaré añorándolo todo cuando me vaya, y es claro que ya es así. Continuarán los sueños de regreso involuntario, por consiguiente. (...)

Aquí termina la publicación, que hemos venido efectuando desde 2004, del Diario Incorrecto y Mongol seguido por nuestro colaborador Nacho Toro desde que comenzara su estancia ulanbaatarense en agosto de 2003. Esperamos que esta publicación haya sido de su entera satisfacción y que pronto puedan conocer el resto de tan apasionante aventuras en su librería, a ser posible de barrio, habitual. Mientras, también esperamos pronto conocer más noticias de Nacho Toro en su destino actual, el centro de la Nueva York principisecular, la isla de Manhattan...quién sabe, tal vez muy pronto en su página web habitual, a ser posible en muchos sentidos también de barrio...




Texto, Copyright © 2005 Nacho Toro.
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Última actualización: enero 2006

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