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Wenders y las heridas abiertas por el 11-S

por Karla Casillas Bermúdez


"De vez en cuando hay que ser modesto, porque las películas pequeñas ayudan a crear grandes películas". El que habla así es Win Wenders (Düsseldorf, 1945), y es a propósito de su más reciente filme, Land of Plenty (Tierra de abundancia, 2004), que fue rodado con un reducido equipo de trabajo en poco mas de dos semanas y únicamente con una cámara de video digital. "¡Una locura!", dice.

Inspirado en las "heridas abiertas" por el atentado terrorista del 11-S en Nueva York y Washington, Land of Plenty es, sin duda, uno de sus largometrajes más "modestos", pero quizá, también, el más "político", acepta el cineasta alemán con una prolífica filmografía a sus espaldas. Hablamos de una cuarentena de trabajos entre largos, cortos y documentales.

Win Wenders es un realizador que destila humor ácido e inteligente, que desplegó durante un coloquio en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, en el marco del estreno de su filme más reciente.

"Land of Plenty pretende reflejar (a través de la mirada de dos personajes) un clima sociológico determinado, un clima de miedo, de paranoia e ignorancia que la administración Bush ha contribuido a crear y fomentar en Estados Unidos". Un clima que muestra la "pérdida de espiritualidad" que se ha instalado en la potencia hegemónica, a la que Win Wenders toma el pulso en esta cinta.

El también autor de París-Texas hizo su entrada en la sala de cine madrileña entre los aplausos de más de un centenar de personas, entre estudiantes, cineastas y admiradores. Antes se había proyectado allí mismo Tokio-Ga (1985), y Notas sobre ciudades y ropas (1989).

Wenders está dispuesto a hablar de lo que "ustedes quieran saber". Entiende el español, pero contestará en inglés. Espera sentado, y el auditorio enmudece. Se remueve el cabello, ríe. Pasados unos segundos, esos en los que la timidez parece apoderarse del público, alguien se atreve a romper el murmullo.

"Tomé el título de Land of Plenty —comienza Wenders su relato— de una canción de Leonard Cohen. Cuando la escuché, mientras rodaba la película, me di cuenta de que la letra expresaba todo el contenido de esta película, porque habla de la pérdida de la espiritualidad, de la pobreza, de la compasión. Escribí una carta a Cohen, y él no sólo me cedió el título y la canción, sino que muy generosamente escribió otra melodía, especialmente para esta cinta".

"¡Estoy muy agradecido a Leonard Cohen, porque nadie hubiera mantenido el título original de la cinta!", dice Wenders entre risas. —¿Y cuál era el título original?— se le pregunta.
"El título era... el título era... ¡es que era muy malo!", dice Wenders entre risas; y esto le da pie a narrar algo de lo que fue el rodaje de Land of Plenty.

"El film se comenzó a filmar a toda prisa. Fue algo así como un rodaje de urgencia; de hecho ya teníamos todo (menos el título), cuando mi manager de producción me dijo: 'mira, necesito un título para pedir los permisos, para ponerlo en la pizarra, para todo...".

A Wenders no se le ocurría ninguno, "entonces, medio en broma, le puse... ¿pero, en serio, quieren saber el título?", preguntó el cineasta a un auditorio que reía a carcajadas en medio de lo que parecía una narración de suspenso.

"Incluso hicimos camisetas con ese título...(ríe) aunque nadie se las quiso poner...", agregó el creador de Lisboa Story (1994), generando una nueva explosión de risas. "So the title was: anguish and alienation in America" (algo así como angustia-miedo y enajenación en EU), dijo finalmente Wenders entre risas, explicando que este título fue una especie de revancha hacia los críticos de cine en Estados Unidos, quienes siempre que escribían sobre alguno de sus filmes ponían algo así como "Este tipo, Win Wenders, es uno que siempre hace películas sobre angustia y enajenación en América'. Así que pensé en un título que sabía que les iba a gustar", dice irónicamente.

Títulos aparte, la historia de Land of Plenty, surge del fracaso de Don't came Knoking, una cinta que Win Wenders estaba a punto de rodar en 2003 con Sam Shepard (autor del guión París-Texas, 1984), pero que por motivos relacionados con la coproducción se vino abajo y se tuvo que posponer un año.

Una de las últimas actrices que hizo el casting para Don't came Knoking fue Michelle Williams ... "hablé con ella como dos horas y quedé muy impresionado por esa inocencia tan natural que tenía, por su presencia y por su belleza. Sabía que no tenía un papel para ella en esta película, pero me quedé con la idea que de para el próximo filme que escribiera, ya tenía mi actriz".

Cuando Don't came Knoking se frustra, la esposa de Wenders, "que es muy lista" —dice él—, le aconsejó que escribiera otra cinta, "y en vista de que ya tenía a mi actriz, me puse a desarrollar lo que sería Land of Plenty".

"Escribí la historia en tres días y noches. Sabía que era la historia para Michelle Williams (Lana en la cinta). Llamé a un amigo que vive en México, Michael Meredith, le propuse el trabajo y al día siguiente apareció. Le atamos a una silla, le dimos un ordenador, lo alimentamos por vía intravenosa y, gracias a eso, a las tres semanas nos entregó el guión. Al día siguiente comenzamos a rodar", cuenta Wenders.

"Si sólo tienes dos semanas para rodar, no puedes tener un gran presupuesto, así que hicimos el filme con una cámara digital común y corriente (Panasonic). Tuve un equipo muy joven, y a pesar de que yo pensaba que era imposible rodar en 16 días, no dije nada a nadie. Todos los jóvenes estaban haciendo su primera película conmigo, y ellos un poco ingenuos, pensaron que ésta locura era posible" ríe el director de Buena Vista Social Club (1998).

"Hoy en día, cuanto más presupuesto hay, menos puedes expresarte. De esta forma puedo decir que durante la realización de Land of Plenty trabajamos con una libertad increíble. ¡Con nuestro presupuesto (medio millón de dólares) se hubiera costeado la merienda de un rodaje de Spilberg... y depende de las galletas", agrega con sorna Wenders.

Creo que al final, ha quedado bien: "Lo que yo llegué a soñar con esta película —durante los tres días en que la escribí— se hizo realidad cuando lo rodamos, y la ventaja de trabajar con poco presupuesto es la flexibilidad que no tienes, cuando hay más dinero, pues tienes que adherirte a lo que está estipulado".

"De vez en cuando -dice Wenders-hay que ser modesto. Creo que es muy sano para los cineastas no disponer de medios".

Para acabar, Wenders habló del sentido de su trabajo: "Cuando empecé a hacer cine, pensé que solo sería para hacer visible el mundo de lo visible. Yo creía que el cine se inventó para este mundo físico —que se ve—, pero después empecé a darme cuenta que el cine, precisamente, tenía esta magia de poder hacer visible lo invisible. Creo que ésto lo aprendí —dice Wenders— cundo estaba haciendo Cielo sobre Berlín (1987) y luego lo intenté otra vez con ¡Tan lejos, tan cerca! (1993) y desde entonces empecé a hacer las dos cosas, enseñar el mundo y luego lo que hay detrás de éste".




Texto, Copyright © 2005 Karla Casillas Bermúdez.
Todos los derechos reservados.


 


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Última actualización: julio 2005

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