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Neurosis Religiosa: Lo Histórico como producto de la Mente.

por Antonio Palomo-Lamarca
St. Paul-Estados Unidos


If the only significant history of human thought were to be written,
It would have to be the history of its successive regrets and its impotences.
Albert Camus, The Myth of Sisyphus.


I. Imaginación e Historia.

¿Quién falsifica la historia? ¿Por qué? Toda civilización perece. Moderno y post-moderno son términos vacuos e insípidos que nunca terminan de llenar el vaso agridulce de la historia. Entiendo por historia el proceso cultural de recolección de datos que toda civilización tiene. Dije civilización y no cultura, pues hay culturas que no recogen su historia, sino que dependen de la elaboración religiosa y ceremonial de mitos. Estos datos son variopintos. Los hay mitológicos, religiosos, científicos, naturales, artificiales, económicos, etc... Nunca hay, ni ha habido, concenso propio. La historia se caracteriza por sus falacias y por sus falsificaciones —por supuesto, esa es la historia que construye el hombre. Una historia de desdichas, de vida y de muerte. La Suprema Historia es una Diosa, y como tal, siempre habla la última e incomprensiblemente. Clío es el nombre de la musa-diosa de la historia, hija de Zeus y de Mnemosyne, es decir, de la Memoria.





Pierre Mignard, Clio (1689).

Una historia que no se falsifica es una historia que no tiene sentido en la mente política del hombre. El que recuerda no es el que escribe la historia, sino el que es usurpado y enterrado para que no pueda recordar. Existe un peligro en ello, pues la historia —curiosamente— suele ser escrita por aquellos que invaden, que conquistan, que matan. ¿Dije "invadir," o debería de haber usado "liberar"? ¿Fueron los españoles los que "liberaron" a los Aztecas? ¿Fueron los Galos y los Germanos "liberados" por César? ¿Qué podemos decir de la "liberación" de almas que la Inquisición y la Iglesia Cristiana deseaba llevar a cabo mediante el uso de la tortura, el hierro y el fuego? La falsificación comienza con la sustitución de términos, de palabras, de hechos y de conceptos. La posterguidad definirá los puntos de susodicha falsificación, y dará a la luz la Verdad con cuenta-gotas. Es así. Siempre ha sido así. Una historia construída con la fuerza inconsciente de la consciencia. Empero, al estilo de Pilato cabe aún preguntarse: ¿Qué es la verdad? (Jn.18: 38). La verdad va lógicamente entablada con la creencia y la realidad, o sea, con los hechos. La verdad debe de poseer, por lo tanto, "coherencia." Empero, "there is no proof that there can be only one coherent system."1 Con ello llegamos al hecho en que la verdad se une con nuestro sistema de creencias y viceversa, el hecho en que nosotros llegamos a crear nuestra propia verdad y nuestro modo de creer. Russell resalta:

"...minds do not create truth or falsehood. They create beliefs, but when once the beliefs are created the mind cannot make them true or false, except in the special case where they concern future things, which are within the power of the person believing, such as catching trains. What makes a belief true is a fact, and this fact does not (except in exceptional cases) in any way involve the mind of the person who has the belief." [2]

Existen dos facciones principales en la construcción de la historia —y con ella lo que nosotros suponemos por "verdad"— una es la imaginación y otra la falsedad. La línea que las divide es terriblemente tenue y frágil. Cuándo la imaginación deja de ser imaginación y pasa a ser falsedad es difícil de determinar. Existen distintos tipos de imaginación. No todo tipo de imaginación es falsaria. La falsedad procede de aquella imaginación que ancla y nutre la neurosis. Hay momentos en que imaginación y falsedad llegan a estar tan cercanas la una de la otra que entremezclándose forman una unidad compacta eminente y difícilmente discernible. Si goyescamente los sueños de la razón producen monstruos, podemos sin dudar afirmar que los sueños de la imaginación producen neurosis. En consecuencia, razón e imaginación también llegan a entremezclarse. Ahora, ¿de qué tipo de imaginación hablamos? Algo que es razonable es algo que es "medible," de ahí el origen etimológico de "razón" proviene del latino ratio. Algo medible es algo tangible, algo que se puede percebir y particularmente tocar. No todo lo que se piensa puede tocarse, pero sí puede percibirse —de algún modo u otro. Para llegar a percibir algo que es pensado el hombre hecha mano de la imaginación, y con ella trabaja el modo en que esta percepción interior llegue a poseer una exteriorización tangible. La historia es la exteriorización tangible de aquello que se ha percibido interiormente y que no ha logrado llegar a tener un lugar supremo en el esquema de valores a los cuales el hombre ha deseado aspirar. Hacer historia es externalizar tanto productos inconscientes como conscientes de la imaginación. Por lo tanto, la historia se canaliza con el poder inconsciente de la imaginación y la pasividad consciente de la razón. Esta pasividad consciente incluye, desde luego, el volver a cometer el mismo error repetidas veces, y con ello no aprender del pasado. La razón viene a ser, pues, una herramienta de construcción tangible, que a su vez evolutivamente ha sido construída con la fuerza inconsciente de la imaginación. Hasta qué punto este "inconsciente" puede ser colectivo, es difícil de determinar. En definitiva, la falsedad es un producto inconsciente de la imaginación moldeado exteriormente por la lujuria de poder de la razón. En el momento en que este producto de la imaginación comienza a ser moldeado, la razón humana principia a funcionar conscientemente. Era de la creencia Henri Bergson de que no existe elementos inconscientes en el proceso histórico. Mi percepción es opuesta a eso; creo que la inconsciencia histórica es lo que define la esencia de toda historia. Así, no quiero decir que la consciencia sea irrelevante al proceso histórico, sino que esta última le sigue a la primera. Con ello la historia puede moldearse conscientemente, sobre todo cuando se escribe. Jacques Le Goff expresa lo siguiente:

"The history of the imagination is an elaborationof the history of conscience...The imagination nourishes man and causes him to act. It is a collective, social, and historical phenomenon. A history without the imagination is a mutilated, disembodied history." [3]


II. Organicidad de la Sociedad y de la Falsificación de la Historia.

¿Es la imaginación de un solo hombre la que construye la historia, o es más bien el conjunto de imaginaciones de una sociedad completa la que cantando al unísono fabrican lo que ellos entienden por "realidad"? Es mi opinión que la historia se fabrica y funciona en esas dos direcciones, es decir, desde dentro para fuera y desde fuera para dentro. Desde dentro de la mente hacia fuera en el ecosistema o sociedad que nos rodea; y desde fuera de nuestra mente (y dentro de la mente de otros) hacia dentro de nuestra mente de forma individual. Este proceso es eminentemente orgánico. Por ello no es del todo desarcertado considerar la sociedad como un complejo orgánico en el cual cada individuo contribuye con el poder de su imaginación. La historia es una combinación de biología cerebral y neurosis religiosa. No es del todo una barbaridad pensar que la sociedad es un organismo vivo, y que como tal también posee sus propias enfermedades —las cuales pueden también llegar a producir la muerte. Arnold Toynbee refiere este proceso no muy alegremente del siguiente modo

"The truth seems to be that a human society is, in itself, a system of relationships between human beings who are not only individuals but are also social animals in the sense that they could not exist at all without being in this relationship to one another. A society, we may say, is a product of the relations between individuals, and these relations of theirs arise from the coincidence of their individual fields of action. This coincidence combines the individual fields into a common ground, and this common ground is what we call a society." [4]

Así pues, el historiador inglés Toynbee habla del proceso histórico como embebido en tres modalidades producidas por nuestro modo de pensar:

"There are three different methods of viewing and presenting the objects of our thought, and, among them, the phenomena of human life. The first os the ascertainment and recording of 'facts'; the second is the elucidation, through a comparative study of the facts ascertained, of general 'laws'; the third is the artistic re-creation of the facts in the form of 'fiction.'(...) Thus history concerns itself with some but not all the facts of human life; and on the other hand, besides recording facts, history also has recourse to fictions and makes use of laws." [5]

Lo que Toynbee llama "fictions" es lo que Le Goff entiende por "imagination," pero con la diferencia de ver lo segundo como producto de la consciencia, o mejor dicho, de la historia de la consciencia de un pueblo. Toynbee equipara la historia con el drama y la novela, haciendo de los tres un monolito donde "the line between fact and fiction is left undrawn."6 Es por ello que la historia posee tanto ficciones como imaginación —sin embargo, es mi convencimiento que ambas conllevan la semilla de la falsedad. La imaginación construye la historia, pero es la realidad exterior la que se encarga de demolerla. Al principio dije que toda civilización muere, pero antes de la muerte viene la enfermedad y con ella el decaimiento. Toynbee se pregunta qué es aquello que hace que una civilización se venga abajo, y con ello el porqué se piensa erróneamente que la caída se debe "to forces that are entirely beyond their control."7 En esto son diversos los factores que entran a formar parte —factores tanto psicológicos como sociales. Toda civilización viene a ser como una especie de estadío final de lo que ya fue y está dejando de ser. No existe una sola explicación a la pregunta sobre el decaimiento de una civilización; y en cualquier caso, todo tipo de respuestas incluyen distintos puntos de vista y distintas personalidades y psicologías. Aunque Toynbee lucha por pensar que una sociedad no es un organismo vivo, es mi convencimiento que la sociedad no solamente es un organismo vivo, sino que el mismo fenómeno de la historia es un entablado de hechos fisiológicos de ese organismo vivo cultural. La posición de Toynbee resta del siguiente modo:

"In subjective terms, societies are the intelligible fields of historical study. In objective terms, they are the common ground between the respective fields of activity of a number of individual human beings, who are themselves living organisms but who cannot conjure up a giant in their own image out of the intersection their own shadows and then breathe into this unsustantial body the breath of their own life." [8]

La falsificación de la historia es, así, un proceso biológico más dentro de la historia de la consciencia y de los pueblos-proceso que deriva del sentido de interioridad que un pueblo acarrea. Este sentido de interioridad es el hermano gemelo del complejo de inferioridad9 que un ser humano puede llegar a tener, complejo que en muchas cicunstancias puede perfectamente ser compartido por toda una cultura o civilización. Falsificar vendría a ser algo así como modelar algo a la propia conveniencia de uno, dejando de ese modo fuera el aporte realista del entorno, e intentando tapar a toda costa los motivos aunténticos de tal falsificación-motivos que denotan un profundo descontento con uno-mismo, es decir, motivos que denuncian inferioridad. La interioridad que posee un pueblo lo define a través de su religion y mitos principalmente. Cuando estos son deficientes o han perdido la substancia emancipadora que ha de emplear el hombre, entonces se produce un sentido de inferioridad respecto al mundo, respecto a la realidad. Consecuentemente, se falsifica la historia. Un mito es una falsificación de la realidad, una fasificación producto del sentido de interioridad. La historia, la historia escrita, es un mito-ideal producto del sentido de inferioridad de un pueblo. Este "sentido de inferioridad" da a entender, a su modo, cómo un pueblo comienza a decaer tras descubrir sus debilidades, pero antes de llegar a caer completamente intenta reponerse contruyendo sus ideales y falsificando aquello que denuncie su debilidad, su carestía. La expansión colonial conlleva con el tiempo cierta desintegración social, desintegración que Toynbee explica dentro los síntomas del decaimiento con las siguientes palabras:

"When a civilization is in decline it sometimes happens that a particular technique, that has been both feasible and profitable during the growth-stage, now begins to encounter social obstacles and to yield diminishing economic returns; if it becomes patently unremunerative it may be deliberately abandoned." [10]

Cuestiones centrales serían cómo y porqué se falsifica la historia. Qué gana un pueblo falsificando la historia. Qué tipo de historia se decide falsificar, y quién la falsifica. Este "quién" obecede a un determinado modelo de consciencia y de personalidad. Ese modo de consciencia y de personalidad es lo que responde a lo que denomino neurosis religiosa. La neurosis religiosa no es una enfermedad "moderna." Definir "lo moderno" es entrar en el reino del altercado, de la imprecisión y de lo relativo. Siempre he visto lo "post-moderno" como un síntoma melancólico de la enfermedad "moderna." Pienso que la civilización "moderna" acabó con el inseguro y tan criticado Juicio de Nuremberg. Lo "post-moderno" lo veo con ojos tristes, quizá vaciados por la piedra del holocausto de la existencia del hombre. Al estilo de Theodor Adorno también me pregunto cómo podemos hacer "filosofía" tras Auschwitz —campos de concentración que todavía existen en el mundo y en otras areas políticas. Para mí la Edad Moderna acabó en 1949, y con ello comenzó una nueva fase histórica, una fase que ha sido neuróticamente llamada "post-modernismo." Después de Nuremberg solo existe un ala histórica: la americanización del mundo —del poco que queda. Hay quien ha vestido el término con nuevas verbalizaciones: globalización y mundalización. Lo que el Barroco y el Renacimiento connotaba como "herejes" nosotros lo hemos cambiado por el término "terrorista." Hemos aprendido a construir —a nuestro propio modo— un nuevo tipo de "Inquisición." En perspectiva, el Cardenal Cisneros, Hitler y Pol Pot parecen meros aprendices. La misma historia se repite pero con distinto traje. Quien no acepta el concenso general ha de pagar por ello —desgraciadamente es así. Una cosa es segura: tanto "moderna" como "post-moderna" cada época y cada civilización tiene sus vicios, y con ellos sus neuróticos.


III. El Horóptero en la Historia Individual.

El neurótico jamás mira hacia el norte. Evadir el norte, que representa lo objetivo, es su meta y función. Toda la dimensionalidad espacial queda reducida a un punto común: el horóptero. El neurótico huye de la verdad refugiándose en la mentira de la existencia, en la calidad de lo aprobado por la mayoría. El horóptero está conectado con el límite del horizonte, de aquello que se ve, que se percibe desde un punto común a la visión binocular. El norte está en el trasfondo de todo horizonte, y es el horóptero que escojamos lo que lo revela y define. El neurótico lo atisba, pero jamás lo elige —quizá por miedo, quizá por ignorancia. No todos los neuróticos son iguales, los hay que no huyen, sino que toman por verdad la que ellos mismos construyen desechando el fondo común y erigiendo un mundo ideal propio que en ningún sentido posee consistencia alguna. En cierto modo, todos poseemos algo de esto. Así, ello es algo que no pertenece a la modernidad, ni a la post-modernidad tampoco, sino algo constitutivo de la naturaleza humana.

Existe un tipo de neurosis —y esto ya lo resaltó Sandor Ferenzci hacia los años veinte— que es difícil de diagnosticar, y que en realidad no se diferencia nada del hombre corriente. En mi opinión, el hombre es neurótico per natura. Este artículo es sobre el hombre corriente, sobre el neurótico empedernido que se oculta de los demás para no ser descubierto. Ocultarse no quiere decir salirse de la sociedad y vivir aislado —esto obviamente daría demasiadas pistas. Ocultarse quiere decir esconderse, mirar para otro lado, evadir la mirada del Infinito, olvidar los instintos animales para centarse en los ideales formados a través de los años. Estos ideales pueden ser llamados "memes," tal y como Richard Dawkins los denomina, si nos hace sentirnos mejor. Ocultarse quiere decir aprender a mentir, y en la lección aceptar que aquello de que se miente no es sino una verdad, quizá disfrazada pero "verdad." Ocultarse es ser moral, social y humano. El sentido de privacidad que comienza a caracterizar la Edad Moderna en contraposición con la Edad Media, es una tenue conceptualización del sentido neurótico por lo escondido y por esconderse. Salir del ocultamiento, del escondite, sería sobre todo escandaloso para el hombre, sería llegar a ser demasiado humano. Tener privacidad, intimidad, es decir, lo privado, es el paso substancial desde lo exotérico hacia lo esotérico. Para vivir en la sociedad se necesita cierta medida de "ocultamiento", es decir, hay que aprender a mirar hacia otro lado y esconderse cuando las cosas no nos gustan. Más aún, vivir significa ocultar. Todo proceso vial se oculta de nosotros, y nosotros en retorno nos ocultamos de los demás. Escondemos nuestros sentimientos al igual que la Naturaleza esconde sus más íntimos secretos. Sin embargo, el neurótico corriente es el que ha aprendido no ya a mirar hacia otro lado, sino a esquivar metódicamente todo aquello que le recuerde qué clase de pensamientos alberga en su interior —pensamientos que en todo momento intenta ocultar. El primer encuentro es con los demás, con el prójimo, con la gente que nos rodea, con la sociedad en general y con el individuo en particular. A ellos se les oculta lo que "en realidad" pensamos, y a ellos se les encubre la naturaleza y principios de nuestro pensamiento. Secundariamente, el neurótico corriente se oculta a sí mismo de-sí-mismo, o sea, huye continuamente de su mismidad. El hombre no es el único animal que vive y tiende hacia la intimidad, pero sí es el único capaz de fingir sentimientos que oculten su intimidad. Por ello mismo, el neurótico jamás mira hacia el norte, pues esta dirección siempre apunta hacia aquello que no deseamos ver. El hombre se puede permitir el "lujo" de no mirar hacia el norte, pues, siendo capaz de fabricar sentimientos es capaz también de encubrir aquellos que en realidad le hacen descubrir su esencia. De ahí que, no viendo el norte estemos perdidos. La dimensionalidad espacial posee su correlativo en la mente humana como dimensionalidad psíquica. Empleo el entrante "psíquico" pues refleja la esencia de la mente, que en su reducto llega a ser parte del alma11 . Con ello, el alma también posee su propia geometría —cosa que ya señalaron excelentemente Platón y Plotino, entre otros muchos. Si espacialmente el punto desde donde nos encontremos (horóptero) está vectorialmente relacionado con la forma en que percibimos el entorno, entonces podemos decir que el modo en que percibimos la vida está diametralmente conectado con el modo en que pensamos. Por lo tanto, el pensamiento también tiene su horóptero propio.

La forma en que vemos la vida y la adopción de comportamiento que soportamos lo denominó Alfred Adler "estilo de vida." El estilo de vida de una persona está construído de ideales, miedos, aspiraciones, moral y religión, etc...Pero el estilo de vida de una persona comienza con la percepción tanto espacio-temporal como espiritual —dimensiones que omitió y nunca entendió Adler. La percepción, en su forma de cinco sentidos humanos, es la que pone los primeros cimientos al estilo de vida de un individuo. Conjuntamente, vienen los instintos que sostienen un lazo fisiológico con los sentidos. Empero, aunque estos cimientos12 siempre están bien anclados, no por eso quiere decir que sean eternos o inmovibles, sino que el hombre tiene la voluntad de poder cambiar aquello con lo cual no se encuentre agusto. Una vez más existe una ligera posibilidad de no ser esclavos de los genes. El estilo de vida siempre tiene una carga familial y social, una tremenda carga. Pero el estilo de vida también tiene un push-over desde los genes. El individuo es libre de aceptar esa carga o de recharzarla, de modificarla o de eliminarla en su completud. Una vez más, el hombre es maestro de sus acciones. Pero no siempre ocurre así. Tarde o temprano el hombre se ve sometido a unas acciones que no comprende, y que muy a menudo llegan a ser un problema en la vida personal. Estas acciones pueden ser producto de obsesiones, depresión, ansiedad, esquizofrenia, psicosis, etc...En consecuencia, descubre que está subyugado por una sociedad que no entiende, o por una familia que no ha elegido. Más todavía, por una religion y un gobierno que le someten. Aún así el estilo de vida puede ser estudiado y modificado. ¿Cómo se modifica el estilo de vida? Del único modo posible es haciendo que el individuo mire hacia el norte. Eligiendo el horóptero apropiado. Otro modo es hacerle entender la diferencia existente entre los seres humanos, sus caracteres y sus modos de percibir el medio ambiente.

Esto último es posible, pero hacerle mirar hacia el norte es casi tarea vacua. ¿Sería la psicoterapia un medio de hacerle mirar hacia el norte? Respuesta: No. Se ha sobrevalorado el papel de la psicoterapia, de hecho, la psicoterapia fue un invento de Sigmund Freud, un invento que no posee bases científicas y que está sujeto a todas las modificaciones que sus "discípulos" han desarrollado. Se pueden contar con los dedos de las manos las personas que han sido beneficiadas del uso del Psicoanálisis. Menos aún, se pueden contar con los dedos de una sola mano, aquellas que han sido beneficiadas de la psicoterapia adleriana o de la jungiana. Si el hombre corriente padece de neurosis religiosa, esta también es tangible en el comportamiento y creencias del psicoterapéuta. A estas alturas de la película si alguien piensa que sentándose un par de horas a la semana enfrente de un psicoanalista o de un psicoterapéuta va a curarse de una depresión, o de una manía, o de una esquizofrenia, está siendo sencillamente absurdo y desperdiciando su dinero. Hoy por hoy el único tratamiento y cura de la enfermedad mental es farmacológico —a pesar de todos los enfoques románticos de psicoanalistas empedernidos. No existen pruebas concluyentes y científicas de que el Psicoanálisis o cualquier otra forma de psicoterapia sea efectiva— y llamo efectiva al hecho de curar.

El Nobelista Eric Kandel en sus últimos años de neurocientífico está intentando convencer al mundo académico que debido a que las neuronas son plásticas y son influenciadas por el medio ambiente y la cultura, estas también pueden modificarse por medio de la psicoterapia. Esto es sencillamente sin-sentido y sin pruebas científicas. Una cosa está clara y tangible: una persona con depresión profunda y distintos intentos de suicidio sentirá mejoría con tratamiento de litio, quizá con una dosis alta de tricíclicos; pero si ponemos la misma persona enfrente de un psicoterapeuta sin tomar tratamiento alguno, de una cosa podemos estar seguros: va a suicidarse. Científicamente un fármaco puede ser probado. Científicamente, la psicoterapia ni tiene validez ni efectos algunos. Se trata de una forma más capitalista de hacer dinero y de explotar la ignorancia de aquellos que viven en desventaja. Un fármaco, más bueno o más malo, con más o con menos efectos secundarios, siempre entra a formar parte de la fisiología celular y genética, y con ello de la plasticidad de la materia. Aunque la personalidad sea elástica, la psicoterapia es totalmente inútil en el hecho de poder llegar a modificar la plasticidad celular. Podemos dar cincuenta, cien, doscientas sesiones de terapia adleriana, o de psicoanálisis, pero la persona con esquizofrenia, o con simple ansiedad seguirá padeciendo el mal que la vida le ha regalado. El tratamiento farmacológico es distinto, con ello sí hay más esperanzas. Por tanto, pienso que Eric Kandel no le está haciendo favor alguno al mundo, ni a los pacientes que sufren, nutriendo la academia con opiniones infundadas científicamente hablando. El hecho científico de que una computadora sea capaz de detectar cambios moleculares a nivel cerebral respecto al comportamiento de un individuo, no significa que ese cambio vaya a ser efectivo con terapia-hablada. Existen cambios, pero la cuestión no es si ha habido o no cambios, la verdadera cuestión es cuánto tiempo duran esos cambios, y si no son evanescentes por naturaleza propia. Todo esto es ignorado por el doctor Kandel. Para fortalecer mi argumento y dejar de dar la sensación que estoy hablando como producto de una alta fiebre, deseo introducir un largo párrafo de otro Premio Nobel en Medicina, Salvador E. Luria, quien en su autobiografía descubre cómo ha padecido de profundas depresiones a lo largo de su vida y cómo y en qué forma su enfermedad fue tratada:

"The story of my depressions, which caused much suffering to me and to my family, ought to be hold in some detail, if only for purposes of medical history. Depressive episodes of various intensities and durations came at intervals of several months for three decades, demanding of me a staggering effort, while they lasted, to keep functioning at a more or less normal pace. Over twenty-five years, at different times and in different cities, by psychiatrists and psychologists, I was subjected to psychotherapy of various ilks, from Freudian psychoanalysis to less doctrinaire treatments. I was exposed over those years to what I saw then and see now as a series of intellectually vacous interactions claiming to have therapeutic validity. Only my suffering and a sense of duty to seek treatment justified my willingness to persist. What seems to me unforgivable is that even when, in the 1960's, antidepressive medication became available it was either not prescribed for me or prescribed in preposterously small doses, fifty ties smaller than was used by competent practitioners, as I later found out.

I might still be suffering under pointless treatment by some psychotherapist if a major depressive attack had not brought me into the hands of a competent psychiatrist. Three months of adecuate doses of anti-depressant drugs followed by long-term lithium treatment have freed me of all sysmptoms of depression for the past ten years, adding a new dimension to my enjoyment of life and making my family life serene, relieved from the fear of impending depressions.

I do not wish to comment here on the bearing of my experience on the medical question of the physiological vs. behavioral basis of recurrent depression. But I do know that my experience is not unique. I already have saved several friends and colleagues from the misery of psychotherapy by directing them to competent treatment. I only wish to emphasize the extent of the harm that the bias and ignorance of certain therapists can do to depressive patients. For decades my life was plagued by an illness whose characteristics make it a source not only of pain but of guilt. Depressives feel that it should be up to themselves to overcome the depression, and psychotherapy increases the guilt when the therapist insists that depression is the surface manifestation of suppressed anger or unresolved conflicts." [13]


IV. Neurosis Religiosa e Historia.

Si como nos decía Aristóteles, el hombre nace con un deseo innato por saber, también nace con un instinto innato de evitar el norte, de mirar hacia todos lados excepto hacia aquel que en relidad ha sido traído a la vida para mirar. El norte es la mismidad. El norte es lo objetivo. El norte es lo Infinito. El norte es Dios. Ahora, existen muchos modos de entender a Dios, pero sólo existe un modo de percibirlo. La mejor forma de explicarlo es diciendo que Dios es Amor. Sin embargo, el amor también puede ser cruel. También sanador y bendiciente. El neurótico corriente no ya utiliza el nombre de Dios en vano, sino que ni tan siquiera sabe de qué está hablando, pues en realidad no hace sino eco de lo que otros le han dictado, de lo que a su vez él ha oído, y de lo que está aceptado dentro del grupo en que se desenvuelve. Este grupo está subscrito a una religion, un credo —bien sea político, religioso o social— y a unos valores morales comúnmente aceptados por la mayoría. Por lo tanto, el hombre es un ser que no solamente puede estar programado biológicamente, sino culturalmente también. Mi modo personal de entender la cuestión de Dios es comenzando con el pensamiento que "dios" es sólo una palabra más dentro del diccionario. Existe un fervor religioso en aquella relación neurótica con Dios, una relación llena de hipocresías y desastrosos malentendidos, pero una relación que vive para nutrir el ocultamiento del norte, para esquivar la verdad suprema de la mismidad. La mismidad es un concepto psíquico, espiritual —no metafísico en el sentido académico de la palabra. La mismidad comienza con una relación personal con Dios, con la Infinidad, con el equilibrio del Universo. El centro esencial de la mismidad se puede expresar de modo preciso con las palabras que el médico y místico del siglo XVII, Johannes Scheffler más conocido comoAngelus Silesius, dibujó en su immortal Peregrino Querubínico:

"I know God cannot live one instant without Me:
If I should come to naught, needs must He cease to be.
I am as great as God, He is as small as I:
No higher than I is He, nor I than He less high.
I am as rich as God. He owns no particle
Of dust-believe me Man!-that is not mine as well."

El hombre depende de sí mismo, pero en mayor medida de la sociedad. Con ello, y en lo siguiente Adler se estrelló nefastamente, el estilo de vida de un individuo jamás es personal, sino grupal. Adler entendía el estilo de vida como característico de la persona, de la unidad del individuo —de ahí el nombre de su "psicología individual." Mi óptica consiste en ver que el estilo de vida de un individuo nunca es personal, sino que su esencia es de grupo; el estilo de vida se construye con los cimientos que otros nos han legado y hecho aceptar sumisivamente. Estos cimientos son tanto biológicos como culturales, es decir, específicos de una sociedad determinada. Estos son los mismos cimientos que construyen la historia. Las trazas obsesivas y neuróticas en general que se ven en el paciente no son producto de su estilo de vida personal, tal y como Adler pensaba, sino que son una reacción al estilo de vida que le han hecho vivir. Las obsesiones, la depresión, la ansiedad no son consecuencias de un determinado estilo de vida, sino síntomas de reacción "alérgica" al estilo grupal de vida. Este estilo grupal de vida es lo que genera, modifica y consolida todo proceso histórico. En una palabra, la esencia del hombre no es social, sino que evolutivamente se vió obligado a vivir en sociedad y a construir un sistema que le preservase de las inseguridades y los peligros. El hombre es social por accidente.

Es indiscutible que un estilo de vida repleto de sobresaltos puede dar ansiedades, dolores de cabeza, o palpitaciones en el pecho. Todo esto es psicología de perogrullo, que es precisamente la medulla oblongata de la psicología adleriana. Cuando Adler enumeró los principios de su psicología estaba esquivando el sentido científico y dependiendo del sentido común. No hay nada de malo en seguir el sentido común, de hecho es un buen baluarte en muchas situaciones. Pero cuando uno habla del alma del ser humano, de la mente y de la sociedad (todo en conjunto), el sentido común más que una herramienta es un obstáculo. Se reduce al absurdo aquello que posee importancia, y se le da importancia a aquello que es absurdo. Ese es el fallo garrafal de la psicología adleriana. Mi input es que el estilo de vida es un constructo de entidades que ya poseen identidad propia, que han sido separadas, aisladas y vivificadas a lo largo de los años de la existencia de la civilización y cultura en la que nos encontramos. En una palabra, el estilo de vida, que es grupal, es historia pura. Estas entidades pueden aislarse tanto biológica como culturalmente. Cada cultura posee su propio estilo de vida, el cual es traspasado en forma de educación a cada uno de sus miembros.

Esto a que me estoy refiriendo no tiene nada en común con el estilo de vida formulado por Adler. El estilo de vida pertenece siempre al grupo y jamás al individuo. Para que fuera "individual" el individuo habría de estar completamente aislado, y no haber tenido contacto alguno con la sociedad que su especie contiene. En este sentido, ni el individuo ni la historia, como producto del "individuo," son entidades aisladas, sino dependientes de un conjunto. La historia no posee ni pasado ni presente ni futuro, sino que todos son movimientos vertebrales de una misma columna vital: la existencia. Por ello, es un error pensar que la modernidad, o la post-modernidad son "movimientos independientes" de un pasado, sino que, en realidad, son sólo productos secuenciales de la vertebración natural de la existencia. La mente humana posee una función especial en ese contexto, especialmente en el diseño y formación de la historia. Consecuentemente, el estilo de vida de un individuo es el estilo de vida de una sociedad en conjunto, y este estilo de vida es el resultante ecológico y biológico de los movimientos de la historia. Incluso la historia, como producto de la humanidad, es un resultado más de la biología de la mente y de los instintos canalizados por mediación de la razón. Sin un determinado conjunto de entidades biológico-cerebrales la historia y las invenciones no hubieran sido posibles.

La historia es, por tanto, primariamente un producto biológico, jamás cultural. La cultura es siempre secundaria. La cultura es la vestimenta que nosotros le ponemos a la historia. En este constructo, la neurosis religiosa tiene un papel vital. La historia es, pues, el fenotipo social y cultural de la existencia racional. Si consideramos a la humanidad como un accidente biológico de la evolución, la historia es un incidente humano. Siendo el hombre un animal social por accidente, la historia es un producto incidental. Esta accidentalización se traspone como tal a nuestra vista e intelecto, pues su esencia no es así. El accidente biológico del hombre es visto como tal por nuestro modo de pensar y de actuar, es decir, es el modo en que se nos revela. La accidentalización biológico-evolutiva es parte del substrato insconsciente del Universo, siendo traducida materialmente en las distintas épocas y filogenias que nosotros presenciamos conscientemente. En esta consciencia, tanto del mundo que nos rodea como de la sociedad y de la cultura, el hombre comienza a construir un estilo de vida que ha sido ya modelado por los intereses comunes del rebaño. Si un individuo desea adoptar un "estilo de vida" propio, este deja de ser considerado estilo de vida por el resto y es directamente catalogado como desviación.

Las desviaciones sexuales es un buen ejemplo. Hace cien años la homosexualidad era una desviación, una perversión. Hoy es distinto. En aquella sociedad el individuo se ha desviado de la forma sexual aceptada por la mayoría de la época, es decir, por el estilo de vida del grupo en que él está incluído. Por tanto, el estilo de vida del grupo es el que se infusiona al individuo desde su niñez, primero con la familia, y luego más tarde con la escuela y la universidad. En el Medioevo los sueños poseían un valor sapiencial, y existía toda una mitología del sueño que el Renacimiento heredó y modificó en su propio modo. Más tarde, el Barroco definió ese patrón del sueño mediante la afinación espiritual del éxtasis. La conexión espiritual entre el hombre y Dios mediada por la visión extática es lo que caracteriza la riqueza artística del Barroco. Esto puede verse emblemáticamente en la estatuaria de Bernini. Baltasar Gracián definió lo barroco como similar a lo ingenioso, siendo el ingenio lo que vestía al alma del hombre. Miguel de Cervantes hace de su inmortal personaje don Quijote un ser cuyo ingenio caracteriza sus obras humanas. Este estilo de vida incluye valores morales, sentimientos religiosos y políticos, etc...La libertad del hombre consiste en aceptarlos o en renunciarlos —nada más. Si los acepta entra en el rebaño. Si los desecha entra en la neurosis. Por lo tanto un neurótico es una persona que ha llegado a ser capaz de reconocer las deficiencias del sistema, y que bien negándose a aceptar tales deficiencias, o bien negándose a aceptar las reglas de la sociedad termina urdiendo una red de síntomas en respuesta al problema. Tal urdimiento no es consciente, sino totalmente inconsciente y dependiente de la neuroquímica de nuestro cerebro. En último escalón es la química cerebral la que modela los síntomas e incluso la personalidad del individuo. Es en última instancia la plasticidad neuronal de nuestro cerebro lo que facilita la aparición sintomatológica de lo que se entiende por neurosis y por psicosis.


V. Inconsistencia Psicoanalítica e Historia.

Nada más ajeno a lo expuesto arriba que la psicología adleriana dentro del campo psicoanalítico14. Para Adler (al igual que para los psicólogos adlerianos) la enfermedad mental es una materia de elección, es decir, aquel que está tanto esquizofrénico como neurótico es porque él/ella lo ha elegido así, y esta elección se ha llevado a cabo por una "falta de interés social." La psicología adleriana además de ser una psicología de perogrullo, es una psicología de rebaño. Nada más absurdo que pensar que la enfermedad mental es un asunto de elección, y de falta de interés social o de impulsos de ira constreñidos. La psicología adleriana es enemiga acérrima de toda interpretación biológica, menos aún genética. Ultimamente, la moda dentro de la psicología adleriana es abrir las puertas al "modernismo" pero encubriendo los sentimientos adversos que tienen por el mismo modernismo al que les abren las puertas. Una psicología como la de Adler es una psicología obsoleta, sin futuro y llena de anacronismos inconsistentes. Me preocupa tremendamente cuando oigo a un adleriano tratar el tema de la esquizofrenia con la deferencia característica del ignorante de la Biología y la Genética. Me preocupa oír que la enfermedad mental es un aspecto de la vida humana que el ser afectado elige como salida a su deseo por "ser superior" al resto de los seres. La esquizofrenia es analizada desde el punto de vista adleriano de la manera más desconcertante jamás expuesta —conjuntamente con ello, el tema del suicidio. Para Adler, el suicida es un cobarde, una especie de pobre diablo que no pudiendo salirse con la suya decide matarse con tal de castigar egoístamente a aquellos que le rodean. El suicidio mismo va en contra de la vida. The New York Times siguió desde un principio toda la carrera de Adler en Estados Unidos. De vez en cuando publicaba actualizaciones sobre su trabajo y las últimas opiniones y conferencias proferidas por él mismo a las masas de ricos de la época. En uno de estos artículos publicado en el año 1928 con el rótulo "SUICIDE ALWAYS COWARDLY" se nos dice:

"Dr. Adler said it was not possible for persons to commit suicide without preparation and that 'every suicide is a cowardly escape.'"[15]

Años más tarde, y recurriendo al mismo tópico, Adler ataca de nuevo al suicida con la maxima falta de tacto y comprensión. Piensa que es un ser lleno de deseos de superioridad, y que la contrariedad le ha llevado a cometer el acto, incluso el enfermo mental es un egoísta:

"...most forms of unhealthy behavior are attempts to acquire superiority with the least effort...Nobody can bear to appear weak or inferior, and the person who is more interested in himself than in others usually develops a complex...The suicide is usually satisfying the demands of a superiority complex." [16]

Con una panorámica como esta no es difícil el comprender cómo muchísimos centros cristianos e iglesias poseen programas de ayuda psicológica de inclinación primariamente adleriana. Contrariamente a lo que se ha pensado, que la psicología adleriana es una psicología humanista, es mi convicción que Adler era un anti-humanista profundo con una bien formada máscara exterior que lo encubría. Una persona replete de resentimientos contra la infancia y todo lo que ella representaba. En otra entrevista llegó a decir:

"Criminals are derived largely from children with physical defects or imperfections, children who are neglected, and those who are pampered." [17]

En ello, cabría hacer un profundo análisis psicológico y cultural de los tres "gigantes" del Psicoanálisis: Freud, Adler y Jung. En mi opinión todos fueron delirantes con sed de poder y control. Sin embargo, si he de elegir, me encuentro más próximo a Freud que a ningún otro. Aunque su personalidad era contradictoria y bastante complicada, después de todo, Freud no fue tan mal humanista —en realidad, era el alma del hombre lo que primariamente le interesaba. Una psicología que desecha la química, la fisiología y la anatomía del cerebro humano es una "ciencia" que no merece el grado de ser tratada con más respeto que meras habladurías y retóricas retrógradas. El modo en que la psicología adleriana trata la anatomofisiología cerebral es antedeluviano. Más aún, no está abierta a ningún diálogo —entre otras cosas porque el diálogo anularía sus dictos. Se ha hablado del psicoanálisis como mera metafísica, como mitología y como una filosofía desprovista de pruebas confirmativas. Todo esto es cierto, pero el psicoanálisis ha estado siempre abierto a la investigación neurológica, y cuando no lo estuvo es porque cayó en manos (primariamente) de la secta médica estadounidense con ánimos de lucro. Freud fue un investigador de laboratorio —esto no puede negarlo nadie. En sus últimos escritos apela al futuro como el desvelador del inconsciente y de la maquinaria cerebral. Freud piensa ya desde un principio de su carrera que la química revelará tarde o temprano el verdadero funcionamiento de la mente. En una palabra, para Freud mente y cerebro ni son contrapuestos, ni distintos tampoco; es más, la mente es para Freud el alma (Seele).

El caso de Adler es distinto. Para Adler ni la química ni la anatomía nos dicen nada de la mente. El cerebro humano es solo un órgano más de tantos. Solamente cuando tal órgano está visiblemente dañado es cuando la mente se carga de disturbaciones. La depresión, entre otras cosas, jamás hubiera tenido un rasgo químico dentro de la filosofía de Adler; es más, hoy en día, y dentro de los círculos adlerianos, la depresión es vagamente reconocida como desorden químico, y cuando se reconoce se hace por vergüenza y miedo a la crítica científica. Incluso los sueños son tratados de la manera más simplista que pueda enumerarse; de hecho, no existe una teoría de los sueños dentro de la psicología de Adler. Para Adler el sueño es sólamente producto de conflictos internos sin resolver, de momento que el indivudo los resuelva, este deja de soñar. Por ello, el hombre sueña porque siempre tiene conflictos que resolver, y de acuerdo con Adler, el hombre que no posee conflictos internos es un hombre que no sueña al dormir. ¿Puede llegar a decirse una cosa más absurda dentro del campo de la Psicología? Existe una sobre-valoración del papel de la psicoterapia dentro de la psicología adleriana, freudiana y jungiana, olvidando por completo el funcionamiento fisiólogico del cuerpo humano, y con ello y por ende, del cerebro. Ultimamente, los psicoanalistas freudianos están muy interesados por acercarse a las Neurociencias y fusionar de algún modo sus credos con los de los otros. Incluso se está buscando ya el substrato biológico del inconsciente. Pero estos psicoanalistas olvidan una pregunta profunda y vital: ¿si Freud volviera de entre los muertos, modificaría su obra literaria? ¿Seguiría interesado en la psicología de diván o volvería con aires melancólicos al laboratorio?

La esencia que define la depresión dentro del marco adleriano es la ira. La ira es la madre de todas las enfermedades mentales. Pienso que ha sido la ira la que ha movido la historia, la que ha hecho que el hombre crezca y disminuya, la que ha hecho que se invente y se destruya. Pero este concepto de ira es distinto del de Adler. Mi concepto de ira es eminentemente químico. Lo que el Barroco y la Ilustración entendieron por "pasiones" hoy en día queda traducido por correlatos bioquímicos. Es, por tanto, a través de la ira por lo que la historia se reproduce y se crea. Usando las palabras del genovés Rosseau:

"Whatever our moralists say, human understanding owes much to the passions, which, by common consent, also owe much to it. It is by the activity of the passions that our reason improves itself; we seek to know only because we desire to enjoy; and it is impossible to conceive a man who had neither desires nor fears giving himself the trouble of reasoning. The passions, in turn, owe their origin to our needs and their developments to our knowledge, for one can desire or fear a thing only if one has an idea of it in the mind —unless one is responding to a simple impulsion of nature."[18]

Para Adler, el enfermo "decide" llegar a estar depresivo, esquizofrénico, psicótico o suicida, porque no se ha salido con la suya. Como hemos visto él nos dice cómo el enfermo mental es un ser tremendamente egoísta, que ha decidido cargarla contra todo el mundo porque él no ha sido reconocido en el modo en que él deseaba, porque no tiene o ha llegado a tener lo que su avaricia imponía. Para Adler una persona está depresiva, triste, porque está furiosa, y está furiosa porque no ha conseguido lo que en primer lugar deseaba tener. Este tipo de proceder psicológico es completamente acientífico. Se sabe científicamente que la depresión es una enfermedad polivalente, multifacética. No tiene solo un curso de origen, sino distintos y variados. Cada individuo es diferente, cada caso especial. En cualquier modo todos coinciden en un mismo punto: la química cerebral está alterada. Mi problema con la psicología adleriana es que es extremadamente simplona. Se ha hablado, y es la principal crítica que se le ha hecho, que la psicología adleriana es una psicología de sentido común, que solamente habla desde un punto de vista del sentido común. Yo llamo a esto psicología de parroquia. Esta psicología de parroquia es también aplicable al psicoanálisis, así como a la psicología analítica: uno ha primero de tener fe, luego creerá...Este comportamiento, tan humano, tan característico, tan antiguo, es la sal de la neurosis religiosa. Hay que tener fe, sin antes siquiera haber definido qué es fe. Hay que creer, sin saber en qué se cree ni porqué se cree.


VI. Entidad social y biológica de la Historia.

La neurosis religiosa es la que nos une como humanos, y la que nos separa al mismo tiempo también.

El cerebro humano es una poderosa entidad anatómica. Por entidad quiero decir una unidad compleja capaz de desarrollar una función propia dentro del conjunto que la rodea. Por ello, se dice igualmente que el hombre es una entidad social. El ente posee cierta independencia propia, pero al mismo tiempo posee la vulnerabilidad de depender del sistema en el que se encuentra. El cerebro es una entidad anatómica capaz de desarrollar su función reguladora, administrando capacidad a otros órganos corporales, como el corazón, los intestinos, el bazo, etc...Esto lo hace una entidad especial y especializada en una multitud de funciones fisiológicas —incluso el sistema immune está regulado por el cerebro. Todo esto se debe a la elasticidad de la materia. El cerebro es un órgano tremendamente elástico, y es precisamente esta elasticidad la que vulnera y sana su capacidad como entidad anatómica. Se conoce, científicamente hablando, que las neuronas son plásticas, y que esta plasticidad llega incluso a estar en los genes de las células. Esta plasticidad es imposible sin la capacidad intríseca elástica de la materia. Esta elasticidad material, no sólo afecta al nivel molecular de la biología, sino que también llega a afectar el nivel psicológico de la personalidad y del comportamiento.

La personalidad y el comportamiento humanos son tremendamente elásticos. La mejor forma de ilustrarlo es a través del drama. El ser humano es un ser genuinamente dramático, es decir, posee la capacidad innata de poder simular sus propios sentimientos. En breve, el hombre posee la potencia de finger aquello que en realidad no siente. Consecuentemente, el ser humano es un ser dramático, es decir, un ser capaz de llevar a cabo acciones y, por ende, de actuar. Pore so, el ser humano es un actor que actúa y finge. Este proceso no podría llevarse a cabo sin la capacidad elástica de la personalidad humana. Capacidad que también está reflejada en su fisiología celular. La diferencia es que la célula no finge, sino que ejecuta aquello para lo cual ha sido programada. Es esta capacidad elástica de su personalidad lo que le hace enfermar desde un punto de vista psiquiátrico. Con ello, se da una interacción entre la elasticidad molecular de la materia como energía, y de la elasticidad de la personalidad del ser humano como synergía, o sea, como un conjunto de sistema trabajando juntos. Si miramos la vida tal y como Aristóteles la vió, es decir, como un conjunto de energías buscando un camino propio para llegar al punto al cual pertenecen originariamente, el hombre es una energía bloqueada. Este bloqueo queda incluso expresado a nivel genético gracias a la plasticidad celular de la neurona. Con ello, llegaríamos a una fase donde pasamos de la fisiología química a la mera física cuántica, donde lo que esencialmente se manejan son condensados o paquetes de energía.

El gen celular, en sí mismo, es un aglomerado de energía —la cual, puede estar bloqueada dando lugar a mutaciones, u otras disfunciones fisiológicas. El mejor modo de ilustrar este efecto es percibiendo la neurona como un paquete condensado de energía eléctrica, de hecho, las sinápsis no son sino corrientes eléctricas que pasan de una unidad a otra, y que cuando tales corrientes son interrumpidas, desvastantes consecuencias se siguen19. La electricidad es el principio de la vida. El Vitalismo del siglo XIX lo concebía de esta forma, y no por estar anticuados están desfasados. Científicamente llevaban razón en ese aspecto: existe un principio vital dentro de la materia, y este principio vital es eléctrico. Con ello no estoy predicando la construcción de un "nuevo Frankenstein," sino hacer volver nuestra mirada a la esencialidad eléctrica de la materia. Esto está perfectamente confirmado por estudios físicos: la materia es energía y la energía es electricidad —entre otras cosas. Ahora, el siguiente paso es ver cómo la energía es elástica, o mejor dicho, cómo es capaz de hacer elástica a la materia. Después, ver cómo esta elasticidad pasa a formar parte de la dimensionalidad del comportamiento. Desde el electroshock hasta el equipo de resucitación cardíaca existe una dinámica físico-molecular basada en la electricidad como principio vivificante.

Teniendo en cuenta que el hombre es un producto evolutivo tanto biológica como culturalmente, he de puntualizar el hecho de que el espíritu humano ha involucionado en todo este azaroso proceso. Si ha habido un cambio fenotípico (exterior) en el hombre desde su aparición en la Tierra, y este cambio responde a patrones evolutivos de millones de años; desde el punto de vista espiritual (no biológico) el hombre ha involucionado, y con ello su capacidad humanista y potencia por entender al prójimo. Ahora, la cuestión se bifurca en qué sea el espíritu, y si en realidad existe un espíritu humano. Dos preguntas existenciales. Filosóficamente el espíritu humano no posee una filogenia. Biológicamente, sí. Con ello entramos en la característica principal y troncal que define la cultura europea: el dualismo. Eros y Tánatos, Bien y Mal, Razón y Fe. Filosóficamente el hombre es espíritu (anima-spiritus). Biológicamente el hombre es un animal bípedo con pulgares prensibles. Añadidamente, es un animal racional (animus). Políticamente es un animal social y religioso. Pero todo esto nos dice poco. Desde mi niñez he pensado que si Dios existe, este hay que buscarlo dentro del sistema nervioso —¡y qué mejor escondite que una neurona! Ahora he crecido y pienso de otro modo; pero a veces miro a la neurona con los ojos de un niño que espera un regalo. Resumiendo, lo que quiero decir es que todos y todo proviene de un mismo sitio —esto ya lo dijeron los Estoicos. Que el olor a incienso y la esencia de estiércol tienen un mismo origin. Dicho más claramente, y siguiendo las palabras de otro Nobelista, Konrad Lorenz:

"Anyone who tries to understand human behavior without knowledge of prehuman organism will build an edifice without a foundation." [20]

Estamos conectados con el Todo, y no nos diferenciamos tanto del chimpancé por el mero hecho de que llevemos maletín, corbata y leamos el periódico de los Domingos.

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Notas:

1. Bertrand Russell: The Problems of Philosophy. Oxford University Press. New York-London: 1997; p. 122.

2. Russell, The Problems.., pp. 129-130.

3. Jacques Le Goff: The Medieval Imagination. The University of Chicago Press. Chicago-London: 1992; p. 5.

4. Arnold J. Toynbee: A Study of History. Abridgment of Volumes I-IV by D.C. Somerwell. Oxford University Press. New York-Oxford: 1987; p. 211.

5. Toynbee, A Study of History.., pp. 43-44

6. Toynbee, op. cit. p. 44.

7. Toynbee, op. cit. p. 246.

8. Ibidem, p. 248.

9. Este "sentido" de inferioridad e interioridad no tiene nada que ver con el "complejo" de inferioridad definido por Alfred Adler. El "sentido de inferioridad" es lo que un pueblo determina como sus propias debilidades y sus propias aspiraciones, y este "sentido" es proporcional al concepto de superioridad que el pueblo posea, concepto que puede ser económico, religioso, territorial, y todo al mismo tiempo. El sentido de interioridad per se, es el sentido místico-religioso que posee un pueblo, y el cual, en muchas circunstancias posee un lazo implícito con el modo en el cual ellos construyen la historia. El sentido de interioridad procede de la imaginación, pero no tiene por qué ser falsario. El sentido de inferioridad, es lo que le sigue a la debilidad e impotencia del primero, es decir, cuanto menos sentido de interioridad mayor sera el sentido de inferioridad, y por ende, el deseo neurótico por falsificar la historia.

10. Ibid. p. 255.

11. Entiendo "alma" como algo distinto de mente; lo que el uso latino original declina por anima y animus. La mente (animus) sería, pues, una manifestación —de tantas— del anima (espíritu).

12. Estos cimientos pueden, y de hecho llegan a, formar parte del substrato genético-molecular del individuo.

13. S. E. Luria: A Slot Machine, A Broken Test Tube. An Autobiography. Harper & Row, Publishers. New York: 1984; pp.215-216.

14. Aunque Adler no se auto-consideraba un "psicoanalista" per se, y toda su vida fue una obsesisión continua por contradecir a Freud, uso el término aplicado a él solamente como recurso lingüístico.

15. The New York Times, Feb. 5, 1928.

16. The New York Times, Feb. 26, 1930.

17. The New York Times, Apr. 15, 1930.

18. Jean-Jacques Rousseau: A Discourse on Inequality. Penguin Books. London: 1984; p. 89.

19. Las sinápsis son tanto eléctricas como químicas; sin embargo, es mi convicción que la esencia neuronal ha de buscarse en la capacidad eléctrica de la neurona.

20. Konrad Lorenz: The Natural Science of the Human Species. An Introduction to Comparative Behavioral Research. The "Russian Manuscript" (1944-1948). The MIT Press. Cambridge, Massachusetts: 1996; pp. xxvii.




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Última actualización: julio 2005

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