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Diario incorrecto y mongol (V)

por Nacho Toro


Me encanta mi alumna Nasa: pesada, lenta, enorme, con el cabello enmarañado, cabeza colosal, gesto adusto, ojos nunca atentos, camina cabizbaja con la boca pequeña levemente coloreada de carmín. Es un dibujo animado, un troll que en su espantosa fealdad transmite una intensa ternura. No puedo evitar sonreír complacido al verla, o al dirigirme a ella y comprobar que al salir el sol se convierten en piedra. Da un matiz fantástico a mis clases vespertinas.


Ulan Baatar es una ciudad en plena construcción. Las vallas bloquean las salidas aparentes, edificios a medio construir brotan tras cualquier esquina. En un paseo vespertino es fácil ver casi todos los pasos posibles en la construcción de un edificio. Ahora los hacen algo más a la europea. Antes, todo eran barrios soviéticos, que a estas alturas ya se están cayendo. Hasta he visto un barrio de adosados cerca de casa, junto al riachuelo-ciénaga donde tres niñitas se bañaban desnudas en agosto y las vacas pastan entre los charcos.

Los restos de esa sovietización se perciben a menudo todavía, en la gente, quiero decir. Mis alumnas periodistas no conocen el número de soldados que componen el ejército mongol "porque es un secreto de estado". A ver si lo de los Peace Corps no va a ser tan descabellado y Mongolia es una gran máscara con misterios que el pueblo español miraría con terror de salir a la luz. Encajonado, aunque muchos no lo sepan, entre dos de los países con ejércitos más poderosos del mundo, colonizado crecientemente por los Estados Unidos, no es este un estado donde la militarización tenga ningún sentido. Se lo explico, pero mis alumnas no lo entienden. Les hablo de Suiza. Apenas oyeron hablar de ella. Por más que desde hoy, si la MIAT (aerolíneas mongolas) no lo impide, que desde hoy estén presentes en Irak como fuerza de ocupación —con 180 soldados, junto a superpotencias "amigas" como España o Polonia— el secretismo no puede hacer creer a ningún militar ruso o chino o yanqui que Mongolia sería difícil de conquistar —por la respuesta de los mongoles—. La neutralidad ahorraría mucho dinero a un país sin carreteras, 3 veces mayor que España y 16 menos poblado, con una renta per cápita que refleja números que hasta un universitario americano sabría leer, y budista además, independiente hace ahora menos de un siglo.

Me rectifican que el servicio militar dura aquí un año, y yo me añado que en el centro sí he visto, por fin, gorriones. Y palomas. También, una estatua que me cautiva, con cuerpos volteados que sobresalen del suelo desde la cintura y pliegan las piernas sobre un busto de mujer no identificada. Y la muy redonda del parlamentario tiroteado en los noventa. Y la dinámica del cuerpo cubista luchando con el cubo que ocupa. Conozco al muy desfasado snob que diseñó esta. Estatuas negras.


4-9-2003. Punto Primero. Artículo Uno.

Junto al Amitas, American Italian Asian Food, titulan, está el POTALA KAF?. Antes aun de leer el nombre, veo salir a un varón de unos 30 años, informal, pero elegante, da dos pasos, y echa una primera gran pota al verde junto a la escalera. Desde ya, supongo que la comida del lugar no es del todo recomendable, pero no se puede negar que son honestos.

La zona es de reciente construcción, o rehabilitación, con apartamentos modernos y multitud de locales nocturnos de esparcimiento etílico. El circo permanente de la ciudad, y no me refiero a mi apartamento o al club de periodistas, está cerca. Algo más abajo está la biblioteca de la ciudad, que o está cerrada o en desuso, o está siendo rehabilitada, o habla bien mal de la ciudad.

Julia Roberts vino a Mongolia y fue al parque natural Hustai, donde estuve con Nira. También los cosmonautas de la expedición que incluía al único mongol en el espacio hasta ahora, Zhugderdemidiina Gurragchi, o al menos él, fueron visitantes de honor en el parque. ¿Pagó J.R. los cinco dólares de entrada para extranjeros? ¿Se parecía el astronauta de la foto que viera allí al mural en que le incluyen, decorando las paredes del recibidor de la biblioteca? Qué grandes cuestiones de qué y cuán difícil respuesta sugiere este gran país. El mural hace desmerecer al pobre edificio. Estilo soviético, soldados al estilo cosaco, con caballos, otros, bailando en corro, un alguien ilustre junto a Lenin, imágenes de una industria con obreros mongoles, imagino que en Rusia, o tal vez se trate de una de las tres centrales térmicas de carbón que decoloran el cielo capitalino, y la estación espacial, pienso que la MIR ya, o cualquiera de las otras dos cuyo nombre olvidé, porque se trata todavía de principio de los ochenta, y el susodicho viajero espacial flotando en el éter. Debajo, un gran horrendo busto de medio cuerpo en escayola sin nominación ni vínculo evidente.

Fui por curiosidad y por recoger unos papeles sobre las mayores y más importantes conferencias que nunca tuvieron lugar en UB, y que se sucederán la semana entrante. Cubriré ambas, una para escaquearme de las peliagudas clases de inglés, otra para la TV9, mi televisión. Esta última precisa de pase especial del ministerio, y versa sobre nuevas democracias, y recientemente restaurados regímenes democráticos. Un vacío coñazo que permitirá a cientos de diletantes consumir toneladas de agua mineral embotellada, y a otros más inventar paja sobre ellos. Basura. Tal vez venga Kofi Annán. Let mi doubt it. Ni de coña. Pero yo iré. Al fin y al cabo me gasté 3000 T hoy en el taxi que me condujo a toda prisa a la tele para darme las dos fotografías que me habiliten para el evento. Me avisaron diez minutos antes, llamando al móvil de una de mis alumnas. Muy amable de su parte. ¿Carne o pescado blanco, soy? Stock de coque. Habrá que hablar seriamente con la "jefa", aun a riesgo de poner difíciles mis documentales. No es ya la demora en darme mi oficina y la falta de respeto total, es el abuso en el horario de trabajo y el hecho crucial: se traen un pibe sobradamente preparado del mundo real civilizado, lo utilizan para enseñar inglés, en vez de lo pactado —esto en verdad no me importa— a la vez lo utilizan —todo de gratis— en la televisión que dirige la firmante del convenio con la ONU —y que pertenece al Primer Ministro de Mongolia— y esta firmante —por demás, hermana de la ministra de sanidad— tiene el rostro increíble de cobrar quince dólares a mis alumnas por el curso, a cada una, obviamente. Pasa de castaño oscuro, como el antro de trabajo, o el que no me suministran ni dónde dormir ni un mínimo estipendio. Pueden sajar a la gallina de los huevos de oro.

Las conferencias serán en inglés, así que me necesitan, pues sólo una de mis dos compañeros en el telediario, muy hermosa Undrom, conoce lo suficiente el idioma bárbaro como para seguir hasta cierto punto una conferencia. Y me llaman en medio de una clase con urgencia total y emergencia impositiva, y ni siquiera me pagan los 2,50 € del taxi. Todo, pese a que tenía, y se lo comenté, una reunión urgente con el banquero que da habitación a cambio de clases de inglés.

Tu tiempo es suyo. "Están en su cuerpo", "pónganse cómodos".

El vicepresidente del segundo banco de Mongolia vive en un duplex vallado con porteros y portón eléctrico y alambres de espino. Es un edificio de varias plantas; él vive en la tercera. No hay ascensor. La casa, con parquet, cocina amplia, muy acogedora, gran televisor, cinco habitaciones espaciosas, cuatro baños, sería de una gama tirando a alta en Madrid. Un 7, 8, en mi clasificación de 1 a 10. De 0 a 10, quiero decir. Un 7, con precisión. Sin puerta de servicio, ni garaje, ni ascensor, pero muy iluminado, buenos materiales, baño europeo, cierto gusto... La esposa es bella y joven. Unos cuarenta como mucho, bien cuidada. Él también. Conoce Europa y habla un inglés comprensible, algo de andar por casa, pero suficiente. Ella no habla casi nada, y su nuevo empleo en el banco requiere que mejore en el inglés. Su hijo de dieciséis años también conoce poco la lengua, pero le están pagando clases privadas y quieren que yo viva con ellos y le dé clases —a su madre también, de modo más esporádico— a diario para poder enviarle a la universidad a los USA, como debe hacer todo banquero que se precie —y al que aprecien—.

Apesta, pero son gente muy amable, y el piso y sus dos hijas menores son muy atractivos, así que me lo tendré que pensar.

Las niñas son deliciosas, cuatro y cinco años de edad, con tres niñeras nada menos. Supongo que una es más una chacha pa to.

La tele es sugerente, con sus mil canales y las facilidades que me daría con mi visionado de películas mongolas. El niño podría ser el traductor, y esa ser la clase. Les gustó mucho mi origen católico (me hace más occidental. Si tuvieran 16 años, me casaban con una de sus hijas), el que no bebiera ni fumara, y que tuviera hermanos. Preguntaron la profesión de mis padres y mi estado civil. Pero, le dije al padre, he de meditarlo.

Tengo tantas cosas que hacer que se me hace difícil asegurar entre una y dos horas diarias de clase. También, el vivir en familia. No les hablo de las chicas, pero es cierto que amén de mi importantísima libertad espiritual, no puedo olvidar que el celibato total en casa de estos católicos -unos 200 en el país, me informó alguien— no me atrae en exceso, aunque no es mucho menos probable que el celibato total en mi apartamento cucarachero.


Hoy vi la primera en mi salón, y empieza a no gustarme un pelo. Han acabado las reparaciones, y me han traído la lavadora, pero aun no funciona, ha estallado una bombilla de pronto y la puerta metálica se ha roto de repente y no se puede cerrar. Además 200 x 10 = 2000 dólares que podría ahorrarme si me voy a casa de estos 9 que viven como 7 españoles.

Es típico; un 5 de aquí vive como un 3 español, muy pobremente, pero en los extremos, incluso países tan dispares se tocan.

Mi casero germano parlante se llama Dandín. La bomba. Dandín. Dandín me cambia todo de sitio, y su vínculo alemán es notable, tiene la cara cuadrada y obsesión por el orden. Con lo que me costó amoldar la almohada hasta lograr cierta comodidad, Dandín la ha vuelto a poner en orden. Alemania del este no debía ser tan oriental, tan distinta, se me antoja. Dandín me coloca la ropa y los cds, y ve mi teleuve, y hácese café en mi cafetera. Dandín es un caradura, pero mi pacífica lucha le hace pedir permiso ahora para casi toda interacción con mi arriendo. Tiene barriga y cara de bueno, y me gusta porque, aunque es un pequeño potentado, va desaliñado, como sus pisos.

Ayer vi mi primer condominium, pero por fuera. Primero vi el banco, Banco de San Petersburgo. La valla era impresionante, y así me pareció. Luego vi que la valla rodeaba un muy alto edificio de apartamentos —de los mayores de Ulan Baatar, de unos 12 pisos—. Pensé en un primer momento, porque algunas palabras me venían a la memoria, que era la Embajada Rusa. Creía recordar que estaba por allí, y el nombre San Petersburgo me trajo más aún el nombre al cacumen.

Era un edificio de apartamentos con su alambre de espino enrollado sobre valla metálica opaca, cámaras de vigilancia, puertas automáticas... Todo un Fort Knox. La mayor parte del oro español no está en Moscú, sino en Fort Knox.

Caminé hasta esquina de la avenida. Resulta de que y porque lo cualo sí era la E.R. Lo descubrí y me puse a comprobar si su valla y la del altísimo edificio de apartamentos eran independientes. La poca luz del anochecer me hizo fijar la vista unos segundos. Acababa de anotar lo anterior en mi cuaderno, y lo uno sumado a lo otro me hizo encontrarme de bruces — llevaba los cascos puestos, algo absolutamente inhabitual en la capital, y todo lo que él veía eran cables que se perdían en mi largo abrigo de cuero desde mis oídos — al policía que vigila la embajada, la principal del país. Tal vez elegí mal día para estrenar mi pañuelo palestino en Mongolia. Seguí canturreando en voz baja. La visión de su pistola, la primera que me encuentro desde que vine, me debió de provocar alguna reacción química, que sumada a la casualidad, me impelió a subir la voz repitiendo el cántico que me llegaba a los cascos: el cabrón hijo puta de South Park. Al concluir chúpamela despedí la mirada del poli, que se había aproximado muy tranquilamente a un par de metros y, tras prolongar mucho las miradas en derredor, crucé corriendo los seis carriles de la mayor avenida de U.B. Tomo Estas notas desde el otro lado, donde hay que estar siempre, pensando divertido en una posible escena a penas similar en Serrano frente a la embajada USA, el equivalente más aproximado a esta rusa. Es su principal socio, dominó el país durante décadas y nosotros también estamos en Irak ¿ cómo esperar más paralelismos? Recuerdo aún al policía nacional que casi me liquida buscando la humillación continua por caminar con mi melena por la acera de mi ciudad adyacente al búnker yanqui.

Pero los bárbaros viene de acá, no de la península.


Mi alumna Dolzgoon presenta a las nueve las noticias en el canal 5. No se ve muy bien en casa, al contrario que el canal 9, que emite más nítido que ninguno. Si me prestan un vídeo, finalmente me grabaré bien. Tele 5 Mongolia nada tiene que ver con Berlusconi, es TV9 la que pertenece al 1er ministro; es un canal pobre, con 23 trabajadores. Sin embargo, emitieron Hulk anteayer, y emitirán esta semana T3, y la siguiente, The Matrix Reloaded. Eso sí, con algunos saltos en el vídeo, cosa del pirateo, bastante decente — en varios sentidos.

Me temo yo que, con todo, TV9 venceremos.

Ha calado bien de inicio la combinación de buena emisión, cortinillas digitales y zoom viene, caspa va, que diría Antonio Albert. Los cámaras parecen estudiantes de quinto de comunicación audiovisual en la Universidad Complutense (la primera vez que cogen una cámara). Su idea de composición de planos, movimiento interno o montaje también puede asemejarse.

En consecuencia, al espectador mongol se le hace todo luminoso y muy moderno. Y el sábado llegará Yisus Craist. Aunque estoy pensando en raparme, y, esto más seguro, afeitarme pronto.

Jan val Jan me ha repetido, ahora sin estar cocido, su oferta de trabajo en su serie de televisión, como actor. Veremos. Si sigo acumulando tarjetas de visita, el próximo cuaderno del diario lo escribiré en ellas.

Se hace dificilísimo comprobar el habituamiento progresivo a los acusados contrastes de acá. Estuve con el banquero, vi a los ricos mongoles de la ONU, y a las viejas perdidas en la inmensa ciudad estacionada, perder su mirada en su infinito, a falta de uno externo, y a los perros atropellados, cojos, malheridos, vagando mojados, perros muy jóvenes, callejeros, y a la pandilla de niños que vuelven a su agujero, tiznados, mugrientos, cargados con bolsones de botellas, fumando cigarros baratos, observándome también a mí y riéndose luego. Y no me inmuté en exceso. Únicamente lo suficiente para comentarlo aquí, sin urgencia, y, con mi sensibilidad exacerbada, esto es bastante preocupante, con cacofonía y todo, sí señor.

Noctámbulo por el exceso de té, que aquí se bebe en cada comida y entre ellas, comentaré solamente que "cabrito." en inglés, como me recordó hoy mi tocho-diccionario, se dice kid. Es una palabra que me encuentro a menudo al pasar páginas, como lumen o calostro. Lo de kid explica tantas cosas sobre los anglos y habla tan bien de este idioma...




Texto, Copyright © 2005 Nacho Toro
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Última actualización: febrero 2005

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