Biblioteca Babab
[Visita nuestra Biblioteca: libros completos totalmente gratis]











Cuentos inocentes

por Jaime López


 

Así de fácil

Mientras leía un rato después de comer, ha entrado en mi salón un insecto volador, buscando quizá, igual que yo, resguardo al rigor del sol veraniego. No era más grande que la uña de mi dedo meñique y no parecía una gran amenaza. Después de revolotear varias veces a menos de un palmo de mi nariz, ha decidido posarse en la mesa, junto a mi taza de té. Si yo hubiera sido una salamanquesa o cualquier otro insectívoro del estilo, me hubiera aproximado con cautela y en un rápido y efectivo ataque lo hubiera capturado y después devorado; pero como soy humano, simplemente lo he matado.


subir  

El gazpacho, suave

No sé cuántas horas llevo metido en este autobús. Normalmente no se me hace tan pesado el trayecto, pero esta vez es insoportable. Los libros que he traído me aburren, las películas que ponen son malas y, por si fuera poco, me ha tocado asiento junto a la escalera trasera y con la barandilla apenas puedo estirar las piernas. A medida que pasan las horas el asiento se siente más y más duro. Los nervios de mis nalgas están ya desconectados y solo envían al cerebro cosquilleo y, a ratos, dolor.

El chico que se sienta a mi lado, junto al pasillo (me ha tocado ventanilla) ha decidido levantarse y se dirige a la parte trasera del vehículo, supongo que al servicio, dedicado a evacuaciones menores. Es una oportunidad única para levantarme, pero, en el momento en el que comienzo a separar mis posaderas de la tapicería, la señora que viaja (siempre dormida) al otro lado del pasillo, abre un ojo, ve el asiento vacío y de un respingo se sienta a mi lado. Me mira a los ojos y me dice que últimamente pongo demasiado pimiento en el gazpacho.

No sé porqué, pero no me cuestiono la situación y directamente le digo que a mí el gazpacho me gusta con mucho pimiento. Ella con naturalidad y simpatía admite que tengo razón, pero (y antes mira hacia la parte trasera del autobús) me hace saber que a Lucía no le sienta bien, lo prefiere más suave.

Es en ese momento cuando me doy cuenta de que no conozco a esa mujer. Ella mira atrás de nuevo y ve que el chico está saliendo del servicio, me sonríe y vuelve a su asiento. El chico, ajeno a todo el suceso, me sonríe también y se sienta.

La mujer ya está otra vez profundamente dormida. Por más que la miro no recuerdo conocerla, probablemente no nos hemos visto jamás. Pero al verla dormir me doy cuenta de que efectivamente, y el gazpacho es sólo una muestra, estoy siendo demasiado egoísta con Lucía, algún día se le acabará la paciencia y entonces habrá pasado el momento de solucionarlo.


subir  

Aprovecha

Paseando, con la mente despistada, entré por error en el hospital.

Ya que estaba allí, aproveché, y me rompí una pierna.


subir  

La mujer de su vida

Había sido un viaje perfecto, que confirmaba que aquella era, sin duda, la mujer de su vida. Esa mañana no había despertado a su lado porque ambos tenían que volver a trabajar, pero la sentía cerca, y alegremente recreaba en voz alta la conversación que tendrían durante la cena esa misma noche, en la que él le proponía vivir juntos.

Más tarde, al salir del portal, encontró un mensajero pulsando el botón de su piso en el portero automático. Se identificó y le entregó una carta. Más bien un sobre que contenía sólo una fotografía, la que para él mejor resumía su sentimiento respecto a lo vivido. Pero estaba rasgada por la mitad, y faltaba el trozo en el que salía ella.


subir




Texto, Copyright © 2005 Jaime López.
Todos los derechos reservados.


 


Babab.com
Para contactar con nosotros entra aquí
Última actualización: febrero 2005

Copyright © 2000-05 Babab
Prohibida la reproducción de cualquier parte de este sitio web sin permiso del editor. Todos los derechos reservados.