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Gabriel García Márquez, Don Juan nonagenario.
Sobre Memoria de mis putas tristes i

por Luis Miguel Madrid


Cuando en alguna fecha remota le concedieron a Gabriel García Márquez aquella bula literaria que le eximía de inventar fórmulas nuevas, pocos pensaron que iba a seguir triunfando a estas alturas su fórmula única, gracias a la cual puede seguir diciendo lo mismo o lo contrario manejando más o menos los mismos elementos.
Después de los diez años pasados desde la publicación de El amor y otros demonios1, cansado quizás de recurrentes preguntas sobre su siguiente libro, decidió desenterrar sus planos de cuadrar círculos y convocando a sus editores cardinales favoritos —Sudamericana, Norma, Diana, Mondadori—, les dijo que había decidido firmar en el 2004 la paz con los adictos a su fórmula balsámica, entregándoles con este libro la dosis que necesitaban. Para que apareciera el pasado octubre, García Márquez hubo de gastar en la negociación poco más de 100 páginas plagadas de recurrencias, reiteraciones y repeticiones de un arte que al parecer no cansa. También accedió o se permitió ciertos detalles morbosos y algún guiño de jugador con ventaja que han despistado o silenciado a un buen número de sus lectores.

De hecho, esta Memoria de mis putas tristes2 recurre al traído tópico amoroso del viejo y la doncella con adornos y referencias más o menos concretas y las variantes propias con sello de autor. El argumento propone una trama bien sencilla: un anciano periodista y profesor, cliente habitual del barrio chino de la ciudad provinciana donde reside, cuenta en primera persona como decide regalarse una noche loca con una adolescente virgen el día de su 90 cumpleaños. Para ello se dirige a Rosa Cabarcas, una vieja conocida, dueña de una casa de citas especializada en novedades, la cual le concierta esa misma noche un encuentro con una adolescente de 14 años —rebautizada como Delgadina-, con la que pasa la noche sin realizar el acto sexual porque la niña está dormida, cosa que sucede en sucesivos encuentros mientras el anciano se va enamorando perdidamente de ella.


El comienzo impactante, "El año de mis noventa años, quise regalarme una noche de amor loco con una adolescente virgen"3 deja claro el farragoso asunto por el que pretende seguir. Se trata de un narrador de conducta poco edificante. A la pederastia se añade su postura machista: "me ofreció una media docena de opciones deleitables, pero eso sí, todas usadas"4, adicto a la prostitución, de cuya práctica se vanagloria: "dos veces fui coronado como cliente del año"5, misógino: "desde joven me di cuenta de que ninguna es impune"6, o mal educador: "fui mal maestro, sin formación, sin vocación ni piedad alguna por esos pobres niños..."7. Sin embargo, el súbito enamoramiento apasionadamente romántico y sin urgencia sexual le transforma definitivamente y al ser correspondido, le otorga un final honorable, ajeno al desorden amoroso que ha gobernado su vida.

Las noticias del tópico amoroso planteado, como decíamos, son innumerables y las encontramos en cualquier época literaria, sin embargo encontramos concomitancias relevantes que habría que destacar por su importancia concreta, como la adopción expresa de la vieja dicotomía del "loco amor" frente a "buen amor"8. Una referencia más curiosa proviene del premio Nóbel japonés, Yasunari Kawabata, que en su novela, La casa de las bellas dormidas, muestra una variante para la relación viejo/niña, basada en unas casas de citas a las que acuden ancianos para yacer con adolescentes con la condición de no tocarlas. La práctica de la reflexión sobre el tiempo, el distanciamiento de la vida o la meditación budista se convierte para GGM en vitalismo y romanticismo senil a lo caribeño. Señalamos también la coincidencia con el mito de Don Juan9 en cuanto a la promiscuidad y escasa moral de ambos seductores, salvados in-extremis por amor y precisamente por una de sus víctimas, en los dos casos doncellas a las que inicialmente sólo valoran por su virginidad.

El proyecto morboso del anciano "tenorio" de las MPT se suaviza tras el fracaso inicial, pasando en posteriores intentos a un estado contemplativo, adoptando ciertos sentimientos de regresión hasta la infancia lejana, aterrizando en una situación de enamoramiento pseudoadolescente que borra su turbio pasado "poniendo su corazón a salvo"10.

Los aires de fotonovela o culebrón concentrado están presentes en la historia y si no fuera por tanto juego referencial o la fórmula estilística empleada y reconocida se podría pensar que algo cojea en la novela que, por otra parte, goza de detalles enigmáticos que sientan al lector frente al tablero de interpretación propuesto por el escritor.

Estos "detalles malvados" le dan a la Memoria de mis putas tristes la gracia que no tiene el argumento al establecer con el lector un diálogo con ciertas diferencias, temblorosas ironías y el humor de los zorros viejos. De ahí quizás el título, mucho más exagerado que de costumbre y desde luego, engañoso a pesar de la explicación que facilita el narrador, según la cual el título proviene de las cuentas de sus gastos de carácter sexual. En otro momento se le "escapa" cierta rectificación que podría afectar al título, más sincero aunque menos atractivo y comercial: "los hechos que me dispongo a referir como pueda en esta memoria de mi gran amor."11.

El juego de conceptos planificado por GGM en la portada deja especulaciones abiertas en todos los caminos, desde la dudosa interpretación del sustantivo "memoria", pasando por unas "putas" en las que la principal de ellas, Delgadina, es más santa que meretriz —además de virgen—, hasta el calificativo "tristes", más adecuado para el narrador que para las putas, por algo apodado "Mustio Collado" por sus alumnos o "sabio triste" por su vieja amiga, Rosa Cabarcas.

La lluvia de relaciones crece según se va instalando el lector en la novela, comenzando por el uso de la primera persona y las circunstancias concurrentes entre el autor y el narrador12. Otro manojo de referencias aparece diseminado en MPT en forma de coincidencias o guiños a otras obras del propio autor13. En el plano formal, como en tantas otras novelas y cuentos, García Márquez recurre a la indicación temporal imprecisa en la primera frase , "El año de mis noventa años..." y a la suma precisión cronológica en el cuerpo de la narración. Además de está fórmula "general" de conducción del tiempo, resulta intrigante "en particular" la coincidencia final —aunque de signo diferente— con Cien años de soledad; se trata de la idea de "condena" junto a la matización temporal emblemática de los "cien años": "condenado a morir de buen amor en la agonía feliz de cualquier día después de mis cien años" en MPT y "porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no han de tener una segunda oportunidad sobre la tierra" en CAS.

Acabamos estas notas señalando que el tema tratado, aunque tampoco es novedoso en García Márquez, ha resultado polémico para ciertos sectores de sus críticos y lectores, quizás por la concreción, el hecho de tratarse de los dos protagonistas y sobre todo, las edades extremas de los mismos —90 y 14 años—. Sin embargo, el hecho de que un "Don Juan" nonagenario acceda a la virtud y la paz moral a través de la pederastia debería remitirnos más bien a cierto tipo de novela barroca o tratarla nosotros como fábula de origen múltiple con vital importancia de la ironía, la farsa y el humor canalizados por el recurrente juego de los "espejismos", verdadero centro de la fórmula única con la que Gabriel García Márquez cuenta lo uno y lo contrario.

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Notas:

i. Abreviaturas utilizadas:
- GGM: Gabriel García Márquez
- MPT: Memoria de mis putas tristes
- CAS: Cien años de soledad

1. Desde 1994 GGM ha publicado también "Noticia de un secuestro" (1996) y el primer tomo de sus memorias, "Vivir para contarla" (2000)

2. MPT, Mondadori, Barcelona, 2004

3. Pag. 9 op. cit.

4. Pag. 9 op. cit.

5. Pag. 19 op. cit.

6. Pag. 17 op. cit.

7. Pag. 18 op. cit.

8. Arcipreste de Hita, "Libro del buen amor"

9. José Zorrilla, "Don Juan Tenorio"

10. Pag. 109 op. cit.

11. Pág. 12 op. cit.

12. El oficio, la edad, el lugar donde se desarrolla la acción, gustos literarios y musicales, etc...

13. El apellido de un personaje (Armenta) coincide con otro de "El coronel no tiene quien le escriba", presencia del buque fluvial de "El amor en los tiempos del cólera", la mención al "tratado de Neerlandia", etc...

14. Son muy habituales los comienzos con una referencia temporal en la obra de GGM. Por ejemplo: "Durante el fin de semana los gallinazos..." (El otoño del patriarca), "Al tercer día de lluvía habían matado..." (Un señor muy viejo), "Desde el primer domingo que lo vi..." (Blacamán el bueno), "A las nueve de la mañana, mientras..." (Me alquilo para soñar), "El día en que lo iban a matar..." (Crónica de una muerte anunciada), "Muchos años más tarde, frente al pelotón ..." (Cien años de soledad)




Texto, Copyright © 2005 Luis Miguel Madrid.
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Última actualización: febrero 2005

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