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Panorama del cine infantil y juvenil actual:
I Festival Internacional de Cine para la Infancia y la Juventud de Madrid
(2 al 7 de noviembre de 2004).

por Rafael Nieto Jiménez


La sorpresa que la niña del film sueco Misa mi (Linus Torell, 2003) se lleva al saber que su abuela no tiene televisión sería imaginable en cualquier niño que no haya nacido en un país tercermundista. Y mayor sería su sorpresa al oír que no la necesita, ya que tiene unas vistas estupendas desde la ventana: un bosque y un lago, perfecto contrapunto a la vida urbana de la que procede su nieta.

No vamos hacer aquí una diatriba contra la televisión, y su posibles efectos perniciosos sobre la infancia, para lo cual el actual gobierno está intentando poner remedio estableciendo un código de corregulación1 (entre el Gobierno y los operadores televisivos) para evitar la violencia y la telebasura en horario infantil. Y es que se estima que el público infantil dedica sólo el 25% del tiempo total que pasan ante la televisión a programas infantiles. No podía ser de otro modo, dada la paulatina desaparición en los últimos años de dichos programas especializados.

En el ámbito cinematográfico han existido en España diversos intentos de fomentar una mayor producción y distribución del cine infantil, pero habitualmente se han saldado con el fracaso2 . Una de las más importantes y duraderas plataformas fue el Certamen de Cine y Televisión para Niños de Gijón, creado en 1963, pero que tras denominarse ya solamente Festival Internacional de Cine para la Juventud en 1986, ha terminado siendo simplemente Festival Internacional de Cine de Gijón, desapareciendo su inicial intención, aunque bien es sabido su preferencia por los jóvenes cineastas.

En la actualidad, basta echar un vistazo al panorama de la cartelera madrileña para descubrir la escasez de películas infantiles. Dado que la catalogación administrativa de las películas que se estrenan en España sólo permite saber lo que no es recomendado para menores de 7, 13 o 18 años, este cine queda englobado en la categoría "todos los públicos", pero sin distinguir su mayor o menor adecuación, ya que no parece recomendable que un padre lleve a su hijo a ver un film de tres horas de duración como La mejor juventud (Marco Tullio Giordana, 2003), calificada de este modo. Entre los 71 filmes que se pueden encontrar en la cartelera madrileña a comienzos de noviembre de 2004, sólo 6 se pueden considerar estrictamente cine infantil: Blizzard, el reno mágico, El espantatiburones, Garfield, Harry Potter y el prisionero de Azkaban, Shrek 2 y Spy Kids 3. Todas ellas norteamericanas, excepto la nueva aventura de Harry Potter, si es que se puede diferenciar en algo esta producción británica del cine hollywoodiense.

Se podrá discutir la mayor o menor inteligencia de estas propuestas, su infantilismo más o menos acusado, su mayor o menor eficacia narrativa, pero lo que no hay duda es que el cine infantil que se ofrece hoy en día en casi todo el mundo al joven consumidor, está compuesto de los productos que las grandes corporaciones del entretenimiento (Time Warner, Disney, Viacom, etc.) consideran rentable. Y por tanto, transmiten una cierta visión del mundo, inevitablemente parcial y habitualmente edulcorada.

El Festival Internacional de Cine para la Infancia y la Juventud de Madrid nos ha dado la oportunidad de descubrir otras propuestas, venidas de diversos rincones del planeta, y que lamentablemente tienen casi imposible su estreno en España. Estableciendo la distinción entre la Sección Infantil (menores de 13 años) y la Sección Juvenil (menores de 18 años), el Festival ha conseguido acercarnos una películas que no renuncian a representar el mundo como es, con sus miserias e injusticias, y también con sus alegrías, aunque estén dirigidas a un público menor de edad. Los mundos de magia y fantasía también están representados, pero no son la única opción.

Las propuestas más radicales en ese sentido proceden de países de la "periferia" cinematográfica. La película filipina Magnífico (Maryo J. de los Reyes, 2003), no ahorra en mostrar al espectador las miserias propias de una familia sin trabajo, con una hija con parálisis cerebral, y en la que la próxima muerte de la abuela supondrá un gran quebranto para la economía familiar. En una línea similar al cine iraní, la película desarrolla las peripecias del pequeño de la familia para conseguir hacer un ataúd para su abuela y reunir el dinero para comprar la tumba. La presencia de la muerte en esta película es constante, hasta el punto de presidir totalmente el final, apartándose también en esto de los habituales happy end del cine americano. Dado su fuerte contenido es lógico que está película compitiera en la Sección Juvenil

En la misma línea, siendo además un remake explícito del film iraní Children of Heaven (Majid Majidi, 1997), encontramos en la Sección Infantil la película de Singapur Homerun (Jack Neo, 2003), que narra la peripecia de dos hermanos por compartir los únicos zapatos que tienen para ir al colegio, sin que se enteren su padres y profesores. Extremadamente cruel en ciertos momentos, es un claro mensaje a las clases altas, representadas por el niño rico del pueblo, para que se solidaricen con las necesidades de la amplia población desprotegida.

En la misma Sección también se pudo presenciar otra dura película sudafricana, Beat the Drum (David Hickson, 2003), que plantea sin tapujos las consecuencias mortales del SIDA entre la población más desinformada, advirtiendo de los beneficios del uso de los preservativos e intentando romper el tabú que existe sobre la cuestión en Sudáfrica, país donde esta película está teniendo problemas para estrenarse (pese a tener participación norteamericana en la producción). La prostitución y el papel de la Iglesia son tratados también, en un film inevitablemente necesario para todos los públicos3.

Siguiendo con cuestiones sociales, pero suavizando el tono, debido ciertamente a que entramos en el más apacible ámbito europeo, tenemos el film holandés Polleke (Ineke Houtman, 2003), en el que el problema de la joven protagonista ya no es sobrevivir, sino poder mantener su relación con un chico marroquí, dadas las dificultades que la familia del joven pone ante esta relación interracial. El inevitable conflicto de culturas sin embargo no representa el único problema. Las consecuencias de la adicción a las drogas también se muestran crudamente en el deambular del padre de la niña. Racismo y drogas, dos temas sobre los que la película invita a reflexionar al joven espectador.

Siguiendo en Europa y en la Sección Juvenil, se pudo ver un singular film checo, The farmkeeper (Správce Statku, 2004), que, rodado durante dos años con muy escasos medios y actores no profesionales, reconstruye el ambiente rural en una granja de caballos regentado por tres solitarias mujeres, que apenas subsiste del turismo y de un pequeño bar. La llegada de un extraño joven hará que las cosas mejoren, introduciendo algunas modernizaciones para adaptarse al cambio de los tiempos, concretamente construyendo una pista de skate para atraer público a la granja. Igual que un ángel protector, rechazando incluso cualquier escarceo sexual, el joven se volverá a ir con el mismo misterio que vino. Es un film sin grandes pretensiones pero de inevitable simpatía.

Para terminar la Sección Juvenil, presenciamos la película de Corea del Sur Spring Bears Love (Yi Yong, 2003), una romántica y muy naif historia de amor, inusualmente ingenua para las perversidades a que nos tienen acostumbrados los coreanos4 , y, quizás por eso, de escaso interés para los distribuidores. Es la única película del concurso, sin embargo, que centra su atención en las relaciones amorosa, algo que se echa en falta en las demás películas.

La Sección Infantil, que en principio puede resultar más difícil de digerir para el público adulto, nos deparó un sorpresa muy agradable, además de la ya comentada Magnífico. Se trata de The Teenth Summer (Jörg Grünler, 2003), un cuidadísimo film alemán, que con un pulso inmejorable, y una audacia narrativa inusual en estas películas (por lo que dudamos que el espectador infantil lo comprenda del todo), nos retrata el ambiente veraniego de un barrio de los años 50. Los niños van a descubrir la hipocresía presente en el mundo de los mayores, donde la estricta moralidad provinciana impide aceptar con normalidad la ligereza de costumbres de tres sensuales vecinas. El niño protagonista va a descubrir sus primeras inquietudes sexuales al mismo tiempo que sospecha el adulterio de su padre. Es la película que más completamente puede divertir a menores y adultos.

Tainá 2 (Mauro Lima, 2004), es una película brasileña que continúa las aventuras de la niña india del gran éxito en Brasil Tainá, Uma Aventura na Amazônia (Sérgio Bloch y Tania Lamarca, 2001). De escaso interés, más allá del inevitable mensaje ecologista (los villanos capturan mascotas y talan árboles), y la llamada al entendimiento entre el hombre blanco y los indígenas, la trama se resuelve simplonamente gracias a los poderes de una piedra mágica, pobre recurso para una película por otra parte bellamente fotografiada.

Siguiendo con el ecologismo, Misa Mi (Linus Torell, 2003) relata sin gran entusiasmo para el espectador la lucha de una niña por salvar a los cachorros de una loba, asesinada por cazadores furtivos. Más allá de la ternura que pueda despertar la indefensión de los cachorros, creo que resulta aburrida incluso a su público potencial.

Y finalmente, la película canadiense The Blue Butterfly (Lea Pool, 2004) desarrolla una tópica historia de superación personal, en la que un niño con cáncer cerebral se empeña en capturar la mariposa Morpho Azul, para lo que su madre convence a un entomólogo para ir a Costa Rica. Escenario que da la oportunidad de fascinar al espectador infantil y adulto con una colección de sorprendentes ejemplares de la fauna local.

Este film, aunque basado en hechos reales, pretende hacernos creer que el niño se curó del cáncer gracias a la magia de los indios. Ya hemos visto que la magia resolvía la trama de Tainá 2. Y así mismo la niña de Misa Mi encuentra el camino adecuado para salvar a los cachorros gracias a la misteriosa aparición de una curandera. Sin embargo, la presencia de elementos mágicos, tan constante en las películas infantiles de Hollywood, parece ceder paso en las películas de este festival frente a una realidad mucho menos fácil de resolver. El curandero de Beat the Drum no puede dejar de sentirse atacado cuando el niño, que ha perdido a toda su familia por la epidemia, le acusa de no contar la verdad y de que sacrificar animales es inútil para evitar el SIDA.

Frente a situaciones sociales difíciles, las soluciones mágicas ceden paso frente a la firme decisión de los jóvenes protagonistas que con su voluntad, en muchos casos mayor que la de sus progenitores, se enfrentan a la realidad. Es el caso de la muchacha de Polleke, que acompaña a su padre drogadicto a la clínica de desintoxicación, ya que sabe que él solo no tendrá fuerza suficiente para superarlo. Igualmente, el niño de Magnífico, sólo contando con la ayuda de un amigo de su edad, tiene la decisión de ayudar a sus padres a aliviar su situación económica. E igualmente, los niños de Homerun deciden afrontar el problema de la falta de calzado por si mismos, conociendo la incomprensión de sus mayores. Es significativo que solamente en uno de los filmes, The Teeth Summer, estemos ante una familia común. En los demás, en siete de ellos, los protagonista sufren algún tipo de orfandad (ya sea por fallecimiento o por ausencia de uno de los progenitores), y en los otros dos los padres sufren una extrema pobreza que impide atender adecuadamente a sus hijos. Esta temática ha sido habitual en la literatura infantil de todos los tiempos, ya que ¿qué puede representar mayor conflicto narrativo para un personaje infantil que verse privado de sus progenitores?

Pese a esta marcada tendencia social, los conflictos políticos ni se presentan ni se explican. Se pueden mostrar las necesidades que sufren los personajes, pero no se profundizan en las causas políticas, quizá por la imposibilidad de explicar al público infantil tan complejas situaciones. Solamente Homerun se permite mostrar una manifestación y su brutal represión por parte de la policía, pero sin que sepamos a qué se debe concretamente el conflicto, y constituyendo solamente otro escenario peligroso en el periplo de los niños.

La representación de la violencia, tema recurrente de discusión en los foros sobre la infancia, siempre ha estado presente, incluso en los dibujos animados más inocentes, aunque sea de manera irreal y evidentemente exagerada. El cine norteamericano tampoco ha visto ningún problema en banalizar la violencia. Sin embargo, es una violencia sin consecuencias. Es raro que un personaje muera o se lesione gravemente. En las películas de este festival, tan arraigadas en la realidad, todo acto violento produce su correspondiente daño. La represión que sufre el niño marroquí de Polleke es mucho más cruel que las fantásticas acrobacias de los niños de Spy Kids.

Frente a la omnipresente violencia, las relaciones sexuales ni se mencionan, aunque el film esté protagonizado por personajes adolescentes, como si no existiera en sus vidas. Todas las relaciones amorosas se tratan de forma casta, lejos de cualquier problemática en este sentido, como podrían haber sido los embarazos no deseados. Sólo en Beat the Drum el niño presencia el acto sexual entre un camionero y una prostituta, en otro paso más de su viaje iniciático.

La programación se completó con una Sección Informativa, con otras diez películas de similar interés, y un retrospectiva dedicada al cine infantil y juvenil francés de ayer y hoy, con obras ya consagradas como Adiós, muchachos (Louis Malle, 1987), La bella y la bestia (Jean Cocteau, 1946), Fanfan la Tulipe (Christian-Jaque, 1952), Día de fiesta (Jacques Tati, 1949) o El pequeño salvaje (Françoise Truffaut, 1970).

A parte de la proyecciones, el Festival organizó diversas actividades para divulgar la actividad audiovisual entre los alumnos de los colegios que asistieron a las proyecciones, incluso realizando con ellos pequeños cortometrajes en vídeo.

En conclusión, esta iniciativa personal de José María Lara, productor de una de los escasas películas de este año que se pueden adscribir al cine infantil en nuestro país, El coche de pedales (Ramón Barea, 2004), ha servido para obtener un panorama muy completo del cine dedicado a los niños y jóvenes, más allá de los márgenes hollywoodienses, y que esperamos pueda tener continuidad en años venideros, y sirva para que estas películas puedan iniciar su carrera comercial en España.

PALMARÉS:
Premio del Jurado Infantil: Homerun, dirigida por Jack Neo (2003).
Premio del Jurado Juvenil: Beat the drum, dirigida por David Hickson (2003).
Premio del Jurado Internacional: Magnífico, dirigida por Maryo J. de los Reyes (2003).
Premio del Público: Beat the drum, dirigida por David Hickson (2003).


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Notas:

1. Es evidente que tanto la Administración como los medios de comunicación evitan en todo momento utilizar la palabra "censura", de tan infausto recuerdo en España.

2. La Orden del Ministerio de Información y Turismo de 19 de agosto de 1964, para el Desarrollo de la Cinematografía, estableció dentro de las películas merecedoras de la calificación "de interés especial" a los filmes "especialmente indicados para menores de catorce años, por ajustarse a su inteligencia y sensibilidad".

3. Con la misma intención de concienciación social UNICEF ha patrocinado la película española En el mundo a cada rato (Patricia Ferreira, Javier Fesser, Pere Joan Ventura, Javier Corcuera y Chus Gutiérrez, 2004), sobre la infancia en el tercer mundo, de resultado desigual, y escasamente atractivo para el público juvenil.

4. Se ha podido comprobar en España con las películas La isla (Kim Ki-Duk, 2000), y Mentiras (Jang Sun-Woo, 1999).




Texto, Copyright © 2005 Rafael Nieto Jiménez.
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Última actualización: febrero 2005

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