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Bestiario Chicano

Juan Patricio Lombera. Madrid. Ediciones Irreverentes. 2003.
Presentación y lanzamiento del libro realizada por Samuel Serrano en la Champañería María Pandora.


A finales del siglo XIX el científico inglés Herbert George Wells, que era socialista, escribió una historia fantástica, The time machine, en la que un viajero, que construye una máquina del tiempo, logra desplazarse al futuro y encuentra que el hombre ha dejado de ser una especie única y se ha bifurcado en dos razas antagónicas que se temen y combaten mutuamente; los Eloi, gráciles, infantiles, delicados, cándidos que habitan la superficie del planeta y se dedican incansablemente a la búsqueda del placer, el bienestar y la belleza; y los Morlocks, siniestros y depravados que moran en el subsuelo de la tierra y maquinan constantes acechanzas contra los privilegiados Eloi que habitan en el mundo de la luz.

El relato de Wells era una sencilla fábula ideada con el evidente propósito moral de alertar a sus contemporáneos de la deshumanización que se advertía en la creciente desigualdad social de aquella Inglaterra inmersa en la Revolución Industrial, pero Wells no pensaba que esta división entre poseedores y desposeídos que se enfrentan en bandos enemigos pudiera producirse en un futuro cercano y para hacer más verosímil su fábula decidió situarla en el año 802.701 de nuestra era. De esta manera, no podemos decir que este escritor inglés, precursor de la moderna ciencia ficción, pecara de revolucionario sino más bien de conservador, pues el tiempo nos ha demostrado que no hemos tenido que esperar tantos años para ver convertidas en una realidad escalofriante sus sombrías predicciones.

Vivimos, y lo que es más triste sin haber tomado cabal conciencia de este drama, en un mundo dividido en dos grupos antagónicos que, en lugar de acercarse y tratar de alcanzar el equilibrio y la equidad, aumentan sin cesar sus diferencias y se alejan cada día un poco más. Un mundo de Eloi y de Morlocks formado por el selecto y reducido club de los países del llamado primer mundo y la enorme masa de países del tercero, es decir, de los pueblos que ni siquiera llegan a merecer un segundo escaño en la repartición de la riqueza mundial. Un mundo semejante, en gran medida, a la pesadilla de Wells cuyas fronteras invisibles aparecen delineadas cada vez más como estratos diferentes e infranqueables de la tierra. Un mundo de alambradas y de muros que nos ofrece cada día en los telediarios y periódicos su cotidiano holocausto de inocentes formado por los balseros caribeños que intentan alcanzar las costas de Florida, por los africanos en patera que tratan de cruzar el ancho estrecho de Gibraltar y los más anónimos y olvidados de este drama; los inmigrantes mejicanos que se arriesgan a emprender su travesía a pie y mueren finalmente de inanición en ese océano de arena que son los desiertos de Texas y Arizona, y a los que ni siquiera las olas del mar se acuerdan de retornar sus cuerpos a la playa. Un mundo signado por la injusticia y la hipocresía que nuestro amigo Juan Patricio Lombera, el escritor mejicano que hoy presentamos, ha sabido captar magistralmente en su libro Bestiario chicano, en el que, parodiando los relatos de viajes del medioevo, realiza una aguda y vívida descripción de los motivos que empujan cada año a millares de inmigrantes mejicanos y de las islas del Caribe a arriesgar su vida en una travesía incierta, y de las dificultades que debe vencer en el camino para alcanzar la prosperidad inagotable que los colosos del norte parecen seguir prometiendo para todos.

Se trata de una tragedia cruel y despiadada, y el rosario de víctimas que cada tanto aparece en los noticieros dando cuenta de la misma, lejos de conmover parece haber anestesiado a la opinión pública que la observa como si se tratara de uno más de los dramas insolubles de nuestro tiempo; por eso Juan Patricio Lombera sabe que la manera de abordar su narración no puede ser realista ni sensiblera, pues no es por falta de buenas doctrinas sino por falta de imaginación y de solidaridad por lo que los hombres se matan y se subyugan cada día y para tornarla vívida y permitir que llegue hasta nosotros con todo su desgarramiento y su dolor decide retratarla acudiendo a un género híbrido; una mezcla de relato fantástico y de poesía que sin quejas ni sentimentalismos nos entrega en una serie de magnificas postales su hiriente y desgarrada realidad.

El método utilizado por Juan Patricio Lombera para alcanzar este efecto es la parodia que al hacer distendido lo que parecía irremediablemente tenso nos muestra el revés invisible de las cosas y nos revela esa actitud trascendental ante los acontecimientos que solamente el humor puede enseñarnos con su lógica irracional. Parodia no solo de un tiempo envilecido y de unas circunstancias atroces sino también de una forma narrativa, la del bestiario que, como se sabe, es un compendio del presunto saber occidental acumulado en torno a lo anormal y lo monstruoso, saber que pretendía en el medioevo y en la época de las grandes navegaciones alertar a los viajeros de los peligros que acechaban a quienes se atrevían a traspasar el límite conocido de los mares, pues el mundo que se denomina a sí mismo civilizado ha sido un orbe que desde los griegos a los cristianos y comunitarios de nuestros días se ha considerado amenazado por las fuerzas del mal representadas por hidras, esfinges, demonios y endriagos, habitantes de los confines del universo conocido y contra los cuales deben batallar los cruzados del imperio para preservar la estabilidad, el orden y el bienestar alcanzados.

Porque el libro de Juan Patricio Lombera que hoy presentamos es, como su título lo indica, un bestiario en el que los ogros, las esfinges, los dragones, los cinocéfalos que habitan los linderos del mundo conocido se han metamorfoseado en una nueva clase de monstruos representada por el inmigrante del tercer mundo, el chicano y las distintas variedades de su especie: el pollero que semeja una moderna ballena de Jonás, pues engulle al chicano en la orilla sur de la frontera para regurgitarlo luego, aunque no siempre sano y salvo en la ribera norte, los wetback o espaldas mojadas que cruzan cada tanto el río Bravo ayudados por sus extremidades palmípedas y sus agallas que les permiten respirar bajo el agua, los narcochicanos que resurgen siempre de la sombra como si se trataran de una verdadera hidra de mil cabezas, los talentos que emanan fórmulas matemáticas por doquier como si se tratara del plumaje de colores de un vistoso pavo real, y sus implacables enemigos, dos especies nuevas de perros, los skinheads, con los sentidos aguzados como galgos de presa, y los terribles mastines conocidos como borderpatrols que con sus ojos de fuego, sus jeep todoterreno y sus enormes cachiporras y fusiles forman una barrera de colmillos afilados en las fronteras del imperio.

Dice Juan Patricio Lombera en el prólogo en forma de definición que inaugura su bestiario:

Chicano: Dícese de todo inmigrante ilegal que cruza la frontera mexicano-estadounidense desde el lado mexicano, en busca de un futuro más promisorio para él y toda su familia que, en general, no podrían tener en su país de origen. El proceso de chicanización del individuo es largo, sinuoso, y suele estar acompañado de todo tipo de sufrimientos. Se inicia cuando el inmigrante abandona su país, generalmente, con odio, porque no le ha proporcionado las suficientes oportunidades para desarrollar su talento o porque no puede vivir con dignidad en él. Luego, tras recibir distintos tipos de humillaciones, recordará ese país con nostalgia.

Sin embargo, la palabra chicano también se puede emplear para designar a cualquier inmigrante en un país ajeno. En este caso los balseros cubanos que van a Miami, los turcos en Alemania o los africanos que se dirigen a España y Francia en busca de una mejor fortuna, también serían chicanos. Palabras que nos muestran como el drama de los hombres puede ser el mismo en distintas latitudes y puede al mismo tiempo comprometernos a todos.

La crueldad, señala Montaigne, es hija de la cobardía y de la falta de imaginación que nos impide colocarnos en el lugar del oprimido y entender su sufrimiento y su dolor. Con estos relatos agudos y reveladores Juan Patricio Lombera construye un admirable retablo del éxodo de los desposeídos en nuestros días y nos devuelve la imaginación perdida para solidarizarnos con sus circunstancias y su drama.





Texto, Copyright © 2004 Samuel Serrano.
Todos los derechos reservados.


 


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Última actualización: enero 2005

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