
|
Nerdema nº1
por Furios Garzita
El incógnito navegante galés Gwin McPherson (1762-1819) dedicaba sus ratos de ocio a componer Limericks mientras mascaba tabaco. Los que ofrecemos a continuación no son los más estimables de su obra, pero son los únicos que escribió en nuestro idioma, y constituyen el nerdema número 1.
LIMERICKS DE LA SOPRANO
Había una soprano prodigiosa
con mucha simpatía por la cosa.
Pero una madrugada
tuvo una idea honrada
y ya nunca se supo de la hermosa.
***
Había una soprano no infantil
que a todos agradaba de perfil.
Mas fue vista de frente
un jueves, de repente,
y entonces tornó en gris lo que era añil.
***
Había una soprano rubia y bruna
que amaba visitar mi tierna cuna.
Una tarde de otoño
conoció a otro retoño
y ya viene más, ni a sol ni a luna.
***
Había una soprano en residencia
que agotaba de todos la paciencia.
Quien la conoce, cata
miel de la edad de plata
y luego es condenado a la impotencia.
***
Había una soprano desgraciada;
solía ahogar sus penas en mi almohada.
Cuando estaba feliz,
alzaba la nariz
y ya no respondía a mi llamada.
***
Había una soprano sorprendente
a la que amaba todo residente.
Una tarde de octubre,
al visitar el Louvre,
desaparecería entre la gente.
***
Había una soprano exuberante,
hermosa por detrás y por delante.
Una tarde de abril
conoció a un alguacil
que le prohíbe el colchón y el guisante.
***
Había una soprano muy simpática
que decía "quiero ser automática".
Pero era tan carnal
que sonaba banal
su deseo de no ser; sonaba a táctica.
***
Había una soprano tan altiva
que a su lado no conozco a quien viva.
Por su cama, al contrario,
desfila el vecindario:
para un rato es perfecta nuestra diva.
***
Había una soprano muy coqueta
que siempre iba mostrando media teta.
Una tarde cualquiera,
al ver la semiesfera,
un joven decidió hacerse poeta.
***
Había una soprano extraordinaria
que quería cantar como canaria.
Su abuso de la Isa
causaba mucha risa
en quien creía ir a escuchar un Aria.
***
Había una soprano muy atenta
que solía beber más de la cuenta.
El día de su boda,
estando un tanto beoda,
se escapó con un inspector de hacienda.
***
Había una soprano impresionante.
Pudo ser domadora de elefantes,
pues cuando emite, acompa-
sadamente, la trompa
se les mueve con ritmo trepidante.
***
Había una soprano tan dispuesta
que una noche invitó a toda la orquesta.
Cuando la sinfonía
acabó, llegado el día,
le quedaban aún ganas de fiesta.
***
Había una soprano siempre alerta
que de noche cerraba bien su puerta.
Olvidó echar la llave
una vez; no se sabe
por qué su cama amaneció desierta.
***
Había una soprano remilgada
que dormía con la puerta cerrada.
Un día la dejó abierta
y se quedó despierta,
Pero creo que no sucedió nada.
Texto, Copyright © 2004 Furios Garzita.
Todos los derechos reservados.
|
Opina sobre este artículo
|
|
|
|