Biblioteca Babab
[Visita nuestra Biblioteca: libros completos totalmente gratis]



Exilio y literatura

por Raul E. Romero


Con afecto para Mary Bennett
y todos mis amigos en Staffordshire,
Inglaterra.

Desde la expulsión de Adán y Eva del paraíso, el exilio es una experiencia cotidiana en la historia de la humanidad. La expulsión como forma de castigo debido a un comportamiento incompatible con el orden establecido por un poder omnipotente- arbitrario-represivo, es (a veces) una alternativa (preferible) a la exterminación física como medio para eliminar los elementos indeseables que existen en determinada comunidad. El exilio es un "gesto" que para los entes políticos es siempre conveniente ya que es utilizado como manera de liberarse de individuos indeseables sin necesidad de encarcelarlos o aniquilarlos y sin sufrir toda la repercusión a la que esta solución conllevaría. El destino del pueblo judío, desde la huída de Egipto, el exilio babilónico, pasando por las incontables diásporas que culminaron en el holocausto, demuestra la consistencia y la transformación del exilio como una condición humana sufrida por millones de personas a través de los siglos y hasta nuestro tiempo. Si la religión era considerada la principal razón del exilio en tiempos medievales, la disidencia política se convirtió en la más importante causa del éxodo en tiempos modernos. La formación y consolidación del Estado moderno, combinado con la proliferación de corrientes ideológicas en los siglos XIX y XX no solamente ha incrementado el número de emigrantes políticos, si no que ha adicionado más complejidad a un problema complejo ya por naturaleza.

Yury Miloslavsky, poeta y novelista ruso, que vive en Israel desde 1973 toma como referencia a la Gran Enciclopedia Rusa en su ensayo Aquae et ignis interdictio (Deprived of Fire and Water) diciéndonos:

"The once authoritative Great Encyclopedia, published in St. Petersburg at the end of the last century, defines "exile" as "the general condition of a person unable to live in his native land due to government decree, personal circumstances, or choice." The encyclopedia continues, "The Romans did not consider exile to be a punishment... A person found guilty of a crime might move to another country. To prevent such an exile returning... a sentence of banishment, interdictio aquae et ignis, was decreed, i.e., he was to be cut off from the communal fire and water; if the exile nevertheless chose to return, it was lawful to kill him."
(Glad 8)

Lo antemencionado se relaciona en cierto modo con la designación que Goebbels tenía para los escritores alemanes expulsados por el Tercer Reich: "cadavers on leave", que sin duda alguna ilustra sintéticamente toda la filosofía del exilio como forma de castigo. Muchas veces intelectuales y políticos, víctimas y torturadores coinciden en que el exilio solo se puede conceptualizar con la frase del poeta romano Ovidio: "Exilio es muerte", pero otros lo ven con la perspectiva de Victor Hugo, para quien el exilio "era vida", y algunos lo relacionan con la idea de Dante que opinaba que el ser exiliado era un honor.

El novelista turco residente en Francia Nedim Gürsel, autor de Un long été á Istanbul (Gallimard, 1980) y La premiére femme (Gallimard, 1987) comparte la máxima de Victor Hugo cuando nos dice:

"I find that exile can be an enriching experience, one which can lead to a greater openess. People come to know other countries, other cultures. And in the process humanity is enriched." (Glad 111)

También la traductora y crítica literaria rusa Raisa Orlova nos asegura que la emigración no es una desgracia, sino una oportunidad:

"One aspect of this opportunity: by the will of fate, or perhaps contrary to the will of fate, we stand between two worlds and thus have the opportunity to become interpreters between these two worlds-not in the sense of language, or not only in the sense of language, but in the sense of comparing one history with another, of comparing my contemporary reality with another comtemporary reality." (Glad 112)

En el contexto moderno es necesario distinguir entre las diferentes manifestaciones del exilio. En adición a la forma original de una expulsión forzada o huída provocada por la represión, existen numerosos ejemplos del llamado exilio voluntario, particularmente entre los artistas, quienes han ido en busca de inspiración creativa trasladándose de un lugar a otro, como es el caso de Samuel Beckett, Vicente Huidobro, Ibsen, Gertrude Stein, Alejo Carpentier y Juan Goytisolo por citar algunos nombres representativos.

El exilio interno se ha convertido en otra forma de proscripción de la sociedad, desterrando a la víctima a un lugar remoto y desolado, alejado del cursar cotidiano de la sociedad, práctica común en la antigua Unión Soviética y en la dictadura militar fascista de Pinochet, para demostrar la no-exclusividad ideológica de esta tendencia represora. Otro exiliado, el poeta lituano Tomas Venclova, nos afirma que

"There are at least two kinds of such emigrés. Some of them leave their countries for good, like Adam Mickiewicz and Alexander Herzen in the nineteeth century, like Czeslaw Milosz and Joseph Brodsky in our own times. Others become so-called internal émigrés, like Boris Pasternak and Mikhail Bulgakov." (Glad 139)

El exilio interno no se circunscribe a la separación física del individuo sino también a la proscripción social y sicológica de éste, aunque permanezca en su lugar de residencia, como ha sido el caso del primer Presidente de la República Checa, Vaclav Havel, y de Osip Mandelstan, el poeta "acmeista" ruso que finalmente falleció en los tristemente célebres campos de trabajo forzado estalinistas. Pablo Neruda es un ejemplo singular, ya que en una mezcla de exilio voluntario e interno permaneció los últimos años de su vida en Isla Negra, alejado de la realidad social y política que atormentaba a Chile en ese entonces. Para terminar con los ejemplos de esta "variación" del exilio podríamos recordar la figura del eminente poeta cubano José Lezama Lima cuya biografía es un testimonio vívido de violentación de la más elemental libertad personal, y a su vez del más atroz de los exilios internos posibles. Juan Goytisolo en su novela-ensayo-testimonio En los reinos de Taifa (Seix Barral 1986) nos narra una anécdota que es un ejemplo fehaciente de como la práctica de silenciamiento fue usada en la persona del poeta:

"Recuerdo que durante el happening organizado por Franqui frente a la antigua funeraria Caballero fui entrevistado en directo por la televisión y, mientras estábamos preparando el esquema de lo que debía ser la entrevista, el periodista encargado de ésta me rogó que, al referirme a la narrativa cubana, no mencionara a Cabrera Infante pese a que por aquellas fechas no había roto aún con la revolución: obedeciendo en apariencia a sus consejos, me abstuve de citar su nombre pero observé que las novelas cubanas más importantes aparecidas en los últimos años eran Paradiso, Tres tristes tigres y El siglo de las luces. El día siguiente, recibí una llamada telefónica en mi habitación del hotel Nacional: era Lezama Lima. Me agradeció la referencia que había hecho a su novela y añadió: "¿Sabe usted que es la primera vez que alguien ha hablado de ella en la televisión de mi país?" (Goytisolo 166)

Este "silencio" sobre la figura y la obra de un determinado escritor ha sido práctica común en todos los estados totalitaristas, si en los años setenta u ochenta se le hubiera preguntado a un estudiante universitario moscovita sobre la obra de Sozhenitzin, de seguro no hubiera podido responder o en el remoto caso de conocerlo su respuesta hubiera sido completamente negativa. Finalmente, podríamos considerar la Fatwa contra el autor de Los versos satánicos el escritor británico Salman Rushdie como otro de los rostros del exilio interno, en el sentido que niega a la víctima la posibilidad de continuar en contacto con la sociedad de una manera normal.

El cine más que la literatura misma es quizás el arte que mejor ha reflejado el problema del exilio o de los "exilios". El cine ha reflejado la nostalgia y la aprehensión del recuerdo de una manera visual y casi sinestésica que la literatura por razones obvias no ha podido.

Dado que los intelectuales y los escritores en particular, se encuentran entre aquellos a los cuales les apasiona sufrir el exilio, ya sea por razones políticas o personales, la pregunta más evidente será, si el abandonar su país de origen afectará la creación artística de estos. John Glad, en Literatura en el exilio, parece tener una opinión completamente determinante cuando nos dice

"[t]he very trauma of exile is an artistic stimulus."(Glad IX)

Este trauma consiste, primeramente, en una noción de pérdida, y una confrontación con el nuevo ambiente muchas veces ajeno; luego el escritor continuará trabajando dentro de la tradición de su país, por esto escribirá para lectores que pertenecen a esa misma tradición, a veces tratará de cambiar a formas literarias de su país adoptivo y en otros casos pretendiendo convertirse en independiente de toda tradición ya sea la de su hogar natal o el adoptado.

El notable escritor polaco Czelaw Milosz dice que sus "escritos para extranjeros" son solamente un esfuerzo didáctico o puramente pragmático, ya que no cree que el entendimiento profundo de su obra sea posible fuera de un idioma común y de una misma tradición histórica. En la opinión de Glad, la mayoría de los exiliados continúan fieles a la herencia cultural de su país. Como una manera de no separarse del todo y de sobrevivir intelectualmente, así como para mantener viva la idea del volver, la recuperación de la patria o la ilusión del regreso. El idioma, por consiguiente juega un papel importantísimo en el asunto, desde que muchos de los escritores exiliados se ven imposibilitados de publicar en su lengua materna, por ejemplo los escritores que han escapado de la Europa comunista o de la Alemania Nazi, por su parte los autores cuya lengua es el inglés, el francés o el español (normalmente) no tienen grandes problemas para encontrar lectores substanciales fuera de su tierra. Referente al idioma, Martin Tucker tiene la interesante opinión de que la lengua es el instrumento capaz de destruir el aislamiento y el exilio mismo debido a que

"a writer transcends exile once he adopts the home of a new language."
(Tucker 77)

Hay, de hecho, numerosos ejemplos de escritores que han optado por escribir en un idioma diferente al propio, el cual es, pero no necesariamente, el del país de adopción, como, por ejemplo, Milán Kundera o Vladimir Nabokov; sin embargo, la decisión de escribir en otro idioma no significa automáticamente una renunciación a la posibilidad de un futuro retorno, y la continuidad de escribir en la lengua nativa no es necesariamente una expresión de esperanza o deseo de repatriación. Thomas Mann, se negó a volver a Alemania después de la guerra, pero nunca dejo de escribir en alemán. Otro caso interesante es el de Joseph Conrad quien cambió del polaco al inglés y cuya partida fue deliberadamente motivada por el deseo de relacionarse íntimamente con un idioma creativo; otro notable emigré, Petrarca, escribía todas sus cartas personales en latín, así como sus observaciones y notas eróticas, pero escribió toda su poesía en italiano, hay innumerables ejemplos de poetas y escritores escribiendo en otro idioma que no es el propio: Tristán Tzara, Paul Celan, Emil Cioran y Eugene Ionesco. El escritor español Juan Goytisolo (a quien mencionamos con anterioridad) ha vivido en el exilio por muchos años, después de la partida de Franco, pudo haber regresado, pero decidió permanecer en Marruecos. Continúa; sin embargo, escribiendo en español.

La experiencia del escritor alemán Horst Bienek es paradigmática ya que no se considera exilado, a pesar de haber cambiado territorios, países, gobiernos e ideologías ya que nunca cambio de idioma ni de tradición, en su ensayo Exile Is Rebellion nos dice:

"The loss of language is probably the most decisive factor in determining exile; it is what makes exile so wretched for the writer. In the process you lose almost everything: childhood, upbringing, mentality, myth. Even if the exile quickly learns the words of the new language, he still needs a long time to express himself on a literary plane in the new tongue."
(Glad 41)

Si para muchos intelectuales el exilio es una experiencia desagradable y no deseada, existen muchos que deliberadamente buscan el "impulso creativo" moviéndose de un lugar a otro en una suerte de auto-exilio que en abundantes ocasiones es menos voluntario de lo que aparenta a primera vista... Para esos escritores, el país natal puede que no ofrezca el nivel suficiente de inspiración artística o libertad, que ellos esperan encontrar en esa suerte de "promiscuidad" intelectual y cosmopolita que ofrecen las grandes ciudades. En un estudio sobre los escritores británicos del siglo XX, Andrew Gurr se refiere al exilio en términos de una relación entre "colonia" y "metrópolis". El artista deja su hogar en la "colonia" con el objetivo de ofrecer su experiencia a una más universal y distanciada visión en la "metrópolis", tratando de establecer su propia identidad artística. En referencia al auto-exilio de James Joyce, Gurr describe la irrefutable mecánica de este proceso:

"And the basic compulsion towards finding a sense of identity brings other compulsions in its wake. The searcher is conscious of his lack of affinity with his time, his place and his history. He is alienated in his own society. Self-consciousness, with all its attendant qualities such as individualism and isolation, even more than their compensatory principles of artistic freedom and integrity, becomes the essential pre-requisite of the artist."
(Gurr 50)

La experiencia del exilio ofrece relativas condiciones para el proceso creativo y muchas veces es el tema y la razón única de un trabajo literario. Cualquiera que sean las razones, la vida en el exilio ha dejado (claramente) una marca visible en la obra de la mayoría de los autores que se han visto en la necesidad (forzosa o voluntaria) de dejar su hogar, porque la alternativa podría significar una inaceptable restricción de su libertad artística, o, en el peor de los casos, la opción socrática de la muerte.

Los escritores hispanoamericanos han figurado de manera prominente entre los literatos exiliados desde las guerras de Independencia. Significativamente, La carta de Jamaica, de Simón Bolívar, que es considerado una de los pilares literarios de la emancipación sudamericana, fue escrito en el exilio, Facundo, de Domingo Sarmiento, es otra gran obra del siglo XIX que se coloca en esta categoría, que se considera una constante entre nuestros escritores hasta la actualidad. El exilio voluntario ha sido una práctica muy común entre la elite cultural y económica hispanoamericana, al menos, son naturales las largas temporadas en las capitales europeas, especialmente París, donde esperan superar lo que ellos perciben como el atraso cultural de sus países. Podemos asegurar, que debido a las numerosas dictaduras que han abatido al continente, así como la búsqueda de modelos europeos y en menor extensión norteamericanos, son la causa fundamental de que una parte sustancial de la literatura hispanoamericana haya sido producida fuera de la región.

Por esta razón, no es sorpresa que durante el "boom" de la novelística hispanoamericana, mucho de sus más grandes exponentes, como García Márquez, Julio Cortázar, Vargas Llosa o Carlos Fuentes se alejaran años de sus respectivos países. El autor cubano Guillermo Cabrera Infante, no desea ser incluido dentro de este grupo de expatriados, ya que él reclama que el suyo es el más auténtico de los exilios, debido a la (casi inmóvil) permanencia de su status y a la no-posibilidad de retorno. De hecho, como resultado de las dictaduras anteriores a 1959 y a la intransigencia ideológica (y longevidad) del gobierno de Castro, los intelectuales cubanos han constituido el más largo y prominente grupo de literatos hispanoamericanos en el exilio. Cuando Eligio García le preguntó sobre la naturaleza de (su) exilio, Cabrera Infante comparó su situación con la de Vladimir Nabokov, a quien él conoció en París en 1970:

"un escritor exilado visita a un escritor exilado, ambos en las antípodas, los dos sin esperanzas- y lo que es más importante, sin deseo- de regresar a su país ocupado por el enemigo, a sus ciudades que ya no existen."
(García 34)



Texto, Copyright © 2004 Raúl E. Romero.
Todos los derechos reservados.


 


Babab.com
Para contactar con nosotros entra aquí
Última actualización: jueves, 1 de julio de 2004

Copyright © 2000-04 Babab
Prohibida la reproducción de cualquier parte de este sitio web sin permiso del editor. Todos los derechos reservados.