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Tres escritoras cubanas ante una realidad decadente. ¿Sexualidad o necesidad?

por Liliana Soto-Fernández,
Ph.D. John Jay College of Criminal Justice



Los balseros de la libertad1 de Josefina Leyva, La nada cotidiana2 de Zoé Valdés y El hombre, la hembra y el hambre3, de Daína Chaviano enfocan de forma directa los problemas de la Cuba de hoy. Es curioso notar que tanto Leyva, Valdés como Chaviano han escogido la novela y no la historiografía para narrar los problemas de esa sociedad y recoger su historia. La novela, como género literario, se asocia mejor con la ficción, con la creación, que con lo documental; sin embargo, estas tres escritoras han seleccionado la novela como medio narrativo. Tal vez lo hayan hecho porque la realidad de la Cuba de hoy es tan insoportable que sólo la evasión literaria permite enfrentarla.

Josefina Leyva, Zoé Valdés y Daína Chaviano escriben de forma clara y directa exponiendo la realidad de la Cuba de hoy. Leyva y Valdés dejan que esa realidad hable por sí misma a través del desarrollo de la novela. El desenvolvimiento diario de los personajes nos permite una visión del mundo en que viven sin necesidad de comentarios. En Los balseros de la libertad los personajes se enfrentan al diario resolver y la obra transcurre en medio de la búsqueda de los materiales necesarios para construir una balsa para escapar de Cuba. En La nada cotidiana Patria/Yocandra pasa su tiempo buscando cómo resolver las cosas más mundanas: conseguir agua para bañarse, buscar algo para cocinar y ver cómo lo cocina, llegar al trabajo —en bicicleta para encontrarse conque no hay electricidad—, cuidarse de que no la denuncien por lo que hace o dice, etc. Sin embargo, ninguna de las dos escritoras deja que sus personajes pontifiquen abiertamente sobre los fallos del sistema. La realidad es suficiente.

En contraste directo a las obras de Leyva y Valdés, Daína Chaviano deja que sus personajes critiquen y comenten los problemas del fallido sistema comunista. El sistema no funciona como vemos que los personajes comentan y justifican la realidad que sufren en carne propia. Nos enfrentamos a Claudia, la Mora, licenciada en Historia del Arte y convertida en prostituta al denunciar el robo de cuadros del patrimonio nacional y ser expulsada de su trabajo (El hombre, p. 65). Rubén, profesor de Arte convertido en artesano ambulante porque ha sido expulsado de su puesto de profesor por un artículo que criticaba el sistema (El hombre, p. 59) y luego preso por vender artesanías. Gilberto, economista, convertido en carnicero para susbsistir (El hombre, pp. 32-3).

Las tres obras concuerdan en exponer un sistema fallido en lo económico, político y social donde no existe libertad de acción ni de expresión. El control del sistema es total, es como si Fidel hubiera parado el tiempo y el espacio. Los personajes son seres vacíos, seres sin alma. fantasmas que deambulan en busca de una vida que una vez fue, sin otro propósito que el de sobrevivir el momento de la mejor manera posible. En la obra de Leyva, Benedicto y Felo se han impuesto como misión el conseguir las cosas necesarias para escapar de la isla: cámaras, sábanas, tinte de teñir tela, etc. A pesar de ser cosas de menor importancia, Felo y Benedicto pasan dos años para poder reunir lo necesario. Los vemos moverse de un lado al otro, como en un juego del gato y el ratón en el que el gobierno es el gato y ellos los ratones. Vivir equivale a sobrevivir el momento.

Josefina Leyva titula su obra Los balseros de la libertad: Novela histórica dejando claro desde un principio que no se trata de un simple juego literario sino de la documentación de un suceso fidedigno: el éxodo de los balseros cubanos en busca de la libertad. Para afianzar el elemento histórico la autora añade un prólogo y un proemio que no son de su autoría sino de personas reales que desempeñan un papel significativo dentro de la sociedad en que vivimos. El prólogo está escrito por el Dr. Lincoln Díaz Balart, miembro del Congreso de EE.UU. y el proemio por el Dr. Manuel Márquez Sterling, profesor de historia de Plymouth State College.

Los balseros de la libertad está dividida en trece capítulos en los que se narra la preparación y la travesía de Benedicto Paz y de sus cinco acompañantes en busca de la libertad y termina con un breve epílogo que se subdivide en cuatro partes en las que se actualiza la situación de Benedicto y de sus compañeros después de llegar a La Florida. Los capítulos sorprenden por su intencional brevedad, ya que describen un mundo vacío en el que nada ocurre y en el que el espacio se llena con lo insignificante. Al leer la obra, el lector tiene la impresión de estar mirando el desenvolvimiento de los hechos a través del agujero de una cerradura. La imagen concuerda muy bien con la profesión del presunto autor de la obra: un tal Dr. Meneses, ex-profesor universitario convertido en cerrajero por no haberse integrado a la Revolución.

El número de los capítulos parece, a primera vista, casual. Sin embargo, nos damos cuenta de su intencionalidad. Es consabido que el trece se asocia con la mala suerte. La conexión es de origen bíblico, ya que tiene que ver con la última cena en la que Judas Iscariote vendió a Cristo por treinta monedas. El suceso histórico origina la superstición que se recoge en el proverbio que dice "... cuando en una mesa se sientan trece, antes del final del año uno perece." La fiesta de despedida de Benedicto ejemplifica el arraigo que tiene la popular expresión, a pesar de los esfuerzos del gobierno por eliminar las supersticiones populares. Las personas mayores son los que más temen el número, ya que por su edad tienen más probabilidad de perder la vida. Los más jóvenes han crecido dentro del Comunismo y dicen no creer en las viejas supersticiones. La autora se vale astutamente de la superstición para anticipar al lector el trágico desenlace. El lector astuto espera la muerte de uno de los personajes, pero no sabe a quién le tocará morir. Esto ayuda a crear la intriga y a mantener el interés en la lectura hasta el final de la obra.

Los personajes de Los balseros de la libertad llevan a cabo acciones heroicas pero no logran ser seres de carne y hueso, sino que más bien parecen sacados de uno de los cuadros en que Goya pinta a la Familia Real. El vacío en el medio del que viven queda reflejado en sus personalidades y maneras de ser.

La estratificación social en el Comunismo es sencilla, ya que la sociedad se divide claramente entre los que se integran al sistema y los que no lo hacen. Los que discuerdan pasan al mundo de los marginados. Sólo aquéllos que están integrados totalmente pueden moverse dentro del régimen.

Casilda, la Presidenta del Comité de Defensa de la Revolución, representa a los que se han integrado al régimen y en apariencia símbolo del logro de la Revolución. Sin embargo, su motivación no es política sino social. Casilda era dueña de "un bar de mujeres ...libres" (Los balseros, p.17) donde no entraban mujeres decentes y ahora es Presidenta del CDR. Esto valida su existencia dentro del sistema al ponerla en una situación de poder. En este cargo puede ejercer cierto control sobre sus compatriotas y resolver su situación económica recibiendo productos a cambio de su complicidad. El ejemplo perfecto es el paquete de carne que le da el carnicero a cambio de su silencio (Los balseros, p. 2). Casilda ha cambiado una prostitución por otra. Antes se vendía por dinero y ahora vende su silencio a cambio de comida. La necesidad sigue existiendo.

Benedicto4, Ricardo y Felo pertenecen a los marginados. Ellos no se han integrado al sistema por sus creencias: Benedicto y Ricardo, por sus convicciones políticas; Felo, por su fe religiosa. Ellos son "gusanos," seres bajos e inservibles que se nutren del sistema sin contribuir a su edificación. A pesar de que los gusanos son considerados indeseables, no pueden salir del país legalmente y se ven forzados a arriesgar sus vidas para escaparse.

Pepe y Alicia también pertenecen a los marginados, no por elección sino por casualidad. Representantes de la nueva generación que no tiene ideas propias pero que se ve expuesta a los vaivenes del sistema. Pepe y Alicia se integraron a la Juventud Comunista automáticamente ya que crecieron y se educaron dentro del sistema. Debido a su corta edad ellos no conocieron otra forma de vida que la del Comunismo, al que curiosamente ellos no rechazaron, sino que éste los rechazó a ellos: a Alicia, por no romper con el novio que se fue a los Estados Unidos, y a Pepe, por ayudar a su tío a conseguir la brújula.

Alicia contrasta con Casilda enfocándose así pasado y presente. Ella es una muchacha noble y buena, pero falta de voluntad, falta de libre albedrío. Ellacoloca la culpa de sus problemas en manos de otros que deciden todas y cada una de sus acciones. Ella no demuestra ni la más mínima gota de iniciativa ni de responsabilidad por su destino o por sus acciones: no tiene fe en Dios porque se la robaron cuando entró a estudiar su carrera; la expulsaron de la Universidad por amar a una persona que se fue del país, pero no sabe si lo ama en realidad; huye de la isla porque no tiene opciones y Felo le brindó su ayuda. La falta de voluntad de esta mujer es tal que en medio de la travesía le comienza el período menstrual y son los hombres los que tienen que ocuparse de que no derrame la sangre para no atraer a los tiburones (Los balseros, p. 76 y 79). Alicia se deja llevar, —yo más bien diría arrastrar—, por las circunstancias. Su relación con Ricardo, un hombre casado y con dos hijos, es otro ejemplo más de como las circunstancias la empujan sin que ella se r esista. La persona que aparece ante nosotros es un ser carente de libre albedrío. Por el nombre y por la forma en que se conduce este personaje, recuerda a Alicia en el País de las Maravillas, sólo que en su caso es Alicia en el país de las pesadillas. El sexo es sólo otra acción.

Pepe, al igual que Alicia, no tiene ninguna convicción política en particular y se deja arrastrar por las circunstancias. Se ve forzado a salir del país para no ser ejecutado por haber ayudado a Benedicto a robar la brújula. Su padre y su tío le aconsejan que escape para evitar que lo ejecuten. Pepe, obviamente, no es una persona libre, pero está tan acostumbrado a no serlo que no es en sí eso lo que busca. Para él salir del país es sinónimo de mejorar su situación económica. Él no tiene otro punto de referencia que las comparaciones materiales entre los que tienen y los que carecen. Su entusiasmo en las horas antes de la travesía consiste en soñar con la abundancia de comida y bebida que nunca ha conocido. Al llegar a Miami su interés es totalmente personal, olvidándose de su familia y de Cuba (Los balseros, p. 87). La necesidad funciona como elemento primordial en su existencia.

La frustración del intelectual se expone mediante el Dr. Meneses, profesor universitario por vocación reducido a cerrajero por no integrarse a la Revolución. La desesperación lo lleva a buscar la muerte. El Dr. Meneses quiere suicidarse pero carece de un medio para llevarlo a cabo. La ironía de su búsqueda de tinta para escribir una carta a las autoridades no pasa inadvertida. La tinta, el medio más simple para dar salida a la imaginación, es algo raro. Esto indica hasta qué punto está limitado el intelectual.

La búsqueda de tinta, representativa de la necesidad de libertad creativa, pone en contacto al Dr. Meneses con su vecino Benedicto Paz. El hombre que viene en busca de la muerte crea el fatídico trece tan temido por los invitados de Benedicto. La suerte lo expone al plan de escape de éste último y le pide que le permita escaparse con él. El peligro de la travesía en balsa se convierte en un dato insignificante para el Dr. Meneses que prefiere morir libre a una vida sin posibilidades.

El Dr. Meneses es el perfecto espectador ya que en su papel de intelectual cerrajero puede observar sin participar completamente en lo que ocurre. Esto le permite mirar, analizar y cuestionar todo lo que le rodea, desde sus compañeros hasta la existencia o inexistencia de Dios. Sus preocupaciones filosóficas son tantas que casi lo inutilizan. De esta forma logra recoger sin emoción alguna los sucesos de una sociedad caótica en la que los valores morales van en decaída y en la que lo único que importa es sobrevivir. Los amigos son pocos porque no se puede confiar en nadie y el hurto es un modo de supervivencia.

Josefina Leyva ha tenido mucho cuidado al escoger a sus personajes. Cada uno de ellos representa un aspecto del problema, de la realidad, de la necesidad que se vive en la Cuba de hoy. De ahí que en la fiesta de Benedicto aparece un desconocido con un arpa. El intelectual no es el único frustrado en medio de estas circunstancias. Es por eso que aparece el músico, la musa medieval callada y frustrada que tiene que irse a Miami para dar voz a su creación. El misterioso músico hace entrada en dos ocasiones en esta novela: la primera, en la fiesta de despedida de Benedicto donde sólo existe el recuerdo de la expresión libre; la segunda vez, en Miami, donde el Dr. Meneses pasa por el lado del artista sin reconocerlo de inmediato. Al darse cuenta de quién se trata, sale a buscarlo, pero encuentra a otros músicos, símbolo de libertad de expresión y de creación. Se contrapone vivir a sobrevivir.

Zoé Valdés en La nada cotidiana capta la Cuba de hoy al igual que Josefina Leyva en Los balseros de la libertad. La gran diferencia entre las dos obras es que Leyva cuenta la historia de los que se escapan de Cuba mientras que Valdés escoge a una mujer condenada a vivir en el infierno que es la Cuba de hoy y que ha convertido el sexo en su única forma de libre expresión.

La nada cotidiana se desarrolla en nueve capítulos. El capítulo primero lleva por título "Morir por la patria es vivir," una de las líneas del Himno Nacional cubano, y es aquí donde encontramos por primera vez a Patria/Yocandra en medio de un diálogo con la Nada, con el Silencio que se ha convertido en su interlocutor en el Purgatorio para sentenciarla a regresar a Cuba, a la isla infierno. El vacío de su vida y la falta de deseos de luchar son obvios: "Morir y vivir: el mismo verbo, como por ejemplo reír ."5 (La nada, p. 16). La mujer tropical que por un momento no recuerda ni su nombre, no encuentra asilo en ninguna parte y se ve forzada a regresar al infierno que es la Cuba de hoy. La obra cubre la vida de Patria desde el momento en que nace hasta el momento en que entra en el Purgatorio en el capítulo final, "Y yo que lo tenía en un altar." El título del capítulo final es muy significativo: indica la destrucción de un sueño, de un ideal. El fallo del amante se iguala al fallo del líder de la Revolución. Por eso vemos que la letra de imprenta cambia a letra cursiva en la última línea del capítulo nueve, empatando de esta forma el final con el comienzo en el Purgatorio. Lo que ha quedado en el medio, en letra de molde o de imprenta, es la realidad en blanco y negro que ha llevado a Patria, al pueblo, al Purgatorio en que vive.

Patria, al igual que Cuba, su madre patria, conlleva una vida de vicisitudes en la que el compromiso diario es la rutina. El sexo es uno de esos compromisos que permite remediar la situación en que se vive. Patria, por ejemplo, se inicia al sexo oral y anal con un ex-preso político de cincuenta años para aprender un poco de literatura. Luego tiene el mismo tipo de relaciones sexuales con un negro marino mercante para llevar la contraria a su padre y conocer un poco del mundo que existe fuera de la isla. La relación con el Traidor es también un medio de adquirir conocimientos. Ella confiesa que lo que le atrajo a él fue creerlo escritor y filósofo. El sexo se convierte en la llave para conseguir lo necesario para sobrevivir ya sea esto algo físico o intelectual.

La relación de la muchacha con el Traidor es otro ejemplo de cómo se resuelve. Ella quiere acostarse con el Traidor pero él no quiere acostarse con una mujer llamada Patria y mucho menos con una virgen. ¿Qué hace? Pues, al igual que el sistema _socialista, marxista leninista, comunista, períodos especiales, etc._cambia de nombre para lograr su propósito y resuelve el problema de la virginidad acostándose con el primer hombre que encuentra: un peludo enmariguanado que la desvirga casi sin darse cuenta. ¡Lo importante es resolver!

Los personajes de Valdés no sólo son espectros de seres humanos como los de Leyva, sino que han pasado a ser tipos: la Gusana, el Traidor, el Nihilista, los espías, la militonta, el Lince, el ex-preso político, el negro, el peludo, etc. Ya no llevan nombres sino que responden a un estereotipo. La Gusana, al igual que los gusanos en la obra de Leyva, son aquellos que están abiertamente en contra del régimen castrista y que buscan salir del país. Unos lo hacen ilegalmente, mientras que otros como la amiga de Yocandra se las ingenian para encontrar salida. La Gusana logra salir del país casándose con un viejo español. Desde la perspectiva cubana el hombre tenía dinero y la podía sacar de la nada. El otro lado de la moneda, es la realidad del mundo: el hombre es viejo y no tiene mucho dinero. La vida que encuentra en España no es lo que ella soñó.

El Lince representa al artista que se ha integrado pero que no logra la libertad necesaria para dar rienda suelta a su creatividad y acaba frustrándose. La relación entre el Lince y la Gusana sirve para marcar la falta de valorización del intelectual, del artista. El Lince es Licenciado en Historia del Arte pero tiene que meterse a albañil para sobrevivir. Ella está enamorada de él, pero por su profesión sabe que no ganará ni para comer y lo deja y se va con el viejo español. El sexo es solo un medio de lograr lo necesario y no señal de emociones auténticas.

Yocandra se encuentra al final en una relación con dos hombres: el Traidor y el Nihilista. El primero traiciona a la chica enamorada del filósofo escritor con su crueldad e hipocresía que queda como símbolo de la traición de la patria por el ídolo de la revolución. El otro, el Nihilista, es sólo eso: el que rompe con lo establecido sin llenar el espacio con nada nuevo. Es sólo un cambio, otro amante, para llenar el vacío.

Daína Chaviano en El hombre, la hembra y el hambre al igual que Zoé Valdés pinta una Cuba arruinada pero en la que hombres y mujeres en busca de una identidad personal confabulan otra realidad para poder sobrevivir. La novela se desarrolla mediante el diálogo de dos amigos que hablan de dos mujeres que han perdido de vista: Claudia, una licenciada de Historia de Arte y la Mora una enigmática prostituta de pocas palabras.

Rubén, ex-profesor convertido en artesano y Gilberto economista convertido en ayudante de carnicero. En la sociedad en que viven la inestabilidad reina, lo constante es que hay hombres, hembras y hambre y un deseo por sobrevivir que los lleva a confabular otra realidad. Hay hambre de todo: de comida física y espiritual, de identidad y de amor. Para satisfacer el hambre, el hombre y la hembra hacen lo que haya que hacer. El sexo se presenta instinto de supervivencia, una de las llaves para conseguir lo necesario. Es por eso que ella no habla de hambre momentánea sino de hambre ancestral:

La comida es una celebración de la vida: festejamos cada aniversario con golosinas de todo tipo... Lo cierto es que el alimento es una especie de llave para abrir el corazón. Por eso el pan es sinónimo de comunión con el mundo espiritual.
(El hombre, p. 53)

Ella habla del hambre como "una culebra" (El hombre, p. 53). Esta culebra no tienta con conocimiento sino con comida.

La obra se divide en seis partes que son precedidas por un preludio e interrumpidas después de la tercera parte por un interludio. Funciona como obra teatral en escena. El trasfondo es Cuba y los actores jóvenes sin futuro que se debaten por sobrevivir. La religión, alma del pueblo, ha desaparecido oficialmente pero quedan los vestigios de las creencias afro-cubanas. Por eso, Claudia no clama por Dios Padre sino por un dios ancestral : "Olofi, Olofi, ¿por qué me has abandonado?" (El hombre, p. 298). Esto permite conectar pasado y presente. La vida de Claudia y la Habana del presente se igualan al pasado de esclavitud y de deseos desenfrenados. El presente desde esa perspectiva parece como parte de un ciclo vicioso. Comprender el pasado es entender el presente. Chaviano reduce el problema social al nivel más mínimo: el hombre y la hembra y su necesidad más básica: el hambre.

La revolución quería erradicar las conductas anómalas: prostitución y homosexualidad pero vemos que las dos permanecen como aspectos de supervivencia. Tanto hombres como mujeres se venden por lo más básico: matar el hambre. Unos venden sus ideales mientras que otros venden su cuerpo.

Josefina Leyva, Zoé Valdés y Daína Chaviano se valen de la novela para exponer los problemas de un sistema en decadencia. La base de las tres obras es la necesidad de sobrevivir. Esta necesidad conlleva remediar y el sexo es uno de los remedios que permite la supervivencia. La narración en Los balseros de la libertad de Leyva se da desde el punto de vista de un hombre que mira desprendidamente los hechos y los expone sin emoción ante nuestros ojos. La sexualidad masculina no se cuestiona porque la sociedad siempre lo ha visto como derecho masculino. Leyva que proviene de un mundo más conservador no lo toca abiertamente. Hay episodios de sexualidad recatada en los que la mujer juega un papel sumiso. Casilda, la mujer de mal vivir, es sólo eso pero no hay episodios que vanaglorien el sexo. Zoé Valdés habla de la misma realidad, pero la pone en boca de una mujer que la experimenta en sangre propia. Los escrúpulos ya se han perdido y lo que cuenta es la necesidad. La emoción no se evidencia. Vemos ante nuestros ojos la fría realidad con todas sus consecuencias. La mujer, antes símbolo de candor, es ahora tan fría y calculada como un hombre. El sexo ya no es emoción, sino otra acción: la acción de sobrevivir en medio del vacío, en medio de la nada cotidiana. Chaviano presenta la decadencia del presente y la conecta al pasado mediante las visiones de Claudia. El futuro no existe dentro de este mundo comunista, por consiguiente, sólo queda el pasado para aprender si es que se logra llegar a él porque los datos no existen o se han ido borrando. Nótese que el futuro, existe fuera de la isla. La destrucción es total ya que cunde todos los aspectos de la vida.

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Obras citadas:

  • Chaviano, Daína. El hombre, la hembra y el hambre. Barcelona: Planeta, 1998.
  • Leyva, Josefina. Los balseros de la libertad: Novela histórica. Tercera edición. Coral Gables: Ponce de León, 1992.
  • Valdés, Zoé. La nada cotidiana. Buenos Aires: Emecé, 1996.

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Obras consultadas:

  • Barthes, Roland. Le plaisir du texte. Paris: Editions du Seuil, 1973.
  • Camara, Madeline. "Escritoras más allá del 'boom'" El Nuevo Herald 25 de julio de 1999. Edición Especial: E3.

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Notas:

1. Josefina Leyva, Los balseros de la libertad (Coral Gables: Ponce de León, 1992), en adelante Los balseros

2. Zoé Valdés, La nada cotidiana, (Argentina: Emecé, 1996). En adelante La nada.

3. Daína Chaviano, El hombre, la hembra y el hambre, (Barcelona: Planeta,1998). En adelante El hombre

4. Josefina Leyva indica que Benedicto es el único personaje basado en una persona de la vida real.

5. La letra cursiva es de la autora.




Texto, Copyright © 2004 Liliana Soto-Fernández.
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Última actualización: jueves, 1 de julio de 2004

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