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Algunos derechos reservados: Creative Commons y propiedad intelectual

por Florencio Cabello Fernández-Delgado


"El que recibe una idea de mí, recibe enseñanza para sí sin reducir la mía; igual que el que enciende su cirio con el mío, recibe luz sin dejarme a mí a oscuras"

Thomas Jefferson, Padre de la Patria de EE.UU.

En los últimos tiempos el desarrollo de las redes telemáticas de comunicación y de aplicaciones abiertas basadas en las nuevas tecnologías de la información está posibilitando experiencias extraordinarias e insospechadas hace tan sólo unos años con respecto a la creación y la producción y reproducción del conocimiento (en otro contexto me referí a la copia como "el milagro de la multiplicación de los panes y los peces" de la era digital). Coincidente con ella, no obstante, aparece toda una batería de restricciones tendentes a minar el desarrollo de nuestra capacidad de intercambiar ideas e información, de innovar colectivamente, de participar en la generación de más conocimiento, etc. Son los nuevos "cercamientos" de nuestro tiempo, que tratan de impedir que todos aquellos bienes comunes "inmateriales" que han sido producidos por una inmensa colectividad (aquella imagen del enano "en hombros de un gigante" con que Newton definía su trabajo resulta aún harto sugerente) sigan siendo de aprovechamiento y disfrute comunes.

Hoy están, pues, en juego aspectos críticos para nuestro crecimiento y, dejémoslo claro desde el principio, para nuestra felicidad, como son el acceso a los bienes comunes artísticos y culturales, la libre circulación del conocimiento (desde el software libre hasta batallas como la de los "genéricos" contra el SIDA), la propia libertad de expresión o el impulso de espacios de creación y producción comunitarias. Y es precisamente en este momento en que necesitamos urgentemente un debate público, abierto y multitudinario para discutir estas cuestiones cuando nos topamos demasiado habitualmente un enfrentamiento entre dos polos opuestos que, por más que posean fuerzas muy dispares, demasiado a menudo emplean una misma lógica que hace un flaco favor a la innovación y la invención.

En un extremo, aparece la Industria de la cultura que, sintiendo amenazado su cuasimonopolio de la cultura, se pertrecha con todo su arsenal mediático y de intimidación jurídica (maniobras que D. Jorge Cortell, profesor de Propiedad Intelectual de la Universidad de Valencia ha llegado a definir como "terrorismo judicial"1) para desatar una guerra "contra todos", contra todo el público. Es la guerra a la que, por ejemplo, se lanza CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) cuando afirma en la pasada Feria del Libro de Madrid que Internet y las nuevas tecnologías son "instrumentos de destrucción de la cultura" o cuando la SGAE (Sociedad General de Autores y Editores) amenaza con el fin de la música y apoya desde la Fundación Autor la edición de un disco de Vale Music que, titulado "¡No a la piratería!", vierte en su contraportada, entre otras lindezas, acusaciones de marcados tintes xenófobos. La misma guerra que telediariamente sufrimos cuando escuchamos hablar de la "piratería" o cuando se criminaliza la compartición de ficheros que realizamos a través de Internet. Idéntica guerra, por cierto, que recientemente trata de imponer en España el canon a las bibliotecas por préstamo público o impulsa a emplear un nuevo copyright que prohibe expresamente dicho préstamo público. El lema de esta guerra es, por supuesto, el "Todos los derechos reservados".

En el otro extremo, encontramos una pléyade de gente de las más dispares procedencias que plantea un enfrentamiento frontal con la posición anterior sin formular un cuestionamiento de fondo acerca de sus mecanismos, de conceptos como el de "Autoría" o de la propia lógica de mercado y apropiación que subyace a los planteamientos expuestos arriba. En consecuencia, defienden una concepción anárquica de la creación y la difusión sin ninguna regulación basándose en presunciones que el profesor de Derecho de Duke, James Boyle, trata de desmontar pormenorizadamente en su artículo Foucault en el ciberespacio. Vigilancia, soberanía y censores estructurales2. Argumenta así Boyle en dicho texto que este tipo de planteamientos resultaría "algo inadecuado debido a su ceguera respecto a los efectos del poder privado y afirmo que es también sorprendentemente ciego ante el propio poder del estado en el ciberespacio". Parece probado que el rechazo al copyright restrictivo que elude considerar la asimétrica relación de fuerzas y los dispositivos de "captura" de la riqueza intelectual que despliegan las distintas instituciones que quieren dominar este ámbito de nuestras vidas puede que amplíe algo la libertad, pero en muchos otros casos no hace sino abrir la puerta a mayores posibilidades de restricción y explotación, en lo que ellos expresarían como "Ningún derecho reservado".

Es justamente en medio de estas dos posiciones, donde son posibles los matices y la táctica, donde la crítica a la propiedad intelectual viene acompañado de un profundo estudio de sus mecanismos, que entra en escena el proyecto Creative Commons (CC), a cuya presentación queremos dedicar las siguientes líneas. CC, así, escapa de aquel enfrentamiento estéril con una reivindicación que resulta revolucionaria en el contexto en que se lanza: la moderación de su lema "Algunos derechos reservados".De esta manera, la organización logra reformular la lucha por el dominio público y por la construcción cooperativa y comunitaria de la creación, sirviéndose de las propias leyes de copyright para diseñar una serie de licencias que garantizan precisamente la difusión y el intercambio y contribuyen así al crecimiento de los commons (campos comunales) de la esfera creativa. Tal y como ellos afirman en su página, www.creativecommons.org, "usamos los derechos privados para crear bienes públicos".



¿Qué es Creative Commons?

En el año 2001 un grupo de productores y de estudiosos de la propiedad intelectual y del ciberespacio de diferentes universidades de EE.UU. -entre los que figuran el citado James Boyle y Lawrence Lessig, Hal Abelson y Michael Carroll-, junto con estudiantes y colaboradores de investigación del Centro Berkman de Internet y Sociedad de la Escuela de Derecho de Harvard y del Centro de Internet y Sociedad de la Escuela de Derecho de Stanford, pusieron en marcha CC, un ambicioso proyecto que se atrevía a cuestionar los términos y también mucha de las amenazas que se manejaban mediática y políticamente al tratar la cuestión de los derechos de autor y la propiedad intelectual, especialmente desde su consideración en el espacio de la red. Para el lanzamiento de esta organización resultó fundamental asimismo el decidido respaldo Center for Public Domain, una fundación asentada en Durham (Carolina del Norte) que se dedica a alertar sobre la importancia del dominio público frente al restrictivo régimen de propiedad intelectual y a promover propuestas que faciliten soluciones efectivas a dicha cuestión.

CC nace como una iniciativa sin ánimo de lucro que se financia a través de las contribuciones de entes como los citados, junto a un número cada vez mayor de organismos patrocinadores. Alrededor de este proyecto CC reúne a un amplio y heterogéneo grupo de profesores, productores, editores y demás estudiosos que, inspirados por la extraordinaria experiencia de producción cooperativa y libre a través de Internet de software basado en GNU/Linux y, más particularmente, por el potencial que supuso la aparición de la licencia en la que dicha experiencia se sustentaba legalmente, la hoy célebre General Public Licence (GPL) concebida por la Free Software Foundation (FSF), se proponen emular este tipo de experiencias en otros campos de la producción intelectual.

En efecto, en el año 2001 la GPL llevaba ya varios años probando ser una herramienta original y muy potente que permitía un aprovechamiento de las restrictivas leyes imperantes para lanzar un desafío inaudito a la lógica propietaria en el ámbito de la producción de software -que Richard Stallman, fundador de la FSF, resume de este modo: "Si usted comparte con su vecino, usted es un pirata. Si desea algún cambio, pídanos que lo hagamos nosotros."- mediante la promoción de la copia, el uso y la modificación como motor de producción de aplicaciones informáticas cada vez mejores y, en definitiva, como fuente esencial de riqueza.

CC parte, por tanto, de un seguimiento amplio de este tipo de iniciativas y se plantea el reto de cómo extender este tipo de experiencias de producción descentralizada y abierta. Ahora bien, CC reconoce desde el principio que su proyecto de traducción de esa iniciativa a campos tan diferentes como el cine, la música o el ensayo pasa indefectiblemente por reconocer y atender cuidadosamente a la singularidad de cada uno de ellos. En definitiva, esta entidad se propone promocionar y facilitar el que también en el ámbito de la música, del video, del diseño de páginas web, de la literatura, etc. esa práctica antiquísima de "compartir con el vecino" resulte gratificante y enriquecedora para ambos.

En este sentido, otra de las cuestiones cruciales de su hipótesis de partida es que la creciente atención de productores y trabajadores de "lo inmaterial" en general hacia los nuevos dispositivos de difusión, empleo e incluso modificación de sus obras más allá de los cercamientos de la propiedad intelectual se está topando con una fuerte carencia de herramientas sencillas concretas que les habiliten -incluida la "protección" legal- para sacar partido de ellos efectivamente. Así pues, CC asume como una de sus tareas más urgentes el diseñar y ofrecer a todos los creadores un abanico amplio y a la vez preciso de alternativas al copyright restrictivo como modo de dar respuesta a esa demanda que permanecía casi por entero desatendida para transformar el hasta ahora blindado proceso de licenciamiento en algo fácil y flexible a las preferencias de cada uno, desde un músico que está empezando hasta la propia BBC (que anunció a finales del pasado mes de mayo que en su proyecto de liberar todo la información de su página web iba a emplear una licencia CC).

En cuanto a las metas que esta fundación se propone alcanzar con todo ello debemos señalar como primordial la intención consistente en abrir un espacio de crítica y al mismo tiempo de propuesta y trabajo concretos alrededor de la noción de dominio público y de bienes comunes en el ámbito intelectual, informacional, artístico, que ayude a promover y defender la libre circulación de saberes, la compartición de trabajos de los más dispares campos artísticos, así como los procesos de (re)creación y producción comunitarias. Ahora bien, conviene aclarar en este punto que por el hecho de que una de sus primeras líneas de trabajo haya consistido en proponer una serie de licencias "abiertas" no debemos suponer que CC vaya a establecer ninguna relación jurídica con los usuarios de dichas licencias o que asuma entre sus objetivos el de proporcionarles asesoramiento o representación legal.


Las licencias Creative Commons

Apuntábamos al principio de este escrito que el proyecto de CC bebe en gran medida de l a fuente extraordinaria de inspiración que supone el movimiento de software libre y es por ello que la primera iniciativa por la que apostaron decididamente sus fundadores, y que presentaron en una fiesta pública en diciembre de 2002, fue la de lanzar pública y gratuitamente a través de Internet una serie de licencias que dotaran a los productores de la posibilidad de garantizar el acceso del público a su obra mediante un permiso legal a su copia y distribución que les permitía al mismo tiempo un espectro más o menos amplio de decisión con respecto a ciertos usos de dicha obra.

Seguían así los pasos que iniciara allá por 1984 la citada FSF que, en su deseo de crear una comunidad de programadores que recuperara la capacidad de crear, compartir y modificar los programas informáticos frente al papel de consumidores a que los reducía la lógica del software propietario, tuvo la enorme inteligencia de proponer una clase de licencia que, ajustándose rigurosamente a las disposiciones del copyright, lo subvertía de tal modo que este ya no garantizaba la propiedad y el uso exclusivo de una determinada aplicación informática, sino que la punía, favoreciendo precisamente el que la obra circulara y con ello se enriqueciera sin llegar a ser de nadie. Se trataba de la ya citada GPL, que sirve a los desarrolladores de expresión legal de las cuatro libertades básicas de este tipo de programas: la libertad de usar el programa, la libertad de estudiar cómo funciona (de ahí que su código fuente sea abierto), la libertad de copiarlo y compartirlo "con tu vecino" y la libertad de modificarlo y redistribuir dichas mejoras para provecho de todos.

Para explicar las opciones que CC nos ofrece para registrar nuestro trabajo y declarar públicamente que preservamos el derecho del público a acceder a él voy a recurrir a un ejemplo concreto, el de este texto que usted lee ahora, siguiendo cada uno de los pasos que me conducirán a su registro con una de estas licencias. En primer lugar, evidentemente, preciso acceder a un equipo informático con navegador y conexión a Internet para visitar el sitio www.creativecommons.org., en cuya página principal veo una sección llamada "Choose a license" ("Elige una licencia"), donde pincho para que me conduzca a la página dedicada a este proceso.

Una vez allí, lo primero que encuentro es que CC ha sabido aprovechar la interactividad de la red para esquivar enojosas descripciones técnicas o desmenuzamientos jurídicos y sustituirlos por un "cuestionario" compuesto de dos preguntas muy sencillas que me permiten establecer mis preferencias acerca la licencia. De este modo, tras una breve declaración donde se afirma que con una licencia CC la gente "puede copiar y distribuir tu obra" siempre que te cite como autor para proporcionarte prestigio, se me plantean las dos cuestiones que terminarán de afinar las condiciones en las que lo anterior se hará efectivo: "¿Quieres permitir usos comerciales de tu obra?" Puedo contestar "Sí" o "No". Como a mí me parece muy bien que alguien quiera tomar este texto y publicarlo con un componente de lucro, marco la opción "Sí". "¿Quieres permitir modificaciones de tu obra?" es la segunda pregunta. En este caso, además de las opciones "Sí" o "No", dispongo de una que introduce un matiz que me recuerda a la comunidad de software libre, la que reza "Sí, siempre que los otros compartan a su vez". Como me resulta atractiva la idea de que a partir de un mínimo escrito como este puedan surgir obras derivadas que sigan siendo abiertas, marco esta última opción y pulso el botón "Select a license" ("Seleccionar una licencia").

Sigo ahora con el segundo paso, donde me informan que la licencia que acabo de elegir se llama en inglés Attribution-ShareAlike License y me invita a revisar mi opción, cuya representación gráfica sería:




Requiere atribución.



Requiere compartición en las mismas condiciones.

Algo que resulta muy interesante de este segundo paso es el desglose que CC explicita de la licencia que acabo de elegir, contemplando tres "versiones" de ella: una primera, la "legible por humanos", donde se explica de modo conciso los derechos que reconoce la licencia y aquellas condiciones que, en este caso yo, planteo a su ejercicio; una segunda, el texto íntegro "legible por abogados" (humanos o no), donde se desarrollan todas las especificaciones e implicaciones legales derivadas de mi elección (todo un trabajo que nos ahorra CC a mi lector y a mí); y una última, que resulta una novedad muy sugerente, una versión basada en un código digital, esto es, "legible por computadoras", que permitirá a cualquier interesado encontrar mi trabajo a través de un motor de búsqueda.

Hecho esto, los dos últimos pasos tienen un cariz más técnico, estando enfocado el tercer a ilustrarme acerca de cómo marcar digitalmente mi texto (o una canción, o una página web, o una película). De este modo, CC pone a mi disposición una guía donde me explica que primero tengo que especificar qué clase de trabajo me dispongo a licenciar y después asegurarme de que queda bien visible la referencia que he escogido, a ser posible incluyendo el logo de CC en el que cualquier lector puede pinchar y leer la versión "humanizada" de mi licencia. Por último, una vez que he marcado mi texto para que futuros lectores interesados puedan encontrarlo mediante el empleo de motores de búsqueda, en el paso cuarto CC me ofrece orientaciones sobre cómo puedo dar publicidad y compartir mi texto a través de registros, directorios y archivos. Un ejemplo de ellos es el Common Content, un directorio donde CC recoge todos aquellos trabajos que emplean alguna de sus licencias, organizados por las categorías "Imágenes", "Textos", "Películas", "Páginas web" y "Audio". Para acabar, CC me ofrece incluso la posibilidad de recurrir a un sistema de micropagos llamado BitPass, que me permite aceptar pequeñas cantidades que me quieran proporcionar alguno de mis lectores. En cualquier caso, permítame mi lector que posponga la realización de estos dos últimos pasos hasta unas líneas más adelante, puesto que antes de completar este texto y buscarle una licencia aún me gustaría añadir algo más sobre estas cuestiones.

Y es que aunque, como hemos señalado previamente, los primeros pasos de su trabajo estén encaminados a dotar de un conjunto amplio y abierto de alternativas al "Todos los derechos reservados" del copyright restrictivo, la tarea que se marca esta organización quiere ir mucho más allá en la línea de fomentar la creatividad en el arte y en la investigación, apuntando a la construcción colectiva de un verdadero dominio público al que todos podamos acceder para el disfrute de las obras, su intercambio y compartición.

En esta línea se inscriben aquellas de sus propuestas que impulsan el que esta ampliación del dominio público se vea acompañada por la facilitación efectiva de un acceso ágil y sencillo a todo este (in)material. Así, en relación al cuarto paso que señalábamos a la hora de elegir la licencia, CC se propone no sólo un aumento de la cantidad de obras liberadas y disponibles legalmente, sino que a través del desarrollo de aquel dispositivo de metadata al que aludíamos en dicho paso final, este conjunto de obras quede además convenientemente descrito e identificado con una serie de parámetros de modo que toda aquella persona interesada en emplear para sus trabajos imágenes, videos, canciones o textos de libre difusión pueda disponer de ellos fácilmente con tan sólo recurrir a aplicaciones de búsqueda en Internet. Por más que resulte obvio, CC siempre se preocupa por subrayar que en ningún momento se trata de crear algo así como una enorme base de datos centralizada o convertirse en un "nuevo" proveedor de contenidos, sino de construir un "espacio de intercambio como laboratorio de creación"3 con el fin de favorecer, por un lado, a los creadores que apuestan por el empleo de licencias CC con un modo efectivo de promocionar su trabajo, y, por el otro, al resto de creadores mediante una amplia variedad de obras a las que pueden recurrir para componer las suyas.

Junto a estas propuestas en torno al abanico de licencias que CC lanzó allá en diciembre de 2002 (y que permanecen siempre abiertas a las modificaciones y sugerencias de sus propios usuarios), el citado interés de esta organización por ampliar lo más posible este dominio público le ha llevado posteriormente a afinar su trabajo hasta el punto de presentar propuestas paralelas a estas licencias basadas en el "Algunos derechos reservados", que abordan de forma muy diferente, casi opuesta, la consecución de dicho objetivo.

Con una de estas líneas de trabajo nos encontramos justamente al principio de la sección "Elegir una licencia", puesto que, en la nota que aparece antes de completar el primer paso se lee algo que omití en mi explicación previa con la intención de aclararlo aquí: "Si quieres ofrecer tu trabajo sin condiciones, elige el dominio público". De este modo, CC se presta también a informar y facilitar a los productores la colocación de su trabajo a disposición de todos sin restricciones mediante la Public Domain Dedication. Esta variante establece que "una vez depositada en el dominio público, la Obra puede ser libremente reproducida, distribuida, transmitida, usada, modificada, reconstruida o explotada de cualquier modo por cualquiera con cualquier fin, comercial o no comercial, y por cualquier medio, incluyendo..." (y aquí viene lo mejor) "mediante métodos que aún no han sido aún inventados o concebidos". Queda sí expresado de un modo frontal, directo, el propósito de CC de romper con sus propuestas la que consideran limitación capital al florecimiento de la innovación, de la invención, que no es otra que el cercamiento del copyright. Como ellos mismos declaran en su página: "Le ayudaremos a declarar `Ningún derecho reservado´".

Ahora bien, conviviendo en perfecta armonía con ello y, lo que es mejor (aunque parezca increíble), compartiendo sus fines, nos topamos a continuación con una de sus últimas y más "retorcidas" iniciativas, el bautizado como Founders´copyright, en un guiño que, dada la trayectoria de la organización y el talante de algún miembro con el que he tenido la oportunidad de coincidir, diría que no está de ningún modo exento de ironía yankee. Pues para esta nueva propuesta CC se ha remontado nada menos que a 1790, al texto de la primera ley sobre copyright de los recién creados EE.UU., la que redactaron los "Padres de la Nación", para formular una apelación "patriótica" al "equilibrio" que aquellos habrían querido imprimir en tan pionero texto entre el beneficio privado y el público. ¿Qué persigue entonces CC con esta vuelta al pasado del Founders´Copyright? Muy sencillo, convencer a aquellos autores más "monopolistas" de que renuncien al actual sistema de copyright, que establece un derecho exclusivo de explotación hasta 70 años después de su muerte y se acojan a las "equilibradas" condiciones que se establecían allá por 1790, esto es, un permiso para ejercer el monopolio de explotación de su obra por un periodo de 14 años, renovables por otros 14 si el autor así lo establecía. En un afán por impulsar, casi "arañar" una ampliación incesante del campo de lo común creativo, CC establecerá, mediante este Founder´s Copyright un contrato con el autor por el que este les cede por 1 dólar sus derechos actuales de explotación, a cambio de que CC le proporcione gratuitamente una licencia exclusiva para su trabajo, válida para un periodo de 14 (o 28) años, es decir, de acuerdo a los términos de 1790.


Icommons: Las versiones internacionales de CC

En cualquier caso, además de lo expuesto previamente, me parece fundamental destacar el importantísimo esfuerzo que CC ha desplegado para diseminar a escala global su crítica a la propiedad intelectual y sus propuestas merced al proyecto Icommons (International Commons), consistente en el desarrollo de "versiones internacionales" de CC que, partiendo de la tarea y de la experiencia ya desarrollada en EE.UU., sean capaces de trasponerlas a las diversas zonas respetando las particularidades de las mismas, al tiempo que las ajusten a los parámetros jurídicos que imponga cada estado. El camino que suele seguir este proceso de adaptación consiste en que en un principio se conforme un grupo de expertos en Informática y Derecho de la zona que, en contacto con el equipo de CC, elabora un borrador que se coloca después en una lista de correos donde se inicia un proceso de discusión. Tras ese debate se re-escribe el borrador y se realiza un documento que sirve ya de base para la versión específica de las licencias CC en el marco jurídico correspondiente. Actualmente, existen medio centenar de proyectos dentro de esta red internacional (Finlandia, Gran Bretaña, Suecia, España, China, Taiwán, Australia, Jordania...) y ya se ha logrado adaptar su sistema de licencias a la legislación japonesa, finlandesa, brasileña y alemana. Junto a la existencia de estos grupos CC también contempla la presencia de una figura que se encarga de la coordinación global del proyecto de Icommons (función que desempeña actualmente Christiane Asschenfeldt desde Berlín) y que para ello ha de estar en permanente y estrecho contacto con responsables y profesionales de leyes de cada una de las "versiones". A modo de ilustración, concluimos esta exposición con el relato de las recientes y exitosas experiencias de las versión (conjunta) española y catalana y también de la brasileña, que estimamos muy sugerente resaltar como se merecen.

Con respecto a la variante española-catalana, hemos de destacar que el esfuerzo y la ilusión de un amplio grupo de colaboradores, cuya "cabeza visible" es el profesor de la Universidad de Barcelona (UB), Ignasi Labastida, ha permitido implicar a dicha universidad, la más grande y antigua de Barcelona, a través de sus servicios jurídicos y de traducción, en la citada tarea de adaptación y traducción, al castellano y al catalán, de las licencias de CC al marco jurídico, una experiencia extraordinariamente rica y valiente en tanto que apuesta por exigir a las universidades públicas un apoyo decidido a iniciativas que propugnan precisamente la difusión pública del conocimiento. En la primavera de 2003 se abrió la fase de traducción previa que dio frutos en octubre cuando ya pudieron disponer de un primer borrador que introdujeron en una lista de discusión para que todos los colaboradores del proyecto pudieran corregirla y comentarla hasta llegar a una redacción definitiva de las licencias, que ha estado siendo ultimada durante este mes de junio y que será presentada públicamente antes de fin de mes con una rueda de prensa y posterior fiesta con música libre. Así pues, a buen seguro cuando usted lea estas líneas ya tenga a tu entera disposición toda la gama de licencias CC en castellano y catalán (además, el proyecto de traducción al euskera ya está en marcha).

Pero donde actualmente se está lanzando el auténtico órdago a la propiedad intelectual es sin duda en Brasil, donde se viene dando en los últimos tiempos una conjunción estelar entre programadores de software libre (pioneros en la implementación de este en escuelas, universidades, administraciones, etc.), "visionarios" de las nuevas tecnologías (entre ellos, Claudio Prado, actualmente Coordinador de Cultura Digital del Ministerio de Cultura y responsable de importantísimas iniciativas educativas y culturales que se sirven las redes de comunicación e información), expertos legales provenientes de escuelas de derecho (como es el caso de Joaquim Falcao, decano de la Escuela de Derecho Fundación Getulio Vargas o Ronaldo Lemos, responsable del Centro de Tecnología y Sociedad de dicha Escuela y director del Icommons Brasil) y artistas como el propio Gilberto Gil, leyenda vivisíma de la canción brasileña y desde hace un tiempo todo un Ministro de Cultura dispuesto a abordar en Brasil "una reforma agraria" en el mundo de la música y la cultura.

Fruto de esta feliz coincidencia es el avance que ha permitido, amén de otras decisivas conquistas previas sobre todo en educación y tecnología, la presentación, en el marco de la 5ª Conferencia Internacional de Software Libre de Porto Alegre (estado brasileño pionero en la introducción de dichas aplicaciones e inspiración para su posterior extensión a todo Brasil), de la traducción al portugués de todas las licencias CC, de su página web e incluso de las tiras de dibujos que emplean para ilustrar sus explicaciones. Ahora bien, este acto no habría sido tan relevante si no fuera porque, tras las intervenciones de los citados Prado, Falcao y Lemos, del célebre profesor Lawrence Lessig (cuya última obra, "Free Culture", ha sido ya traducida a multitud de idiomas desde que hace apenas dos meses la publicara bajo la licencia CC que permite trabajos derivados), de William Fisher, director del Centro Berkman de Internet y Sociedad y de John Maddog Hall, presidente de Linux International, se produjo la "irrupción" en el Centro de Eventos de la Universidad Pontificia de Porto Alegre del propio Gilberto Gil, que acudía expresamente desde Brasilia para presentar la nueva licencia de sampling (o, más ampliamente, referente a cualquier modificación creativa de una obra), en la que ha estado trabajando conjuntamente con miembros del también célebre grupo pionero del culture jamming (distorsión cultural), Negativland, y de CC, y a la que han bautizado Recombo en un homenaje al colectivo artístico brasileño Re:Combo (http://www.recombo.art.br). Al final de su intervención, y mientras que los altavoces comenzaban a emitir sus canciones para regocijo del público, Gilberto Gil estampaba ceremonialmente su firma en la citada licencia Recombo, con la cual van a quedar registradas sus obras musicales en adelante, y se preparaba para el salvaje concierto con el que iba a clausurar esa misma noche en el centro cultural Santander un día tan especial para la música libre.

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Notas:

1. Múltiples ejemplos y aclaraciones sobre este y otros aspectos relacionados con la propiedad intelectual, pueden encontrarse en su interesantísima página: http://jorge.cortell.net

2. Boyle, James "Foucault en el ciberesapcio. Vigilancia, soberanía y censores estructurales" (Traducción de Javer Villate) http://www.iespana.es/sinvoz/vigilancia.html (el texto original en inglés está en www.wcl.american.edu/pub/faculty/boyle/foucault.htm)

3. Vercelli, Ariel Hernán "Creative Commons y la profundidad del copyright" Revista ENREDANDO Nº 353 (7-14 de enero de 2003) http://www.sindominio.net/afe/dos_copyleft/cc.pdf

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Fuentes:

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Texto, Copyright © 2004 Florencio Cabello Fernández-Delgado.
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Última actualización: jueves, 1 de julio de 2004

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